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Biografía

Robert Guédiguian

Robert Guédiguian

66 años

Robert Guédiguian

Nació el 03 de Diciembre de 1953 en Marsella, Bouches-du-Rhône, Francia

Premios: 1 Festival de San Sebastián

Ganador de 1 premio

Filmografía
Gloria Mundi

2019 | Gloria Mundi

Mathilda, humilde trabajadora en periodo de pruebas de una tienda de ropa que odia su trabajo, da a luz a Gloria, su primera hija, para alegría de su marido, Nicolás, conductor autónomo de Uber. La madre de Mathilda, la limpiadora de oficinas Sylvie, decide avisar al abuelo, Daniel, que acaba de salir de la cárcel, donde ha permanecido tanto tiempo que ella rehízo su vida con el conductor de autobuses Richard, con el que llegó a tener otra hija, Aurore, ahora ya también adulta. A esta última es a la única de la familia a la que parece irle bien, gracias a la tienda de su novio, el poco escrupuloso Bruno, que compra y vende productos de segunda mano a desfavorecidos. Oh, sorpresa, Robert Guédiguian vuelve a ambientar una película en su Marsella natal, repitiendo con su compañía estable, encabezada por su esposa, Ariane Ascaride, y Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan. Sigue siendo interesante su discurso, esta vez en torno al valor del sacrificio, cuando está destinado a sacar adelante a la familia. Como buen cineasta de izquierdas habla de la explotación capitalista, y de las dificultades para sobrevivir trabajando muchas horas por un salario bajo, y poder conciliar con la crianza de un bebé. Pese a todo, el viejo idealista ha llegado a la conclusión de que mantener la rebeldía juvenil quizás no lleva a un buen puerto, pues se corre el riesgo de acabar envidiando a quien sigue un camino quizás más convencional, y más duro, pero que se ve recompensado con sacar adelante a los suyos. Incluye también una crítica a quienes imponen las huelgas, amparados por la inmunidad que ofrece el cargo de delegado sindical, pero intimidan a quienes legítimamente no quieren seguirla. Y se ponen de manifiesto la degradación de los valores morales, y los peligros de las drogas o de usar el sexo como moneda de cambio. Por supuesto, el autor de Marius y Jeannette sigue siendo un maestro a la hora de dirigir a los actores; a los de siempre posiblemente les haya dado pocas indicaciones, se nota que saben de sobra lo que se espera de ellos. La mejor, como cabe esperar, Ascaride, ideal como abuela coraje, que fue justamente recompensada con la Copa Volpy a la mejor actriz en Venecia. Se luce en una escena en la que su personaje confiesa una revelación inesperada. También demuestran nivel los más jóvenes, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin y Lola Naymark, con los que Guédiguian también había trabajado previamente. Pero esta vez el marsellés pincha un poco, en comparación con su media habitual. No acaba de hacer que funcione un guión artificioso que ha coescrito con Serge Valletti, con el que había colaborado ya en algunos de sus últimos trabajos. Da la sensación de que ambos tenían en mente cómo querían acabar el film, así que todo conduce a un desenlace forzado. Los diálogos no resultan naturales, y a veces la acumulación de desgracias que sufre alguno de sus personajes llega a producir el efecto contrario al perseguido, no logra aumentar el dramatismo sino que incluso produce risas. En concreto, ocurre en un momento con un autobús y unos policías. Otros fragmentos no parecen creíbles, por ejemplo que una de las hijas pida ver un vídeo erótico que ha grabado…¿su hermana?

