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Biografía

Ethan Coen

Ethan Coen

62 años

Ethan Coen

Nació el 21 de Septiembre de 1957 en Minneapolis, Minnesota, EE.UU.

Premios: 3 Oscar (más 2 premios y 2 nominaciones)

Joel y Ethan, tanto monta, monta tanto

07 Diciembre 2003

Joel figura como director y Ethan como productor. Ambos firman los guiones de sus películas. Los hermanos Coen hacen sus películas al alimón, y uno acaba imaginando que el modo de repartirse los créditos pudo ser, quizá, el resultado de jugárselo a los chinos.

El mayor, Joel, nació en 1954. Ethan ve la luz en 1957. Su ciudad natal es Minneapolis, Minnesota, donde transcurre su película más celebrada, Fargo, con permiso de Muerte entre las flores. El primero estudió cine en Nueva York, y compartió aula con Barry Sonnenfeld, director de fotografía de sus primeras películas. Mientras que Ethan hizo filosofía en Princeton. Los primeros pinitos tras la cámara los daría, como es natural, Joel, editando para Sam Raimi Posesión infernal (1982). Pero su destino estaba claro: trabajar con Ethan. La apuesta fuerte de ambos fue una historia con aires de cine negro: adulterio, chantaje y crímenes, a lo James M. Cain. Con el guión bajo el brazo, reunieron los 750.000 dólares que costó el film. Dinero bien empleado, pues Sangre fácil se convirtió en una joyita de culto. Frances McDormand, la protagonista, se convirtió poco después en la señora de Joel Coen.

A partir de ese momento los Coen demuestran su versatilidad, a la vez que definen sus señas de identidad. Pelín gamberretes, incluyen en sus filmes toques surrealistas y tipos humanos auténticos “freaks”. Arizona Baby (1987) es una divertida comedia con aires de cartoon: impagable el cazarrecompensas que persigue a un matrimonio que, al no poder tener hijos, secuestran a un quintillizo. Los hermanitos, con Sonnenfeld, cometen la travesura de unos increíbles picados del bebé, asomado al vértigo de una escalera.

Dashiell Hammett y “La llave de cristal” es la referencia no confesa de Muerte entre las flores (1990), una de gángsters, con matón que cambia de bando según le conviene. La escena del bosque, en que su vida pende de un hilo, es magistral. Que los Coen conocen los problemas creativos lo prueba Barton Fink (1991), sobre las tribulaciones de un guionista en Hollywood. Su bloqueo ante la hoja en blanco cuenta con la complicidad de cualquiera que se llame a sí mismo escritor.

Tomar el espíritu de Frank Capra dio como resultado El gran salto, film peculiar que les unió con Paul Newman. Los Coen seguían bebiendo en fuente ajena, pero poniendo en juego su poderosa personalidad: la cultura pop, el interés por personajes extravagantes… Como los asesinos contratados por el patético William H. Macy para secuestrar a su esposa en Fargo. Aunque el film contiene un canto a la gente normal y “aburrida”, representada por los habitantes de la rural Minnesota, y más concretamente por la sheriff embarazada y su marido diseñador de un sello de correos.

El gran Lebowski procuraba, de modo irregular, aunar una historia detectivesca con comedia y secuencias oníricas. El espíritu de Homero revivía en el sur de EE.UU. en O Brother!, con un Ulises acompañado de dos fugados presidiarios, que encontraban “un tesoro, pero no el tesoro que buscáis”. El riesgo que tomaron en El hombre que nunca estuvo allí fue rodar en blanco y negro. Miniatura con reminiscencias de Cain, contenía homenajes a las series de ciencias ficción, incluida la aparición de… ¡un platillo volante! En Crueldad intolerable dirigen su vitriólico humor a la infidelidad conyugal y los fortunas que surgen de divorcios millonarios. El guión era ajeno (los Coen lo reescribieron), como también es una idea ajena la que sustenta Ladykillers, remake del divertido film de la Ealing El quinteto de la muerte.

Oscar
2019

Nominado a 1 premio

Oscar
2016

Nominado a 1 premio

Oscar
2008

Ganador de 2 premios

Oscar
1997

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
La balada de Buster Scruggs

2018 | The Ballad of Buster Scruggs

Revisitación del western a cargo de los hermanos Coen, después de su espléndido logro en Valor de ley, demuestra la maravillosa condición que poseen de contadores de historias, justamente reconocida en el Festival de Venecia con el premio al mejor guión. A modo de exquisitos trovadores, articulan una antología de relatos de frontera del lejano Oeste, dotándola de una perfecta unidad, lo que tiene un mérito enorme, porque se trata de narraciones muy diferentes, aunque compartan el tono de añoranza, elegíaco, donde también asoma el humor y la ironía. Con el recurso de un libro, cada historia viene precedida de una página ilustrada con una frase significativa, e igualmente se termina con la última página de ese capítulo, ello comenzando con "La balada de Buster Scruggs" que da título al film, que nos señala la importancia que van a tener en el conjunto, al modo de O Brother!, las canciones folclóricas populares y la música, donde resulta esencial el trabajo de su colaborador habitual Carter Burwell. Y así, el amplio lienzo de esos seis relatos recoge todo el catálogo imaginable de los elementos que configuran las típicas historias del Oeste, sin nunca transmitir la sensación de caer en lo manido: la llegada del forastero a la ciudad, el saloon, las partidas de póker, los duelos; los asaltos a los bancos, la justicia rápida en forma de linchamiento, los ataques de los indios, la conducción de ganado; los charlatanes y cómicos que entretienen a la gente; los buscadores de oro, la comunión con la naturaleza; la marcha al Oeste, las caravanas, los guías, los matrimonios concertados, la concesión de tierras a los colonos, las personas temerosas de Dios; los viajes en diligencia, los cazarrecompensas. Merece la pena entretenerse en entregar esta larga lista, porque lejos de lo que pudiera imaginarse, los Coen no se limitan a acumular las ideas citadas, sino a construir sólidas historias y a ponerlas en escena con insólita perfección. De la capacidad de riesgo de los hermanos cineastas da idea ya la primera historia, con el protagonista, Buster Scruggs interpretado por Tim Blake Nelson hablando y cantando al espectador con un ridículo traje blanco, y con la surrealista idea angelical que remata su peripecia. Pero es que igual optan por una seca violencia, que emocionan con una delicada y pragmática declaración de amor, o plantean el asesinato de un discapacitado con una increíble socarronería. Manejan además un reparto coral fantástico, donde citar a todos los implicados se antoja tarea imposible, por la injusticia que sufrirían los no nombrados. Aunque en muchos casos los minutos en pantalla sean escasos, las composiciones son perfectas.

8/10
Suburbicon

2017 | Suburbicon

  A finales de los años 50, la familia Lodge se ha mudado al teóricamente idílico barrio de Suburbicon, donde sin embargo existe una tensión racial creciente por la presencia en el vecindario de una familia negra. Componen el hogar de los Lodge Gardner, el padre, su esposa Rose, ligada perpetuamente a su silla de ruedas por la parálisis que siguió a un accidente automovilístico, su hermana gemela soltera Maggie, que muy solícita ayuda en las tareas domésticas, y el hijo pequeño y único Nicky. Una mala noche irrumpen unos ladrones en la casa, y la desgracia vuelve a cebarse con los Lodge. Una dosis excesiva de cloroformo se lleva por delante la vida de Rose. George Clooney director ha firmado los guiones de la mayoría de sus películas como director en compañía de Grant Heslov. En esta ocasión suma la colaboración en el libreto de los hermanos Coen, a cuyas órdenes interpretó O Brother!, Crueldad intolerable y Quemar después de leer. Y renuncia por primera vez a asumir un rol actoral. La trama bebe de varias fuentes. Se reconoce la huella de los Coen en los elementos de cine negro de la trama, Sangre fácil mayormente, que bebía de clásicos como Perdición y El cartero llama siempre dos veces, basados en James M. Cain, en lo relativo a crímenes impulsados por amantes y timos a las compañías de seguros; y Fargo en lo relativo a los momentos de crímenes sanguinolentos ejecutados chapuceramente. Por otro lado, el enfoque de los momentos de suspense tiene muy en cuenta el cine de Alfred Hitchcock, incluso en la banda sonora de Alexandre Desplat que claramente se inspira en algunos momentos en Bernard Herrmann. A esto se suma el componente social, que da la impresión de ser la aportación de Clooney, al poner como telón de fondo el racismo, que hace a los blancos clamar contra los indeseados negros del barrio, mientras ni siquiera imaginan los asesinatos que pueden producirse tras en el interior de lo que parecen hogares impolutos. La película resulta entretenida aunque algo artificial, Clooney acaba exagerando algunas situaciones, convirtiendo el conjunto en una especie de gran guiñol. Matt Damon entrega una interpretación diferente a las que nos tiene acostumbrados, como tipo frío y envarado. Mientras que a Julianne Moore le toca un doble papel, aunque la cabeza de la leona es su Maggie, con rasgos clásicos de aparente mujer abnegada pero posesiva y siniestra. Y Oscar Isaac asume con contundencia su rol de investigador de la agencia de seguros. Quien más sorprende es el chaval Noah Jupe, lo hace muy bien, como también ha demostrado en Wonder, donde tiene a otro chaval actor enfrente muy valioso, Jacob Tremblay.  

6/10
¡Ave, César!

2016 | Hail, Caesar!

