Hija de madre sueca y padre español, creció y se crio en Sevilla. En esa misma ciudad se enamoró de la profesión actoral después de que la seleccionaran como doble de Cameron Diaz, en Noche y día, de 2010. Desde entonces ha seducido a la crítica y al público, con títulos como “Hermosa juventud”, o derrochando carisma como presentadora de los Feroz. En Veneciafrenia interpreta a Isa, quien tras viajar a Venecia con sus amigos justo antes de casarse topará con unos siniestros individuos que acosan al grupo.
Ha hecho comedia, drama, musical, pero antes de Veneciafrenia ya había participado en un film de terror, Sweet Home. ¿Le atrae el género?
No especialmente. No voy buscando este tipo de proyectos, más bien intento encontrar películas lo más variadas posibles. Cuando recibí el guión acababa de rodar un drama, El arte de volver, de Pedro Collantes, así que Veneciafrenia era bastante diferente, y acepté sin dudarlo.
Pero sí que tenía unas ganas enormes de trabajar con Álex de la Iglesia, pues le considero uno de mis directores favoritos del cine español. Para mí suponía un reto estar a sus órdenes. en Veneciafrenia. Sí que es verdad que me divierte el cine de terror, y guardaba un buen recuerdo de Sweet Home, así que no me importa regresar a los sustos alguna vez.
Sin embargo, Álex de la Iglesia tiene fama de demasiado exigente. ¿Ha sido duro estar en una película suya?
Lo es. No lo puedo negar. Pero no me importa. Me parece lógico que pretenda que haya un buen nivel en la película. Este rodaje ha sido complejo, pues teníamos que filmar en Venecia en poco tiempo, pero sí que es verdad que sí le das a Álex de la Iglesia lo que él quiere, enseguida te da una palmadita en la espalda y pasa a la siguiente toma. Es además un tipo bastante cariñoso, así que da gusto. Haber podido trabajar con él y ver cómo se desenvuelve en el set, entender su manera de trabajar, encajar en su mundo, entender su tono y ver qué soy capaz de hacer ha sido sobre todo fortalecedor.
Veneciafrenia aborda un tema actual, la turismofobia. ¿Qué opina sobre quienes piensan que el turismo es una lacra?
Lo puedo entender. A ver si me explico. Quiero decir que es normal que algunas personas piensen que les están quitando sus casas, y que están convirtiendo ciudades como Venecia en auténticos parques temáticos, en los que no vive nadie, sólo existen tiendas y atracciones para turistas. Existen muchos tipos de viajeros, algunos respetuosos pero otros destructivos, así que es normal que estos últimos levanten suspicacias. En cualquier caso, estoy a favor de un turismo sostenible, que se puede llevar a cabo perfectamente.
Durante el rodaje en Venecia, ¿sintieron ese rechazo de parte de la población?
No, todo lo contrario. En principio, son bastante amables, aunque puedan tener opiniones de todo tipo. Además, rodamos después del coronavirus, cuando la ciudad apenas tenía turistas, así que estaba bastante desierta, ya que como comentaba, apenas queda nadie que resida ahí. Además, habían establecido un toque de queda a las cuatro de la tarde, y después de eso sólo quedábamos quienes teníamos permisos especiales. Así que en realidad los venecianos estaban encantados de vernos porque al menos había alguien por las calles.
¿Fue difícil de rodar alguna secuencia de acción? ¿Se había preparado físicamente para Veneciafrenia?
En cuanto leí el guión, confieso que me asusté, porque me veía corriendo de un lado a otro durante mes y medio. Sobre todo tenía miedo de no dar la talla físicamente, o que me quedara agotada y no pudiera seguir adelante. Así que me fui al gimnasio y estuve haciendo ejercicio durante mes y medio, para ganar algo de fondo. Desde que rodé Sweet Home me di cuenta de que para estar en esta profesión resultaba necesario tener cierta forma física. No hace falta que estés cachas, pero sí que puedas seguir el ritmo en algunos rodajes complejos, y filmar escenas de acción sin acabar exhausta.
¿Cómo fue el rodaje con sus compañeros de reparto?
Compartía escenas con Cosimo Fusco y Armando de Razza. Al principio, me imponían un poco porque son dos actorazos, pero luego resultaron simpáticos y divertidos. Pese a la barrera del idioma, resultaban dos profesionales bastante accesibles. Con los actores españoles, o sea Silvia Alonso y los demás, también bastante bien. Fue un rodaje un poco especial, pues debido al Covid-19 no nos permitían relacionarnos con personas de fuera, y teníamos que pasar mucho tiempo juntos. Quizás por eso creo que me han surgido amistades para toda la vida. No siempre ocurre esto cuando trabajas.
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Tras el coronavirus se vuelve a trabajar a buen ritmo. Ha estrenado con poca diferencia Camera Café, la película, y Veneciafrenia. ¿Es optimista respecto a que se vuelva a producir mucho cine español? ¿Tiene nuevos proyectos?
Al menos, vuelve a existir movimiento. Sin embargo, yo estoy teniendo un año bastante tranquilo. Se han caído bastantes proyectos, así que no tengo nada programado hasta dentro de unos meses. Mejor porque puedo dedicar tiempo a la familia y amigos, que también es necesario. Tras el coronavirus, los rodajes se han vuelto más humanos, pues hemos aprendido a cuidarnos un poco más y a tener medidas de seguridad.
Acabo de terminar el rodaje de Nosotros no nos mataremos con pistolas, de María Ripoll. La película refleja la incertidumbre que sentimos los treintañeros actuales. Yo misma me siento así todos los días con esta profesión. Me gusta estar en revisión constante y tener claro adónde voy, porque es muy fácil dejarse llevar por lo que los demás esperan. Por desgracia, a la hora de abordar a mi personaje, me costaba mucho meterme en el material. Y era porque estaba poniendo sobre la mesa muchos miedos míos y cosas personales que iba a compartir en pantalla con demasiada franqueza. Estoy muy contenta también con Camera Café, la película, que me pareció una oportunidad maravillosa porque pocas veces te dejan transformarte tanto para un papel y hacer lo que te dé la gana.
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