5/10
La casa junto al mar

2017 | La Villa

Tres hermanos se reúnen en la casa familiar –situada en una preciosa cala cerca de Marsella– cuando el padre de ellos sufre un ataque por el que queda aparentemente inconsciente, ajeno a la realidad. Por un suceso del pasado, Angèle –ahora actriz de renombre– no visitaba el lugar desde hacía veinte años, cosa que le reprocha su hermano Armand, que se quedó allí al cuidado de su padre y al frente de un modesto restaurante. Joseph, por su parte, ha llegado con una joven conquista, Bérangère, aunque la falta de conexión entre ellos habla a las caras de que la relación se ha terminado. Una película muy Guédiguian. El director francés sigue fiel a sus principios, a sus conflictos, a sus personajes. Es decir, a toda una generación occidental desilusionada que en su juventud abanderó la utopía comunista, la lucha contra el patrón y el burgués acomodado, la repartición equitativa, y que ha visto cómo las cosas se han mantenido inalterables. Esa búsqueda de la paz en la tierra, sin asideros más allá de esta vida, se escapa. Y el tiempo pasa y las ilusiones se van desvaneciendo, sólo quedará entonces esa nostalgia del tiempo pasado, de esa época alegre y romántica de deseos irrealizables por los que se estaba dispuesto a jugarse el futuro. Robert Guédiguian se mira en esos personajes de sus películas, que siempre son los mismos y que vienen a ser un islote en medio del océano del mundo moderno. Su corazón no ha cambiado y mira atrás con nostalgia intentando alcanzar algún fleco suelto del pasado. Pero hay también una rendida y sincera comprensión de lo ocurrido: “Tú razón es de derechas, tus sentimientos de izquierdas –hace decir a un personaje, que concluye:–, como todos”. Con muchos elementos en común con Las nieves del Kilimanjaro, el director marsellés de origen armenio cuenta una vez más con todo su equipo de intérpretes, encabezados por su mujer Ariane Ascaride y por Jean-Pierre Darroussin, a quienes se suman otros habituales como Gérard Meylan o la más joven Anaïs Demoustier. Con maestría sabe hacerlos cercanos, accesibles, e introducir en el guión los conflictos de cada una, de cada uno, traumas o tragedias, dudas o tristezas con las que han de lidiar en crisis interiores, pero sabe hacerlos progresar, avanzar, incluyendo diálogos realistas, sonrisas y lágrimas, ternura y solidaridad, y eso aunque muchas situaciones o tristes decisiones no parezcan demasiado verosímiles. La casa junto al mar es una película hermosa –aunque no del todo alegre– también por el emplazamiento elegido por el director, una preciosa e idílica cala abierta al mar y a la luz del mediterráneo en donde a cualquier espectador le gustaría perderse.

6/10
Una historia de locos

2015 | Une histoire de fou

Marsella. Aunque han pasado cuarenta años, en la familia Alexandrian –matrimonio, abuela y dos hijos– se siente muy viva la tragedia sufrida por sus compatriotas en la Primera Guerra Mundial, en donde más millón y medio de armenios fueron asesinados por los turcos. En un ambiente sofocante de luchas y reivindicaciones, el hijo mayor, Aram, decide unirse a la milicia armada para atentar contra las autoridades turcas. Pero en su primer acto terrorista resultará herido gravemente un joven francés inocente. Una de las películas más personales del francés Robert Guédiguian (1953), director de reputado prestigio, indudablemente minoritario, que con los años ha ido puliendo su cine hasta entregar notables trabajos, como Las nieves del Kilimanjaro o la reciente El cumpleaños de Ariane. Como los personajes de Una historia de locos, Guédiguian nació en Marsella de ascendentes armenios, de modo que una parte de la historia le toca muy hondo, casi como si fuera el protagonista, mientras que para completar el guión se ha servido de la autobiografía del periodista español José Antonio Gurriarán, quien sufrió severas heridas en 1980 debido a un atentado. La película es tan honrada como suele ser el cine del director francés, que quiere ofrecer una visión amplia, nada reduccionista de los problemas sociales, teniendo en cuenta los puntos de vista de las partes y las razones que las legitiman. El difícil equilibrio se presenta al aportar sus ideas el propio cineasta, pues Guédiguian tiene mucho de rousseauniano, su confianza en el ser humano es grande, y visto lo visto no mengua con el dolor y los conflictos, lo cual prueba su autenticidad. Pero a la vez esa bondad humana, tan presente en este film como lo estaba en Las nieves del Kilimanjaro, tan maravillosa y deseable, puede quizá confundirse con una mirada demasiado utópica del mundo, poco creíble, y algo de eso ocurre aquí especialmente con el personaje de Gilles, aunque también pueda deberse a que la interpretación del actor Grégoire Leprince-Ringuet no logra golpear con la fuerza requerida al espectador. Véase la escena clave del encuentro en Beirut. Una historia de locos viene a engrosar la cada vez más numerosa serie de películas que hablan del holocausto armenio de la Primera Guerra Mundial, tales como Ararat o El padre. Con sabiduría Guédiguian imparte en mínimas dosis una lección de historia para que comprendamos el calibre de la tragedia y de la injusticia vivida por el pueblo armenio. En este sentido es fascinante la larga secuencia del prólogo de 1921, servida con un maravilloso blanco y negro que recuerda al de la reciente Frantz. E inmediatamente la canción de la abuela supone un perfecto nexo de unión entre generaciones, un dolor hondo que no cesa y que dará lugar a los acontecimientos de los años 70. A la vez Guédiguian –su apuesta por la paz es clara– traza muy bien los diferentes caracteres de los personajes y los conflictos internos que han de superar: el padre prudente, la madre osada, el hijo de firmes convicciones, la abuela, etc. A ello hay que sumar una estupenda labor actoral, encabezada por el magistral trabajo de Ariane Ascaride, estrecha colaboradora de Guédiguian en casi todas sus películas. 