Los hermanos Joel y Ethan Coen vuelven a transitar el terreno del cine dentro del cine que les valió la Palma de Oro en Cannes gracias a Barton Fink, pero en esta ocasión lo hacen con un tono muy diferente, detrás de la ironía amable se trasluce un auténtico homenaje al viejo sistema de los estudios de Hollywood, una fábrica de sueños que pese a sus inevitables defectos entregaba películas capaces de inspirar, entretener y conmover. No deja de tener su miga que el protagonista sea el jefe de Capitol Pictures, estupendo Josh Brolin, que duda entre seguir en la locura de producir películas o aceptar la oferta de irse a regentar otro tipo de fábrica, una de aviones, que le supondría un horario más humano y unos emolumentos bastante mayores. La excusa argumental es mínima –la estrella de una película bíblica titulada precisamente ¡Ave, César!, estilo Ben-Hur es secuestrado por un equipo de artistas con simpatías comunistas–, y sirve para ilustrar con estupendo sentido del humor la casa de locos de aquella época, los años 50. De modo que vemos cómo es el rodaje en estudio, el montaje con la moviola, el visionado de un copión... Lo que parecía un desastre mientras se rodaba, con un actor que parecía un inútil, en la pantalla cobra inesperada magia... Se nos ofrecen sentidos homenajes al musical, a las figuras caleidoscópicas en el agua de Esther Williams, al western de tono ingenuo... Se apunta la competencia de la televisión... Pululan las gacetilleras en busca de cotilleos, y hay escándalos que resulta necesario tapar... Las películas ofrecen contenidos, y hay que contentar a los representantes de los credos religiosos... Hay guionistas que, tremenda osadía, quieren ofrecer mensajes, algunos representas del peligro “rojo”... Todo eso está ahí, servido por dos cineastas que creen en las películas, aunque sepan al mismo tiempo reírse de esa influencia que ejercen sin lugar a dudas en los espectadores, lo sepan estos o no. Lo que tiene un gran mérito es la unidad que logran con personajes muy diversos y situaciones variopintas, todo casa y sirve a la idea de celebrar a la fábrica de sueños.

8/10
El puente de los espías

2015 | Bridge of Spies

Los años de la guerra fría. Abel Rudolph, que espía para los rusos, es detenido por el FBI en Nueva York. Como prueba de las garantías del sistema legal en Estados Unidos, se le asigna un abogado de oficio, el especialista en seguros James B. Donovan. A pesar de no aceptar el caso de buen grado, Donovan pone todo su empeño en lograr ventajas para la defensa de Abel, lo que no agrada a sus colegas ni a la opinión pública en un contexto de tenso enfrentamiento con la Unión Soviética. Dar un veredicto de inocencia o culpabilidad es pura formalidad, y la duda es si logrará una condena que no suponga la pena capital, lo que podría facilitar en el futuro el intercambio con espías americanos atrapados en territorio ruso. Aunque Steven Spielberg situó en el contexto de la guerra fría la palomitera Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, es evidente que El puente de los espías, basada en hechos reales, se encuadra mejor en su lista de películas serias que abordan episodios históricos, y de la que forman parte La lista de Schindler, Amistad, Salvar al soldado Ryan, Munich y Lincoln. Al cineasta le cautivó el guión de Matt Charman, y los hermanos Coen se han encargado de pulir el libreto y darle aún más fuerza y consistencia. El film funciona bien a varios niveles. Está claro que documenta con acierto una época, con los temores del holocausto nuclear, el espionaje y el miedo a la infiltración comunista, muy presentes en la opinión pública y en las decisiones de los políticos y los servicios de inteligencia. Pero además sirve para presentarnos a Donovan, un héroe capriano, verdadero caballero sin espada, bien encarnado por ese prototipo de hombre común que es Tom Hanks, hombre de familia, patriota, que trata de hacer lo correcto, sigue su conciencia y ve personas en su trabajo. El enfoque del personaje hace pensar en el modo que Oliver Stone retrató al fiscal Jim Garrison en su JFK. Todos los personajes secundarios están cuidados con mimo, se huye del estereotipo, piénsese en la familia del protagonista; y resulta un acierto que estén interpretados por actores no demasiado conocidos, lo que ayuda a sumergirse en la historia sin distracciones. Entre los actores sobresale decididamente el británico Mark Rylance, conocido sobre todo por su trabajo en teatro, como antaño su compatriota Paul Scofield, y que logró brillar recientemente en su memorable composión de Cromwell en la miniserie televisiva Wolf Hall. Su composición del espía soviético es memorable, nos creemos su tranquilidad y pragmatismo, y la empatía que Donovan desarrolla hacia él, de modo que el planteamiento de “soldado que lucha en esa guerra llamada fría”, que merece respeto, se acepta. Y así, los maniqueísmos propios de ese período se colocan, en cierto modo, en su sitio. Es curioso, porque podría decirse que ningún personaje resulta demonizado, al menos no del todo, y recorren todos los intercambios dialécticos una agradecible humanidad, a veces incluso un sentido del humor, que se convierte en eficaz antídoto al cinismo con que se suelen mirar las historias de espías a un lado y otro del telón de acero. No es ésta una película pequeña. Hay un gran esfuerzo de producción, de modo que el espionaje llevado a cabo por los aviones U2, la división de Berlín en zonas, la construcción del muro y los intentos de cruzarlo, se usan con inteligencia para proporcionar entretenimiento al espectador que pudiera aburrirse con las negociaciones e intercambios de espías. La reconstrucción de la época funciona bien, la banda sonora subraya los aspectos de intriga y heroísmo, y el clímax resulta verdaderamente emocionante.

8/10
Invencible (Unbroken)

2014 | Unbroken

1943. Louis Zamperini es un soldado norteamericano de origen italiano. Está de misión en el Pacífico, encargado de apuntar y soltar los proyectiles desde su bombardero. Durante una misión su avión se estrellará en el mar y Zamperini junto con otros dos compañeros, intentará sobrevivir en el vasto oceano con la sola ayuda de una balsa de plástico. Tras 47 días en el mar serán por fin recogidos. La mala noticia es que sus salvadores son los japoneses... La actriz Angelina Jolie da el do de pecho para afianzar su carrera como directora de cine, que ya inició con la más o menos fallida En tierra de sangre y miel, ambientada en la Guerra de los Balcanes. Se ve que le interesa el tema de los conflictos bélicos y de la resistencia humana ante las adversidades, pues retoma la cuestión en Invencible (Unbroken), una dramática historia acontecida durante la II Guerra Mundial. El punto fuerte del film es que narra hechos reales, los vividos por el protagonista Louis Zamperini (1917-2014), un joven con una inconmensurable capacidad de sacrificio y una fortaleza mental extraordinaria. Verdaderamente sus experiencias habrían minado la moral de cualquiera, pero Zamperini aguantó estoicamente cualquier revés que la guerra le deparó, y fueron muchos y terribles. Y Jolie hace una cosa muy bien, que es presentar a su personaje como alguien normal; podría haberlo convertido en una especie de tipo con inteligencia superior, o alguien con capacidades y virtudes de superhéroe, alejado de los demás mortales, pero lo evita con tino y contundencia. El Zamperini que ofrece es un joven igual de vulnerable que los demás, de carne y hueso, que sufre y se viene abajo, y él así lo sabe, pero aún así sigue luchando sin rendirse y eso lo hace más heroico. Para lograr este enfoque ayudan convenientemente los "flashback" sobre la infancia del protagonista, y cómo gracias a sus padres y sobre todo a su hermano Peter logró distanciarse de algunos malos hábitos y destacar en el terreno del atletismo. También aporta Jolie una decidida visión trascendente de la existencia, en donde cada uno tiene su destino ante Dios y en donde la aceptación de esa voluntad y la entrega de uno mismo son lo más excelso que puede hacer el ser humano. Sin embargo, aun con tantas virtudes, la película no es redonda porque la inunda una cierta monotonía que pesa demasiado. La primera media hora, cuando Zamperini y sus compañeros cumplen misiones en su bombardero son vibrantes, lo mejor del film, momentos a los que se suman adecuadamente los flashbacks de Torrance (California). Pero a partir del accidente en el mar la cosa empieza a “hacer aguas”. La directora ha contado para el guión con pesos pesados como Joel Coen, Ethan Coen y Richard LaGravenese (El rey pescador). Se dice pronto. Pues incomprensiblemente ese equipo no ha logrado enriquecer la historia con un guión a la altura. Falta mucha riqueza, personajes con mayor calado. Sólo parece existir Zamperini, lo cual es un error. Se pierde la amistad con el amigo Phil y se olvida... La acción no avanza en el campo, no hay apenas interacción con otros prisioneros, absolutos desconocidos, etc. El film sigue únicamente la pauta del enfrentamiento entre preso y carcelero, al estilo de El puente sobre el río Kwai o Feliz Navidad Mr. Lawrence, pero aquí todo es lineal, sin sorpresas. De cualquier modo, en conjunto estamos ante una notable película bélica, de heroísmo y superación, rodada con mucho clasicismo por una Angelina Jolie que gana enteros tras las cámaras. Formalmente es muy correcta. Y atención al actor Jack O'Connell (’71), que hace un muy meritorio trabajo y aporta un carisma que le augura un buen futuro.

