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Hitchcock, juergas y llaneros: El hombre que sabía demasiado y los hombres que sabían demasiado poco

Como bien saben los amigos de decine21.com estamos inmersos en la confección de una lista de las mejores películas sobre las vacaciones

Hitchcock, juergas y llaneros: El hombre que sabía demasiado y los hombres que sabían demasiado poco

Como bien saben los amigos de decine21.com estamos inmersos en la confección de una lista de las mejores películas sobre las vacaciones. A la hora de sugerir títulos que podían ser incluidos, Miguel Jiménez proponía en Twitter muy acertadamente El hombre que sabía demasiado (1956), donde lo que prometen ser unas felices vacaciones en Marrakech se convierte para James Stewart y Doris Day en una verdadera pesadilla, su hijo es inesperadamente secuestrado.

Después de ver tantas películas actuales –el trabajo obliga– que no valen un pimiento, asomarse al clásico de Alfred Hitchcock es un auténtico bálsamo reparador. Nunca he querido ser un nostálgico de esos que despotrican de todo el cine que se hace hoy, y se refugian en el pasado de películas maravillosas. Pero entiendo perfectamente la actitud, porque a veces uno termina sencillamente hasta el gorro.

Ayer vi Juerga hasta el fin. Para mí es un ejemplo de anticine, de esas películas que dan la razón a los agoreros que pronostican el final del cine (“This Is the End”, se titula originalmente, por cierto, una declaración de principios involuntaria pero acertada, supongo). Como chiste no tiene maldita la gracia. El cinismo de unos actores que se autodeclaran egoístas, frívolos, degradados, sólo pendientes de pasarlo bien, me cansa. En mi anterior post me preguntaba si tan difícil es mostrar la fe en las pantallas. Este film viene a decir que sí, que es muy difícil en un contexto cultural de superficialidad suprema, pues lo religioso sólo es un leve poso, un barniz, para hacer bromas supuestamente divertidas.

Luego tuve ocasión de visionar El llanero solitario. Podía estar bien, y al menos es medianamente entretenida. Pero, claramente, resulta fallida. Técnicamente impecable –la pirotecnia de las escenas con trenes es increíble–, hay muchas cosas que no acaban de funcionar. Johnny Depp como Tonto quiere ser el Jack Sparrow de Piratas del Caribe, pero un poco serio, y le sale algo muy raro. El para mí desconocido Armie Hammer, que da vida al llanero, carece de chispa y carisma, un tipo soso, vaya. Falta a la cinta sentido del humor. Quiere ser cinta de aventuras nostálgica –el niño en el museo–, pero a la vez revisionista de la épica americana del Far West: con lo que se denosta a la caballería y a los que impulsaron el tren transcontinental que unía el Atlántico con el Pacífico, empresarios codiciosos sin más. Por supuesto, no les importa cargarse comanches si hace falta. La mezcla de diferentes tonos chirría.

O sea, advierto que Seth Rogen, Evan Goldberg y Gore Verbinski son hombres que saben... demasiado poco y me cansan. Por el contrario, ponerme a ver El hombre que sabía demasiado (1956) en Blu-ray me reconcilia con el cine. Alfred Hitchcock sabe, y sabe mucho, y puede ponerse a hacer un remake de su propia película El hombre que sabía demasiado (1934) y hacer una verdadera maravilla de suspense, comedia, drama, exotismo. Y hasta veo el lío que se monta en el autobús al principio, cuando el pequeño Christopher Olsen quita el velo a una mujer inadvertidamente, y veo con sutileza presentados los conflictos que surgen alrededor del islam, de los que en estos días tenemos trágicas muestras en cualquier telediario, Egipto y compañía.

“¿Qué será, será...?” pregunta cantando Doris Day, y también yo me pregunto lo mismo, qué será del cine por venir, cuando lo hacen personas que demuestran saber demasiado poco. Dan ganas de coger un par de enormes platillos, y chocarlos con ellos en medio, a ver si espabilan.

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