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Bigelow, el Oscar y la injusticia histórica

Foto: AMPAS Estoy cansado de oírlo y de leerlo: premiando a Kathryn Bigelow con el Oscar a la mejor dirección, la Academia repara una injusticia

Bigelow, el Oscar y la injusticia histórica

Foto: AMPAS

Estoy cansado de oírlo y de leerlo: premiando a Kathryn Bigelow con el Oscar a la mejor dirección, la Academia repara una injusticia histórica y bla, bla, bla... Me parece genial que la directora de En tierra hostil haya sido premiada en dicha categoría, porque su trabajo es fantástico, su pericia para el cine de acción, apuntado en títulos como Le llaman Bodhi, ha encontrado su expresión ideal en una película que muestra con realismo inusitado cómo puede ser estar en el escenario de guerra de Irak. Y está claro que la Bigelow ha hecho historia, al ser la primera mujer galardonada con el Oscar a la mejor directora.

Pero dicho esto, dejémonos de papanatismos y monsergas dictados por lo políticamente correcto. ¿Qué injusticia histórica se ha reparado al fin? ¿Tantas mujeres directoras han firmado obras maestras a lo largo de la historia del cine, para que pudieran recibir antes el Oscar en esa categoría? A mí me parece que el mismo hecho de que fuera Barbra Streisand la encargada de dar esta estatuilla, da idea de que tampoco hay tantas candidatas al premio. ¿Está la injusticia tal vez en la dificultad de las mujeres para acceder a la dirección? Tal vez sea ése el 'quid' de la cuestión, pero la realidad es que de entre las que dirigen, tampoco hay tantas premiables; y desde luego, es falso que se las ignore a la hora de premiarlas, por el simple hecho de ser mujeres.

En el Hollywood clásico se podría citar como directoras a Ida Lupino, y poco más. Y está, claro, la cineasta del nazismo Leni Riefenstahl, quizá la mejor directora de todos los tiempos, pese a que pusiera su talento al servicio de una causa nefasta. Más cercanas en el tiempo, aparte de la mentada Streisand, están Sofia Coppola y la australiana Jane Campion. Por supuesto que hay alguna otra en el ámbito yanqui –Nancy Meyers, Catherine Hardwicke, Allison Anders...–, pero ninguna como para tirar cohetes. Y en el resto del mundo vienen a la cabeza la sueca Liv Ullmann, las francesas Agnès Varda y Agnès Jaoui, o una pléyade de hispanas –Gracia Querejeta, Icíar Bollaín, Helena Taberna, Ángeles González Sinde..., a las que precedió la pionera Ana Mariscal–, y curiosamente las hermanas iraníes Hana y Samira Makhmalbaf. Pero lo que digo, no son nombres apabullantes como los de sus homólogos masculinos.

Total, que conviene hablar con rigor. Bigelow ha hecho historia, y es de desear que su ejemplo sirva para que surjan vocaciones de mujeres cineastas con talento, que puedan repetir su hazaña. Lo demás, son cuentos.

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