6/10
A propósito de Llewyn Davis

2013 | Inside Llewyn Davis

1961. Una semana en la vida del cantante folk Llewyn Davis, joven apaleado por la vida, que trata de abrirse camino en el Greenwich Village neoyorquino, o viajar a Chicago para una prueba con el mítico productor Bud Grossman. Acostumbrado a dormir en sofás de casas ajenas, sin relaciones sentimentales duraderas, experiencias como la muerte de su compañero musical con el que grabó un disco, novias embarazadas que suponen un “problema” y un progenitor con demencia senil, conforman una vida triste, donde el éxito artístico no está, ni mucho menos, garantizado. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen, guionistas y directores de A propósito de Llewyn Davis, siguen dando pruebas inequívocas de la madurez artística alcanzada y de la coherencia de los temas que van conformando su rica filmografía, el Gran Premio del Jurado en Cannes, un festival que les ama, es muy merecido. Con el tema homérico del viaje del héroe –ya presente en O Brother!, al igual que el de la música folk– y el del talento artístico que se ahoga, no logra ser reconocido mientras se ve acompañado de mil penalidades –cuestión abordada en Barton Fink–, componen una película muy coherente y equilibrada. La estructura circular no suena a artificiosa, y el conjunto, con una fotografía de colores apagados, resulta muy adecuada para la historia de una vida cotidiana y depresiva, donde lo logrado no responde a las expectativas, incluidos momentos de corte casi surrealista. No buscan los Coen coartadas para el protagonista, simpatizan claramente con él pero no ocultan sus ramalazos de indudable egoísmo, incluidas situaciones que son un verdadero puñetazo en su rostro, no sólo los que le propina el tipo trajeado en el callejón, sino pasajes como el de la clínica abortista, donde los supuestos “problemas resueltos” asoman con una nueva e inesperada dimensión en el camino, las decisiones tomadas tienen consecuencias. Las canciones que salpican la narración de A propósito de Llewyn son maravillosas, muchas tradicionales –“si son viejas y suenan como nuevas, entonces son folk”–, con letras adecuadas a la situación vital del protagonista, y en muchos casos repletas de alusiones a conocidos temas y artistas que sabrán reconocer los iniciados. Oscar Isaac, cantante guatemalteco criado en Miami, y que había hecho sus pinitos en el cine, asume con poderío el papel del “perdedor” protagonista –¡cuántos perdedores de cine memorables han creado los Coen!–, cantando muy bien los diversas canciones. Le secundan perfectamente los secundarios, la mayoría desconocidos, aunque se puede ver a actores como F. Murray Abraham, Justin Timberlake, Carey Mulligan y John Goodman.

8/10
Un plan perfecto (Gambit)

2012 | Gambit

Joel y Ethan Coen escriben casi exclusivamente los largometrajes que ellos dirigen, con muy pocas excepciones, en concreto Ola de crímenes, ola de risas, que dirigió su amigo Sam Raimi –con libreto de ambos hermanos–, y El hombre desnudo, de J. Todd Anderson –coescrita por este realizador con Ethan–. En esta ocasión, los autores de Fargo firman para el realizador Michael Hoffman (El club de los emperadores) una revisión de Ladrona por amor, dirigida en 1966 por Ronald Neame. En Un plan perfecto (Gambit), el conservador de arte Harry Deane traza un plan para engañar a su jefe, el excéntrico magnate Lionel Shabandar. Pretende venderle un cuadro de Monet que hace juego con otro de su propiedad, y que fue robado por los nazis. Para ello, Deane y el falsificador que le pinta una convincente copia del original requieren la ayuda de una mujer texana para que convenza a Shabandar de que el lienzo está en su poder porque su abuelo lo recuperó durante la guerra. Pocas similitudes guarda este remake con el film original, salvo el esquema –ladrón recluta a una mujer para perpetrar un delito, allí el robo de la cabeza de una estatua china, aquí la venta de una pintura falsa–. También carece de su encanto, propio del cine clásico, mientras que Colin Firth y Cameron Díaz, a pesar de su calidad interpretativa –sobre todo del primero– no logran en sus secuencias compartidas ni la mitad de la química que existía entre Shirley MacLaine y Michael Caine. En Un plan perfecto (Gambit) captan más el interés algunos secundarios, sobre todo Alan Rickman y Stanley Tucci, aunque sus personajes resultan exagerados. Con algún elemento aislado que funciona, como las frases irónicas típicamente inglesas del personaje de Firth, o los títulos animados estilo La pantera rosa, Un plan perfecto (Gambit) mezcla géneros –marca de fábrica de los hermanos–, pues anda a medio camino entre la comedia y el cine de robos. Pero acaba siendo demasiado ligera, y le faltan momentos memorables.

5/10
Valor de ley (True Grit)

2010 | True Grit

Mattie Ross, una adolescente, se hace cargo del cadáver de su padre, asesinado por Tom Chaney, un forajido. Dispuesta a que se haga justicia, y desconfiada de los cauces habituales, contrata a Rooster Cogburn, un borrachín alguacil cazarrecompensas, para atrapar al criminal. Se unirá a la caza del hombre LaBoeuf, un ranger texano, que también busca a Chaney por el asesinato de un senador. Adaptación de la novela de Charles Portis, ya llevada al cine con fortuna por Henry Hathaway con John Wayne en el papel protagonista que le valió su único Oscar. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen entregan un western de maravilloso clasicismo, género para el que apuntaban claramente maneras en No es país para viejos. Aunque la trama tiene tono crepuscular, no hay lugar para el cinismo, siguen vigentes los eternos valores del bien, la justicia y el temor de Dios, que empujan a hacer lo correcto, aunque no dejen de cometerse errores. Los Coen aciertan en cómo perfilan el personaje de Mattie, una jovencita creíble: no especialmente agraciada, inteligente y testaruda, en cuyas acciones le guía más un sentido acendrado de lo justo que la simple visceralidad de la venganza. Su relación con los hombres que la ayudan en su propósito, y el encuentro con el villano, están muy bien descritos. La debutante Hailee Steinfeld supone todo un descubrimiento, y aguanta bien el hecho de estar omnipresente en la pantalla, pues la mirada del espectador es en cierto modo la suya. También brilla el resto del reparto, con menciones especiales para Jeff Bridges, genial con su ronca voz, y un irreconocible Matt Damon, los dos hacen que nos creamos el creciente respeto de sus personajes por Mattie. Da idea de la madurez que han ido adquiriendo los Coen su contención visual, son menos apabullantes de lo habitual, lo que no significa que renuncien a los riesgos, más bien todo lo contrario. Así tenemos planos generales bellísimos que no nos extrañaría ver en cineastas clásicos como John Ford, Howard Hawks o el mentado Hathaway, pero a la vez se atreven, sin llamar la atención, con otros más complicados, como los que componen la escena en que hallan a un hombre ahorcado, o la del pozo de las serpientes. En cambio, en lo relativo a la violencia, no dejan de caer en la tentación de presentarnos una secuencia tarantinesca, la que sucede en la cabaña de los tramperos.

7/10
Un tipo serio

2009 | A Serious Man

A pesar de su título, este trabajo de los hermanos Coen no es nada serio. El tono se acerca más a Quemar después de leer que a No es país para viejos. Por lo demás, es una película un poco atípica en la filmografía de los cineastas, pues han contado con un presupuesto muy bajo. También llama poderosamente la atención que hayan renunciado por completo a incluir estrellas en el reparto. De hecho, el film está protagonizado por Michael Stuhlbarg, secundario de títulos como Red de mentiras, y que tuvo su papel más destacado en el film La zona gris. El resto del reparto esta compuesto por actores sin tirón comercial, pero buenísimos, como Richard Kind (Vías cruzadas), Fred Melamed (habitual del cine de Woody Allen) y el veteranísimo Adam Arkin (Hitch). Los Coen vuelven a demostrar su capacidad para seleccionar, no se sabe cómo, a actores de lo más expresivo, hasta para los papeles anecdóticos. Esta vez siguen a una familia judía, encabezada por Larry Nidus, marido modélico, padre afectuoso y profesor de matemáticas comprometido con su trabajo. Sin embargo, atraviesa una mala racha. Su mujer le anuncia que tiene un amante y que quiere que se vaya de casa, en el trabajo tiene problemas con un estudiante coreano que pretende sobornarle, alguien envía anónimos que comprometen su futuro profesional, su hermano se ha instalado en su casa, su hija le roba billetes de la cartera para operarse la nariz, su hijo fuma marihuana, etc. Los Coen se han convertido en un valor seguro. Nunca decepcionan, e incluso se diría que su película menos lograda, Ladykillers, mantiene cierto nivel. Esta vez tampoco se sentirá defraudado ningún espectador del tipo que sea. Los hermanos cineastas han tejido una comedia negra, más surrealista aún que otras cintas de su filmografía, pues incluye algunos sueños y un comienzo desconcertante. Pero sobre todo es cínica, aunque mantiene un tono elegante. En tal sentido recuerda mucho más a las comedias de Billy Wilder que a los últimos éxitos del género. Es cierto que los Coen miran la religión con sarcasmo –especialmente las costumbres judías: sólo ellos, judíos, podrían haber hecho un film así–, pero lo hacen con tanto estilo que nadie se sentirá ofendido. En el fondo, el tono se asemeja a las bromas de Woody Allen al respecto. El modo de abordar la cuestión contrasta con la irreverencia que impregna las películas de algunos cineastas procedentes del catolicismo. No será recordada como uno de los grandes trabajos de los hermanos, pero bajo su apariencia ligera oculta interesantes consideraciones en torno a la serenidad y la resignación. El protagonista está inspirado en la paciencia del bíblico Job, pues el guión se centra sobre todo en sus esfuerzos por salir adelante frente a las más disparatadas adversidades inesperadas. Algunos momentos dan que pensar en asuntos como el egoísmo en las relaciones personales y familiares, o la desintegración familiar.

6/10
Quemar después de leer

2008 | Burn After Reading

Farsa menor de Joel y Ethan Coen, tras su triunfo en los Oscar con No es país para viejos. Los hermanos se toman a broma el mundo del espionaje al situar su trama en Washington. La acción se inicia en el cuartel general de la CIA en Langley, donde el analista Osborne (John Malkovich) es puesto de patitas en la calle. Su esposa Katie (Tilda Swinton) no parece demasiado amargada por el tema, pues desprecia al marido, quien opta por holgazanear todo el día mientras escribe sus memorias e ingiere cantidades desmesuradas de alcohol; además le engaña con Harry (George Clooney), un agente del tesoro casado con una autora de libros infantiles, que a su vez sale con mujeres variadas. Una será Linda (Frances McDormand), que trabaja en un gimnasio, y está obsesionada por someterse a cirugía para mejorar su físico; el hallazgo casual de un cedé con las memorias de Osborne, de supuesto contenido sensible, anima a Linda y a Chad (Brad Pitt) a ofrecer su devolución a cambio de una importante suma de dinero. Las descripción del enredo urdido por los traviesos cineastas podría alargarse más, pero lo dicho en el párrafo anterior debería bastar. Los Coen retratan a un grupo de mediocres perdedores, con vidas amorosas insatisfactorias, obsesionados por el aspecto físico y el dinero, cierto bienestar o felicidad que ignoran cómo alcanzar. Lo que sirve para entregar un buen puñado de situaciones divertidas -la llamada telefónica a Osborne, la incursión en la embajada rusa, las surrealistas conversaciones en Langley...-, pero también algún pasaje zafio, de humor facilón. El reparto es estupendo, y los actores parecen habérselo pasado en grande haciendo el ganso, en una película sin demasiadas pretensiones, donde su crítica a ciertas actitudes contemporáneas, que miran demasiado a ras de suelo, resulta limitada por el propio planteamiento del film.

