Destacó en el terreno de la ciencia ficción, pues compuso los decorados de “El planeta de los simios”, y logró tres candidaturas al Oscar. El director artístico William J. Creber ha fallecido a los 87 años en Los Ángeles como consecuencia de una neumonía. “Fue el hombre que diseñó y luego volcó los cruceros, quemó rascacielos y creó toda una cultura de simios", ha declarado Nelson Coates, presidente del Gremio de Directores Artísticos. “Aunque su última película se rodó hace 21 años, siguió siendo una influencia vital en la industria”.
Nacido el 26 de julio de 1931 en Los Ángeles, William J. Creber fue el segundo de los tres hijos de Lewis Creber, que formaba parte de la plantilla de decoradores de Fox, estudio para el que trabajó en cintas como La ley del talión. Recuerda que cuando tenía cinco años ya acompañaba a su progenitor al set. Se formó como delineante, en Santa Monica City College, antes de servir durante cuatro años, donde aprendió electrónica.
Al salir quería trabajar en una empresa aeronáutica. “Antes de eso, llama a Fox para preguntar si tienen una vacante”, le aconsejó su padre. “Un par de semanas más tarde recibí una llamada del diseñador jefe, que me ofrecía un trabajo como aprendiz, con una paga mejor que la que iba a tener”, recordaba. “Una vez allí me encantó mi labor, y podía ver a los directores trabajando en los rodajes.
Aparece acreditado como director artístico por primera vez en el western Río Conchos. Tras estar trabajando durante un año en La historia más grande jamás contada, lujosa ilustración de los evangelios, con Max Von Sydow como Jesucristo, le nominaron al Oscar en 1966, aunque se impusieron los decorados de El barco de los locos. Volvió a optar infructuosamente al premio de la Academia con La aventura del Poseidón, y El coloso en llamas.
Diseñaba decorados a buen ritmo. “No puedo recordarme en un momento de mi vida en el que no haya tenido un lápiz en las manos”, bromeaba. Destacó en el terreno de la ciencia ficción, sobre todo porque le reclutaron para El planeta de los simios, y sus dos primeras secuelas. También se ocupó de la serie Viaje al fondo del mar, y diseñó la nave de otro hito del género para la pequeña pantalla, Perdidos en el espacio.
El drama deportivo sobre un corredor Sin límite, de 1998, supuso su último trabajo para la gran pantalla. Tras el telefilm The Last Brickmaker decidió jubilarse. El Sindicato de directores de arte le concedió el Premio al Conjunto de toda su carrera en 2005. Le sobreviven su esposa, Sally Queen, y el hijo de ambos, Kenneth Creber, que ha seguido trabajando en la especialidad familiar, en decorados de series como El mentalista.
