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"Cuando estás un tiempo con una persona, te olvidas de su aspecto físico, y la ves como un ser humano."

Abu Bakr Shawky ha debutado en el largometraje por la puerta grande, pues su primera película, “Yomeddine”, fue seleccionada para competir por la codiciada Palma de Oro en el Festival de Cannes. Me reúno con el cineasta egipcio de apenas 33 años en la Casa Árabe de Madrid, donde me cuenta cómo logró hacer realidad una películas cuya gestación ha sido lenta pero segura.

 

Abu Bakr Shawky es hijo de padre egipcio y madre austríaca. ¿Cuál es su background para poder acometer esta historia que transcurre en su totalidad en Egipto? ¿Ha vivido en Occidente?

Sí, es correcto. Crecí en Egipto y he vivido ahí la mayor parte de mi vida. Los últimos siete años los he pasado en Nueva York, porque fui ahí a hacer un master de cine. Esta película es mi trabajo de graduación. Volví a Egipto para rodar la película y finalmente regresé a Nueva York para poder licenciarme.

shawky2No es fácil persuadir a un espectador para que vaya a ver una película sobre leprosos. Con su cine ha concedido espacio a los invisibles que la sociedad occidental no quiere ver, y que ignora con frecuencia. ¿Cómo se ha enfrentado a este escollo?

La película no es que fuera difícil de vender. ¡Más bien era imposible de vender! Porque era como si dijera: “Bueno, mi película carece de elementos que generen confianza. Habla de alguien que tiene lepra. No es actor. Es extranjero. Se trata de una primera película. Con un director extranjero. Sin estrellas”. Eran demasiados factores que no contribuían a conseguir inversores. La respuesta habitual era: “Volved cuando esté lista la película”.

Llevó mucho tiempo hacer la película. Muchos me dijeron que no, y unos pocos que sí. Además del tiempo que dedicamos a la preproducción, ya cuando estábamos rodando tuvimos que parar la producción para poder conseguir más dinero y así seguir. Y la postproducción llevó varios años. Incluso durante un año tuvimos que dejar la película completamente de lado. Y estuve trabajando en otras cosas para ahorrar algo y así poder acabar el proyecto.

El título de la película, Yomeddine, alude al día del juicio final, en que todos los hombre serán tratados por igual. ¿Cree que la idea de la igual dignidad de las personas ha echado raíces de verdad en la sociedad? ¿Hay un trasfondo espiritual o religioso a la hora de utilizar este término?

La expresión la tomé de uno de los documentales que hice antes de esta película, donde alguien la pronunciaba, y sí, se refiere que a la hora del juicio final todos seremos tratados por igual. Por supuesto, se refiere al momento después de la muerte, en que hemos dejado esta tierra atrás, y que todos seremos juzgados sin distinciones.

No se trata necesariamente de un mensaje religioso, sino que se refiere a la filosofía de la vida que tienen los personajes, que a pesar de las dificultades se mueven por la esperanza, y que tienen el deseo de ser juzgados por su interior, por su carácter, y no por el aspecto externo que muestran a los demás.

Quizá se trata de una idea más filosófica que religiosa, pero en la película pululan personajes cristianos y musulmanes. ¿Tiene una visión religiosa de la vida? ¿Y podía comentarme la escena de la cárcel, con un personaje que parece un hermano musulmán?

No es un hermano musulmán, sino que es de la secta salafista. La película no trata de hacer declaraciones sobre la religión, sino que habla sobre el ser humano. Beshay es cristiano copto pero no queda definido por esta religión, sino que nació en ese contexto. Y lo mismo sucede con los personajes musulmanes.

Cuando interactúan en esa escena, simplemente son personas que entablan una conversación, y se preguntan el nombre. Y le dice Beshay que se llama Mohammed porque simplemente, en ese momento, le interesa zafarse de la deriva de esa conversación. No se trata de hablar de creencias o de hacer grandes declaraciones.

Disculpe la insistencia, pero el personaje salafista llega que a decir que cuantos más de los suyos metan en la cárcel, más crecerá su número. ¿No se trata de algo parecido a una declaración política?

No sé hasta qué punto es una declaración política. Es algo que dice. Como un ser humano que expresa lo que piensa. Si estás siendo perseguido y te están juzgando, pues haces un comentario sobre las consecuencias de eso. Pero es algo fortuito, no se trata de una declaración firme en que explique por qué está en la cárcel.

Volviendo a la dignidad de las personas, uno de los pasajes más potentes del film es aquel en que el protagonista, Beshay, declara que es un ser humano. Es un homenaje nada disimulado a El hombre elefante. ¿Siempre quiso incluir esta escena en el film?