6/10
No es país para viejos

2007 | No Country for Old Men

En algún lugar de la frontera entre Estados Unidos y México, no muy lejos de Río Grande... Una operación de narcotráfico ha terminado en río de sangre, compradores y vendedores no han sabido entenderse... Al desértico lugar donde realizaban el intercambio llega por casualidad Llewelyn Moss, un peón soldador, y encuentra cerca a un tipo recién fallecido que tenía consigo un maletín con dos millones de dólares. La tentación de quedárselo es demasiado grande, aunque Llewelyn no es un ingenuo. Desde el momento en que deja desgraciadamente una pista que permite identificarle, un sádico asesino al servicio de los narcos, Anton Chigurh, le pisa los talones. Pero decide afrontar el riesgo de retener el dinero. Así que pide a su esposa que se vaya a casa de su madre, mientras intenta aguantar él solito la caza de que empieza a ser codiciada presa. Al tiempo, también el sheriff local, Ed Tom Bell, miembro de una familia con varias generaciones al servicio de la ley, intenta dar con su paradero.Extraordinaria película de los hermanos Joel y Ethan Coen, quizá la mejor de su valiosa filmografía, y prueba de la plena madurez que han alcanzado como cineastas. No es que antes hubieran dejado de demostrar su talento, allí están títulos tan redondos como Muerte entre las flores o Fargo. Pero es cierto que les podía su vertiente gamberra, se hacían demasiado reconocibles con sus bromas y su estilo visual. En la obra del escritor Cormac McCarthy han encontrado temas y personajes con los que pueden identificarse, y con los que, en efecto, se han identificado. Así que se benefician de la gran humanidad con que McCarthy pinta a sus personajes de la frontera, tipos lacónicos, habituados a la vida dura; y de algún modo depuran lo que en otros de sus filmes resulta exagerado. Y la combinación Coen-McCarthy resulta perfecta. Porque hablar de una historia con asesinos pasados de rosca (estupendo Javier Bardem, y también Woody Harrelson, con menos presencia), y tipos duros, supervivientes natos (los personajes de los magníficos Josh Brolin y Tommy Lee Jones, uno al que atrae el dinero, pero que tiene un código moral que le lleva, por ejemplo, a llevar agua a un tipo al que dejó malherido, el otro con un claro sentido de la justicia, pero cansado de ver cómo el mal y la crueldad dominan con frecuencia el mundo), es hablar claramente del universo Coen; pero la aproximación por la senda McCarthy ayuda sobremanera a la credibilidad de lo narrado. Y no sólo en los protagonistas, sino también en tipos humanos de la América profunda, un vendedor, el encargado de un motel... Gente corriente y moliente, que se suelen ver poco en las películas, y a la que los Coen ya se habían acercado en títulos como Fargo.Resulta increíble la impecable caligrafía cinematográfica que presenta este trabajo de los Coen. La historia salta de uno a otro personaje con naturalidad, y la tensión del "duelo", por así decir, entre Llewelyn y Anton, alcanza niveles altísimos, ya sea en medio del desierto, esa dinámica persecución hasta el río; en el motel de carretera; o en México. Hay violencia, dura e impactante, desagradable si se quiere, aunque tampoco se busca el regodeo. Funciona muy bien la sobriedad de los personajes, e incluso el que se prestaba más al histrionismo, el de Bardem, está contenido en su justo punto. Hay reflexiones apuntadas, sobre la libertad y la responsabilidad (esa moneda caprichosa de Anton no le exime de lo que es una crueldad salvaje y deliberada), el anhelo de un hogar tranquilo, y la implantación de un orden justo que no llega. Incluso se alude al universal deseo del encuentro con Dios en la vida de uno, del que se aguarda a veces a que haga su aparición cuando uno ya es de edad avanzada, quizá olvidando que ese encuentro tiene algo de búsqueda, que no puede dejarse a la pura providencia, aunque ésta cuente, y mucho.

9/10
Paris, je t'aime

2006 | Paris, je t'aime

Mosaico formado por dieciocho historias cortas, rodadas por cineastas excepcionales, que giran en torno al amor. Cada una transcurre en un barrio de París diferente, que sirve como título a cada segmento. El principal escollo es que los cineastas tienen entre cinco y seis minutos por corto, lo que supone un reto para muchos de ellos, acostumbrados a desarrollar sus historias. Sintetizar un relato no es tarea fácil, menos en el cine moderno, en el que por ejemplo son necesarias tres horas de King Kong para contar lo mismo que la película clásica, de 100 minutos. Esta dificultad deriva en que pocos de los autores son capaces de desarrollar una historia de entidad, y los que salen mejor parados son en su mayor parte los que se decantan por narrar una anecdotilla. Es el caso de Joel y Ethan Coen, que mezclan suspense y comedia en ‘Tuileries’, aunque no muestran París, pues transcurre en su totalidad en la estación de metro. Steve Buscemi interpreta a un turista que descubre a una pareja magreándose en el andén de enfrente, lo que causará imprevistas reacciones de los observados. Tiene también su gracia ‘Tour Eiffel’, en la que Sylvain Chomet reivindica el derecho a la diversidad, a través de la historia de amor de dos mimos. Isabel Coixet realiza su primera incursión en el género cómico, pues en ‘Bastille’ parodia sus propios dramones lacrimógenos, a través de la historia de un hombre a punto de dejar a su mujer por una amante más joven. Resulta al menos curiosa ‘Père Lachaise’, en la que el especialista en terror Wes Craven  cuenta con simpatía la visita de una pareja a la tumba de Oscar Wilde. El propio Craven interviene brevemente como actor en ‘Quartier de la Madeleine’, donde Vincenzo Natali convierte a Elijah Wood en protagonista de una historia de vampiros. Esto no significa que no hayan tenido éxito algunos cineastas que han optado por la vía dramática. Destaca Gurinder Chadha, con ‘Quais de Seine’, que apunta con pocos trazos una historia de amor interracial. En ‘Loin du 16ème’, los brasileños Walter Salles y Daniela Thomas han elegido una entrañable historia de amor maternal, recordando que el amor puede ser de diferentes clases. Frédéric Auburtin se ha encargado de rodar imágenes de París, que sirven de transición entre los cortos, y de ‘Quartier Latin’, homenaje al cine de John Cassavetes, con dos de los actores habituales del neoyorquino, su esposa Gena Rowlands y Ben Gazzara. Como en todos los trabajos colectivos, es inevitable que el nivel sea desigual. Desentonan parcialmente algunos pasajes, como ‘Porte de Choisy’, relato surrealista en torno a unas peluquerías chinas. Lo mismo le ocurre a ‘Le Marais’, pues a pesar de la fuerza visual de Gus Van Sant, su narración de un encuentro que podría dar lugar a una relación homosexual no acaba de arrancar. 

5/10
Ladykillers

2004 | The Ladykillers

La fiebre de hacer cine puede más que la carencia de ideas originales. Los prolíficos Joel y Ethan Coen echan mano, no sólo del espíritu de las comedias de la Ealing (estos cinéfilos hermanos recurrieron antes al cine negro o al cine de Capra y Sturges para imaginar sus películas), sino que ejecutan un remake de su título más célebre: El quinteto de la muerte. Quizá es el principal reproche que se puede hacer a su film: que ya existiera previamente, que sea una variación sobre el mismo tema. Pero este inconveniente no obsta para que personalicen la trama original, logrando una divertidísima traslación al Sur de los Estados Unidos. Allí Marva, una anciana negra, viuda y que vive sola, acepta como inquilino al muy pedante profesor G.H. Dorr. Dice que necesita tranquilidad, y le resulta muy conveniente el sótano de la vivienda, donde se reunirá con cuatro compinches, en teoría para tocar música. En realidad están cavando un tunel para acceder a un barco-casino anclado en el río Mississippi, que pretenden desvalijar. Tom Hanks cambia de registro y hace una perfecta composición del profesor, cuyos modales relamidos contrastan fuertemente con el carácter directo y enérgico de la anciana, una estupenda Irma P. Hall que fue premiada en Cannes. Los Coen explotan brillantemente el humor negro, orquestan con gracia los momentos de enredo, por ejemplo en la sesión de poesía. Los miembros de la banda, cada uno con su tipismo, están bien caracterizados, y permiten el recurso al absurdo (el General chino, que oculta sus cigarros bajo la lengua; el coronel con su robusta novia, la Chica de la Montaña…). Su poderío visual sigue siendo notable, como prueban los planos en que los cadáveres son arrojados al río.

