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"Necesitamos más espiritualidad, estoy seguro"

(Fotos: Nacho López) ¿Es posible rodar la espiritualidad? Es el desafío afrontado por Cédric Kahn en “El creyente”, una extraordinaria película sobre el mundo de las adicciones, y la ayuda que se puede encontrar para superarlas. Tengo el gusto de hablar largo y tendido con el cineasta en la sede madrileña del Instituto Francés.

 

El creyente muestra que los problemas como la adicción los afrontamos solos, pero deja bastante claro que es imposible, o al menos muy difícil salir sin ayuda –de los demás, de Dios–, del infierno de las drogas. ¿No es algo paradójica esta situación de encontrarse solo y acompañado?

Bueno, así ocurre con todo en la vida, ¿no? La vida misma es una paradoja. Necesitamos a los demás, pero fundamentalmente estamos solos. Para la solución de los problemas necesitamos relacionarnos con los demás, pero también resolver la relación con uno mismo. La comunidad, la colectividad en la que se mueve el protagonista, es una ayuda, pero no es “la” solución.

kahn2Me venía esto a la cabeza por el caso, presente estos días en los medios, de la muerte de la joven menor holandesa Noa Pothoven, con graves heridas psicológicas, y que reclamaba la eutanasia. ¿Están fallando los adultos, la sociedad, a estos jóvenes que están rotos, como Thomas?

Sí, sí. Es curioso como ligas los dos casos. El trasfondo es que el grupo, la colectividad, no puede resolverlo todo. Tampoco puede hacerlo una historia de amor. Primero uno tiene que haber solucionado sus problemas personales. La vida es un toma y daca entre las soluciones individuales y las soluciones sociales. La experiencia de la oración que recoge el film es muy personal, pero también se vive en comunidad.

El creyente está en continuidad con su anterior película, Vida salvaje. Ambas abordan dramas intensos, relaciones humanas, de un modo sobrio, y dando mucha importancia al paisaje. Aquí retoma además, con más intensidad, la importancia de la vida espiritual y la trascendencia que ya se apuntaba en ese film…

Y también la búsqueda de una vida ideal. Me alegro mucho de la pregunta. Porque a menudo me preguntan sobre la razón de por qué he hecho una película sobre la fe y la toxicomanía, cuando simplemente se trata de una continuación de los temas que he tratado antes en Vida salvaje y otros títulos. Me interesan los personajes marginales, con una fragilidad psicológica muy marcada, y a los que les cuesta integrarse en la sociedad. Son gente que sufre, porque tienen muchísima sensibilidad. Y buscan cumplir un ideal.

Estaba a mi alcance hablar de oración y espiritualidad, porque antes y sobre todo, estoy hablando de personas que tienen problemas de bienestar consigo mismas. Y la espiritualidad, la oración, es una posible respuesta, entre otras. Creo que la espiritualidad está presente en todas partes, en nuestra existencia, en todas nuestras acciones.

kahn3¿Son importantes y tienen arraigo en Francia estas comunidades religiosas que se ocupan de sacar adelante a jóvenes con adicciones? ¿Las conocía Cédric Kahn de antes?

No sólo en Francia, en el mundo entero. Tienen casas por todas partes, la comunidad de la película y otras muchas instituciones. Hay muchas iniciativas acometidas por sacerdotes católicos, que trabajan con chavales toxicómanos, y hacen con ellos en proyectos como construir barcos y otros.

La Iglesia católica hace un gran esfuerzo por atender a inmigrantes, hay una gran tradición en el ejercicio de la solidaridad, y de recuperar, como dicen ellos, la oveja perdida que ha extraviado el camino. Hay que insistir en que la Iglesia católica trabaja mucho en este terreno, lo que no puede decirse de otras religiones. Ahí están las hijas de la caridad de la madre Teresa en Calcuta, pero hay otras muchas.

¿En qué comunidad concreta se inspira el film? Creo que nunca se menciona…

No, no se dice. No puedo decirlo. No quieren publicidad.

Por humildad.

