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Paz Vega habla a la perfección el "Spanglish"

Cuando Mª Paz Campos Trigo, conocida profesionalmente como Paz Vega (Sevilla, 1976), debutó con un papelillo en la telecomedia "Menudo es mi padre", no podía imaginar que se estrenaría en Hollywood con un rol destacado. Y menos que le requeriría un realizador como James L. Brooks, autor de "Mejor... imposible", un director tan meticuloso como eficaz. Con su Flor en "Spanglish", Paz Vega ha seducido a Hollywood y puede suponer su despegue a nivel internacional.

Paz Vega habla a la perfección el "Spanglish"...

¿Te has planteado ser la nueva Penélope Cruz e irte a EE.UU.?

Me han comparado muchísimo con ella, sobre todo en la prensa, pero el tiempo pondrá las cosas en su sitio, cuando se vea que nuestras carreras son completamente diferentes. En primer lugar, no me voy a ir a vivir a Hollywood como ella. Me gustaría volver al cine estadounidense, pero mi objetivo es seguir trabajando en Europa. Yo tengo mi vida en Madrid y Sevilla, y no voy a sacrificarla para intentar convertirme en estrella de Hollywood. Yo estaba tan contenta aquí, pero vino la oportunidad de rodar Spanglish, que pienso que es una gran película, y no iba a decir que no. No tengo claro qué haré en el futuro, pero leo muchos guiones y rodaré los que me conmuevan.

Ningún actor español, ni siquiera Antonio Banderas, ha tenido un debut tan brillante en Hollywood, como protagonista en una comedia de primera categoría.

Lo que me ha pasado es una suerte, soy consciente de ello. Tengo que darle las gracias a la Virgen del Rocío. Ni siquiera hablaba inglés, y he rodado la película sin hablar inglés. Parece que esto le venía muy bien al personaje, que tampoco hablaba inglés, y Jim [el director] confió en mí. Fue muy curioso. Yo estaba rodando Di que sí, una comedia que ha tenido éxito, producida por Columbia España. Una productora de la empresa, Iona de Macedo, insistió mucho en que hiciera una prueba para Spanglish. A mí me parecía imposible. Primero porque estaba rodando, y también porque no quería hacer una prueba en inglés sin saber inglés. Iona me dijo que en los ratos libres del rodaje grabara una cinta, que ella me ayudaría con el idioma, así que en unos días mi marido me hizo una grabación y la mandamos. Nos respondieron enseguida. Dijeron que James L. Brooks me quería ver en persona. Así que en medio de la promoción de Di que sí, viajé rápidamente un domingo a Los Ángeles, para entrevistarme con el director. Fueron cinco horas de prueba. Yo llevaba preparadas dos escenas y él me hizo interpretar todo el guión. No me acordaba del resto del papel porque sólo lo había leído una vez, pero le daba igual, me pidió que improvisara.

Me acuerdo que salí con buen sabor de boca, porque cuando terminamos, con ayuda de un traductor, le dije que para mí había sido un gran día, porque aunque no me escogiera, había merecido la pena conocerle. Me respondió que para él también había sido un gran día. No sabía qué le estaba diciendo Jim a los miembros de su equipo, pero por las caras les veía animados.

¿No tenía miedo por hacer una prueba sin saber inglés?

No, porque no tenía nada que perder. Me lo tomé como una aventura. Cuando mandé la cinta pensaba que no tenía ninguna posibilidad, pues ni siquiera vivía allí. Y además, sabía que se habían hecho varios castings y Jim había visto a alguna actriz destacada. Puso un anuncio en el periódico y en internet y vio a intérpretes latinoamericanas e italianas. Lo que pasa es que cuando faltaba poco tiempo para el rodaje, todavía no estaba seguro de quién e interpretaría a Flor. Yo llegué la última, pero tuve mucha suerte.

¿Fue duro el rodaje, teniendo en cuenta sus dificultades de comunicación?

Lo cierto es que fue muy agradable. Como no hablaba, resulta que todo el mundo intentaba comunicarse conmigo, con gestos o chapurreando palabras. Descubrí que todo ayuda a la comunicación. Por ejemplo, las miradas te dan datos. Fue una experiencia distinta, muy bonita. Después he empezado a estudiar el idioma, y he llegado a dar entrevistas a los medios de comunicación estadounidenses en inglés. Me queda mucho por aprender, pero me decían que había cogido muy bien el acento.

¿Destacaría el trabajo de alguno de los actores que le acompaña en el film?

Me quedo con Téa Leoni. Ha tenido que sufrir, porque Jim era muy perfeccionista, y le hacía repetir muchísimo las tomas. Pero creo que ha merecido la pena, porque ha hecho un trabajo maravilloso.

¿Se llevó bien con el equipo?

Tan bien que incluso lloré al final del rodaje. Tras mi último plano me aplaudieron, como es tradicional. Esta vez, la gente estaba muy emocionada. La script lloraba, y Jim no podía hablar. Me dio un abrazo enorme, me puso algo en la mano, y se fue. Al subir al coche, porque tenía que coger un avión para volver a casa, vi que lo que me había puesto en la mano era un anillo, de regalo, y una carta, con un texto muy emotivo. Me decía que era la única que podía interpretar al personaje, porque había buscado por todo el mundo.

