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La mujer en la ventana (A.J. Finn, Grijalbo, 544 págs)

Sin libros propiamente de cine que reseñar en estos días vacacionales, merece la pena poner el foco en esta novela del desconocido A.J. Finn, que es puro Hitchcock, un sentido homenaje al mago del suspense, se puede decir que casi cada página contiene guiños y homenajes introducidos con ingenio, y sin caer en el puro mimetismo. La obra está tan lograda que además de convertirse en best-seller, ya tiene en marcha la adaptación cinematográfica. Fox 2000 está detrás de un film que tendrá a Joe Wright como director, además de un reparto de ensueño que incluye los nombres de Amy Adams, Julianne Moore, Anthony Mackie, Gary Oldman, Wyatt Russell y Bryan Tyree Henry. Se ve que Adams está de moda a la hora de adaptar best-sellers intrigantes, pues la pelirroja (que no rubia), ha protagonizado recientemente la miniserie Heridas abiertas, que adapta la novela de Gillian Flynn.

La protagonista es la doctora Anna Fox, psicóloga infantil, de la que la novela de Finn ofrece todo el tiempo su punto de vista. Como padece agorafobia, no sale nunca de su casa desde hace un año. Separada de su marido y su hijita, la enfermedad surgió un año atrás por razones no aclaradas de entrada. Aislada, aparte de los encuentros semanales con su fisioterapeuta y su psiquiatra, y con un inquilino que ocupa el sótano de su casa, sus relaciones sociales se limitan a conversaciones telefónicas esporádicas con marido e hija, y su presencia en redes sociales, donde contacta con enfermos con su mismo mal, a los que ofrece ayuda profesional mediante sencillos consejos. Aunque en realidad no está muy equilibrada, pues mezcla los medicamentos prescritos, tomados desordenadamente, con el alcohol. Así las cosas, tiene dos diversiones favoritas: el cine clásico, del que su favorita son las películas de Alfred Hitchcock y alrededores, y espiar a los vecinos de la casa de enfrente con su cámara.

La trama atrapa, Finn tiene habilidad para crear suspense. Y tanto el personaje principal, como los secundarios, donde cobran importancia los nuevos vecinos, un matrimonio con un hijo adolescente, están bien perfilados. La inmersión en el universo Hitchcock se realiza no sólo con las citas de las películas del maestro que visiona Anna en DVD o en la red, donde aparecen títulos como Vértigo o La sombra de una duda, más títulos que bien podría haber firmado el orondo director como Luz que agoniza, Charada o Terror ciego.

La habilidad del escritor reside también en crear situaciones con reminiscencias del cine de Hitchcock, que evitan en todo momento el puro mimetismo. Por supuesto, el planteamiento inicial remite a La ventana indiscreta, pero mucho de lo que vamos leyendo nos hace pensar en Vértigo, Recuerda, Psicosis, etcétera. Las dudas sobre lo que se ha visto, las lagunas de memoria, los traumas dignos de ser tratados por un psicoanalista, los policías incrédulos, los accidentes, los criminales que se consideran mentes superiores, la indefensión, la aparición del peligro por donde menos se espera... Todos estos elementos asoman y ayudan a componer un rompecabezas que no desagradaría en absoluto a quien, mediante la ficción que nos ocupa, es tan justamente ensalzado.

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