A la hora de interpretar, tiene esa fuerza devastadora de los mejores actores que proceden de la escena británica. John Hurt es uno de esos intérpretes ‘de toda la vida’, con títulos brillantes como Alien, el octavo pasajero, El hombre elefante y El expreso de medianoche. Ha ofrecido interpretaciones irrepetibles a lo largo de casi cinco décadas de carrera. Y aunque en todo ese tiempo también le ha dado tiempo a participar en películas no tan míticas, incluso en esos casos extremos él es siempre “lo único salvable”. En persona es un tipo fascinante que refleja que tiene mucha vida a sus espaldas, como Seldom, su personaje en Los crímenes de Oxford, la película que ha rodado a las órdenes del español Álex de la Iglesia.
Su personaje cree que no se puede acceder a la verdad. ¿Cómo ve usted el punto de vista sobre la vida que tiene Seldom?
Esta pequeña reflexión sobre la certeza que propone el film fue lo que me decidió a aceptar convertirme en el protagonista. A nivel del personaje, él piensa que no se puede llegar a la verdad. Quizás sabe demasiado. Lo sabe casi todo, así que ya no cree en nada, y desconfía de todo el mundo. Intenta evitar el dolor de la vida refugiándose en los libros y se ha convertido en un escéptico. Piensa que sólo se puede llegar a la verdad matemática.
A nivel personal, pienso que esta convicción del personaje es una pequeña falacia. Creo que las matemáticas son una creación de los humanos para estudiar la realidad. Y como es una invención del hombre, tampoco es una verdad absoluta. Por lo demás, estoy de acuerdo en que una cosa es la percepción y otra el hecho en sí.
Cuenta Álex de la Iglesia que cuando se entrevistó con usted por primera vez, había escrito numerosas anotaciones en el guión. Al parecer, se había documentado mucho sobre su personaje. ¿Siempre es usted tan exhaustivo?
No necesariamente. Es parte de la preparación del personaje. A veces no lo necesito, porque dejo un mayor margen a la improvisación. Otras veces, como en este caso, llevo anotado todo lo que es necesario que memorice, como el texto, las acotaciones o cualquier detalle pequeño. Estuve investigando mucho sobre Oxford y sobre las matemáticas, y tenía muchísimas ideas, así que las anoté todas para poder utilizarlas posteriormente.
Aunque lleva una extensa carrera a sus espaldas, ¿un personaje como éste sigue representando un reto atractivo para usted?
Sigo emocionándome como el primer día. Lo que me gustó de este film es que Seldom es un personaje muy difícil, porque piensa una cosa y dice otra. Está reaccionando sobre la marcha. Esto lo hacía bastante complejo de interpretar, porque había que transmitir esta idea al espectador. Se le puede ver improvisando delante de la cámara a tiempo real.
Su personaje atrae a una mujer muy atractiva, Lorna, interpretada por Leonor Watling. Ella se siente embelesada, porque su personaje es un profesor fascinante. ¿Cómo ve usted esta relación? ¿Qué ve ella en usted?
Se supone que debe sentirse atraída a nivel intelectual. Esto es bastante complejo de interpretar porque no se puede explicar con palabras. Se tiene que sugerir a través de nuestras interpretaciones. Era un poco difícil conseguir que se entienda esto, porque el personaje de Leonor y el mío aparecen durante toda la película en lugares distintos. Pero tenemos juntos un momento clave. El día en que teníamos que rodar esa escena, tenía mis dudas de que todo saliera bien. Apenas lo habíamos preparado. Y sin embargo, conectamos enseguida tan bien, que pienso que logramos transmitimos lo que no se dice, pero que se tiene que entender. Es una gran actriz.
¿Está contento con la película ahora que está terminada?
Creo que merece la pena, porque transmite que hubo buen ambiente durante el rodaje. De hecho, ha sido muy satisfactorio para mí trabajar con Álex de la Iglesia, y me gustaría volver a interpretar a un personaje en una película suya.
Uno de sus mejores trabajos recientes es Disparando a perros, donde interpreta a un sacerdote católico. ¿Cree que tuvo mala suerte esa película a nivel comercial?