6/10
El cumpleaños de Ariane

2014 | Au fil d'Ariane

Ariane celebra su cumpleaños, recibe varios ramos de flores, tiene una gran tarta lista para festejar pero... su marido y sus hijos, sucesivamente, llaman por teléfono para anunciar que no podrán acudir. Decepcionada, se sube en su automóvil, un mini Cooper, dispuesta a alejarse de casa, y los acontecimientos y encuentros se suceden, un atasco le lleva a conocer a un motorista, que le lleva a un restaurante, que... Robert Gúediguian, con su esposa y musa Ariane Ascaride como actriz principal, presenta su film como una "fantasía", y en efecto estamos ante un divertimento entregado por un cineasta muy seguro de sí mismo, capaz de asumir riesgos al estructurar la narración siguiendo el mito de "el hilo de Ariadna", o sea encadenando situaciones de apariencia inconexas con personajes variopintos, pero que conforman una unidad, un destino. El arranque es agilísimo, con un movimiento de cámara imposible, y un buen uso de la música, con pasajes como el de la ópera de Verdi, muy a cuento, "la donna è mobile, qual piuma al vento". También resulta inteligente el recurso al doble sentido de la palabra "suis" en francés, que puede signficar "soy" o "sigo", lo que viene a indicar que para dar dar sentido a la propia existencia, y ser, hay que seguir, o sea, luchar, perseverar, no puede uno abandonarse a la pasividad, tirar la toalla, pensar que las cosas no tienen remedio. O sea, variación filosófica del pensamiento cartesiano, "Sigo, luego existo", muy adecuada para un director desencantado con algunas viejas y caducas ideas del marxismo, pero al que el egoísmo de las sociedades burguesas actuales tampoco satisface en absoluto, al final el amor y la bondad puestas en acción son lo que cuenta.  Tan bien engrasada está la narración en el primer tramo de la película, que el frenazo que nos detiene en el restaurante acaba cansando, se pierde un poco el ritmo, a pesar de algunas buenas ocurrencias. Además la resolución no acaba de satisfacer, no es cuestión de desvelarla aquí, pero no sólo resulta manida como desenlace, sino que quita algo de coherencia a las ideas que latían en la narración.

