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"Hago películas con personajes que se parecen a mí".

¿Quién dijo que las películas sobre desfavorecidos tienen que ser deprimentes? Mohamed Hamidi describió la situación actual de los inmigrantes de Francia en sus dos primeros trabajos, "Mi tierra" y "La vaca". Ahora, continúa en la misma línea con "Bienvenidos al barrio", donde Hacienda condena a un empresario a pagar una sanción, aunque puede librarse si traslada su entidad a un barrio desfavorecido, así que acaba en una zona marginal del extrarradio, donde recurre a los servicios de Samy, guardia de seguridad que reside en el lugar. Hamidi me recibe con una enorme sonrisa que irradia el mismo optimismo que su cine.

 

¿Cómo surgió la idea de poner en marcha esta película?

He vivido durante cuarenta y cinco años en la Corneuve, donde se desarrolla Bienvenidos al barrio. Ahí he ejercido como educador y profesor, así que lo conozco a la perfección; estoy más familiarizado con los barrios periféricos que con París. Pienso que estoy cualificado para darlos a conocer en el cine, mejor que cualquier otro, así que desde hace algún tiempo sabía que tenía que aprovechar la ocasión si daba con una buena idea para una historia que transcurriera en uno de ellos.

Bienvenidos 2Está navegando por terreno resbaladizo, porque en la Corneuve tuvieron lugar graves disturbios hace más de una década. ¿Fue complicado mostrar la realidad del lugar pero con un tono amable?

Yo estaba allí cuando ocurrió todo, en 2005, y lo viví muy de cerca. Soy totalmente consciente de la gravedad de la situación, y de los aspectos políticos y sociológicos. Quizás tenía la necesidad de contarlo todo en clave de comedia como reacción a esa imagen negativa que proyecta el barrio. Se trataba de dar una mirada más benevolente y ser positivos, sin ocultar lo ocurrido.

Todo el mundo piensa que si vas allí te van a atracar, pero en realidad un noventa por ciento de los residentes trabajan o van al colegio. Y sí, es cierto que un pequeño porcentaje reacciona violentamente y se ha dedicado a quemar coches en un momento dado. Pero no es justo que siempre se hable de ellos en el cine, los periódicos y la televisión.

A la hora de escribir el guión, ¿se ha basado en anécdotas verdaderas?

Sí, aunque las exagero. Durante el proceso de escritura me he inspirado mucho en situaciones reales. Fui fundador hace más de una década de Bondy Blog, una web que pretendía darle voz a autores jóvenes, que hoy en día han logrado cierto prestigio. Desde esta publicación online nos ofrecíamos para asesorar a periodistas, poniéndoles en contacto con jóvenes que les explicaban cómo se había producido esa situación en los barrios. Ambas partes venían con miedo, pero nosotros actuábamos como mediadores, presentándoles. Había reacciones muy divertidas, cuando no se comprendían, que luego he podido aprovechar muy bien en la pantalla.

Ha recibido algunas críticas negativas en Francia, que le acusan de haber recurrido a clichés. ¿Cree que son justos estos comentarios?

Pienso que la comedia se basa en clichés, y construimos gags basados en la amplificación de lo real. Creo que éstos en el fondo nacen de la verdad. Yo he discutido con algunos comentaristas que insisten en que he recurrido a tópicos, así que les he preguntado que a cuáles se referían. Respondían por ejemplo que los habitantes de zonas desfavorecidas aparecían vestidos de una forma determinada en mi película, o que hablaban de una manera específica, o que sale algún personaje que se comporta con crudeza . Y yo siempre respondo… ¡pero si todo eso existe! En comedia, uno se basa en lo que ve.

Gran trabajo de Malik Bentalha, que da vida a uno de los dos protagonistas, el guardia de seguridad barriobajero. Después de haber aparecido en sus dos anteriores trabajos como secundario, ¿por qué decidió ascenderle a actor principal?

Bentalha resulta ideal para la comedia pura y dura. Me iba a dar juego en secuencias como en la que enseña a los oficinistas cómo silbar y caminar. Era perfecto para dar vida con gracia natural a un personaje basado en hechos reales. Cuando muchas empresas parisinas decidieron trasladarse al extrarradio, algunos trabajadores tenían miedo. Así que pidieron al ayuntamiento que pusieran mediadores, unos tipos con chalecos naranjas, que les recogían en las estaciones de cercanías y les llevaban a su destino caminando, como si estuvieran en zona de guerra. ¡Eso ha existido! Lo he utilizado y lo he agrandado. Y pienso que sin Bentalha no lo habría conseguido.

