La tercera "temporada" de Netflix es un remake de la estrategia de la competencia
Algunos románticos creíamos que Netflix tenía muy claro y no iba a modificar su objetivo único, entregar a sus suscriptores las películas y series que deseaban ver.
Algunos románticos creíamos que Netflix tenía muy claro y no iba a modificar su objetivo único, entregar a sus suscriptores las películas y series que deseaban ver.
Netflix nació como videoclub postal centrado en un solo objetivo: entregar a sus clientes lo antes posible las películas y series que querían ver. Con el streaming y la multiplicación de competidores las cosas han cambiado.
Ayer el Festival de San Sebastián anunció que ya no dará premios al mejor actor y a la mejor actriz. En cambio, siguiendo los pasos de Berlín, premiará la mejor interpretación principal y la mejor interpretación de reparto.
Se acerca el centenario de Luis García Berlanga –el próximo 12 de junio–, y con tal motivo muchos celebran la inclusión en el diccionario de la Real Academia Española de la palabra “berlanguiano”.
Netflix se ha hecho famosa por estrenar temporadas completas de sus series. Por eso sorprende el anuncio del estreno en tres semanas consecutivas de su nueva producción “La calle del terror”.
Los profesionales de la crítica estamos acostumbrados a ver películas y series a troche y moche. A veces hasta la extenuación. Pero hemos llegado a unos extremos de ritmo de estrenos que en cualquier momento vamos a morir de sobredosis. E imagino que algo parecido, a pequeña escala le ocurre al espectador, que puede convertirse en adicto y asocial (las redes sociales pueden ser bastante asociales).
Estamos en una encrucijada, cambio de ciclo, en todos los ámbitos, el Covid-19 ha sido el punto de inflexión de algo más gordo, una crisis no solo económica o sanitaria, que afecta al mundo entero y a todos los sectores. Al cine también, y unos premios, de pronto, están en el punto de mira de los más poderosos.
“The Chosen” es un milagro. Una serie sobre la vida de Cristo, planificada para completarse con 7 temporadas, producida por crowfunding, que se puede ver ¡GRATIS! en streaming, y que ha arrasado en el mundo entero. El elocuente silencio de la mayor parte de los medios a este fenómeno merece una reflexión.
En tiempos de pandemia, mucho se ha hablado de salas de cine cerradas, rodajes interrumpidos, estrenos retrasados o lanzados en streaming. Pero nadie ha rodado en serio una trama en que un mundo con mascarillas sea lo corriente.
Nunca, en toda la historia del cine, hubo más películas y series al alcance del internauta, con la posibilidad de contemplarlas de modo inmediato. Y nunca, me temo, fueron mayores la ignorancia fílmica y la capacidad de gozar con el Séptimo Arte.
Como tantas personas –195 millones de clientes–, estoy suscrito a Netflix. La plataforma de streaming es bien conocida por su algoritmo de recomendación de películas, que para muchos es casi la única guía para seleccionar lo que ahí ven.
Si nos ponemos en plan budista, el eterno retorno, o simplemente a seguir la cuenta de los años que pasan, y del cambio de la hoja de calendario, pues vale, llega la temporada de premios de cine. Lo que pasa es que 2020 ha sido un año muy raro, e inevitablemente, los premios, Oscar, Goya y compañía, también lo van a ser.
Orson Welles fue considerado a finales de los 30, principios de los 40 un "Wonder Boy", un hombre renacentista que podía hacer todo lo que se proponía, actuar, escribir, hacer radio, teatro, producir, lanzarse a la conquista de Hollywood. O sea, que era alguien muy cinematográfico, digno de ser legendario personaje de película.
La pandemia del coronavirus está contribuyendo a una auténtica ceremonia de confusión en el espectador, que cada vez tiene menos claro qué se estrena y dónde. Oye hablar de películas que se supone que son favoritas para los Oscar, pero que jamás han pasado por salas, o que tal vez lo hacen de un modo muy limitado.
Ha pasado un mes desde el estreno de “Rifkin's Festival” y medio año desde la publicación de “A propósito de nada”. Tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pienso que el timing es perfecto para elucubrar acerca del futuro de Woody Allen.
Lo habitual hasta ahora era estrenar primero en salas de cine, y luego en formato doméstico, streaming, DVD, difusión televisiva. Se han dado casos de estreno simultáneo en los cines y en los hogares. Pero resulta bastante novedoso "explorar" con un estreno primero en streaming y luego en salas.
Con cinco años de retraso se estrena por fin en España “Knight of Cups”, de Terrence Malick. Y la semana que viene lo hace “Song to Song”, de 2017. Una estupenda noticia para los amantes del cine de calidad.
Me he pronunciado ya muchas veces acerca de cómo la actual pandemia del coronavirus ha cambiado el negocio del cine de modo sustancial. Un ejemplo cristalino lo ofrece la decisión de Disney de estrenar su nueva gran superproducción en streaming premium.
Hay quien considera que las series constituyen el nuevo terreno fértil donde los creadores con talento son capaces de contar grandes historias, capaces de fascinar al espectador. Quizá. Pero también se han convertido en la excusa perfecta para llenar contenedores de plataformas de streaming con productos interminables de escasísimo interés.
Es un lugar común pensar que las dificultades aguzan el ingenio, hasta el punto de que de la necesidad, podemos hacer virtud. ¡Cuantos ejemplos a la hora de sortear la censura para hacer obras de arte! ¿Ha ocurrido esto con la creatividad artística del audiovisual, a propósito del Covid-19? Mi impresión es que no. Al menos, de momento.