6/10
Las nieves del Kilimanjaro, de Guédiguian

2011 | Les neiges du Kilimandjaro

Robert Guédiguian se podría definir artísticamente hablando como un director bipolar. Tan pronto rueda explosiones de optimismo (Marius y Jeannette, su film más conocido) como descarnados relatos repletos de pesimismo (La ciudad está tranquila). Entra en la primera categoría esta cinta cuyo título curiosamente no proviene del relato corto de Ernest Hemingway, que dio lugar a la popular cinta de Henry King con Gregory Peck. Las nieves del Kilimanjaro, de Guédiguian en realidad alude a una canción de Pascal Danel, muy popular en Francia, y que cantan los personajes en un momento determinado. Guédiguian acierta al retratar las consecuencias de la crisis económica, que obliga al sindicato de trabajadores de astilleros a sortear públicamente el nombre de los veinte empleados que la empresa tiene que despedir para evitar el cierre. Uno de los escogidos, Michel, representante de los trabajadores, trata de hacer frente a su cese laboral, al tiempo que celebra su aniversario con Marie-Claire, en compañía de hijos, nietos y amigos que les hacen un regalo muy especial: un viaje al Kilimanjaro. Como es habitual, Guédiguian filma en su Marsella natal, y le da los dos personajes principales, Michel y Marie-Claire, a sus dos actores habituales, Jean-Pierre Darroussin y Ariane Ascaride, esposa del realizador. Sin embargo, la película –que según los títulos de crédito se inspira en el poema de Victor Hugo 'Les pauvres gens', reivindicación de la solidaridad– no suena a ya vista, sino que tiene cierta frescura, y mezcla muy bien comedia y drama. Aunque Las nieves del Kilimanjaro, de Guédiguian tiene tono de fábula, resulta lo suficientemente realista, y confronta diferentes actitudes ante los problemas, la del personaje central y la de su antagonista. Además, todas las piezas confluyen en un desenlace emotivo, que apuesta por la reconciliación, la comprensión del prójimo y la confianza en el futuro. Darroussin y Ascaride demuestran una vez más que son grandes profesionales, con química en pantalla, y están rodeados de creíbles secundarios. Destaca en un papel más breve, pero de gran importancia, el joven Grégoire Leprince-Ringuet, que encarna a otro despedido.

6/10
L'armée du crime

2009 | L'armée du crime

En París, bajo la Ocupación, un grupo dispar de resistentes comete atentados espontáneos y desorganizados. Missak Manouchian, un exiliado del genocidio armenio, desea ayudarlos pero es reticente a la idea de matar. Las circunstancias le llevarán a transgredir su ética. Bajo su impulso, el grupo se estructura y planifica sus acciones. La “Red Manouchian” ha nacido. El largometraje sigue la historia de este grupo desde su formación hasta su ejecución en febrero de 1944.

Presidente Mitterrand

2005 | Le promeneur du champ de Mars

La presidencia francesa de François Mitterrand se acerca a su final. Y no sólo la presidencia. El mandatario padece un cáncer, extremo no revelado a la opinión pública para acabar en su término natural la estancia en el poder. En ese momento acepta tener varios encuentros con un joven periodista, para que prepare un libro que le haga justicia. Este extremo, ficticio, sirve a Robert Guédiguian para hacer balance de los años en el poder del socialista Miterrand; las desilusiones del escritor porque el pragmático presidente no haya hecho realidad la utopía socialista, son en parte las del propio Guédiguian. Y la excusa argumental sirve para ahondar en la figura de un personaje complejo (flota el misterio de su actitud durante el régimen de Vichy), y para señalar que a la hora de enfrentarse a la muerte, sean cuáles sean las ideas que uno sostiene, los interrogantes que surgen sobre el sentido de la vida son básicamente los mismos. Esto se palpa en la lograda escena de la catedral, donde Miterrand palpa el frío mármol de una sepultura, mientras piensa en lo que le aguarda a él, en lo que nos aguarda a todos. Michel Bouquet ofrece un sólido trabajo como el presidente, sin caer en innecesarios histrionismos.

5/10
Mi padre es ingeniero

2004 | Mon père est ingénieur

Curioso film de ‘navidades laicas’, o cómo tomar la imaginería católicas para pergeñar una historia de cine social comprometido con la izquierda. El relato del nacimiento de Jesús en Belén sirve como arranque para conocer que Natascha es víctima de un fuerte shock, no responde a nada, tiene que ser alimentada, lavada, etc. por sus padres. Robert Guediguian vuelva a trabajar con su esposa y actriz favorita en un film intenso, de nostalgia por esos ideales sociales que difícilmente se abren camino en el día a día.

4/10
Marie-Jo y sus dos amores

2002 | Marie-Jo et ses 2 amours

Marie-Jo está casada con Daniel, con quien tiene una hija. Viven felices en Marsella. Pero también tiene a un amante, Marco, que la adora. Marie-Jo se debate continuamente por cuál de los dos decirse, porque los ama a ambos y sabe que la situación debe aclararse de una vez por todas. Drama de Robert Guédiguian (Marius y Jeannette), rodado con el estilo realista y pausado (y a veces pesado) al que nos tiene acostumbrado este director francés de origen armenio. Como casi siempre protagoniza su musa Ariane Ascaride, mientras que otro habitual de su cine, Jean-Pierre Darroussin (Las nieves del Kilimanjaro, de Guédiguian) interpreta al marido de la protagonista.

