Las realizadoras búlgaras Mina Mileva y Vesela Kazakova habían denunciado los peores resquicios del comunismo en su país en documentales. Debutan en el largometraje dramático con Pequeños milagros en Peckham St., un pequeño milagro cinematográfico donde sus protagonistas luchan por la felicidad. Tiene como protagonista a Irina, emigrante abandonada por su marido, que vive en una humilde urbanización del sudeste de Londres, con su pequeño hijo, Jojo, y su hermano, Vlado. Pese a tener un título de arquitecta, trabaja como camarera. Un día, acogen a un gato que parece abandonado, lo que entusiasma sobre todo al niño, pero pronto llaman a la puerta unos agresivos vecinos, que les acusan de haberles robado al animal.
Vienen del campo del documental, ¿por qué en esta ocasión se han decantado por un film dramatizado?
Vesela Kazakova: Rodamos tres documentales, pero crearon mucha controversia en Bulgaria. Tuvimos que aguantar todo tipo de presiones y críticas. Llegamos a recibir amenazas, y cartas de diferentes ministerios advirtiéndonos que iban a demandarnos.
Mina Mileva: Llegaron a estar prohibidos. Pese a que la televisión pública de Bulgaría ejercía como coproductora, jamás llegó a emitirlos.
V.K.: Al final decidimos escapar con Irina a Reino Unido, o sea irnos a otro país y cambiar de género. Esta maniobra garantizaba nuestra propia supervivencia, porque cuando ruedas un film de ficción como Pequeños milagros en Peckham St. no te expones al mismo tipo de críticas que con los documentales, en principio se entiende que lo que ruedas no tiene por qué corresponderse con la realidad. En la sociedad búlgara los jóvenes han emigrado en busca de una vida mejor. Lo mismo ha pasado en otros países del este de Europa, que tras la caída del comunismo sufren las consecuencias de la corrupción. Así las cosas, hemos querido colocar la cámara donde hasta entonces nadie la había puesto.
Pese a esta huida, no han parado de criticar a su país, y a los resquicios del comunismo. La protagonista tiene un trabajo precario en Londres, pero todo indica que ante la terrible situación de Bulgaria, mejor no regresar. ¿Piensan eso?
M.M.: Estamos rodando ficción, pero bastante anclada en la realidad. La situación no ha mejorado demasiado. Gracias a algún manifiesto de apoyo internacional a nuestro trabajo las autoridades búlgaras han dejado de presionarnos, pero todo sigue más o menos igual.
V.K.: Por ejemplo, los que trabajamos en la industria del cine búlgaro nos resignamos a buscar financiación para nuestras películas en el extranjero. No se asignan demasiados fondos al Séptimo Arte, ni tenemos tanto público como para que nuestros trabajos resulten rentables, y además, se subvenciona a realizadores demasiado locales. Aunque en realidad el gobierno no tiene mucho dinero para este sector, lo que tiene se podría distribuir con más inteligencia.
¿Han querido apostar en la cinta por la familia?
V.K.: Los personajes de Pequeños milagros en Peckham St. formaban una familia tradicional, pero los emigrantes se enfrentan a problemas que pueden romperla, así que puede ocurrir lo que ha vivido Irina, pues su marido la abandonó al no poder soportar la presión. De ahí que en todo momento la pregunten por él. Apostamos por la familia, pero no podemos negar la existencia de clanes desestructurados que lo tienen mucho más difícil para salir adelante.
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Han construido a su protagonista, Irina, como una mujer muy trabajadora. ¿Se critica a quienes se resignan a recibir ayudas institucionales y subsidios sin dar un palo al agua?
M.M.: Queríamos que Irina pareciera muy activa, porque no sirve de nada permanecer parado, sin utilizar la fuerza para superar obstáculos. Lo contrario sólo contribuye a que todo siga igual.
