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Se estrena la película más madura de la cineasta zaragozana

Los destellos de Pilar Palomero: "Ésta es una película sobre la vida"

Hay en el mundo sin duda mucha oscuridad. Por eso da gusto hablar con Pilar Palomero de "Los destellos" de luz que hay que saber detectar en nuestras relaciones con los demás, aunque éstas no siempre sean "ideales". La película de la directora zaragozana ha competido recientemente en el Festival de Cine de San Sebastián, donde su protagonista, Patricia López Arnaiz, ha ganado la Concha de Plata a la mejor interpretación principal.

Los destellos de Pilar Palomero: "Ésta es una película sobre la vida"

 

Las niñas, La maternal, los títulos de las anteriores películas de Pilar Palomero los componen un sustantivo y un artículo determinado, y curiosamente aquí cambias el título del relato en que te basas de Eider Rodríguez , “Un corazón demasiado grande”, por Los destellos...

Todo esto es como contar una historia. Todo surge cuando Fernando Bovaira a finales de 2020 me propuso hacer una adaptación del relato de Eider Rodríguez. No la había leído, pero gracias a esta propuesta leí a Eider y ya me he convertido en fan suya [risas]. Nunca me había planteado antes adaptar antes nada, pero el relato me encantó. No dedicas cuatro años de tu vida a algo así, si no encuentras algo, y aquí había varios temas que me interesaba muchísimo explorar y profundizar.

Me interesaban las relaciones humanas de esos personajes que ya eran contradictorios en el relato. Esa manía que tenemos los seres humanos de hacer las cosas tan complicadas. Y también me pesaba el hecho de que en el relato uno de los personajes fallece. Esa presencia de la muerte me permitía hablar sobre la vida. Me gusta dejar claro que en la película aparece la muerte, pero que se trata del vehículo para hablar sobre la vida.

Desde el principio tenía claro que no quería tomarme la película como “un encargo”. Si me involucraba, quería involucrarme del todo. Así lo planteé a Fernando y a Eider, como pidiendo permiso. Parto de ahí, pero el guión evolucionará. Soy fiel en lo narrativo, pero el tono de la película es muy distinto. Empecé a incorporar muchas vivencias propias. En el proceso de sentir la vida a través de la muerte, aquello tenía que ver mucho con cosas que yo había vivido cuando falleció mi padre. Tenía ganas de comunicar, filmar, emociones que yo había sentido. Y en un momento dado aquello se transformó en Los destellos.

Lo rodamos en mi pueblo, donde nació mi abuelo en localizaciones que conozco de toda la vida. Con escenas casi diría que autobiográficas. Según la forma en que trabajo, necesitaba apropiarme de aquello al cien por cien para hacerlo.

Noto una especie de hilo conductor en tus películas. Con tu opera prima miras a unas niñas que están dejando de ser niñas, luego hablas de una maternidad antes de tiempo, y ahora quizá estamos ante tu película más madura, con temas como la relación de pareja y las rupturas, de padres e hijos, y la enfermedad y la muerte. ¿Lo ves así, como una evolución lógica como cineasta?

Me encanta escucharte, porque siempre deseas que tu última película sea un paso adelante, en esos términos de maduración personal, de llegar a ser la cineasta que deseas ser, y está bien que se vea así desde fuera. No es premeditado, pero no es casual. Algo habrá que me ha llevado a tomar la decisión de hacer estas tres películas. Aquí había un tema del que me urgía hablar, el relato me provocaba, quería poner el tema sobre la mesa, y filmarlo de la manera más cinematográfica posible, que no sea algo verbalizado o que yo te cuento... cuando pierdes a un ser querido, sientes esto y aquello, sino que lo que buscaba era que el espectador sintiera conmigo.

En ese sentido tenía una voluntad de hacer algo muy distinto a lo que había hecho en Las niñas y La maternal. Con la esperanza de que se notara que estaba la misma directora detrás, pero con una apuesta muy distinta. En esos títulos lo confié todo a la cámara en mano, a la libertad de la puesta en escena. Aquí hemos planificado y trabajo mucho sobre el papel. Era casi como un reto, porque me interesa seguir creciendo y aprendiendo. La película no tiene que ser sólo el resultado, sino que debe ser también el proceso, una experiencia que me hace cambiar, madurar y entender el tipo de cineasta que quiero ser.

La luz, que es fundamental en el cine, está en el título, y has vuelto a trabajar con Daniela Cajías como directora de fotografía, jugando con luces y sombras, con una luminosidad muy mediterránea, como de La Toscana. ¿Cómo has llegado a esa concepción visual de la película?

Con Daniela trabajamos mucho y esa era la propuesta, jugar a los contrastes, luces y sombras, con elementos brillantes, sombras que quedan tatuadas en la piel, una propuesta estilística que ya estaba sobre el papel, y con la que hemos jugado durante el rodaje. Ello para ayudar a plasmar la contradicción en que se basa la película, cómo la presencia de una muerte te hace sentir más intensamente la vida. Esto se apoyaba en la puesta en escena.

