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"Eso no estaba en mi libro de historia del cine", de Javier Ortega

Eso no estaba en mi libro de historia del cine (Javier Ortega, Almuzara, 351 págs)

Una historia del cine sencilla y desenfadada, para hacer afición, atravesada de numerosas anécdotas que amenizan su lectura. Está en la línea de otros títulos publicados por la editorial Almuzara, que ofrecen una rápida y fresca mirada a lo que han dado de sí a lo largo de los siglos la música, la literatura, el arte, la ópera, el antiguo Egipto... Con eso de “Eso no estaba en mi libro de...” se apunta a que el autor ha evitado el tono plúmbeo y pedante, logrando sorprender al posible lector al que le cuesta no distraerse ante un libro pasados cinco minutos, con algo que no esperaba y que mantiene su atención.

En realidad, y dentro del tono comentado, Javier Ortega sigue en los primeros compases de su historia del cine lo que podría ofrecer otra obra más sesuda. O sea, se remonta a los orígenes de las imágenes en movimiento, y habla de los inventores del cinematógrafo y su explotación, la invención del lenguaje fílmico, los maestros del cine mudo, ya sean los grandes comediantes como Buster Keaton o Charles Chaplin, o los representantes del expresionismo F.W. Murnau. Y a la hora de mencionar las fuentes de las historias proyectadas en la pantalla, habla de la deuda con la literatura, con el foco en Shakespeare, o de los géneros y los grandes estudios de Hollywood.

Con cierta coherencia, pero haciendo pausas más mundanas, por así decir, se detiene en el Hollywood Babilona, los escándalos que afectaron a grandes estrellas, en este tipo de chascarrillos escabrosos incide en algunas ocasiones, sobre todo cuando explica el “star system” y traza perfiles rápidos de algunos de sus grandes representantes, desde Errol Flynn a Greta Garbo.

La ventaja del libro de Ortega es que el poco conocedor aprenderá, y al muy leído le servirá de recordatorio de algunas ideas básicas acerca del más que centenario Séptimo Arte. A veces va un poco a salto de mata, igual se habla del cine como arma propagandística en tiempos de guerra, que de los latinos en Hollywood, o se introduce la sugerente idea de que los americanos de Hollywood más legendarios... eran europeos que huían del acoso antisemita de Hitler.

La limitación de las páginas y lo mucho que ha dado de sí el celuloide a lo largo de la historia hacen inevitable que algunos temas estén poco desarrollados, se habla por ejemplo de la “caja tonta” para señalar como la televisión se convierte en competencia del cine, pero nada se dice del vídeo o el streaming. También el capítulo dedicado al cine español sabe a poco, o los Oscar tienen escasa presencia. Pero en fin había que elegir, y el autor se decanta por algunas cuestiones cómo explicar someramente algunos oficios de cine, más allá del director y el actor, u ofrecer unas pinceladas sobre la censura del código Hays y el nuevo Hollywood. No faltan la atención primordial a unos pocos directores, la alusión a algunos rodajes malditos, y destacar algunos títulos grandes, especialmente caros a Ortega.

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