V.K.: No queríamos un personaje central perfecto, así que Irina tiene también defectos. Por ejemplo, la retratamos como demasiado nacionalista y clasista, tiene prejuicios hacia los desfavorecidos. Para que un personaje caiga simpático debe parecer bastante humana, con puntos débiles. Por suerte, poco a poco entiende a la sociedad británica, así que evoluciona para bien. En el film conoce a una abuela británica, que le regaló un gato a su nieta. Esperamos que se empatice con ella.
Tengo la sensación de que han usado a los personajes para divulgar argumentos de las realizadoras. ¿Se critica la situación sociopolítica británica derivada del Brexit?
V.K.: Sí, queríamos poner sobre el tapete muchos temas, por ejemplo sobre este asunto. Institucionalmente, la salida de la Unión Europea ha empeorado lo que ocurre. En este momento, pasar por la frontera resulta humillante. Por fortuna, nosotras tenemos pasaporte británico, pero vemos cosas que nos parecen execrables.
M.M.: Hemos recurrido al sentido del humor para criticar lo que no nos gusta de Gran Bretaña. Por suerte, allí aceptan muy bien los reproches, si hacemos algo similar en Bulgaria, se enfadan. No quieren que se les retrate con realismo.
Se indica en el film que un gran porcentaje de la trama está basada en hechos reales, ¿es cierto?
M.M.: Casi todo lo que se ve en la película ha ocurrido en el mundo real. Cada día tienen lugar historias similares en Reino Unido. No obstante, preferimos no aclarar qué se ha inventado para el film.
Impresionan los trabajos de los protagonistas, Irina Atanasova (Irina), Angel Genov (Vlado) y el chaval Orlin Asenov. ¿Han buscado actores poco conocidos para que el film parezca más realista? ¿Cómo ha sido dirigirles?
V.K.: Tuvimos la suerte de elegir muy bien. Después no han dejado de asombrarnos con sus trabajos, por su versatilidad.
M.M.: Creo que ha sido uno de nuestros mayores logros en este film. Requeríamos sobre todo intérpretes con enorme capacidad de improvisación. Teníamos bastante claras todas las escenas, pero hemos dejado mucho espacio para crear frases nuevas. A los intérpretes les colocamos en situaciones abiertas, por ejemplo a Irina la metimos en una reunión con vecinos de verdad del bloque de edificios, que no tenían guión, así que decían lo que se les ocurría. Ella hablaba como su personaje, e inventaba sobre la marcha. Pienso que se trataba de un reto complicado, pero ha salido bastante airosa de la situación.
Pequeños milagros en Peckham St. recuerda a films de directores como Ken Loach, ¿qué realizadores de cine social les gustan?
V.K.: Le agradecemos la comparación con Ken Loach, pues se trata de un maestro. Nos interesa también la obra de Andrea Arnold, responsable de títulos como Fish Tank. Pese a todo, tratamos de no guiarnos por lo que han rodado estos realizadores, ni por el trabajo de otros cineastas. Preferimos guiarnos por los periódicos e informativos televisivos, pues queremos plasmar la actualidad.
Pese a tratar algunos temas espinosos como los problemas a los que se enfrentan los emigrantes, Pequeños milagros en Peckham St. irradia optimismo. ¿Ha sido su intención?
M.M.: Así es. Nos alegra que nos diga esto, pues significa que hemos logrado nuestro objetivo. Tradicionalmente, Londres ha sido un lugar bastante acogedor para todo aquel que llega de fuera. Por desgracia, todo esto ha cambiado a partir de la crisis económica de 2008, que generó un caldo de cultivo para el Brexit. Aún así, tratamos de buscar la luz al final del túnel.
V.K.: Hemos recurrido mucho al humor, que siempre ayuda a que se vea la vida de forma positiva. La protagonista está dispuesta en todo momento a buscar soluciones. En muchas escenas asoma la felicidad, por ejemplo, en la relación cariñosa que mantiene el hijo de Irina con el gato o la que se da entre dos vecinas enfrentadas, que terminan haciéndose amigas.
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