La muerte no es el único tema de la película, como dices, pero es cierto que vivimos en una sociedad que no quiere mirarla, trata de minimizarla, y sólo la afronta cuando no queda más remedio. Aquí has introducido a los personajes de la unidad de paliativos, y la mención de las campanas a muerto resulta muy sugerente, se nos habla de no negar la realidad, sino mirarla en positivo...

Por supuesto que esa reacción se entiende, a todos nos da miedo la muerte. A la vez, es lo que dice el personaje del doctor de paliativos. No es cuestión de solazarse en la idea de que nos vamos a morir, pero a veces vivimos de espaldas a la muerte, damos por hecho la vida, y todo, cualquier vivencia. Hay que pararse un momento. Tengo cuidado al hablar de todo esto, porque no quiero dar una filosofía barata tipo “mister Wonderful”. Es un tema muy serio. Pero es verdad que vivimos a menudo con el piloto automático, y no somos conscientes de que la única certeza que tenemos es el presente que tenemos ahora mismo. Y cuando vives una muerte, esto lo experimentas.

En esto para mí ha sido muy importante conocer al doctor Pablo Iglesias, que es el médico de paliativos, y es el doctor que aparece en la película. También trabajé con otros doctores del Hospital de la Santa Cruz de Tortosa. Y me resultó curioso porque cuando hablaba con ellos para documentarme, me daban las gracias porque esta película tratara este tema. Me decían que muchos ven su trabajo como el de personas que acompañan a alguien a morir, cuando en realidad se trata de hacer que la persona próxima a la muerte tenga la mejor vida, ¡vida! posible. No la mejor muerte posible. Son personas que por la naturaleza de su trabajo, porque cada día ven esto, tienen una capacidad muy superior para entender cosas que a otros, a nosotros, se nos escapan. Tienen una sabiduría y una humanidad impresionantes. Esto es lo que me he encontrado. Estas escenas de la película vienen de esas charlas con los doctores, de escucharles. Cuando te fascina algo y te enamoras, te dices, yo quiero meter esto en la película. Qué importante es.

Yo, cuando experimenté personalmente una pérdida, me sentí muy sola. De repente, sólo quería hablar con alguna persona que hubiera vivido una situación personal. Porque no hablamos normalmente de estas cosas. No lo compartimos. Entiendo que tengamos miedo, y de hecho, cara al estreno, uno de los miedos es “jo, es que igual la gente no va al cine a ver una película sobre la muerte”, por eso yo lo defiendo así, porque así lo veo, esta es una película sobre la vida. Vamos a estar presentes en este momento, y vamos a cuidarnos los unos a los otros.

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Es una película sobre la vida... y sobre el amor. Me venía a la cabeza Tierras de penumbra, no sé si la has visto...

Pues no, no la he visto, pero me la anoto, la voy a ver.

Tengo que decirte además que tuvo un gran éxito comercial. [risas] Es la historias del escritor cristiano C.S. Lewis, que se enamora de una mujer a la que luego descubren un cáncer, y cómo el dolor del que hablaba teóricamente debe afrontarlo en la práctica con su amor.

Pensaba en que vivimos en lo que podría denominarse en una sociedad postcristiana. Seguro que el colegio de monjas en que te inspiraste para Las niñas tiene ahora pocas monjas, y en la mirada a la muerte la fe cuenta menos que en otras épocas. Yo he detectado el detalle que te he comentado de las campanas, pero las referencias a otra vida aparecen menos a nuestro alrededor.

Este tema lo hablé mucho con Pablo, él lo explicaba muy bien. Las religiones tienen su razón de ser en todo lo que tiene que ver con la muerte. Por el miedo que nos da. ¡Esperemos que haya algo más! [risas] Que esto tenga un sentido. Y ahora vivimos en una sociedad de espaldas a la muerte. Imagínate la Edad Media. La muerte se viviría como algo cotidiano. Yo, fue una elección mía, no quería que hubiese un elemento religioso o espiritual en la película. Porque me parecía que había que dejar espacio al espectador para que lleve aquello hacia lo que realmente crea. Si hay algo en lo que absolutamente nadie tiene la respuesta, es lo que ocurre cuando nos morimos. [risas] Y menos yo. Y sí, esa campana está colocada intencionadamente, y tiene que ver con el modo en que recuerda la protagonista la conversación con el doctor. Cuando veo la película como espectadora, siento que me llega una frase del doctor de paliativos, que la presencia de la muerte hace la vida un poco más interesante. El sonido de esas campanas lleva al personaje hacia ese lugar.

La relación con la muerte cambia, como me imagino que cambiará cuando lleguemos a vivir hasta los 150 años. [risas] Con el cambio de la esperanza de vida. Ojalá que la película sea como un mensaje lanzado en una botella hacia el futuro, para que vean cómo vivíamos la muerte en el 2024.

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Decía que tu película es una historia de amor. Porque tenemos una relación rota, de la que con inteligencia no se nos explica el por qué, pero hay unos momentos luminosos que están tan a gusto, como el de los fósiles. Es como recuperar algo que se tuvo en el pasado.

