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“Como profesional, era frustrante tener que decir que un plano no se podía rodar, así que inventé mi propia grúa”

Los maquinistas son imprescindibles en el rodaje de cualquier película, porque instalan las cámaras y todos sus accesorios, entre ellos las vías para poder efectuar travellings y las grúas. La Academia de Cine ha reconocido con el premio Segundo de Chomón 2019 (que se concede a personas cuyas aportaciones técnicas contribuyen al desarrollo de la industria) a Alfredo Díaz, ‘Fredy’, profesional de los de toda la vida a quien conocían todos en el sector, por lo menos los que no se hayan incorporado en los últimos diez años. Nacido en la localidad madrileña de Cenicientos, a finales de los 70 revolucionó los movimientos de cámara en nuestro cine diseñando una revolucionaria grúa. Ha concedido una entrevista a Decine21.com.

 

¿Sería posible que hubiera películas sin maquinistas

Existirían, pero todo en cámara fija, y con un lenguaje cinematográfico más simple. Con el travelling y la grúa el plano puede durar mucho más, y se amplían las posibilidades de los directores.

¿Cómo surgió dedicarse al cine?

Trabajaba en un taller de soldadura. Le hacíamos trabajos a Juan Gómez Guindos, responsable de la empresa Valero, que tenía grúas de cine, y las montaba en los rodajes. Un día, me ofreció un contrato. Me pagaba más que donde estaba, así que no le podía decir que no. Antes era más fácil tener trabajo que ahora, y si no te gustaba un sitio te ibas a otro.

Una vez allí, los de la empresa resultaron ser personas encantadoras que me acogieron muy bien. Tanto Gómez Guindos como sus hijos eran muy agradables, así que estuve con ellos diecisiete años. En principio lijaba las vías, que no eran de acero inoxidable como ahora, y se llenaban de óxido, y también limpiaba las grúas.

¿Cuál fue su primer rodaje?

ViridianaAl final me llevaron como acompañante a una filmación. Empecé con Viridiana, de Luis Buñuel, creo recordar. Para mí aquello era como si me llevaban a un sitio extrañísimo. No sabía nada de la elaboración de películas. Pensaba que las paredes de los decorados eran de ladrillo, y resultaron estar fabricadas en contrachapado. Y así todo. Poco a poco fui formándome mientras ayudaba a Valero, mi jefe, a llevar los contrapesos, las vías, etc.

No se aprende en un año, en este oficio empiezas a manejarte por lo menos a partir del segundo año. Y nunca se llega a terminar de aprender. Luego recuerdo haber estado en Un rayo de luz, de Luis Lucia, con Marisol. La primera vez que me dejaron solo lo pasé fatal, porque me pedían cosas complicadas, como si fuera un veterano. Al final aprendí a valerme por mí mismo.

¿Se trabaja mucho como maquinista?

Todos los profesionales dan el máximo, pero el maquinista una décima más. Está solo, y se le echa de menos enseguida en un rodaje. El director de fotografía, el segundo operador y otros profesionales piden cosas al maquinista. Como te vayas, se nota que no estás. Hay que estar muy pendiente de todo. Cuando no se tiende la vía, se nivela, hay que marcar las posiciones, ensayar, componer el plano, etc. Y cuando se acaba ese plano, hay que empezar con otro. Te tiene que gustar el oficio, sino es mejor que te vayas a otro departamento o te dediques a otra cosa.

¿Cómo surgió la grúa que inventó? ¿Fue por una necesidad técnica?

Me fui de Valero, tras 17 años. Una vez que empecé a trabajar por mi cuenta, sentía una enorme frustración, porque la grúa que había entonces era muy pesada, así que a veces tenía que decirle que no al director, porque era demasiado grande y por ejemplo no cabía en determinados lugares, en exteriores naturales.

Esto supone una mala noticia para los profesionales, se supone que tienes que darte al máximo. Tenía mi propia inquietud como profesional, el director es el alma de la película, no me gusta que piense un plano y el técnico le tenga que decir que no se puede hacer. Eso es doloroso para un profesional, hay que tener la herramienta disponible para satisfacer al máximo posible al realizador, o aproximarse bastante.

Así que empecé a ingeniármelas, para diseñar una grúa más ligera, vías que se puedan nivelar sin cuñas, y diversas piezas que me facilitaban planos determinados, para así poder trabajar con mayor rapidez. Yo veía las necesidades de un rodaje y trabajaba en ello hasta que lo conseguía.

¿Fue bien acogida?

Muchísimo. Tuvo más éxito que yo. De hecho, querían esa grúa, no me llamaban por mí. Aunque como la había inventado yo, me sentía igualmente satisfecho (risas). Al cabo de los años diseñé una segunda grúa, mejorando todo lo que fue posible la primera, y también la patenté. Todas esas innovaciones me permitían quedarme bastante satisfecho con mi trabajo diario.

El crack¿Trabajó en muchos títulos con ella?

Muchas películas, muy buenas, como El crack, Los santos inocentes, y así hasta 144 películas, demostrables, pues las películas que hice con la empresa Valero no las puedo acreditar; no tengo contrato con esa producción en concreto, sino con mi compañía. Me jubilé en 2007, aunque me mantengo muy ocupado, empiezo caminando una hora diaria para ganarme la salud del día.

¿Aconsejaría a los jóvenes que quisieran dedicarse a ser maquinistas en cine a seguir adelante?

Le diría que trabajara en otra cosa. Al menos en mi época, había demasiados profesionales para pocos rodajes. Espero que mejore. Si le gusta mucho la profesión, le animaría a seguir adelante, porque es muy bonito, y agradable. El maquinista se tiene que sacrificar mucho, sobre todo en exteriores. Colocar vías es muy complicado, porque se tiene que conseguir que queden niveladas. Va encima la cámara y el segundo operador, y se puede desestabilizar rápidamente, lo que podría producir un accidente. Hay que tener mucho cuidado con eso. En un segundo puede ocurrir una tragedia. Por suerte, en todos mis años de carrera no he tenido ni un problema, sobre todo porque miraba mucho la seguridad.

los santos inocentes¿Qué significa el premio Segundo de Chomón para usted?

Es un reconocimiento muy grande. No se me podía pasar por la imaginación que me lo fueran a dar a mí. Este galardón da a conocer mi profesión. Llevan unos años concediendo este premio, y se lo han dado a gente como Emilio Ruiz, de efectos especiales, o Juan Mariné, también un inventor que está siempre pensando, ha hecho muchas cosas por el cine; fue buen operador, y tiene un museo.

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