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"Alberto Closas. A un paso de las estrellas", de Francis Closas y Silvia Farriol

Alberto Closas. A un paso de las estrellas (Francis Closas y Silvia Farriol, Cátedra / Colección Signo e Imagen, 386 págs)

Sentido libro acerca de unos de los mejores actores españoles en los escenarios y en la pantalla, Alberto Closas, escrito por su sobrino Francis y por Silvia Farriol. Está recorrido por una idea interesante, que es la de la memoria, la importancia de recordar frente al riesgo cierto del olvido y de la evanescencia. Los autores han sentido casi como una obligación moral, de cariño y de justicia con su querido pariente, pero también con el público lector, el volver a poner bajos los focos a un grande que las nuevas generaciones ignoran por completo, o casi. Y lo han hecho además manejando el archivo familiar, que contiene un rico epistolario entre los padres de Alberto y sus hijos, y también entre los hermanos y demás familia, además de recortes de prensa de la época, que ayudan a configurar el contexto histórico, social y familiar en que discurrió su valiosa trayectoria artística.

“Mi meta artística es el teatro; mi conveniencia, el cine; mi responsabilidad de actor, el cine y el teatro. Hago cine, además, porque me gusta, por la publicidad que me da. Pero considero que el teatro me compromete más, cara al público, y a mí me atrae la responsabilidad.” Estas palabras de Alberto Closas, en una entrevista con Francisco Luis Otero para el suplemento “Blanco y Negro” del diario “Abc”, constituyen un estupendo resumen del modo en que encaraba su oficio, una profesionalidad exquisita. Las páginas escritas por Francis Closas y Silvia Farriol saben dar cuenta de ello, a la par que llegamos a conocer a la persona, y el modo en que le forjaron las circunstancias históricas. De modo que tenemos información de su nacimiento en Barcelona, de la dedicación profesional de su padre Rafael en la Generalidad, de su pronta marcha a París para estudiar, y del exilio al que empujan primero la guerra civil española, y luego la Segunda Guerra Mundial, a Chile y Argentina. Todo “conspira” para que Alberto pueda encontrar su vocación actoral, gracias primero a la dedicación radiofónica de su hermano Jordi, y al modo en que luego le acoge una actriz de enorme prestigio también catalana y que tomó el camino del exilio, Margarita Xirgu.

El libro reproduce muchas de las cartas manuscritas entre Alberto y su familia. Y se dan cuenta de sus éxitos teatrales, con obras de Federico García Lorca o Alejandro Casona. Como se dice, es de los actores que brillan con luz propia, luego también en la pantalla a la que ilumina de un modo especial con su carisma, primero en el cine argentino, donde llega a trabajar incluso con Eva Duarte, más tarde Eva Perón. También las páginas dan cuenta de su vida sentimental y familiar, con su fama de donjuán –aunque a él no le gustaba nada este personaje literario– y sus diversos matrimonios, incluido el que le dio cinco hijos con María Luisa Martínez, con ella supo lo que era una familia numerosa, algo también plasmado en la pantalla con su popular éxito en España La gran familia (Fernando Palacios, 1962).

Quizá falta algo de cohesión a esta obra, que a ratos puede hacerse un poco pesada, en que de pronto se nos presenta una carta detrás de otra, y en que, tal vez por el hecho de que Alberto Closas evitó significarse políticamente y volvió a la España de Franco en 1955, a veces se hacen valoraciones sobre el régimen que no vienen muy a cuento. Pero esto no quita valor a la indudable aportación que supone a la historiografía del cine y el teatro español, al poner en su sitio a unos de los grandes actores del cine español del siglo XX, para el que la interpretación lo era todo, él lo decía, luego venían los hijos, y luego la esposa del momento.

También se agradece la honestidad de Closas al referirse a su arte, en que no desdeñó películas o representaciones teatrales que podían aparecer menores, por no tener detrás autores superclásicos o temas “serios”, lo que ayudó a hacer muy grandes las comedias e incluso el cine negro en que estuvo. Al mismo tiempo, resulta claro que arriesgó en su regreso a España, porque la primera película que hizo fue Muerte de un ciclista de Juan Antonio Bardem, un título cuando menos incómodo, que incluía un crimen y una relación adúltera, aunque sin duda con una perspectiva moral que lo elevaba, no extraña la buena acogida que tuvo en Cannes.

El texto de los autores está precedido por un prólogo del escritor barcelonés Eduardo Mendoza, quien acierta aludiendo a sus “trazos impresionistas” y al referir que el subtítulo “a un paso de la estrellas”, “refleja una de las ideas fundamentales de su biografía: la de una generación de artistas que, por las consecuencias que acarrearon la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista, no llegó a gozar de la consideración internacional que su talento merecía”.

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