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In memoriam

Tras siete décadas de carrera seguía en activo

Fallece a los 96 años Héctor Alterio

Tras siete décadas de carrera, se le consideraba uno de los más prestigiosos actores de lengua española, al triunfar en Argentina, su país natal, y en España, donde se estableció. Héctor Alterio ha fallecido a los 96 años. "Se fue en paz después de una vida larga y plena dedicada a su familia y al arte, estando activo profesionalmente hasta el día de hoy. Descanse en paz", ha informado en un comunicado Pentación Espectáculos, productora de "Una pequeña historia", espectáculo teatral que interpretaba hasta hace unos días.

Héctor Alterio
Foto: Wikipedia

Nacido en Buenos Aires, el 21 de septiembre de 1929, Héctor Benjamín Alterio Onorato pertenecía a una familia de ascendencia italiana: sus padres procedían de Carpinone, en la región de Molise. Debutó en los escenarios en 1948 con "Prohibido suicidarse en primavera", de Alejandro Casona. Tras finalizar sus estudios de arte dramático, fundó en 1950 la compañía Nuevo Teatro, una iniciativa decisiva para la renovación de la escena argentina de los años 60.

Durante casi dos décadas, hasta 1968, Héctor Alterio fue no solo actor sino también motor creativo de un teatro comprometido con el texto, la experimentación y la realidad social. Años después recordaría en una entrevista: "El teatro me enseñó a escuchar, a esperar y a no tener miedo al silencio; sin eso no habría podido hacer cine".

Aunque el prestigio teatral lo acompañó desde el principio, la popularidad le llegó sobre todo a través del cine. Debutó en la gran pantalla en 1965 con Todo sol es amargo, de Alfredo Mathé, y muy pronto se integró en la generación de actores y realizadores que transformó el cine argentino de finales de los 60 y comienzos de los 70. Con Fernando Ayala trabajó en Argentino hasta la muerte (1970), donde encarnaba a un hombre atrapado por la violencia y el fatalismo; con Juan José Jusid en La fidelidad (1970); y con Héctor Olivera en títulos clave como Las venganzas de Beto Sánchez (1972) y La Patagonia rebelde (1974), en la que interpretó a un líder obrero enfrentado a la represión, papel de enorme carga política que contribuyó a que la película obtuviera el Oso de Plata en el Festival de Berlín.

Una colaboración fundamental fue la que mantuvo con Leopoldo Torre Nilsson. En El santo de la espada (1969) dio vida al general José de San Martín, ofreciendo un retrato contenido y humano del héroe nacional; en La maffia (1971) encarnó a un jefe criminal de compleja psicología; y en Los siete locos (1972), adaptación de Roberto Arlt, se movió con maestría en un universo de marginalidad y delirio. El propio Héctor Alterio explicó que Torre Nilsson "me obligó a entender que el cine no es declamación, sino pensamiento interior".

En 1975, mientras se encontraba en España, su vida dio un giro definitivo. Amenazado de muerte por la organización Triple A, que le consideraba subversivo, decidió no regresar a Argentina y establecerse en España, donde más tarde obtendría la nacionalidad. A su exilio se unieron su esposa, Modesta Ángela Bacaicoa Destéfano, y sus hijos Ernesto y Malena, que con el tiempo seguirían sus pasos como actores. Sobre aquel momento dijo: "El exilio no es una elección, es una herida".

Desde su llegada a España, Héctor Alterio se convirtió en una presencia imprescindible del cine de autor. En A un dios desconocido (1977), de Jaime Chávarri, interpretó a un hombre marcado por la memoria y la represión franquista, papel que le valió el premio al mejor actor en el Festival de San Sebastián. En El crimen de Cuenca (1979), de Pilar Miró, encarnó a uno de los campesinos torturados injustamente. Con Jaime de Armiñán brilló en El nido (1980), como un hombre solitario que entabla una relación de amistad con una niña; la película fue nominada al Óscar y le otorgó el premio al mejor actor de la Asociación de Cronistas de Nueva York. Más adelante, con Gonzalo Suárez, participó en Don Juan en los infiernos (1991) y El detective y la muerte (1994), explorando personajes literarios y metafísicos.

Pese al exilio, Héctor Alterio nunca rompió su vínculo con el cine argentino. Fue protagonista en cuatro de las primeras cinco películas argentinas nominadas al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. En La tregua (1974) interpretó a Martín Santomé, un oficinista viudo que descubre tardíamente el amor; en Camila (1984) dio vida al padre de la protagonista, símbolo del poder conservador; en La historia oficial (1985), película ganadora del Óscar, encarnó a un abuelo que busca a su nieta desaparecida durante la dictadura, uno de los papeles más conmovedores de su carrera; y en El hijo de la novia (2001) fue un padre anciano que desea casarse por la Iglesia con su esposa enferma, aportando ternura y humanidad a una historia sobre la memoria y el paso del tiempo.

En televisión dejó una huella especial con la serie Vientos de agua, coproducción hispano-argentina en la que compartió personaje con su hijo Ernesto: Héctor interpretaba al protagonista en su vejez, mientras Ernesto lo hacía en su juventud. Esa continuidad generacional fue, según el propio actor, "una manera de reconciliar pasado y presente sin necesidad de mirarnos a los ojos en escena".

Reconocido con el Goya de Honor en 2004 y el Cóndor de Plata en 2008 por su trayectoria, Héctor Alterio ha sido también un hombre de pasiones sencillas: fue un hincha declarado del club de fútbol Chacarita Juniors, afición heredada de su tío Eduardo Alterio, histórico portero apodado Pibona.

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