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Blog de Hildy

Anonymous rima con Amadeus... pero poco más

El viernes se estrena Anonymous , película a la que ya me he referido en este blog, donde se cuestiona la autoría de las obras de William

Anonymous rima con Amadeus... pero poco más

El viernes se estrena Anonymous, película a la que ya me he referido en este blog, donde se cuestiona la autoría de las obras de William Shakespeare, que no habría escrito el actor de este nombre, sino el conde de Oxford. Vi ayer la película de Roland Emmerich ayer, y no me satisfizo. Pero atentos, no por su posible falta de rigor histórico –no voy a entrar aquí a esta cuestión, que considero secundaria para lo que aquí quiero exponer: en cualquier caso confieso no ser un experto en William Shakespeare, aunque disfruto sobremanera con sus obras–, sino por lo deslavazado de la propuesta.

Para entendernos, Anonymous no es Amadeus, ni se le parece, aunque en ambos aletee la figura de un genio, literario y musical respectivamente. Y hasta puestos a comparar, puede que el film de Emmerich se pegue más a la historia: al menos parece que hay muchos puntos oscuros sobre William Shakespeare que permiten alimentar la teoría de la sospecha, mientras que la idea de Wolfgang Amadeus Mozart envenenado por un envidioso Antonio Salieri no tiene base histórica, es una de esas leyendas románticas que han quedado en el imaginario popular, pero que son rematadamente falsas. Y sin embargo, el film de Milos Forman que adapta la obra de Peter Shaffer funciona, tiene un vigor envidiable. Y es que las pasiones tienen fuerza, con ese Salieri envidioso del talento de Mozart, indignado de que Dios haya podido depositar su don en alguien tan vulgar, aunque tal vez lo vea así, deformado, por ser uno de esos mediocres del mundo para los que se arroga el poder absolutorio; y esa envidia es contradictoria, pues cuando llega el momento de la composición del Réquiem, Salieri se rinde al genio de su rival.

Las comparaciones son odiosas, ya. Pero es que el drama de Oxford, que no puede desvelar la autoría de sus obras, atribuidas a un perfecto zoquete, carece de tensión dramática. El puritanismo de los que desprecian las obras de teatro no se explica, resulta completamente irracional. Y la envidia de otros autores –Ben Jonson, Christopher Marlowe–, más o menos soterrada, tampoco interesa lo más mínimo. Así que a la hora de ensalzar el texto shakespereano sólo queda la representación de algún fragmento, el entusiasmo común de nobles y plebeyos, y la relación de pasajes con algún momento de la vida real de Oxford al estilo Shakespeare enamorado, pero sin amor ni pasión, todo frío y calculado, este “cantar de Roland” no funciona, el bardo alemán se ha equivocado, involuntariamente nos ha entregado otra catástrofe, más pausadamente contada eso sí, aunque no desde luego en genial pentámetro yámbico. Como yo creo que el mundo no se terminará en 2012, tal vez Roland esté a tiempo de retomar el rumbo habitual de su cine, o de mejorar en su nueva ruta de navegación.

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