6/10
Crueldad intolerable

2003 | Intolerable Cruelty

Miles Massey (George Clooney) es un abogado especializado en divorcios, inventor de una cláusula matrimonial infalible, pensada para solteros de oro que no desean ser esquilmados por potenciales pretendientes depredadores. A él acude un marido pillado "in fraganti" con otra mujer, cuya esposa, Marilyn Rexroth (Catherine Zeta-Jones), solicita el divorcio. El descubrimiento de que Marilyn se casó por dinero, facilita a Massey la defensa de su cliente; pero con lo que no podía contar es con enamorarse de esa increíble mujer, que volverá a cruzarse en su vida. Con la excusa de una comedia más o menos alocada, con pareja de intensidad y química sorprendentes (magníficos George Clooney, al que cada vez le viene menos grande la comparación con Cary Grant, y Catherine Zeta-Jones, bellísima y muy contenida), los hermanos Joel y Ethan Coen sirven una aguda crítica a una sociedad en que los divorcios están a la orden del día, y donde los repartos de bienes enriquecen a picapleitos y cónyuges ambiciosos. Los acuerdos que tienen en cuenta el “por si acaso”, o los pactos por los que “no me enfadaré si sales con otro”, hablan a las claras, con un divertido toque cínico, de matrimonios donde hay de todo menos amor. Los Coen apuestan en esta ocasión por una narración muy clásica, donde la cámara apenas se hace notar. Siguen presentes los detalles surrealistas que les han hecho célebres (las apariciones con fondo negro de un abogado mentor enchufado a un gotero, el genial asesino asmático, el marido maltratado haciéndose una foto Polaroid de sus lesiones…), pero más integrados en la historia. Al fondo de una línea asumidamente disparatada, donde la exageración es norma, late sin moralinas el anhelo de un amor verdadero y para siempre, como lo único capaz de satisfacer a las personas. A Massey le sale el dinero por las orejas, y Marilyn tiene una fortuna al alcance de su mano: pero no les basta, lo saben y están insatisfechos. De un modo quizá menos brillante que en otras ocasiones pero eficaz, los Coen entregan un film entretenido, en el que funciona el juego del ratón y el gato. Desentonan un par de detalles zafios, aunque se incluyan con la intención de subrayar las patéticas infidelidades conyugales de algunos personajes.

7/10
El hombre que nunca estuvo allí

2001 | The Man Who Wasn't There

La palabra mágica es "chantaje". Una carta anónima dirigida al amante y jefe de su esposa, reclamando una importante suma de dinero a cambio de su silencio, puede cambiar su suerte. Con las pasta conseguida través de este procedimiento, Ed piensa invertir en un negocio importante que acaba de pasar ante sus narices. Los hermanos Coen pergeñan una película pequeña en apariencia, pero que funciona con ejemplar perfección. La construcción del personaje de Ed, patético náufrago existencial, está perfectamente sostenida por la interpretación del camaleónico Billy Bob Thornton, y por el recurso a una voz en off que nunca llega a cargar. Joel imprime un adecuado ritmo, acorde con la anodina vida de Ed. La elección de un glorioso blanco y negro para las imágenes y el acopañamiento musical de las sonatas de piano de Benethoven ayudan a componer una atmósfera de agotamiento vital, teñida de fatalismo. Las cosas no acaban de salir como uno quiere, vienen a decir los hermanos de Minnesota. Los Coen se inspiran con toda claridad en la novela negra, sobre todo en James M. Cain, cuyos relatos más célebres, El cartero siempre llama dos veces y Perdición, juegan con elementos como el chantaje, la avaricia y la indidelidad.

6/10
O Brother!

2000 | O Brother, Where Are Thou?

Pieza magistral de los hermanos Coen, esos originales genios venidos desde Minnesota. En este caso modernizan la "Odisea" de Homero y trasladan las peripecias de Ulises a la época de la Gran Depresión americana, a ritmo de blues y con un preciso toque surrealista marca de la casa. Los protagonistas, Ulyses, Pete y Delmar, son tres fugitivos que han escapado de la cárcel y emprenden un viaje con unas palabras resonándoles en la cabeza: “Encontraréis una fortuna, pero no la fortuna que estáis buscando”. Esta premonición es pronunciada por un anciano ciego pero visionario, encarnación moderna del Tiresias clásico. Los tres compañeros viajarán por el Estado de Mississippi sin descanso, en busca de un tesoro escondido en el fondo de un valle. Pero su aventura estará llena de peligros, sorpresas y encuentros con los personajes más variopintos: el malvado Cíclope Goodman, un vendedor de biblias con intenciones no precisamente amistosas; un célebre gángster al más puro estilo James Cagney, con el que entablan amistad después de un atraco; un encantador grupo de sirenas capaces de embaucarles con sus idílicas notas musicales; el gobernador del Estado, en plena campaña electoral; y una Penélope que espera y espera en el ideal territorio de Ithaca. Con estas coordenadas de poema épico, Joel y Ethan Coen diseñan una comedia única y originalísima desde el punto narrativo, visual y dramático. El resultado es simplemente tan encantador y magnético como el canto melodioso de las sirenas. Una de las mayores bazas de la película es la banda sonora de T-Bone Burnett, donde se recogen admirables canciones de blues, entre ellas la fascinante "I am A Man of Constant Sorrow". El reparto está plagado de nombres conocidos como John Turturro, John Goodman o Holly Hunter. Pero entre ellos es obligado felicitar a un George Clooney que ofrece un verdadero recital de interpretación. Nadie era capaz de figurarse lo que podía hacer este rompecorazones en manos de los Coen. Su impecable metamorfosis en Ulises con fachada a lo Clark Gable le ha supuesto merecidamente el Globo de Oro al mejor actor de comedia. Y es que los "brother" Coen convierten en oro todo lo que tocan.

8/10
El hombre desnudo

1998 | The Naked Man

Edward estudia quiropráctica pero mientras, para ganarse la vida, practica la lucha libre. Cuando desea poner una consulta y cambiar de estilo de vida, un para de mafiosos se meten con su familia. Tendrá que enfrentarse con sus adversarios en el ring. Michael Rapaport protagoniza esta delirante comedia que está coescrita por Ethan, uno de los celebérrimos hermanos Coen.

3/10
El gran Lebowski

1998 | The Big Lebowski

El Nota, un hippy vago como pocos, es confundido con un multimillonario. El error sirve para que el magnate le confÍe el rescate de su mujer, secuestrada por unos indeseables de los que sólo el Nota conoce el rostro. Secuestros, confusión de identidades, tipos estrafalarios: con tales elementos los Coen han hecho películas muy distintas entre sí. Aquí orquestan un film delirante, que combina comedia, cine negro, musical, surrealismo y todo lo que se les ocurre, con la referencia literaria de Raymond Chandler. El reparto, fantástico, cuenta con todos los nombres habituales de los hermanos de Minnesota. Del reparto, destaca un pequeño cameo de uno de sus actores fetiche, John Turturro, que fue el protagonista de otro de sus éxitos, Barton Fink.

6/10
Fargo

1996 | Fargo

Si algo puede salir mal, saldrá mal. Que se lo digan a un torpe vendedor de coches, que monta el secuestreo de su propia esposa. Ocurre en Minnesota en pleno invierno, y todo lo hace para sacar pasta a su suegro. Lo malo es que acude a dos matones tan torpes como él. Lo contrario que la sheriff Marge, esposa perfecta, embarazada, y que investigando resulta ser más lista que el hambre. Formidable e inclasificable film de los Coen, que mezcla el thriller con el humor negro y el dibujo costumbrista de la América profunda del Medio Oste. Si patético resulta el vendedor de coches interpretado por William H. Macy, el contrapunto lo da el matrimonio de la sheriff y su esposo, aparentemente anodino, pero que disfruta con su vida ordinaria, y con el encargo que él logra de diseñar un sello de 3 centavos, remate final del film. Para el recuerdo queda el plano de la trituradora, marca de la casa. Tuvo dos merecidos Oscar (guión y actriz, Frances McDormand) y premio al mejor director en Cannes. La fotografía blanquecina del film es prodigiosa.Y los extras, muy completitos.

8/10
El gran salto

1994 | The Hudsucker Proxy

Los hermanos Coen homenajean, a la vez que lo caricaturizan, el cine clásico de Frank Capra. Y lo hacen a través de la historia de Norville Barnes (Tim Robbins), un ingenuo joven recien licenciado en empresariales, que es contratado por una empresa el mismo día que su fundador se ha suicidado saltando desde la ventana de la Sala de Juntas en el piso 44. Sidney J. Mussburger, brazo derecho del fallecido, decide elegir como nuevo presidente de la compañía a Norville Barnes, al que considera un idiota, para conseguir que bajen los precios de las acciones de la compañia. El resultado es una brillante comedia, con grandes golpes de humor. Tambien es de destacar el efecto visual conseguido por los Coen, en particular el peliculiar "look" del Nueva York de los años 50. La película cuenta con grandes secuencias tales como las impresionantes caídas desde el rascacielos.

6/10
Barton Fink

1991 | Barton Fink

Un autor teatral de éxito escucha el canto de sirenas de Hollywood. Y allí descubre que no todo el monte es orégano, pues le encargan absurdas películas de lucha libre. Al tiempo, extraños personajes del motel donde se aloja le ayudarán a su temido enfrentamiento con la página en blanco de la máquina de escribir. Genial acercamiento de los Coen al momento creador, los hermanos mezclan sabiamente géneros e influencias fílmicas, introducen personajes excéntricos, y nos intrigan con cierta misteriosa caja. 

8/10
Muerte entre las flores

1990 | Miller's Crossing

Años de la prohibición. Dos bandas, una liderada por un irlandés, la otra por un italiano, pelean por dominar una ciudad innombrada. En medio de la refriega está Tom Reagan, que en principio trabaja para Leo, el irlandés. Pero se le ocurre tontear con Verna, la chica de su jefe, lo que tiene las previsibles consecuencias. Para acabar de enrevesar las cosas está Bernie, hermano de Verna, y por lo que parece, un traidor redomado. Probablemente la mejor de las películas firmadas por los hermanos Coen. Toman lo mejor de la novela negra –Dashiell Hammett sobre todo– y del cine gangsteril, y lo tamizan con una puesta en escena barroca y abundantes dosis de humor negro (las escenas del italiano con su hijo son memorables). A la magnífica dirección y recreación de época, y a los violentos tiroteos, se suman las interpretaciones. Destaca Gabriel Byrne como el lacónico Tom, que mide cada uno de sus pasos para lograr sobrevivir.

