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Entrevista con el cineasta polaco, que vuelve a rodar en blanco y negro

Licenciado en literatura y filosofía, y formado como documentalista en Gran Bretaña, el polaco Pawel Pawlikowski comenzó su incursión en el cine de ficción en 2000, pero no fue hasta 2013, cuando entregó “Ida”, Oscar a la mejor película extranjera, cuando empezó a descollar en la escena internacional. Ahora “Cold War”, premiada en Cannes, confirma la fuerza de su cine y su hondura antropológica. Charlo con él en San Sebastián sobre las claves de su película, una historia de amor a lo largo del tiempo, en los años de una Polonia sometida bajo la bota del estalinismo.

Tanto Cold War como Ida tratan el tema de la libertad, y cómo una serie de condicionamientos impiden a los personajes ejercerla plenamente. ¿Se trata de un tema que le interesa especialmente?

Es verdad que en mis películas, y en Cold War en particular, trato el tema de la libertad. Pero no empiezo mis trabajos a partir de un tema, como puede ser la libertad, sino que invento una historia, con unos personajes, y el tema emerge de la historia. En Cold War no es el único tema tratado, sino que la trama tiene muchas capas, abordo las relaciones entre los personajes, con sus obstáculos internos, y se enfrentan además a dificultades externas.

E intento dejar las cuestiones abiertas y ambiguas todo el tiempo, lo que al final supone una situación compleja, donde por supuesto el contexto social es importante. Pero no pretendo explicar al individuo sociológicamente. Pero yo me esfuerzo en fundir todo ese material, trato de lograr un equilibrio, para que ninguno sobresalga por encima del otro.

pawel2De alguna manera a los protagonistas les toca moverse en la frontera entre la traición y la supervivencia...

Sí. Todo está focalizado en la Polonia bajo el dominio de Stalin, y la presión es terrible. Tienes que llegar a un compromiso con el poder y proporcionar ciertas informaciones para sobrevivir. Se trata de un mundo difícil. En el caso de Zula su comportamiento es comprensible, viene de un entorno difícil, sin dinero y recursos, y se enfrenta a la muerte, sino acepta colaborar. Incluso para que le acepten en el festival de música folclórica miente, y utiliza una canción que no es suya, lo que ya es una primera traición. Si quieres seguridad ante la KGB, tienes que llegar a un compromiso, y en efecto, pasa información acerca de Wiktor.

Wiktor es muy distinto, pertenece a la clase media, tiene una formación intelectual, se dedica a la música y le gustaría explorar el jazz, distinto a la música folclórica, pero está sometido a un férreo control, tiene que trabajar en lo que toca. Y él también traiciona a Irena. Y cuando los dos acaban en el oeste, no tienen esa misma presión política, pero se comportan falsamente. Y a ella le cuesta comprometerse en París, de modo que tiene esa relación con Kaczmarek, del ministerio de cultura, con quien tiene un hijo. En occidente, desde luego, no existe esa presión para traicionar. Es otro ambiente el de las fiestas, el de París, es más difícil sentir esa presión, así que la persona que encuentra Zula ahí es muy distinta de la que encuentra en Polonia. Existe una escalada a la hora de mantener un compromiso.

La película plantea el uso de una forma de expresión artística, la música, al servicio de una ideología. Hay una coincidencia con Afterimage, de Andrzej Wajda, en que describía la lucha de Wladyslaw Strzeminski por pintar sin someterse a los distados del comunismo.

Bueno, Wladyslaw Strzeminski es un verdadero artista, un caso extremo, un maestro, aquí tenemos a Wiktor, un músico que no es un genio, sino que trata de desarrollarse artísticamente, no es alguien especialmente grande en su campo.

Hay una música que proviene del pueblo, y es auténtica. Y la música y su conocimiento transforma. Frente a la música oficial, está esa música de jazz que las autoridades pueden ver como algo decadente. Lo curioso es que atacándola, ofrecen otra también decadente, porque manipulan y degradan esa música popular. Pero todo este tema forma parte de la vida y la libertad, no trato el arte de forma absoluta. De nuevo vemos el tema de la ambigüedad, lo maleable que es todo, y lo fácilmente que el estado puede manipular.

Estamos ante una película de amor puro, que transcurre en un mundo de miseria.

¿Puro? No, impuro. Sí, es una gran historia de amor. Inspirada en parte por mis padres. Pero es una amor dividido y relativo todo el tiempo, que pasa por diversos estadios y experiencias, es distinto en cada escenario, y para cada uno de los amantes.

coldwar2Los dos personajes saben que la vida es complicada, un lío, pero que se pertenecen mutuamente, porque han hecho un viaje juntos. Pero eso no es la esencia del amor. Hablo de conseguir y no conseguir, de distintos pasos en la forma de estar juntos. Ellos se dan cuenta de que no pueden separarse. Se tienen mutuamente, y no se tienen.

Quizá es que las historias de amor perfecto no existen...

No en este mundo.

Tal vez la opción a la que vuelve a acudir de rodar en blanco y negro con formato cuadrado de pantalla es una forma plástica de mostrar esas aristas que hay inevitablemente en las relaciones entre las personas. ¿Va a seguir con esta opción estética?

El formato y blanco y negro no tiene que ver con eso, sino con la forma en que veo esa época, tiene que ver con la naturaleza del film. De hecho el blanco y negro y los encuadres de Cold War son muy distintos de los de Ida. La época que reflejo me la imagino en blanco y negro en Polonia. Si fuera Estados Unidos me vendría a la cabeza el colorido de Hopper, pero en el caso de la Polonia de entonces, de los 50, la vida era gris. El blanco y negro que he escogido es muy vívido, con mucho contraste, muy eléctrica.

coldwar1La próxima película que haga no será necesariamente en blanco y negro. Dependerá de la historia. Todavía lo estoy pensando.

No hemos hablado de los actores, que son verdaderamente “eléctricos”...

A Joanna Kulig la descubrí yo hace diez años, cuando estaba preparando Ida, donde aparece. Tiene un encanto natural e intemporal. Puede ser de los 50, de los 60, es una mujer, que puede dar muchos tonos de experiencia, sensualidad y espontaneidad, como a lo Lauren Bacall o una heroína trágica, también usando el sarcasmo.

Tuvimos seis meses de preparación, ensayo y rodaje con todos los actores, trabajamos muy de cerca y duramente, preparando los planos. También con los cantantes, Kulig sabía cantar, pero tuvo que aprender a bailar, y formó parte del grupo de música folclórica.

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