Se ha convertido ya en un cliché cinematográfico. Un tipo, una pareja, varios viajeros, están a bordo de un automóvil, y
Se ha convertido ya en un cliché cinematográfico. Un tipo, una pareja, varios viajeros, están a bordo de un automóvil, y el espectador tiene la seguridad de que van a ser arrollados por un camión u otro vehículo pesado, o que van a tener un fatal choque frontal, aquello va a terminar mal. El cineasta de turno juega con la tensión prolongando la escena, hasta que el mortal, o casi, accidente, tiene lugar.
La última película en que he visto este manido recurso se llama Todos los días de mi vida, un acaramelado título romántico, y la mentada escena es de vergüenza ajena. Porque la enamorada pareja protagonista, Channing Tatum y Rachel McAdams, felizmente casados, detienen su vehículo en una calle de la nevada Chicago nocturna con la intención de... ¡probar suerte a ver si procrean y tienen un hermoso bebé! Con la mala pata de que un camión les golpea por detrás dejándola a ella primero en coma, y luego amnésica. Una variación sobre el mismo tema es el de la parada para darse un beso, o en marcha, que todo vale en el amor. Otro film que viene a mi cabeza es Camino, donde el padre de la protagonista, Mariano Venancio (el famoso superintendente Vicente en la versión de Mortadelo de Javier Fesser), va conduciendo por una autopista feliz y contento; pero agacha un momento la cabeza para mirar el regalo que lleva a su hijita enferma, momento terrible pero que tiene algo de “cartoon”, y un camión se lo lleva por delante.
La verdad es que este tipo de escenas me ponen más bien nervioso. Incluso un director del talento de Michael Winterbottom, principia así un film estimable, Génova, donde dos niñas van con su madre cantando y riendo por una carretera nevada, y ya se sabe, si hay alegría y jolgorio en un automóvil, y la escena empieza a alargarse, eso sólo puede acabar de una manera, terrible accidente, con muertos y/o heridos.
Por supuesto que hay directores talentosos, capaces de solventar con acierto estas escenas, pienso en Alejandro González Iñárritu y sus 21 gramos. O en Krzysztof Kieslowski y el poderoso arranque de Tres colores: Azul. Pero abundan más los planteamientos tópicos, como los accidentes de Siempre a mi lado (Charlie St. Cloud), White Noise y August Rush.