Exacto. Pero es fácil de descubrir. Investigue… Pero yo me comprometí a no decir el nombre. [se trata de El Cenáculo, fundada por la religiosa italiana Elvira Petrozzi en 1983, que cuenta con 60 fraternidades por todo el mundo, a España llegaron por primera vez en 2011]

Cuando vi El creyente, pensé en la novela “La montaña mágica” de Thomas Mann. Ahí el sanatorio de tuberculosos es un lugar muy placentero, hasta el punto de que se hace muy cuesta arriba acometer el inevitable regreso al mundo real. Y el protagonista se llama Thomas…

No lo había pensado. Pero está bien, es magnífico. Lo usaré en futuras entrevistas. [risas] Es un poco lo que ocurre en prisión. Tiene un efecto de contención. Es la idea de concederles un régimen de semilibertad, que puedan entrar y salir bajo ciertas condiciones. Los presos en esa situación son más difíciles de gestionar.

En la película muchos de los chicos no son creyentes, pero encuentran algo inefable en esa vida comunitaria, de oración, canciones y testimonios. Y luego está ese trabajo con un componente físico, en el que se cansan, pero que resulta gratificante. ¿Es uno de los problemas de los jóvenes el exceso de ocio, que no saben que hacer con su tiempo?

El trabajo es el fundamente de la terapia que se ofrece a estos jóvenes. Mientras ocupan su tiempo, no piensan en otras cosas. Se olvidan de la droga. Ya se sabe lo que dice el dicho, “El ocio es la madre de todos los vicios”. Y no se trata sólo de los jóvenes, es aplicable a toda la sociedad. Porque se trabaja menos, y hay más tiempo libre. Y existe una adición muy común, que es la adición al consumo.

Por eso es verdad que la vida espiritual puede resolver muchas cosas. Una vida espiritual que no sólo es la oración, también puede ser la pintura, la escritura, la escultura, todo lo que no necesita de lo puramente material. También las excursiones. Necesitamos más espiritualidad, de eso estoy seguro.

kahn5Llama la atención cómo ayuda a Thomas la fortaleza de las personas con autoridad, la hermana Myriam, o el personaje de Marco. Respetan la libertad de los chicos, que están ahí porque quieren, pero saben exigir. ¿Es necesaria una reivindicación de la autoridad, frente a cierta blandenguería, dominante hoy?

Cara a hacer la película, estuve conviviendo con los jóvenes en una comunidad. Y no he querido engañar. Quería mostrar lo que ahí se vive, contar las cosas como son. Lo positivo, y lo que puede no ser tan positivo. Está claro que la disciplina es parte principal del programa que ahí aplican. Esos jóvenes vienen de la calle, de un mundo sin reglas. Y los que dirigen la comunidad consideran que deben reeducarles en muchos terrenos. A veces hay que enseñarles incluso a levantarse por la mañana. Filosóficamente, podría discutirse el modo de proceder, pero yo creo que es difícil para un niño o un adolescente crecer sin reglas.

¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar con los actores? Están los veteranos consagrados, como Hanna Schygulla y Alex Brendemühl, junto a otros jóvenes como el premiado en Berlín Anthony Bajon

Siempre he trabajado con esa mezcla. Pasaba en Vida salvaje, con actores conocidos, y otros niños y adolescentes, sin o con pocas experiencia. Es muy interesante. En la escena de Schygulla con Bajon, él está soberbio. No hay ningún problema, al revés, se consigue algo muy vivo. Para mí lo peor es cuando todos los actores están muy satisfechos con su trabajo, y reunirse en una película es poco más que un encuentro entre profesionales. En un rodaje tiene que haber algo de aventura.

kahn4¿Cree que el adjetivo “contemplativa” define bien esta película? Se toma su tiempo, no cae en la sensiblería, y deja que el espectador se haga su composición, se requiere un esfuerzo de su parte, no se le dan las cosas mascada.. La escena de la excursión en la montaña es magnífica.

Al mismo tiempo pasan muchas cosas. Pero sí, es contemplativa por el ritmo. Para mí, era la única forma de filmar la espiritualidad y la oración. Tenía dos problemas al acometer la película: tenía que rodar la acción, cómo va superando Thomas la adicción, pero también había que filmar lo invisible, lo que no se ve. Había que dejar tiempo, para que las cosas se sintieran, se palpasen.

Para terminar, quería hablar de Sybille, la chica de la que se enamora, y que aúna lo espiritual, aconseja a Thomas quedarse en el centro, pero a la vez muestra de un modo muy directo y carnal, la pasión que se surge entre ellos.

Lo espiritual… ¡y la vida! No le aconseja como una creyente, habla de supervivencia. La vida incluye lo carnal. Para mí, el encuentro de Thomas con Sybille puede ser lo más importante que le ocurre al protagonista.

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