4/10
De todo corazón

1998 | À la place du coeur

Un embarazo, donde el padre, negro, es acusado de violador. Y el apoyo de las familias respectivas. Con esos mimbres el francés Robert Guédiguian traza un interesante drama social, en su línea habitual.

4/10
Marius y Jeannette

1997 | Marius et Jeannette

Marsella. Marius y Jeannette están a la mitad de sus vidas y subsisten a base de precarios trabajos. Él es guardián de una fábrica que está a punto de demolerse y ella cría a sus dos hijos con un exiguo sueldo de cajera. El amor se abrirá paso con dificultad. Comedia social del mejor Guédiguian. Para cinéfilos exquisitos.

7/10
Gloria Mundi

2019 | Gloria Mundi

Mathilda, humilde trabajadora en periodo de pruebas de una tienda de ropa que odia su trabajo, da a luz a Gloria, su primera hija, para alegría de su marido, Nicolás, conductor autónomo de Uber. La madre de Mathilda, la limpiadora de oficinas Sylvie, decide avisar al abuelo, Daniel, que acaba de salir de la cárcel, donde ha permanecido tanto tiempo que ella rehízo su vida con el conductor de autobuses Richard, con el que llegó a tener otra hija, Aurore, ahora ya también adulta. A esta última es a la única de la familia a la que parece irle bien, gracias a la tienda de su novio, el poco escrupuloso Bruno, que compra y vende productos de segunda mano a desfavorecidos. Oh, sorpresa, Robert Guédiguian vuelve a ambientar una película en su Marsella natal, repitiendo con su compañía estable, encabezada por su esposa, Ariane Ascaride, y Jean-Pierre Darroussin y Gérard Meylan. Sigue siendo interesante su discurso, esta vez en torno al valor del sacrificio, cuando está destinado a sacar adelante a la familia. Como buen cineasta de izquierdas habla de la explotación capitalista, y de las dificultades para sobrevivir trabajando muchas horas por un salario bajo, y poder conciliar con la crianza de un bebé. Pese a todo, el viejo idealista ha llegado a la conclusión de que mantener la rebeldía juvenil quizás no lleva a un buen puerto, pues se corre el riesgo de acabar envidiando a quien sigue un camino quizás más convencional, y más duro, pero que se ve recompensado con sacar adelante a los suyos. Incluye también una crítica a quienes imponen las huelgas, amparados por la inmunidad que ofrece el cargo de delegado sindical, pero intimidan a quienes legítimamente no quieren seguirla. Y se ponen de manifiesto la degradación de los valores morales, y los peligros de las drogas o de usar el sexo como moneda de cambio. Por supuesto, el autor de Marius y Jeannette sigue siendo un maestro a la hora de dirigir a los actores; a los de siempre posiblemente les haya dado pocas indicaciones, se nota que saben de sobra lo que se espera de ellos. La mejor, como cabe esperar, Ascaride, ideal como abuela coraje, que fue justamente recompensada con la Copa Volpy a la mejor actriz en Venecia. Se luce en una escena en la que su personaje confiesa una revelación inesperada. También demuestran nivel los más jóvenes, Anaïs Demoustier, Robinson Stévenin y Lola Naymark, con los que Guédiguian también había trabajado previamente. Pero esta vez el marsellés pincha un poco, en comparación con su media habitual. No acaba de hacer que funcione un guión artificioso que ha coescrito con Serge Valletti, con el que había colaborado ya en algunos de sus últimos trabajos. Da la sensación de que ambos tenían en mente cómo querían acabar el film, así que todo conduce a un desenlace forzado. Los diálogos no resultan naturales, y a veces la acumulación de desgracias que sufre alguno de sus personajes llega a producir el efecto contrario al perseguido, no logra aumentar el dramatismo sino que incluso produce risas. En concreto, ocurre en un momento con un autobús y unos policías. Otros fragmentos no parecen creíbles, por ejemplo que una de las hijas pida ver un vídeo erótico que ha grabado…¿su hermana?

