El gran dilema: ¿hay que dar al público la película que quiere o la que necesita?
Una visión comercial, de puro mercado, responderá a esta pregunta con inevitable pragmatismo: “Adivinemos los deseos del espectador, hagamos la película que quiere ver, y así nos saldrá la cuenta de resultados”. Sólo hay una pequeña pega: ¿cuáles son esos deseos?




