Creo que el director hizo una buena película, y me han hecho comentarios muy elogiosos aquellos que la han visto. Pero entiendo que no funcionara del todo bien. El público quedó muy conmocionado con Hotel Rwanda, que fue anterior e iba sobre el mismo tema, el genocidio ruandés. Mucha gente me ha dicho que le impactó tanto Hotel Rwanda que se resistían a volver a meterse a ver otro film sobre el mismo tema, a pesar de su alta calidad.
Efectivamente, soy consciente de que se trata de una película dura, que cuenta una tragedia terrible. Sin embargo, animo a todo el mundo a intentar recuperarla porque es un film muy positivo, que muestra los actos de bondad enormes que es capaz de llevar a cabo el ser humano.
¿Se aparta mucho de usted ese personaje, el cura católico, como persona? ¿Es usted religioso?
Pues aunque no profeso ninguna religión, nunca me he declarado agnóstico ni ateo. Soy bastante creyente. Supongo que todo me viene por mi padre, que era pastor anglicano, pero nunca he tenido dudas acerca de la existencia de Dios. Es cierto que no soy practicante. Se puede decir que no me siento adscrito a ninguna religión. Supongo que a través de ellas se puede llegar a la verdad, son útiles, tampoco tengo nada en contra de ellas.
Sé que no me va a decir nada pero tengo que intentarlo. En Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, ¿es usted Abner Ravenwood, padre de Marion? ¿Es quizás el mentor de Indiana Jones?
¿Ah, sí? Supongo que ese dato es conocido, pero yo no voy a afirmar ni desmentir nada. Todas las películas son mejores vistas en el cine que si alguien te las cuenta, así que no voy a desvelar nada que se supone que tiene que ser una sorpresa. ¿Soy un profesor universitario? ¿Soy el mentor de Indiana Jones? Quizás sí, quizás no.
Fue Spielberg el que me pidió que mantuviera la boca cerrada. Sólo puedo decir que nunca había trabajado con él, ni le conocía personalmente. Me llamó y fue una situación increíble para mí, encontrarme de repente hablando con el mismísimo Steven Spielberg. Me dijo que me fuera con él a rodar la película en Perú. Curiosamente, le dije que me lo pensaría. Cuando lo contaba me dijeron que cómo era posible que me pudiera pensar dos veces algo así. No es fácil intentar explicarme. Yo estaba convencido de que era una gran oportunidad, sabía que es un director excepcional, que tenía actores de primera a sus órdenes. Me interesaba el proyecto. Pero aún así, hay que pensarse mucho todo antes que decir que sí.
¿Le ha quedado bien la película a Steven Spielberg?
Puedo asegurar que está al nivel de las películas precedentes. Si es incluso mejor, eso tendrá que determinarlo el público. Pero vamos, aquel que haya disfrutado de las anteriores entregas de Indiana Jones debe ir a verla.
Dos de sus mejores papeles son personajes reales, Calígula (Yo, Claudio) y John Merrick (El hombre elefante). ¿Se siente especialmente motivado cuando su personaje existió realmente?
Me gustan los personajes reales, pero a la hora de la verdad sigo el mismo método a la hora de interpretarlos que con los personajes de ficción. Hayan existido o no, me toca hacerlos creíbles para el público, y para ello debo usar mis propios recursos e improvisar cómo se comportaría más o menos. Por eso, nunca intento imitar al personaje real, sino que realizo una creación del personaje normal y corriente.
Anda muy centrado en el cine. ¿Echa de menos el teatro?
Es más que eso. Necesito el teatro. No sólo yo, creo que cualquier actor lo necesita. Si no volviera de vez en cuando a subirme encima de un escenario, me habría agotado. El teatro es la esencia de mi profesión. Lo mejor que me aporta el teatro es poder ser testigo de la reacción del público. Creo que en el cine doy mucho de mí mismo, porque me esfuerzo para poder dar lo mejor. Pero en el teatro doy y recibo. Puedo observar cómo se recibe mi actuación. Es menos frío que la gran pantalla. Y los aplausos son el alimento del actor.