5/10
La casa junto al mar

2017 | La Villa

Tres hermanos se reúnen en la casa familiar –situada en una preciosa cala cerca de Marsella– cuando el padre de ellos sufre un ataque por el que queda aparentemente inconsciente, ajeno a la realidad. Por un suceso del pasado, Angèle –ahora actriz de renombre– no visitaba el lugar desde hacía veinte años, cosa que le reprocha su hermano Armand, que se quedó allí al cuidado de su padre y al frente de un modesto restaurante. Joseph, por su parte, ha llegado con una joven conquista, Bérangère, aunque la falta de conexión entre ellos habla a las caras de que la relación se ha terminado. Una película muy Guédiguian. El director francés sigue fiel a sus principios, a sus conflictos, a sus personajes. Es decir, a toda una generación occidental desilusionada que en su juventud abanderó la utopía comunista, la lucha contra el patrón y el burgués acomodado, la repartición equitativa, y que ha visto cómo las cosas se han mantenido inalterables. Esa búsqueda de la paz en la tierra, sin asideros más allá de esta vida, se escapa. Y el tiempo pasa y las ilusiones se van desvaneciendo, sólo quedará entonces esa nostalgia del tiempo pasado, de esa época alegre y romántica de deseos irrealizables por los que se estaba dispuesto a jugarse el futuro. Robert Guédiguian se mira en esos personajes de sus películas, que siempre son los mismos y que vienen a ser un islote en medio del océano del mundo moderno. Su corazón no ha cambiado y mira atrás con nostalgia intentando alcanzar algún fleco suelto del pasado. Pero hay también una rendida y sincera comprensión de lo ocurrido: “Tú razón es de derechas, tus sentimientos de izquierdas –hace decir a un personaje, que concluye:–, como todos”. Con muchos elementos en común con Las nieves del Kilimanjaro, el director marsellés de origen armenio cuenta una vez más con todo su equipo de intérpretes, encabezados por su mujer Ariane Ascaride y por Jean-Pierre Darroussin, a quienes se suman otros habituales como Gérard Meylan o la más joven Anaïs Demoustier. Con maestría sabe hacerlos cercanos, accesibles, e introducir en el guión los conflictos de cada una, de cada uno, traumas o tragedias, dudas o tristezas con las que han de lidiar en crisis interiores, pero sabe hacerlos progresar, avanzar, incluyendo diálogos realistas, sonrisas y lágrimas, ternura y solidaridad, y eso aunque muchas situaciones o tristes decisiones no parezcan demasiado verosímiles. La casa junto al mar es una película hermosa –aunque no del todo alegre– también por el emplazamiento elegido por el director, una preciosa e idílica cala abierta al mar y a la luz del mediterráneo en donde a cualquier espectador le gustaría perderse.

6/10
Una historia de locos

2015 | Une histoire de fou

Marsella. Aunque han pasado cuarenta años, en la familia Alexandrian –matrimonio, abuela y dos hijos– se siente muy viva la tragedia sufrida por sus compatriotas en la Primera Guerra Mundial, en donde más millón y medio de armenios fueron asesinados por los turcos. En un ambiente sofocante de luchas y reivindicaciones, el hijo mayor, Aram, decide unirse a la milicia armada para atentar contra las autoridades turcas. Pero en su primer acto terrorista resultará herido gravemente un joven francés inocente. Una de las películas más personales del francés Robert Guédiguian (1953), director de reputado prestigio, indudablemente minoritario, que con los años ha ido puliendo su cine hasta entregar notables trabajos, como Las nieves del Kilimanjaro o la reciente El cumpleaños de Ariane. Como los personajes de Una historia de locos, Guédiguian nació en Marsella de ascendentes armenios, de modo que una parte de la historia le toca muy hondo, casi como si fuera el protagonista, mientras que para completar el guión se ha servido de la autobiografía del periodista español José Antonio Gurriarán, quien sufrió severas heridas en 1980 debido a un atentado. La película es tan honrada como suele ser el cine del director francés, que quiere ofrecer una visión amplia, nada reduccionista de los problemas sociales, teniendo en cuenta los puntos de vista de las partes y las razones que las legitiman. El difícil equilibrio se presenta al aportar sus ideas el propio cineasta, pues Guédiguian tiene mucho de rousseauniano, su confianza en el ser humano es grande, y visto lo visto no mengua con el dolor y los conflictos, lo cual prueba su autenticidad. Pero a la vez esa bondad humana, tan presente en este film como lo estaba en Las nieves del Kilimanjaro, tan maravillosa y deseable, puede quizá confundirse con una mirada demasiado utópica del mundo, poco creíble, y algo de eso ocurre aquí especialmente con el personaje de Gilles, aunque también pueda deberse a que la interpretación del actor Grégoire Leprince-Ringuet no logra golpear con la fuerza requerida al espectador. Véase la escena clave del encuentro en Beirut. Una historia de locos viene a engrosar la cada vez más numerosa serie de películas que hablan del holocausto armenio de la Primera Guerra Mundial, tales como Ararat o El padre. Con sabiduría Guédiguian imparte en mínimas dosis una lección de historia para que comprendamos el calibre de la tragedia y de la injusticia vivida por el pueblo armenio. En este sentido es fascinante la larga secuencia del prólogo de 1921, servida con un maravilloso blanco y negro que recuerda al de la reciente Frantz. E inmediatamente la canción de la abuela supone un perfecto nexo de unión entre generaciones, un dolor hondo que no cesa y que dará lugar a los acontecimientos de los años 70. A la vez Guédiguian –su apuesta por la paz es clara– traza muy bien los diferentes caracteres de los personajes y los conflictos internos que han de superar: el padre prudente, la madre osada, el hijo de firmes convicciones, la abuela, etc. A ello hay que sumar una estupenda labor actoral, encabezada por el magistral trabajo de Ariane Ascaride, estrecha colaboradora de Guédiguian en casi todas sus películas. 