El hombre elefante tuvo un impacto muy fuerte sobre mí. Me confirmó en la idea de que cuando estás un tiempo con una persona, te olvidas de su aspecto físico, y la ves como un ser humano. La película es muy buena en ese sentido. El personaje te impacta por su físico al principio, pero ha medida que avanza el metraje, acabas enamorado de él, queriéndole como persona.

Quería acercarme en esta película con un enfoque semejante, pero con alguien que tiene lepra de verdad, no con un actor maquillado. Y es muy interesante cómo reacciona el público. Los dos primeros minutos te puede producir rechazo, pero poco después te olvidas, porque le ves como una persona, que interacciona con su mujer, con el niño, las otras personas del vertedero, etcétera. Acabas viéndole como alguien normal.

yomeddine 38972 g6Ha trabajado con actores no profesionales, algo que entronca con la tradición del neorrealismo italiano. Y algunos aspectos evocan el cine documental. ¿Su cine en el futuro va a seguir por esta misma senda?

Dependerá de cuál sea mi próxima película. Pero me gusta la idea de entrar en universos que no se han abordado antes. Hay gente que ignora que la lepra sigue existiendo. Y mi próxima película, no sé, tal vez sea con un enfoque contrario. Pero aquí es lo que exigía la película. Aquí un actor con maquillaje no habría funcionado.

Por otro lado, las circunstancias también nos han obligado a trabajar así. Ninguno de los dos actores principales saben leer y escribir, y nunca antes se habían encontrado delante de una cámara. Y no quería se distrajeran con cosas típicas de un rodaje, como las marcas en el suelo donde deben situarse los actores, o insistir en el diálogo. De algún modo tenían que ser ellos mismos. Teníamos una sola cámara que los seguía, lo que sin duda da a la película un aspecto más documental. No son los planos típicos de una película más profesional, tuvimos que adaptarnos a las circunstancias en que nos desenvolvíamos.

Si en mi próxima película me toca moverme en circunstancias semejantes, pues volveré a adaptarme, y si no, cambiaré.

¿Ha habido espacio para la improvisación, incorporando escenas sobre la marcha, o se ha ceñido al guión que tenía escrito?

Todo el tiempo improvisábamos, pero también rodé todo lo que tenía escrito en el guión. El primera montaje era de cuatro horas. [risas] Habría sido más aburrida, la duración ahora es la adecuada. Quisimos explorar la relación entre Beshay y Obama, aunque por otra parte no era necesario insistir, porque lo que teníamos, ya permitía hacerse la idea adecuada. Se mostraba bien ese vínculo. Al no ser actores profesionales olvidaban alguna frase, pero quizá lo que decían encajaba, así que lo dejábamos así.

yomeddine 38972 g2¿Por qué decidió centrarse en un personaje con lepra, cuando es una enfermedad en extinción? Había quizá otras situaciones de enfermedad o indigencia que podían haber cumplido el mismo papel. Quizá las deformaciones ayudaban a impactar en el espectador...

A día de hoy, pocas cosas aparecen ante mí con la fuerza para que yo me diga “Esto es muy interesante, quiero contarlo”. Y, cuando rodaba documentales, oía una historia recurrente, que era la de alguien que decía “mis padres me dejaron en esta leprosería, y nunca volvieron a buscarme”. Este era el punto de partida. Alguien que busca a su familia, quiere enfrentarse a ella. Y me gustaba el formato de “road movie”. Me interpelaba del modo que me gusta, que es “me gustaría ver contada esta historia en pantalla grande”. Y no me importaba que otras personas dijeran “no sé, no lo veo”, a mí me parecía interesante. Yo quería ver una película así. Si otro director hubiera dirigido esta película, yo habría ido a verla.

Uno de los aspectos importantes de la película es la familia. Obama es huérfano, Beshay trata de dar con su familia. ¿Por qué ha querido concederle tanta atención?

Porque es importante. Si no tienes un sitio al que perteneces, un lugar que puedas llamar hogar, te falta algo importante. Se trata de tu espina dorsal. Algo que te da identidad. No se trata necesariamente de dónde naces, sino de dónde acabas. El escritor egipcio Naguib Mahfuz decía que “tu hogar no es el lugar donde has nacido, sino donde terminan todos tus intentos por ser libre”. Te da sentido.

Es curioso, pero su película ha coincidido en la competición en Cannes con otros títulos que invitan a pensar en familias diferentes, como la Palma de Oro Un asunto de familia, o la libanesa Cafarnaúm. Casi puede pensar uno que se ha quedado sin premio por competir con filmes que abordaban cuestiones parecidas...

Sí, no sé, curiosamente al hablar de estas similitudes, no había oído antes que alguien lo relacionara con el tema de la familia. Es verdad que la familia es importante, tiene un sentido muy amplio, frente a la definición clásica. Vivimos en un mundo donde la identidad ha perdido peso, y la idea de pertenencia se ha tergiversado mucho. Y es importante, porque da esperanza y te permite decir que eres un ser humano.

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