El Festival de Cannes va cogiendo carrerilla, y llegan los primeros títulos franceses a concurso, dispuestos a demostrar que su presencia mayoritaria está mediamente justificada. Pero entretanto, Pixar prueba que aún puede subir más su personal listón de grandísimas películas.
Después de que Pixar no entregara ninguna película en 2014, y tras los anuncios de varias secuelas de sus títulos más populares, ya había agoreros con los cuchillos afilados anunciando el final del liderazgo artístico, creativo y taquillero de la compañía que sacan adelante John Lasseter y compañía, otro bonito cadáver a enterrar. Craso error, pues los sesudos espectadores de Cannes parecen estar más encantados con Del revés que con otros títulos supuestamente audaces e innovadores.
La idea de mostrar cómo funciona la cabeza de una niña de once años, el modo en que interactúan sus sentimientos y emociones en su linda cabecita da pie a una formidable y atrevida película, que nos hace entender que lo importante es siempre la historia, un guión bien cuidado, que explora a la postre el espíritu humano, y es que no hacen otra cosa títulos tan imaginativos como Ratatouille, WALL·E o Up, por cintar algunos de los más sorprendentes. Lo llamativo es que no sólo tenemos unos deliciosos personajillos y un estupendo punto de partida, sino que la entera narración es una continua y deliciosa sorpresa. 95 minutos bastan y sobran para conmover, algunos pesados deberían tomar nota.
Pero en fin, demos cuenta del cine francés. Para empezar tenemos La ley del mercado, donde un trabajador en paro, el gran Vincent Lindon, se recicla como detectiva, reinventarse o morir, así anda este mundo facundo. Su punto de vista moral está en juego, de un modo parecido a como ocurría con tantos personajes de la película de los Dardenne vista el año pasado en Cannes, Dos días, una noche. Eso sí, como las comparaciones son odiosas, alguien dirá que al film de Stéphan Brizé le falta el toque autoral que exige un festival como el de Cannes, pero lo cierto es que eso no quita para que sea un film disfrutable y que hace pensar.
Por su parte la actriz directora Maïwenn está detrás de Mon roi, historia de amor y desamor, o sea de dolor, donde para lograr el primero hay que estar dispuesto a combatir el segundo, lo que vale, cuesta, o eso se suele decir. La pareja protagonista, con terapia incluida, se mueve en la tesitura de admitir que el sufrimiento nos puede hacer mejores, o resignarse a lo absurdo que es todo, pasarlo mal no serviría para absolutamente nada. Emmanuelle Bercot y Vincent Cassel escenifican esta disyuntiva, que algunos críticas han tachado de reduccionista, pero que tien sin duda su punto de verdad.
Con Louder than Bombs, Joachim Trier se sumerge en el trauma que no acaban de superar un viudo y sus dos hijos, después de que esposa y madre, fotógrafa de guerra, perdiera la vida cubriendo un conflicto bélico. La trama del cineasta danés suena a conocida, y en su ejecución es un tanto fría, pero lo cierto es que sabe insuflar vida a los personajes, sus comportamientos son creíbles. El reparto internacional es fantástico, con Isabelle Huppert –que está presenta en la sección oficial por partida doble–y David Strathairn entre otros.
