El director de "El reino de los cielos" tiene 68 años, pero nadie lo diría contemplando su look casual y su agilidad de movimientos. Ridley Scott habla con seguridad, pero sin engolamiento ni superioridad, simplemente como alguien que conoce su trabajo a la perfección.
Aunque se huye del maniqueísmo, la película se inclina a favor de Saladino, a quien se retrata como alguien justo y tolerante, en contra de los templarios, mostrados prácticamente como asesinos. ¿Podría comentar este enfoque de la película?
Desde pequeño me han encantado las películas de caballeros, los clásicos de Kurosawa... Pero lo cierto es que las cruzadas están muy idealizadas. En realidad eran guerras bárbaras. Lo típico ha sido siempre mostrar a los buenos muy buenos y a los malos muy malos, pero la realidad era muy distinta. Junto al guionista William Monahan decidí contar la historia de lo que sucedió en la época de paz que hubo entre la segunda y la tercera cruzada. Saladino era entonces un caballero musulmán, modelo de ética, también para los europeos. Y lo que pasa es que en esta película él representa a los musulmanes.
Sin embargo, el mensaje parece algo partidista…
Mi película tiene un mensaje de tolerancia. Para cada uno de los personajes, el contrario es el infiel… De todas maneras, los cineastas hemos de condensar el relato en dos horas y media, mientras que los historiadores cuentan con tantas páginas como quieran y no pueden permitirse especular. Yo, en cambio, no puedo callar lo que no sé, sino que estoy obligado a rellenar…
La película habla del cristianismo… ¿Podría comentar la relación de ese cristianismo de la película con el actual?
Yo soy agnóstico. Will también, y los dos nos hacíamos la siguiente pregunta: ¿Por qué me resulta difícil aceptar la fe que me enseñaron? Hay un personaje, el del caballero hospitalario interpretado por David Thewlis que estaba tan seguro de su fe que le hacía gracia que alguien pudiera dudar… En aquel tiempo era impensable dudar. Pero, hoy, ¿por qué están las iglesias vacías? Hoy se puede dudar. Y es que la fe de antes requería disciplina y esfuerzo, cosas que hoy en día brillan por su ausencia. En este sentido, es una cosa buena lo que ha sucedido en Roma recientemente [a la muerte de Juan Pablo II]. Entonces pensé con optimismo que quizá ahora los jóvenes se interesan por cosas más hondas que el fútbol y el rap.
Háblenos del rodaje en España…
Yo ya había trabajado en España, haciendo anuncios y filmando con Gérard Depardieu en la película 1492. La conquista del paraíso, y decidí regresar. Aunque en la película se hace referencia a Francia, la verdad es que el mejor castillo de la película es el de Loarre, que está aquí. También la mejor arquitectura sarracena estaba en Sevilla.
¿Por qué no hay judíos en la película?
Todos los judíos me hacen la misma pregunta… Es una broma. No hay judíos en la película simplemente porque en ese momento de la historia eran los musulmanes quienes iban a recuperar Jerusalén.
¿Cómo fue el fichaje de Orlando Bloom? ¿Qué opinión le merece su trabajo?
Ya le conocía del rodaje de Black Hawk derribado. Mi trabajo es descubrir gente. Ver quién sirve, porque en una película o coges a un actor muy taquillero o, si no, tienes que estar muy seguro. En el caso de Orlando, se trata de alguien inocente, pero no ingenuo. Y aquí, como en Troya, su personaje tenía esa inocencia. Debía de ser un tipo corriente, con un aire discreto y humilde.
Usted ha dirigido Gladiator, Black Hawk derribado, El reino de los cielos… ¿Por qué le gustan tanto las película épicas?
Del director es de quien depende que una película sea épica o no. Él decide qué tipo de lienzo quiere pintar, aunque lógicamente la trama también cuenta. A mí como espectador siempre me han encantando las películas a gran escala, esos filmes de John Ford o David Lean, con paisajes tan espectaculares que llegan a convertirse en otro personaje.