8/10
Arizona Baby

1987 | Raising Arizona

Un atracador de tiendas es detenido por una policía. Cuando ésta le lleva a comisaría para ficharle, ambos se enamoran, por lo que ella deja el cuerpo para compartir su vida. Poco después descubren que no pueden tener hijos, por lo que no se les ocurre otra cosa que el disparatado plan de secuestrar a un bebé. Eligen para ello a un quintillizo, pues piensan que cuando los padres se den cuenta, podrán consolarse con los otros cuatro. Ya desde sus primeros trabajos, los hermanos Coen pusieron en práctica su particular mezcla de géneros, que ha dado películas como (Fargo, El gran salto o El gran Lebowski). Joel aparece como director mientras que Ethan lo hace como productor, si bien en realidad, ambos escriben el guión y se reparten las tareas de realización. Para esta divertida historia contaron con un reparto privilegiado y los papeles protagonistas estuvieron interpretados por dos actores que, poco a poco, se convirtieron en dos celebridades de Hollywood: Holly Hunter (El piano) y Nicolas Cage (Leaving Las Vegas).

7/10
Ola de crímenes, ola de risas

1985 | Crimewave

Dos asesinos compulsivos andan sueltos en Detroit provocando una masiva ola de crimenes. Una chica preciosa llamada Nancy ha sido testigo, y esto supone una molestia para los asesinos. Un hombre la ayuda a evitar su muerte. El típico e inimitable estilo de Sam Raimi ofrece aquí una película que mezcla intriga, humor negro y lo que haga falta. En el guión meten mano los hermanos Coen, en una época anterior a su definiva consagración como cineastas muy personales.

4/10
Sangre fácil

1984 | Blood Simple

Abby no soporta a su aburrido marido Marty, dueño de un bar de Texas. Así que busca consuelo en los brazos de un amante: Ray, un camarero empleado en el bar. Cuando Marty se entera de la aventura que se traen entre manos, contrata a un detective, matoncillo y de muy baja estofa, para que asesine a ambos. La película con la que debutaron los hermanísimos Joel y Ethan Coen en 1984 es ya un clásico por derecho del cine negro. Está protagonizada por Frances McDormand, que pronto se convertiría en la esposa de Joel y que en el futuro colaboraría en muchas de sus películas. La enorme fuerza visual de sus planos (el director de fotografía es Barry Sonnenfeld) ya apuntaba lo que vendría después con títulos como Muerte entre las flores o Fargo. El guión es primoroso, tremendamente original, con personajes inolvidables, aunque lo que más llama la atención es el modo en que los Coen transforman la historia en imágenes. Los hermanos de Minnesota dan muestra de ese humor gamberro y bruto que se convertiría con los años en marca de fábrica. Y también se adivinan los temas que se repetirán en otros muchos de sus filmes: ambientes opresivos de la América profunda; tipos patéticos y perdedores; mentiras y engaños a tutiplén; y una ácida y algo cínica visión del matrimonio, fuente de traiciones y punto de partida de historias sangrientas. Todo ello mostrado con un sentido envidiable del ritmo y un estilo visual muy atractivo, heredero del cine y la novela negra de los años 40, lleno de detalles significativos. En este film, queda para el recuerdo la escena surrealista en que, desde la tumba donde va a ser enterrado vivo, un moribundo levanta su pistola y aprieta el gatillo, aprieta el gatillo, aprieta el gatillo...

7/10
La balada de Buster Scruggs

2018 | The Ballad of Buster Scruggs

Revisitación del western a cargo de los hermanos Coen, después de su espléndido logro en Valor de ley, demuestra la maravillosa condición que poseen de contadores de historias, justamente reconocida en el Festival de Venecia con el premio al mejor guión. A modo de exquisitos trovadores, articulan una antología de relatos de frontera del lejano Oeste, dotándola de una perfecta unidad, lo que tiene un mérito enorme, porque se trata de narraciones muy diferentes, aunque compartan el tono de añoranza, elegíaco, donde también asoma el humor y la ironía. Con el recurso de un libro, cada historia viene precedida de una página ilustrada con una frase significativa, e igualmente se termina con la última página de ese capítulo, ello comenzando con "La balada de Buster Scruggs" que da título al film, que nos señala la importancia que van a tener en el conjunto, al modo de O Brother!, las canciones folclóricas populares y la música, donde resulta esencial el trabajo de su colaborador habitual Carter Burwell. Y así, el amplio lienzo de esos seis relatos recoge todo el catálogo imaginable de los elementos que configuran las típicas historias del Oeste, sin nunca transmitir la sensación de caer en lo manido: la llegada del forastero a la ciudad, el saloon, las partidas de póker, los duelos; los asaltos a los bancos, la justicia rápida en forma de linchamiento, los ataques de los indios, la conducción de ganado; los charlatanes y cómicos que entretienen a la gente; los buscadores de oro, la comunión con la naturaleza; la marcha al Oeste, las caravanas, los guías, los matrimonios concertados, la concesión de tierras a los colonos, las personas temerosas de Dios; los viajes en diligencia, los cazarrecompensas. Merece la pena entretenerse en entregar esta larga lista, porque lejos de lo que pudiera imaginarse, los Coen no se limitan a acumular las ideas citadas, sino a construir sólidas historias y a ponerlas en escena con insólita perfección. De la capacidad de riesgo de los hermanos cineastas da idea ya la primera historia, con el protagonista, Buster Scruggs interpretado por Tim Blake Nelson hablando y cantando al espectador con un ridículo traje blanco, y con la surrealista idea angelical que remata su peripecia. Pero es que igual optan por una seca violencia, que emocionan con una delicada y pragmática declaración de amor, o plantean el asesinato de un discapacitado con una increíble socarronería. Manejan además un reparto coral fantástico, donde citar a todos los implicados se antoja tarea imposible, por la injusticia que sufrirían los no nombrados. Aunque en muchos casos los minutos en pantalla sean escasos, las composiciones son perfectas.

8/10
¡Ave, César!

2016 | Hail, Caesar!

Los hermanos Joel y Ethan Coen vuelven a transitar el terreno del cine dentro del cine que les valió la Palma de Oro en Cannes gracias a Barton Fink, pero en esta ocasión lo hacen con un tono muy diferente, detrás de la ironía amable se trasluce un auténtico homenaje al viejo sistema de los estudios de Hollywood, una fábrica de sueños que pese a sus inevitables defectos entregaba películas capaces de inspirar, entretener y conmover. No deja de tener su miga que el protagonista sea el jefe de Capitol Pictures, estupendo Josh Brolin, que duda entre seguir en la locura de producir películas o aceptar la oferta de irse a regentar otro tipo de fábrica, una de aviones, que le supondría un horario más humano y unos emolumentos bastante mayores. La excusa argumental es mínima –la estrella de una película bíblica titulada precisamente ¡Ave, César!, estilo Ben-Hur es secuestrado por un equipo de artistas con simpatías comunistas–, y sirve para ilustrar con estupendo sentido del humor la casa de locos de aquella época, los años 50. De modo que vemos cómo es el rodaje en estudio, el montaje con la moviola, el visionado de un copión... Lo que parecía un desastre mientras se rodaba, con un actor que parecía un inútil, en la pantalla cobra inesperada magia... Se nos ofrecen sentidos homenajes al musical, a las figuras caleidoscópicas en el agua de Esther Williams, al western de tono ingenuo... Se apunta la competencia de la televisión... Pululan las gacetilleras en busca de cotilleos, y hay escándalos que resulta necesario tapar... Las películas ofrecen contenidos, y hay que contentar a los representantes de los credos religiosos... Hay guionistas que, tremenda osadía, quieren ofrecer mensajes, algunos representas del peligro “rojo”... Todo eso está ahí, servido por dos cineastas que creen en las películas, aunque sepan al mismo tiempo reírse de esa influencia que ejercen sin lugar a dudas en los espectadores, lo sepan estos o no. Lo que tiene un gran mérito es la unidad que logran con personajes muy diversos y situaciones variopintas, todo casa y sirve a la idea de celebrar a la fábrica de sueños.

8/10
A propósito de Llewyn Davis

2013 | Inside Llewyn Davis

1961. Una semana en la vida del cantante folk Llewyn Davis, joven apaleado por la vida, que trata de abrirse camino en el Greenwich Village neoyorquino, o viajar a Chicago para una prueba con el mítico productor Bud Grossman. Acostumbrado a dormir en sofás de casas ajenas, sin relaciones sentimentales duraderas, experiencias como la muerte de su compañero musical con el que grabó un disco, novias embarazadas que suponen un “problema” y un progenitor con demencia senil, conforman una vida triste, donde el éxito artístico no está, ni mucho menos, garantizado. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen, guionistas y directores de A propósito de Llewyn Davis, siguen dando pruebas inequívocas de la madurez artística alcanzada y de la coherencia de los temas que van conformando su rica filmografía, el Gran Premio del Jurado en Cannes, un festival que les ama, es muy merecido. Con el tema homérico del viaje del héroe –ya presente en O Brother!, al igual que el de la música folk– y el del talento artístico que se ahoga, no logra ser reconocido mientras se ve acompañado de mil penalidades –cuestión abordada en Barton Fink–, componen una película muy coherente y equilibrada. La estructura circular no suena a artificiosa, y el conjunto, con una fotografía de colores apagados, resulta muy adecuada para la historia de una vida cotidiana y depresiva, donde lo logrado no responde a las expectativas, incluidos momentos de corte casi surrealista. No buscan los Coen coartadas para el protagonista, simpatizan claramente con él pero no ocultan sus ramalazos de indudable egoísmo, incluidas situaciones que son un verdadero puñetazo en su rostro, no sólo los que le propina el tipo trajeado en el callejón, sino pasajes como el de la clínica abortista, donde los supuestos “problemas resueltos” asoman con una nueva e inesperada dimensión en el camino, las decisiones tomadas tienen consecuencias. Las canciones que salpican la narración de A propósito de Llewyn son maravillosas, muchas tradicionales –“si son viejas y suenan como nuevas, entonces son folk”–, con letras adecuadas a la situación vital del protagonista, y en muchos casos repletas de alusiones a conocidos temas y artistas que sabrán reconocer los iniciados. Oscar Isaac, cantante guatemalteco criado en Miami, y que había hecho sus pinitos en el cine, asume con poderío el papel del “perdedor” protagonista –¡cuántos perdedores de cine memorables han creado los Coen!–, cantando muy bien los diversas canciones. Le secundan perfectamente los secundarios, la mayoría desconocidos, aunque se puede ver a actores como F. Murray Abraham, Justin Timberlake, Carey Mulligan y John Goodman.

