Aunque han surgido en los últimos años nuevos técnicos, durante décadas resultaba complicado encontrar una película española cuyos efectos especiales no fueran obra de Reyes Abades. El extremeño ha fallecido a los 68 años, según ha informado la Academia de Cine sin entrar en más detalles. Una semana antes, el 25 de enero, había aparecido públicamente en la gala de los II Premios Extrecine, donde se le premió por toda su trayectoria.
Nacido el 25 de julio de 1949 en Castilblanco (Badajoz), Reyes Abades Tejedor en el seno de una familia muy humilde, que por falta de recursos tuvo que emigrar, primero a Madrid, después a diferentes países, como Francia y Bélgica, donde él mismo tuvo que ejercer diversos oficios.
Por su enorme capacidad de observación fue aprendiendo la técnica de los efectos especiales, desde que se inició en la profesión, en septiembre de 1968, como aprendiz en series internacionales, y superproducciones como Patton. Se curtió en series como Curro Jiménez, y alcanzó un enorme prestigio en el sector audiovisual con el programa televisivo La segunda oportunidad, donde recreaba accidentes de tráfico.
En 1979 funda su propia empresa, Reyes Abades Efectos Especiales S.A., con la que se pone al frente de lo que él recordaba que llamaban “defectos especiales”, ya que por norma general su presupuesto era nimio. Tras títulos emblemáticos del cine español como Los santos inocentes, o La vaquilla, acomete el que consideraba su rodaje más complicado, Los señores del acero, pues el holandés Paul Verhoeven, director del film, resulta ser excesivamente exigente.
Le solicitaban bastante para producciones extranjeras rodadas en España, como 1942: La conquista del paraíso o Che: Guerrilla, y trabajó en grandes eventos, como cuando amañó el pebetero que se encendía con una fecha flamígera, en la ceremonia de apertura de Barcelona 1992, donde su mayor mérito consistió precisamente en que nadie se dio cuenta de que había truco. Al parecer tuvo que dedicarle tres meses a la saeta de marras que lanzaba el arquero Antonio Rebollo, pues no conseguía que permaneciera encendida hasta que prendiera el gas. Conservaba el proyectil en sus oficinas. Los brillantes resultados forman parte de la historia de España.
Trabajó en trescientas producciones, entre las que destacan El laberinto del fauno, o Alatriste, por lo que Reyes Abades a veces no podía pasar con los suyos todo el tiempo que hubiera querido. “En realidad, como dice mi esposa, vivo para trabajar y no trabajo para vivir”, declaraba con sorna. Se sentía muy orgulloso porque dos de sus cuatro hijos trabajaban con él en su empresa, continuando su legado. Puede ganar su décimo Goya a título póstumo, por Oro o Zona hostil.