¿Hay algo de sí misma en Flor, su personaje?

Yo no soy mexicana, ni madre, como ella, y lo más importante del personaje es su relación con su hija. Pero yo he vivido una relación parecida con mi madre, así que pienso que le he puesto cosas muy personales al personaje. Además, Jim estaba abierto a propuestas.

¿Sentía presión por interpretar a una mexicana siendo española?

Me sentía como una intrusa, porque sé que había actrices mexicanas que habían competido por el papel. Pero al final pensé que esto era como hacer de asesino. No hace falta contratar a un asesino de verdad, sino que un actor llega y finge que lo es. De igual forma, si yo tenía que hacer de mexicana, mi deber consistía en resultar lo más creíble que fuera posible. Después he hablado con los distribuidores mexicanos, que han visto la película. Salieron encantados de la proyección. Yo tenía miedo de que mi acento no resultara creíble, porque me habría cargado la película, pero a ellos parecía gustarles. Textualmente me dijeron que no sabían cómo lo había hecho, pero que lo había conseguido. Yo creo que es por ser de Sevilla, porque nuestro acento es más dulce, y se parece más al acento hispanoamericano. A ellos, los españoles les suenan muy duros, pero a mí me decían que no hablaba como una española. “No suenas como Penélope”, me decían. El habla del sur es más suave y por ello, más parecido al mexicano.

¿Cómo lo preparó? ¿Estuvo en México?

No conozco México. Me da hasta vergüenza decirlo. Tuve como asesoras a varias mexicanas que me ayudaron mucho. Las había de todo tipo, mujeres que hablaban muy bien el inglés, y otras que apenas eran capaces de pronunciar un par de palabras. Me ayudaron mucho, no sólo para imitar el acento, sino también para captar el espíritu de Flor, mi personaje.

Ha dicho que Brooks era un perfeccionista. ¿Fue pesado trabajar con él? ¿Hacía muchos ensayos?

Creo que su secreto no es ensayar mucho, sino que tiene mucho trato personal con los actores. Le encanta tenerlos cerca y estar mucho tiempo con ellos. Aunque acabáramos tarde de rodar, me llamaba por teléfono por la noche, para contarme cosas del día siguiente. No cabe duda de que su punto fuerte son los actores. Eso sí, te exige muchísimo. A veces no tiene claro cómo va a montar la escena, y nos hacía repetir una y otra vez la misma escena de formas diferentes. Hasta setenta veces he llegado a decir la misma frase. También hemos estado tres días repitiendo la misma escena en un coche. Él es incansable, y puede llegar a ser agotador.

Me ha hecho aprender muchas cosas. Es una persona que te obliga a concentrarte mucho en tu trabajo. Es un gran comunicador, que habla con metáforas. Para él, su película es como si fuera un hijo, y es superprotector. No pasa por alto nada. En una escena en la que tengo que correr, estuvo hablando con un atleta, y le preguntó cuáles eran los síntomas en una mujer cuando está muy cansada.

¿Recuerda algún momento en especial de su estancia en Estados Unidos?

Sobre todo el estreno del film. Me hizo ilusión que estuvieran mis padres, que nunca habían estado en EE.UU. y fueron con mi hermana. Estaba rodeada de mi familia y de mis amigos, tanto que parecía que el estreno era en la Gran Vía madrileña. Mi padre se hizo íntimo amigo de Jack Nicholson. Se pusieron a hablar. No sé cómo, porque mi padre no habla inglés, pero el caso es que se entendieron a la perfección, y se hicieron una foto juntos.

El otro lado de la cama fue uno de sus grandes éxitos. ¿Cómo es que no ha protagonizado la secuela que se acaba de rodar?

Por culpa de Spanglish. El rodaje era antes de que empezara el de la segunda parte de El otro lado de la cama, pero me coincidía con la promoción. He dado entrevistas en Estados Unidos, pero después he empezado una gira que me llevará a México y hasta Sidney. Me ha sido imposible.

¿Algún proyecto de cine español?

Hasta ahora ninguno que me interese, así que de momento sólo rodaré nuevos episodios de Siete vidas. Creo que el cine español está en crisis, fundamentalmente por la escasez de guiones. Yo soy productora también, y no me llegan textos que me sorprendan. Es una pena, porque tenemos actores maravillosos, grandes técnicos, y directores de primera. Pero faltan ideas. Yo no voy a rodar un guión que me aburra, porque lo pasaría muy mal.

Quizás el dinero es también un problema, porque los presupuestos suelen ser muy bajos. En EE.UU. una producción mediana cuesta 70 millones de dólares, y aquí con dos millones de euros tienes que hacer una película. Pero creo que nosotros sabemos hacer cosas con poco dinero. James L. Brooks no se creía que Carmen, que era una película de época, se hubiera rodado en doce semanas, y con una sola cámara, cuando él tenía cuatro cámaras para una secuencia en un coche.  Amenábar ha hecho películas maravillosas  a veces con pocos medios, porque tiene mucho talento.

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