8/10
Valor de ley (True Grit)

2010 | True Grit

Mattie Ross, una adolescente, se hace cargo del cadáver de su padre, asesinado por Tom Chaney, un forajido. Dispuesta a que se haga justicia, y desconfiada de los cauces habituales, contrata a Rooster Cogburn, un borrachín alguacil cazarrecompensas, para atrapar al criminal. Se unirá a la caza del hombre LaBoeuf, un ranger texano, que también busca a Chaney por el asesinato de un senador. Adaptación de la novela de Charles Portis, ya llevada al cine con fortuna por Henry Hathaway con John Wayne en el papel protagonista que le valió su único Oscar. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen entregan un western de maravilloso clasicismo, género para el que apuntaban claramente maneras en No es país para viejos. Aunque la trama tiene tono crepuscular, no hay lugar para el cinismo, siguen vigentes los eternos valores del bien, la justicia y el temor de Dios, que empujan a hacer lo correcto, aunque no dejen de cometerse errores. Los Coen aciertan en cómo perfilan el personaje de Mattie, una jovencita creíble: no especialmente agraciada, inteligente y testaruda, en cuyas acciones le guía más un sentido acendrado de lo justo que la simple visceralidad de la venganza. Su relación con los hombres que la ayudan en su propósito, y el encuentro con el villano, están muy bien descritos. La debutante Hailee Steinfeld supone todo un descubrimiento, y aguanta bien el hecho de estar omnipresente en la pantalla, pues la mirada del espectador es en cierto modo la suya. También brilla el resto del reparto, con menciones especiales para Jeff Bridges, genial con su ronca voz, y un irreconocible Matt Damon, los dos hacen que nos creamos el creciente respeto de sus personajes por Mattie. Da idea de la madurez que han ido adquiriendo los Coen su contención visual, son menos apabullantes de lo habitual, lo que no significa que renuncien a los riesgos, más bien todo lo contrario. Así tenemos planos generales bellísimos que no nos extrañaría ver en cineastas clásicos como John Ford, Howard Hawks o el mentado Hathaway, pero a la vez se atreven, sin llamar la atención, con otros más complicados, como los que componen la escena en que hallan a un hombre ahorcado, o la del pozo de las serpientes. En cambio, en lo relativo a la violencia, no dejan de caer en la tentación de presentarnos una secuencia tarantinesca, la que sucede en la cabaña de los tramperos.

7/10
Un tipo serio

2009 | A Serious Man

A pesar de su título, este trabajo de los hermanos Coen no es nada serio. El tono se acerca más a Quemar después de leer que a No es país para viejos. Por lo demás, es una película un poco atípica en la filmografía de los cineastas, pues han contado con un presupuesto muy bajo. También llama poderosamente la atención que hayan renunciado por completo a incluir estrellas en el reparto. De hecho, el film está protagonizado por Michael Stuhlbarg, secundario de títulos como Red de mentiras, y que tuvo su papel más destacado en el film La zona gris. El resto del reparto esta compuesto por actores sin tirón comercial, pero buenísimos, como Richard Kind (Vías cruzadas), Fred Melamed (habitual del cine de Woody Allen) y el veteranísimo Adam Arkin (Hitch). Los Coen vuelven a demostrar su capacidad para seleccionar, no se sabe cómo, a actores de lo más expresivo, hasta para los papeles anecdóticos. Esta vez siguen a una familia judía, encabezada por Larry Nidus, marido modélico, padre afectuoso y profesor de matemáticas comprometido con su trabajo. Sin embargo, atraviesa una mala racha. Su mujer le anuncia que tiene un amante y que quiere que se vaya de casa, en el trabajo tiene problemas con un estudiante coreano que pretende sobornarle, alguien envía anónimos que comprometen su futuro profesional, su hermano se ha instalado en su casa, su hija le roba billetes de la cartera para operarse la nariz, su hijo fuma marihuana, etc. Los Coen se han convertido en un valor seguro. Nunca decepcionan, e incluso se diría que su película menos lograda, Ladykillers, mantiene cierto nivel. Esta vez tampoco se sentirá defraudado ningún espectador del tipo que sea. Los hermanos cineastas han tejido una comedia negra, más surrealista aún que otras cintas de su filmografía, pues incluye algunos sueños y un comienzo desconcertante. Pero sobre todo es cínica, aunque mantiene un tono elegante. En tal sentido recuerda mucho más a las comedias de Billy Wilder que a los últimos éxitos del género. Es cierto que los Coen miran la religión con sarcasmo –especialmente las costumbres judías: sólo ellos, judíos, podrían haber hecho un film así–, pero lo hacen con tanto estilo que nadie se sentirá ofendido. En el fondo, el tono se asemeja a las bromas de Woody Allen al respecto. El modo de abordar la cuestión contrasta con la irreverencia que impregna las películas de algunos cineastas procedentes del catolicismo. No será recordada como uno de los grandes trabajos de los hermanos, pero bajo su apariencia ligera oculta interesantes consideraciones en torno a la serenidad y la resignación. El protagonista está inspirado en la paciencia del bíblico Job, pues el guión se centra sobre todo en sus esfuerzos por salir adelante frente a las más disparatadas adversidades inesperadas. Algunos momentos dan que pensar en asuntos como el egoísmo en las relaciones personales y familiares, o la desintegración familiar.

6/10
Quemar después de leer

2008 | Burn After Reading

Farsa menor de Joel y Ethan Coen, tras su triunfo en los Oscar con No es país para viejos. Los hermanos se toman a broma el mundo del espionaje al situar su trama en Washington. La acción se inicia en el cuartel general de la CIA en Langley, donde el analista Osborne (John Malkovich) es puesto de patitas en la calle. Su esposa Katie (Tilda Swinton) no parece demasiado amargada por el tema, pues desprecia al marido, quien opta por holgazanear todo el día mientras escribe sus memorias e ingiere cantidades desmesuradas de alcohol; además le engaña con Harry (George Clooney), un agente del tesoro casado con una autora de libros infantiles, que a su vez sale con mujeres variadas. Una será Linda (Frances McDormand), que trabaja en un gimnasio, y está obsesionada por someterse a cirugía para mejorar su físico; el hallazgo casual de un cedé con las memorias de Osborne, de supuesto contenido sensible, anima a Linda y a Chad (Brad Pitt) a ofrecer su devolución a cambio de una importante suma de dinero. Las descripción del enredo urdido por los traviesos cineastas podría alargarse más, pero lo dicho en el párrafo anterior debería bastar. Los Coen retratan a un grupo de mediocres perdedores, con vidas amorosas insatisfactorias, obsesionados por el aspecto físico y el dinero, cierto bienestar o felicidad que ignoran cómo alcanzar. Lo que sirve para entregar un buen puñado de situaciones divertidas -la llamada telefónica a Osborne, la incursión en la embajada rusa, las surrealistas conversaciones en Langley...-, pero también algún pasaje zafio, de humor facilón. El reparto es estupendo, y los actores parecen habérselo pasado en grande haciendo el ganso, en una película sin demasiadas pretensiones, donde su crítica a ciertas actitudes contemporáneas, que miran demasiado a ras de suelo, resulta limitada por el propio planteamiento del film.

6/10
No es país para viejos

2007 | No Country for Old Men

En algún lugar de la frontera entre Estados Unidos y México, no muy lejos de Río Grande... Una operación de narcotráfico ha terminado en río de sangre, compradores y vendedores no han sabido entenderse... Al desértico lugar donde realizaban el intercambio llega por casualidad Llewelyn Moss, un peón soldador, y encuentra cerca a un tipo recién fallecido que tenía consigo un maletín con dos millones de dólares. La tentación de quedárselo es demasiado grande, aunque Llewelyn no es un ingenuo. Desde el momento en que deja desgraciadamente una pista que permite identificarle, un sádico asesino al servicio de los narcos, Anton Chigurh, le pisa los talones. Pero decide afrontar el riesgo de retener el dinero. Así que pide a su esposa que se vaya a casa de su madre, mientras intenta aguantar él solito la caza de que empieza a ser codiciada presa. Al tiempo, también el sheriff local, Ed Tom Bell, miembro de una familia con varias generaciones al servicio de la ley, intenta dar con su paradero.Extraordinaria película de los hermanos Joel y Ethan Coen, quizá la mejor de su valiosa filmografía, y prueba de la plena madurez que han alcanzado como cineastas. No es que antes hubieran dejado de demostrar su talento, allí están títulos tan redondos como Muerte entre las flores o Fargo. Pero es cierto que les podía su vertiente gamberra, se hacían demasiado reconocibles con sus bromas y su estilo visual. En la obra del escritor Cormac McCarthy han encontrado temas y personajes con los que pueden identificarse, y con los que, en efecto, se han identificado. Así que se benefician de la gran humanidad con que McCarthy pinta a sus personajes de la frontera, tipos lacónicos, habituados a la vida dura; y de algún modo depuran lo que en otros de sus filmes resulta exagerado. Y la combinación Coen-McCarthy resulta perfecta. Porque hablar de una historia con asesinos pasados de rosca (estupendo Javier Bardem, y también Woody Harrelson, con menos presencia), y tipos duros, supervivientes natos (los personajes de los magníficos Josh Brolin y Tommy Lee Jones, uno al que atrae el dinero, pero que tiene un código moral que le lleva, por ejemplo, a llevar agua a un tipo al que dejó malherido, el otro con un claro sentido de la justicia, pero cansado de ver cómo el mal y la crueldad dominan con frecuencia el mundo), es hablar claramente del universo Coen; pero la aproximación por la senda McCarthy ayuda sobremanera a la credibilidad de lo narrado. Y no sólo en los protagonistas, sino también en tipos humanos de la América profunda, un vendedor, el encargado de un motel... Gente corriente y moliente, que se suelen ver poco en las películas, y a la que los Coen ya se habían acercado en títulos como Fargo.Resulta increíble la impecable caligrafía cinematográfica que presenta este trabajo de los Coen. La historia salta de uno a otro personaje con naturalidad, y la tensión del "duelo", por así decir, entre Llewelyn y Anton, alcanza niveles altísimos, ya sea en medio del desierto, esa dinámica persecución hasta el río; en el motel de carretera; o en México. Hay violencia, dura e impactante, desagradable si se quiere, aunque tampoco se busca el regodeo. Funciona muy bien la sobriedad de los personajes, e incluso el que se prestaba más al histrionismo, el de Bardem, está contenido en su justo punto. Hay reflexiones apuntadas, sobre la libertad y la responsabilidad (esa moneda caprichosa de Anton no le exime de lo que es una crueldad salvaje y deliberada), el anhelo de un hogar tranquilo, y la implantación de un orden justo que no llega. Incluso se alude al universal deseo del encuentro con Dios en la vida de uno, del que se aguarda a veces a que haga su aparición cuando uno ya es de edad avanzada, quizá olvidando que ese encuentro tiene algo de búsqueda, que no puede dejarse a la pura providencia, aunque ésta cuente, y mucho.

