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Festival de San Sebastián 2015

Otra vuelta de tuerca al thriller y al terror

Festival de San Sebastián 2015, 18 de septiembre: Amenábar da miedo practicando regresiones

Por fin ya es viernes. Y por fin es 18 de septiembre, el día en que echa a rodar la edición 63 del Festival de Cine de San Sebastián, con una agradable temperatura decididamente otoñal. Para la inauguración se ha apostado por cine español comercial, el valor seguro de un Alejandro Amenábar que vuelve a transitar por el territorio del miedo.

Festival de San Sebastián 2015, 18 de septiembre: Amenábar da miedo practicando regresiones

Este verano conocí a un veterano médico, de dilatada experiencia en la profesión, que me contó cómo desde hace unos pocos años ha descubierto la técnica de la regresión para curar enfermedades. Aseguraba haber tenido muchos casos exitosos en la eliminación de tumores, que estarían causados por experiencias más o menos traumáticas del pasado que hay que sacar a la luz para conseguir su regresión. Escuché su explicación, lo confieso, con algo de escepticismo, aunque me gusta tener siempre la mente abierta. En cualquier caso, dijo, le costaba dar abasto para atender al numeroso público que pedía hora en su consulta.


Curiosamente este hecho coincide con la llegada a las pantallas de la última película de Alejandro Amenábar, Regresión, escogida para inaugurar el Festival de Cine de San Sebastián por empeño personal de su director, José Luis Rebordinos, que antes fue responsable de la Semana de Cine Fantástico y de Terror donostiarra, está claro que le hacía ilusión arrancar con una cinta de género.


Se trata de una historia de ritos satánicos ambientada en los Estados Unidos de los años 90, y basada vagamente en casos reales. Amenábar vuelve a rodar en inglés, él escribe y dirige este film, que cuenta con un atractivo reparto internacional encabezado por Ethan Hawke y Emma Watson; y regresa un tanto a sus orígenes, el thriller inquietante, capaz de incomodar al espectador. Las snuff-movies de Tesis y los fantasmas de Los otros dan paso en Regresión a los demonios. Y nuevamente el cineasta demuestra que se encuentra instalado en su personal bucle melancólico, el de quien educado en el catolicismo, desembocó primero en el agnosticismo y luego en el ateísmo, posturas especialmente nítidas en Mar adentro y Ágora. Una vez más, los creyentes no salen demasiado bien parados en su cine, aunque aquellos personajes de su film que logran racionalizar su terrible experiencia no podrían describirse exactamente como felices o satisfechos, su “sabiduría” no deja de provocarles una terrible desazón.


Bruce Kenner es un detective de la policía que investiga los supuestos abusos sexuales sufridos por la joven Angela Gray de parte de su padre en una pequeña población de Pensilvania. Un psicólogo, el doctor Raines, ayuda a Bruce aplicando su terapia de regresión al presunto verdugo y a su víctima para averiguar la verdad. Todo indica que el caso está ligado a un terrible y sangriento culto al diablo, en el que se habría visto enredada la familia Gray, que para solucionar los problemas de su hogar desestructurado se habría refugiado en la fe, con la ayuda del pastor de su iglesia.


Amenábar cineasta es como una esponja que ha sabido “chupar” lo mejor del cine de terror psicológico, huellas de La semilla del diablo, El exorcista o el primer cine de su coetáneo M. Night Shyamalan se detectan en su película, cuyo mejor logro es la creación de una atmósfera desasosegante. De todos modos lo que pierde al cineasta es su carga ideológica demasiado obvia; y no me refiero sólo a la “cuña sodomita”, el caso es que no puede haber demasiado margen para la sorpresa en las tramas que orquesta si se trata de lanzar puyas a los seguidores de una religión, y loas a los capaces de sobreponerse a semejante lastre. Quizá lo más novedoso es que amplía todavía más el campo de la desconfianza. Así, en el pertinente desenlace más o menos sorprendente, y un tanto abrupto, riza el rizo de la incredulidad. La religión, la ciencia, las personas, de mente y voluntad frágiles, ¿en quién se puede creer? ¿En el individuo? ¿En uno mismo? ¿Cómo saber que no nos engañamos? Sólo quedan la oscuridad, el vacío y el miedo, y procurar sobrevivir con ellos.

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