6/10
El cumpleaños de Ariane

2014 | Au fil d'Ariane

Ariane celebra su cumpleaños, recibe varios ramos de flores, tiene una gran tarta lista para festejar pero... su marido y sus hijos, sucesivamente, llaman por teléfono para anunciar que no podrán acudir. Decepcionada, se sube en su automóvil, un mini Cooper, dispuesta a alejarse de casa, y los acontecimientos y encuentros se suceden, un atasco le lleva a conocer a un motorista, que le lleva a un restaurante, que... Robert Gúediguian, con su esposa y musa Ariane Ascaride como actriz principal, presenta su film como una "fantasía", y en efecto estamos ante un divertimento entregado por un cineasta muy seguro de sí mismo, capaz de asumir riesgos al estructurar la narración siguiendo el mito de "el hilo de Ariadna", o sea encadenando situaciones de apariencia inconexas con personajes variopintos, pero que conforman una unidad, un destino. El arranque es agilísimo, con un movimiento de cámara imposible, y un buen uso de la música, con pasajes como el de la ópera de Verdi, muy a cuento, "la donna è mobile, qual piuma al vento". También resulta inteligente el recurso al doble sentido de la palabra "suis" en francés, que puede signficar "soy" o "sigo", lo que viene a indicar que para dar dar sentido a la propia existencia, y ser, hay que seguir, o sea, luchar, perseverar, no puede uno abandonarse a la pasividad, tirar la toalla, pensar que las cosas no tienen remedio. O sea, variación filosófica del pensamiento cartesiano, "Sigo, luego existo", muy adecuada para un director desencantado con algunas viejas y caducas ideas del marxismo, pero al que el egoísmo de las sociedades burguesas actuales tampoco satisface en absoluto, al final el amor y la bondad puestas en acción son lo que cuenta.  Tan bien engrasada está la narración en el primer tramo de la película, que el frenazo que nos detiene en el restaurante acaba cansando, se pierde un poco el ritmo, a pesar de algunas buenas ocurrencias. Además la resolución no acaba de satisfacer, no es cuestión de desvelarla aquí, pero no sólo resulta manida como desenlace, sino que quita algo de coherencia a las ideas que latían en la narración.

