¿Qué tienen en común Lars von Trier y Nacho Vigalondo ? Pues a primera vista, no gran cosa. El director danés ha dirigido un buen puñado de obras
¿Qué tienen en común Lars von Trier y Nacho Vigalondo? Pues a primera vista, no gran cosa. El director danés ha dirigido un buen puñado de obras maestras, como Rompiendo las olas, Bailar en la oscuridad y Dogville, mientras que el esforzado director español tiene en su haber una nominación al Oscar por un corto, 7:35 de la mañana, más una peli de viajes en el tiempo, curiosa-Los cronocrímenes-, que supo promocionar con gran inteligencia, y otra a punto de estreno, Extraterrestre.
Pero ya que ha salido lo de “extraterrestre”, podríamos decir que los dos son un poco “marcianos”, tienen salidas de tono llamativas, y pueden acabar pasándose de la raya a la hora de provocar. Todavía sigue levantada la polvareda de ciertas declaraciones de Lars von Trier, en que se le ha ocurrido decir que simpatizaba con Hitler, y que ha provocado la fulminante reacción de la organización de Cannes, que le ha declarado “persona non grata”. Y la verdad, me ha venido a la cabeza la que se montó con Nacho Vigalondo, al que se le ocurrió escribir en Twitter “Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!”. Como von Trier, tuvo que explicar que era una broma y tal, que no fue oportuno, lo que no impidió consecuencias nada divertidas, como la de que el diario El País prescindiera de él en una campaña publicitaria.
En una interesante entrevista a IndieWIRE, von Trier confiesa que fue “extremadamente estúpido” con sus comentarios, y explica: “despues de ver a Bruno Ganz en esa película sobre Hitler [se refiere a El hundimiento], pensé que hay una especie de miniHitler dentro de todos nosotros. Es igual con Mao y Stalin, hay una zona a veces a la que no hay que ir”. Es cierto que el danés tiene fobias a los aviones y a las muchedumbres, y que puede que en la rueda de prensa donde hizo sus insólitos comentarios no tuviera los pies en el suelo, pero, la verdad, algo parecido a un problema mental tiene quien hace una declaración de ese calibre sin medir las consecuencias; y películas como Anticristo prueban que en él conviven la genialidad con las neuronas sueltas. Lo curioso es que von Trier explica que “la fuerza dentro de mí que me lleva a decir y hacer cosas estúpidas, que me sobreexcita, también me permite hacer las películas que hago”; es la vieja idea de que 'los genios, ya se sabe, tienen estas cosas'. Aunque parece haber aprendido von Trier una lección de lo ocurrido: “Nunca volveré a dar una conferencia de prensa”. Ve que no es lo mismo hablar cara a cara con un entrevistador que decir algo ante un montón de cámaras que lo difundirán por todo el planeta.
Cuando se le pregunta si el proyecto Cinco condiciones, variante Martin Scorsese -pedir al director que ruede cinco variaciones de su trabajo previo, con condiciones ideadas por él-, sigue en pie tras el revuelo de sus declaraciones, dice que no sabe, que no ha vuelto a hablar con Scorsese. En fin, confiemos que no haya problema, pero en caso de haberlo, tal vez una idea sería que alguien le presentara a su colega español tuitero inoportuno con el mismo tema: a lo mejor puede ponerle 5 particulares condiciones a Vigalondo y se hacen amiguetes. Eso sí, tuiteando cosas como “Ahora que todos miráis: El veto a Von Trier me parece un error melodramático que sólo consigue magnificar las chorradas que dijo” Vigalondo no parece ir por el buen camino, pues ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el suyo.
