Si algo no le falta a M. Night Shyamalan es pasión. Le encanta el cine, y le gusta probar cosas nuevas en torno a sus temas favoritos, algo que demuestra sobradamente a lo largo de este encuentro.
¿Por qué ha recurrido al estilo documental del llamado “metraje encontrado” para La visita?
Yo distingo entre “metraje encontrado” y estilo documental, y en esta película hay más de lo segundo que de lo primero, excepto en el tramo final. Lo que vemos casi todo el rato es a Becca rodando, que puede controlar la iluminación, el sonido, etc. Permite contar las cosas en primera persona y es una herramienta poderosa, porque de algún modo es el diálogo de ese actor o actriz, operador de cámara. Se trata de una forma de trabajar complicada, no es fácil de manejar, pero ha gustado abordarla porque permite presentar una especie de diálogo visual.
El documental permite entregar algo que está más controlado y resulta más bello, mientras que el metraje encontrado resulta caótico, no tiene estilo.
Esa idea de contar las cosas en primera persona, ¿significa que Becca sería un “alter ego” de usted? Ahí tenemos a una joven adolescente con su cámara, ilusionada con rodar. ¿Podemos ver en ella a M. Night Shyamalan tratando de reinventarse?
Desde luego. Sabe. Recuerdo muchas discusiones con la gente. Peor que Becca. Era un adolescente candidato a cineasta muy pretencioso, era imposible tener una conversación tranquila conmigo sobre el tema. Incluso ahora hago ver las películas a la gente de determinada forma, pongo reglas, no dejo que se comente nada cuando vemos cine en casa.
En mi casa, cuando estamos viendo buenas películas, un clásico, no dejo a los demás ver otra cosa, que han visto que ponían en la tele. Aunque me temo que cuando nos vamos a la cama, mis hijas adolescentes se ponen a ver lo que les apetece [risas].
Ha contado con un presupuesto más reducido, y produce a través de su propia compañía. ¿Estaba cansado de las instrucciones de los estudios, típicas cuando se maneja un gran presupuesto? ¿Deseaba volver a sus orígenes?
Sin duda hay más capas y niveles de decisión cuando haces una película de gran presupuesto, debes justificar lo que haces como creador, demostrar que eso va a funcionar. Es un equilibrio difícil, respetar lo artístico y lo comercial. Yo intento cuidar ambos aspectos. Si manejas menos presupuesto, está claro que cuentas con más libertad para arriesgar.
¿Cómo crea sus películas? Teniendo en cuenta que con frecuencia sus tramas pegan un giro al final, ¿parte de ahí para luego crear el resto, o cómo hace?
No es así. Todo parte del personaje. Si por ejemplo me invento ahora una historia con una enfermera, que resulta que odia a sus pacientes, esto puedes descubrirlo a diez minutos del final, pero no está concebida la historia con algo que nos parece un giro, sino que ese personaje camina en esa dirección, ella es así. No es un shock, sino información que se va entregando habitualmente. Es lo que sucede en grande películas como Sospechosos habituales o Psicosis. A través de los personajes llegamos al final.
Me viene a la cabeza El planeta de los simios, a la que se puede aplicar este patrón. La revelación final no es sobre los personajes, sino sobre algo que no entienden. Porque antes hemos visto a los astronautas llegando a un planeta gobernado por simios, y les vemos enfadados. Sólo al final te enteras de que están en la Tierra, y entiendes la narración guiada por los personajes que antes te desconcertaba.
Esta película supone volver al cine de miedo, pero incluye también mucho humor...
A mí me encanta el humor. Escribí Stuart Little, y hay algo de comedia en Señales y La joven del agua. Para mí se trata de mi primera película de miedo de verdad. En las otras había elementos de terror, pero ésta es totalmente del género. Y me gusta intercalar el humor, lo que es muy difícil de ejecutar, pero si sale bien, es perfecto. Es típico que ante algo que nos da miedo, luego a posteriori nos reímos, son emociones que pueden ir juntas.
La familia siempre es un elemento vertebrador en sus películas, y aunque la de La visita es especial, vuelve a ocurrir...
Soy escritor y escribo de lo que conozco. Nací en una familia nuclear, típica, y luego me he casado y he formado muy joven mi propia familia nuclear. Es lo que conozco. Si escribo sobre una invasión de alienígenas, escribo sobre cómo tal invasión afecta una familia. Si estuviera soltero, y me cita número 17 no hubiera funcionado, tal vez escribiría sobre cómo a un tipo deprimido porque no encuentra a su chica, le afecta la llegada de los alienígenas. Parto de mi experiencia.
Da la sensación de que la crítica se ha cebado de modo especial con sus últimas películas, con un celo que no se da con otros directores. ¿Cómo lo encaja?
Podría declarar muchas cosas sobre este tema, pero prefiero no pensar demasiado en ello. Siempre se dan discrepancias en el modo en que se reciben las películas, no conozco a ningún artista que no le ocurra, me vienen a la cabeza las hermanas Brontë o Picasso, a los que no siempre les reciben los brazos abiertos o con halagos. Piense en cualquier cineasta. Alfred Hitchcock o quien quiera.
Me parece que el artista debe guardar sus energías para el trabajo, o no malgastarla pensando “me quieren, me odian”. No debe afectarte. Has de concentrarte en la historia y los personajes que estás creando.
Me gusta mucho el baloncesto y ahí se me ocurre un buen ejemplo, sobre el jugador que debe lanzar los tiros libres tras una falta. Y el hecho es que no hay nada entre la pelota que tiene el jugador en sus manos y la canasta, lo único que puedes es concentrarte para acertar. Y cuando se va a casa, lo importante es que haya encestado, no lo que hacía o decía el público, cómo gritaban, animaban, abucheaban o lo que fuera, que te digan “vas a meterla” o “falla” realmente ni importa.
Aunque la teoría dice que juegas mejor en casa, con el ambiente a favor, no hay forma de demostrarlo. Lo que hay que hacer es ser profesional y concentrarte en lo que haces. Lo curioso es el hecho cierto de que ganas más veces jugando en casa.
Hay mucha gente que se enfada con los “spoilers”, que de desvelen aspectos importantes de una trama, sobre todo con el auge de las series de televisión. A estas alturas aún hay quien se molesta si le dices que Bruce Willis está muerto en El sexto sentido, o Norman Bates es su madre en Psicosis. ¿Hasta qué punto hay que callar cosas, como tal vez ocurre en La visita?
¿Cómo? ¿Qué me ha dicho de Norman Bates? [risas] Habría que esperar veinte años, veinte años. Una generación completa. [risas] Bueno, hay adolescentes que van a empezar a ver mis películas por primera vez. [risas] Hay un exceso de información por ahí suelta. Pero pienso que uno puede elegir saber o no saber. Debemos contar entonces con que un amigo que se dice tal no va a desvelarnos algo que no tenemos que saber, para así disfrutar mejor la película.