9/10
A cada uno su cine

2007 | Chacun son cinéma

Paris, je t'aime

2006 | Paris, je t'aime

Mosaico formado por dieciocho historias cortas, rodadas por cineastas excepcionales, que giran en torno al amor. Cada una transcurre en un barrio de París diferente, que sirve como título a cada segmento. El principal escollo es que los cineastas tienen entre cinco y seis minutos por corto, lo que supone un reto para muchos de ellos, acostumbrados a desarrollar sus historias. Sintetizar un relato no es tarea fácil, menos en el cine moderno, en el que por ejemplo son necesarias tres horas de King Kong para contar lo mismo que la película clásica, de 100 minutos. Esta dificultad deriva en que pocos de los autores son capaces de desarrollar una historia de entidad, y los que salen mejor parados son en su mayor parte los que se decantan por narrar una anecdotilla. Es el caso de Joel y Ethan Coen, que mezclan suspense y comedia en ‘Tuileries’, aunque no muestran París, pues transcurre en su totalidad en la estación de metro. Steve Buscemi interpreta a un turista que descubre a una pareja magreándose en el andén de enfrente, lo que causará imprevistas reacciones de los observados. Tiene también su gracia ‘Tour Eiffel’, en la que Sylvain Chomet reivindica el derecho a la diversidad, a través de la historia de amor de dos mimos. Isabel Coixet realiza su primera incursión en el género cómico, pues en ‘Bastille’ parodia sus propios dramones lacrimógenos, a través de la historia de un hombre a punto de dejar a su mujer por una amante más joven. Resulta al menos curiosa ‘Père Lachaise’, en la que el especialista en terror Wes Craven  cuenta con simpatía la visita de una pareja a la tumba de Oscar Wilde. El propio Craven interviene brevemente como actor en ‘Quartier de la Madeleine’, donde Vincenzo Natali convierte a Elijah Wood en protagonista de una historia de vampiros. Esto no significa que no hayan tenido éxito algunos cineastas que han optado por la vía dramática. Destaca Gurinder Chadha, con ‘Quais de Seine’, que apunta con pocos trazos una historia de amor interracial. En ‘Loin du 16ème’, los brasileños Walter Salles y Daniela Thomas han elegido una entrañable historia de amor maternal, recordando que el amor puede ser de diferentes clases. Frédéric Auburtin se ha encargado de rodar imágenes de París, que sirven de transición entre los cortos, y de ‘Quartier Latin’, homenaje al cine de John Cassavetes, con dos de los actores habituales del neoyorquino, su esposa Gena Rowlands y Ben Gazzara. Como en todos los trabajos colectivos, es inevitable que el nivel sea desigual. Desentonan parcialmente algunos pasajes, como ‘Porte de Choisy’, relato surrealista en torno a unas peluquerías chinas. Lo mismo le ocurre a ‘Le Marais’, pues a pesar de la fuerza visual de Gus Van Sant, su narración de un encuentro que podría dar lugar a una relación homosexual no acaba de arrancar. 

5/10
Ladykillers

2004 | The Ladykillers

La fiebre de hacer cine puede más que la carencia de ideas originales. Los prolíficos Joel y Ethan Coen echan mano, no sólo del espíritu de las comedias de la Ealing (estos cinéfilos hermanos recurrieron antes al cine negro o al cine de Capra y Sturges para imaginar sus películas), sino que ejecutan un remake de su título más célebre: El quinteto de la muerte. Quizá es el principal reproche que se puede hacer a su film: que ya existiera previamente, que sea una variación sobre el mismo tema. Pero este inconveniente no obsta para que personalicen la trama original, logrando una divertidísima traslación al Sur de los Estados Unidos. Allí Marva, una anciana negra, viuda y que vive sola, acepta como inquilino al muy pedante profesor G.H. Dorr. Dice que necesita tranquilidad, y le resulta muy conveniente el sótano de la vivienda, donde se reunirá con cuatro compinches, en teoría para tocar música. En realidad están cavando un tunel para acceder a un barco-casino anclado en el río Mississippi, que pretenden desvalijar. Tom Hanks cambia de registro y hace una perfecta composición del profesor, cuyos modales relamidos contrastan fuertemente con el carácter directo y enérgico de la anciana, una estupenda Irma P. Hall que fue premiada en Cannes. Los Coen explotan brillantemente el humor negro, orquestan con gracia los momentos de enredo, por ejemplo en la sesión de poesía. Los miembros de la banda, cada uno con su tipismo, están bien caracterizados, y permiten el recurso al absurdo (el General chino, que oculta sus cigarros bajo la lengua; el coronel con su robusta novia, la Chica de la Montaña…). Su poderío visual sigue siendo notable, como prueban los planos en que los cadáveres son arrojados al río.

6/10
El gran salto

1994 | The Hudsucker Proxy

Los hermanos Coen homenajean, a la vez que lo caricaturizan, el cine clásico de Frank Capra. Y lo hacen a través de la historia de Norville Barnes (Tim Robbins), un ingenuo joven recien licenciado en empresariales, que es contratado por una empresa el mismo día que su fundador se ha suicidado saltando desde la ventana de la Sala de Juntas en el piso 44. Sidney J. Mussburger, brazo derecho del fallecido, decide elegir como nuevo presidente de la compañía a Norville Barnes, al que considera un idiota, para conseguir que bajen los precios de las acciones de la compañia. El resultado es una brillante comedia, con grandes golpes de humor. Tambien es de destacar el efecto visual conseguido por los Coen, en particular el peliculiar "look" del Nueva York de los años 50. La película cuenta con grandes secuencias tales como las impresionantes caídas desde el rascacielos.

6/10
Going Places

2018 | Going Places

Fargo (serie)

2014 | Fargo | Serie TV

Todo arranca con la llegada a un pueblecito invernal de Minnesota, con nieves casi perpetuas, del enigmático asesino profesional Lorne Malvo, dispuesto a ejecutar uno de sus “trabajos”, eliminar a un tipo, pura rutina. Se cruza en su camino el mediocre vendedor de seguros Lester Nygaard, y Malvo se “apiadará” de él y las humillaciones que recibe de parte de un antiguo compañero de pupitre, y de su insoportable esposa, realizando un asesinato adicional, ayudándole a manejar otro y cometiendo de propina un tercero. Lo que inevitablemente propicia una investigación de la perspicaz y oronda agente Molly Solverson, que debe sortear los obstáculos de su inepto jefe. Lograda traslación del universo de Fargo, la película homónima de los hermanos Coen al formato de serie televisiva. Noah Hawley tiene el mérito de crear algo que no es exactamente un remake ni una reinvención, pues en la trama existen numerosos elementos reconocibles del original, pero el conjunto tiene personalidad propia y atrapa. La serie en su primera temporada recrea bien la América profunda, donde pueden convivir los buenos sentimientos de una vida sencilla –Molly y su padre, más el acercamiento-enamoramiento del agente de otro pueblo, el viudo Gus, que vive con su hija adolescente–, con la inmoralidad de tipejos egocéntricos y muy poca cosa –el vendedor Nygaard, el empresario Stavros Milos– y una caterva de asesinos sin escrúpulos de rasgos casi demoníacos, encabezados por el frío y brillante Malvo. Los actores están muy bien seleccionados: a algunos sorprenderá ver a “Bilbo-Watson” Martin Freeman en su odiodo papel de Nygaard, resulta todo un descubrimiento Allison Tolman como Molly, y su padre en la ficción, Keith Carradine, aporta todo su carisma. No podemos además dejar de mencionar a Billy Bob Thornton, el asesino despiadado y cínico, o a Colin Hanks, el policía que habría preferido ser repartidor de correo a agente de policía. El film incide en cierto sentido del humor existencia, a partir de la violencia irracional y de la existencia anodina propia de lo cotidiano. También hay un sexo tosco y de motel, que parece incidir en su condición de pura forma de entretenerse en lo que no dejan de ser vidas mediocres y grises. Aunque la partitura musical la firma un tal Jeff Russo, también es una curiosa recreación de la original de Carter Burwell, quien tal vez habría merecido un crédito en la serie.

7/10

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