¿Por qué decidió ponerle como contrapunto a Gilles Lellouche? En España ha triunfado más por dramones, como En buenas manos.

Tuve la intuición de que saldría bien, y al final me llevé una grata sorpresa, porque confió mucho en mí. Creo que no se puede hacer comedia si el intérprete no se deja llevar. El actor hace su parte, que es fundamental, pero le resulta más complicado tener una visión de conjunto, está más centrado en su personaje. Los guionistas y directores hemos concebido cada escena y tenemos una visión más global, así que él tiene que fiarse de que lo que estamos rodando va a resultar divertido.

En el caso de Gilles Lellouche, él ha rodado sus escenas, pero cuando finalmente ha visto la película terminada me ha dicho: “Yo no veía esta parte tan cómica”. Es porque él no sabía cómo iba a contraponerle con Malik, las referencias a asuntos ya tratados antes en el film, o el ritmo que le iba a dar a la secuencia.

Bienvenidos 3Bienvenidos al barrio se vende –al menos en el cartel español– como una comedia de los mismos productores de Intocable. ¿Hasta qué punto se ha involucrado Nicolas Duval Adassovsky, productor también de aquélla cinta en el rodaje?

Pienso que esa frase promocional da una buena pista al espectador de lo que va a ver. En realidad Adassovsky no presiona para que salga un film en la misma línea. Aquí son dos personajes de distintas clases sociales, y al igual que Olivier Nakache y Eric Toledano, directores de Intocable, tengo predilección por el humor amable. Yo he rodado mis dos películas anteriores con Adassovsky, supongo que porque tenemos una visión de la vida similar. De hecho, la primera, Mi tierra, se puso en marcha antes que Intocable, aunque llegara a los cines mucho después. No trata de modificar la visión del director en ningún momento.

¿En qué cineastas sociales se ha inspirado para su cine?

Conozco a muchos directores que cuentan lo mismo que yo en tono dramático, como Robert Guédiguian. Adoro el cine de los británicos Mike Leigh y Ken Loach, de hecho como espectador es lo que prefiero ver. Me encantan, son los directores que más me llegan. Como autor, resulta inevitable que me fije en su forma de filmar, y en sus temas. Pero mis inquietudes sociales vienen de mi época como director teatral, pues ya hablaba de inmigrantes y desfavorecidos. Cuando empecé a dirigir películas tenía ganas de tocar los mismos temas pero desde un ángulo más divertido y más cómico.

¿Se están haciendo más películas con los que los espectadores de minorías puedan sentirse identificados?

Muchos activistas se quejan de que la mayor parte de películas están protagonizadas por blancos. Yo hago películas con personajes que se parecen a mí y el público que se identifique con ellos, posiblemente las disfrutará más. Tengo ganas de contar historias que a mí me llegan. Ahora se considera un gesto político incluir en el reparto a actores no habituales en un reparto, pero en cualquier caso creo que mis largometrajes están dirigidos a todo el mundo, y que gente de todo tipo y condición puede sentirse también cercana a los protagonistas.

Creo que se protesta sin motivo. Durante mucho tiempo es cierto que sólo se veían a parisinos blancos en las películas francesas, de unos cuarenta años. Pero ahora existen numerosos directores que ponen en pantalla historias con esas minorías.

¿Seguirá trabajando en esta línea en sus próximos trabajos?

Acabo de rodar Les footeuses, que se estrenará en enero. Va sobre un equipo de mujeres futbolistas, tratando de tomarme con humor un tema totalmente candente, como es el feminismo.

Además, estoy escribiendo una película con Jamel Debbouze, conocido en España por Amelie, que ha trabajado conmigo como secundario. La idea consiste en adaptar el film argentino El ciudadano ilustre, pero en versión europea. Tendría como protagonista a un reputado escritor nacionalizado francés, que tras ganar el Nobel de Literatura debe volver a su país natal.

Por ahora, sigo en el terreno de la comedia. Pero no es porque haya decidido mantenerme siempre ahí, sino más bien porque siempre que se me ocurre alguna idea encaja mejor en este género.

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