Totalmente. Me he esforzado en que fuera amor, no amor romántico, sino amor grande. Del relato de Eider me he quedado con algo que todos hemos experimentado, haber tenido alguien que fue muy importante en nuestra vida, y que por razones varias, por un enfado o lo que sea, desaparece de nuestro paisaje y se convierte en un desconocido. Y cuando estamos ante un momento de máxima vulnerabilidad, lo que prima es el amor que tuvieron, no el romántico, sino el otro, por encima de los rencores.

Al final, el amor es lo intrínseco a la humanidad. Me parecía importante no llevarlo hacia el amor romántico. Quería hacer hincapié en que esas dos personas han estado un tiempo, que no se especifica, sin hablarse, pero se querían, como seres humanos. Y se necesitaban. Y también el personaje de Nacho [la nueva pareja de la protagonista] también quiere a Isabel, sabe dar un paso hacia atrás, aunque le duela, para darle su espacio. E Isabel quiere mucho a su hija Madalén, y hace ese esfuerzo [de cuidar a su ex] por ella. Me encanta pensar que la película habla sobre el amor, y sobre gente buena, buenas personas, y el amor que se deben unos a otros, no sólo una a su ex y viceversa, sino todos. Hombres y mujeres. Me apetecía que todo estuviera en la película, porque tiene que ver con mi forma de entender el mundo. Y desearía que el mundo fuera así.

Háblame de los actores. Cómo llegas a Patricia López Arnaiz,, que tiene un personaje tan difícil. Es una actriz que ha crecido muchísimo.

Con Patri mi primera conexión es verla en otras películas. Coincidimos en el año de Las niñas, en que ella tenía Ane. Es muy talentosa, tiene una capacidad asombrosa de transformarse, y tenía muchas ganas de trabajar con ella. Sentí que confiaba en mí, se puso en mis manos, vino a decirme que “tú tira, que yo voy detrás”, lo que es maravilloso para un director. Hablamos también mucho con Antonio, con Marina y con Julián, no tanto sobre el guión, como en lo que habían vivido los personajes, aunque no aparezca en la película. Ellos tenían muy claro lo que había sucedido, cómo se habían conocido, por qué se habían separado, generamos toda esa historia.

Todos tienen una dilatada carrera actoral, aunque para Marina sea la primera película, ha hecho mucho teatro, y yo les pedí incorporar cosas que surgieran, anécdotas, cosas que surgen en los ensayos, una forma de hacer que estaba en Las niñas y La maternal. Ibamos reescribiendo por así decir el guión juntos.

Antonio de la Torre y Julián López componen los personajes masculinos de más entidad quizá de tu filmografía, y además no son los que cabría esperar de ellos, has sido valiente ahí.

Quería arriesgarme. Por un lado me gusta buscar actores que tengan que ver con los personajes escritos. Patricia tiene mucho de Isabel, y yo también. Ella vive en el campo, es una mujer todoterreno, muy vulnerable, muy humana, muy empática. Quizá es la persona más empática que he conocido en mi vida. Lo mismo me pasó con Madalén y con Marina [Guerola], con esa sonrisa que me cautivó cuando la conocí. Me transmitía una pureza y honestidad...

Y a Julián le conocí cuando estaba escribiendo el guión. Me parece por supuesto un maravilloso actor de comedia, soy muy fan de Muchachada Nui, pero lo que me sorprendió al conocerle es que es muy sensible y que está muy atento a cómo se siente la persona que tiene enfrente. Te pregunta cómo estás si nota algo, y esto lo hace muy poca gente. A veces no vemos más allá de nuestras narices. Y eran características del personaje de Nacho. Nacho toca la trompa en la película, porque Julián en la vida real toca la trompa.

Y Antonio de la Torre es fuerte y carismático, y aquí sí me planteé que colocarle haciéndole perder 30 kilos, era que sintiéramos que es muy vulnerable. Acostumbrados a verle en papeles tan diferentes... Pero así la vulnerabilidad se iba a sentir más.

Puede que luego las cosas no sean exactamente así, que sea una proyección mía de cómo los veo, pero yo lo siento así. Y luego en los ensayos y en el rodaje, hay que reescribir y reescribir, con expresiones suyas, que las introducimos. Había muy bien ambiente.

Finalmente, hablemos de Marina, es su primera película, y ya antes has descubierto o dado su primera oportunidad en cine a nuevas actrices. ¿Cómo vives esto?

Con mucha ilusión. Marina, que ha estudiado arte dramático, soy consciente de que para ella, trabajar con los otros actores es darle una gran oportunidad. Ella ha sido muy valiente. Al principio tenía un poco de miedo de que se sintiera pequeñita o insegura, Pero nada de eso. Además, es una gran responsabilidad, especialmente en los casos anteriores en que trabajaba con menores. Porque ser actor o actriz es muy difícil, es un trabajo muy a largo plazo. Quizá lo bueno de las chicas con que he trabajado y que comparten es que todas tienen muy bien asentados los pies en la tierra.

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