6/10
Las nieves del Kilimanjaro, de Guédiguian

2011 | Les neiges du Kilimandjaro

Robert Guédiguian se podría definir artísticamente hablando como un director bipolar. Tan pronto rueda explosiones de optimismo (Marius y Jeannette, su film más conocido) como descarnados relatos repletos de pesimismo (La ciudad está tranquila). Entra en la primera categoría esta cinta cuyo título curiosamente no proviene del relato corto de Ernest Hemingway, que dio lugar a la popular cinta de Henry King con Gregory Peck. Las nieves del Kilimanjaro, de Guédiguian en realidad alude a una canción de Pascal Danel, muy popular en Francia, y que cantan los personajes en un momento determinado. Guédiguian acierta al retratar las consecuencias de la crisis económica, que obliga al sindicato de trabajadores de astilleros a sortear públicamente el nombre de los veinte empleados que la empresa tiene que despedir para evitar el cierre. Uno de los escogidos, Michel, representante de los trabajadores, trata de hacer frente a su cese laboral, al tiempo que celebra su aniversario con Marie-Claire, en compañía de hijos, nietos y amigos que les hacen un regalo muy especial: un viaje al Kilimanjaro. Como es habitual, Guédiguian filma en su Marsella natal, y le da los dos personajes principales, Michel y Marie-Claire, a sus dos actores habituales, Jean-Pierre Darroussin y Ariane Ascaride, esposa del realizador. Sin embargo, la película –que según los títulos de crédito se inspira en el poema de Victor Hugo 'Les pauvres gens', reivindicación de la solidaridad– no suena a ya vista, sino que tiene cierta frescura, y mezcla muy bien comedia y drama. Aunque Las nieves del Kilimanjaro, de Guédiguian tiene tono de fábula, resulta lo suficientemente realista, y confronta diferentes actitudes ante los problemas, la del personaje central y la de su antagonista. Además, todas las piezas confluyen en un desenlace emotivo, que apuesta por la reconciliación, la comprensión del prójimo y la confianza en el futuro. Darroussin y Ascaride demuestran una vez más que son grandes profesionales, con química en pantalla, y están rodeados de creíbles secundarios. Destaca en un papel más breve, pero de gran importancia, el joven Grégoire Leprince-Ringuet, que encarna a otro despedido.

6/10
L'armée du crime

2009 | L'armée du crime

En París, bajo la Ocupación, un grupo dispar de resistentes comete atentados espontáneos y desorganizados. Missak Manouchian, un exiliado del genocidio armenio, desea ayudarlos pero es reticente a la idea de matar. Las circunstancias le llevarán a transgredir su ética. Bajo su impulso, el grupo se estructura y planifica sus acciones. La “Red Manouchian” ha nacido. El largometraje sigue la historia de este grupo desde su formación hasta su ejecución en febrero de 1944.

Mi padre es ingeniero

2004 | Mon père est ingénieur

Curioso film de ‘navidades laicas’, o cómo tomar la imaginería católicas para pergeñar una historia de cine social comprometido con la izquierda. El relato del nacimiento de Jesús en Belén sirve como arranque para conocer que Natascha es víctima de un fuerte shock, no responde a nada, tiene que ser alimentada, lavada, etc. por sus padres. Robert Guediguian vuelva a trabajar con su esposa y actriz favorita en un film intenso, de nostalgia por esos ideales sociales que difícilmente se abren camino en el día a día.

4/10
Marie-Jo y sus dos amores

2002 | Marie-Jo et ses 2 amours

Marie-Jo está casada con Daniel, con quien tiene una hija. Viven felices en Marsella. Pero también tiene a un amante, Marco, que la adora. Marie-Jo se debate continuamente por cuál de los dos decirse, porque los ama a ambos y sabe que la situación debe aclararse de una vez por todas. Drama de Robert Guédiguian (Marius y Jeannette), rodado con el estilo realista y pausado (y a veces pesado) al que nos tiene acostumbrado este director francés de origen armenio. Como casi siempre protagoniza su musa Ariane Ascaride, mientras que otro habitual de su cine, Jean-Pierre Darroussin (Las nieves del Kilimanjaro, de Guédiguian) interpreta al marido de la protagonista.

4/10
De todo corazón

1998 | À la place du coeur

Un embarazo, donde el padre, negro, es acusado de violador. Y el apoyo de las familias respectivas. Con esos mimbres el francés Robert Guédiguian traza un interesante drama social, en su línea habitual.

4/10
Marius y Jeannette

1997 | Marius et Jeannette

Marsella. Marius y Jeannette están a la mitad de sus vidas y subsisten a base de precarios trabajos. Él es guardián de una fábrica que está a punto de demolerse y ella cría a sus dos hijos con un exiguo sueldo de cajera. El amor se abrirá paso con dificultad. Comedia social del mejor Guédiguian. Para cinéfilos exquisitos.

7/10

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