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"Actuar para el cine", de Michael Caine

Actuar para el cine (Michael Caine, Plot Ediciones, 163 págs)

Uno de esos libros que se leen de un tirón, y de los que se disfruta cada una de sus páginas. Aunque el libro es originalmente de 1990, y Plot lo publicó en 2003, vale la pena recuperarlo con su cuidada edición de 2021. Recoge las ideas de un breve curso de interpretación para la televisión impartido por Michael Caine. Y la gozada es que en efecto, en las líneas que lo componen parece como si escucháramos la voz del actor y su personalidad, donde destacan el sentido común y los consejos prácticos. Y se advierte que es necesario el talento, pero también se agradece la profesionalidad y el esfuerzo por ser buena persona, algo vital en el devenir humano del individuo, también en el de los actores, a los que no conviene convertirse en divos insoportables. Todo lo comunica con un finísimo sentido del humor, donde la ironía leve flota y hace asomar en el rostro del lector la inevitable sonrisa.

Actuar es un trabajo a tiempo completo para Caine. Nunca se sabe cuándo va a llegar la oportunidad soñada. A propósito de la etiqueta que le colgaron de "actor cockney", recuerda cómo el trabajo que le lanzaría al estrellato en Zulú gracias a que rompió con esa idea preconcebida de que sólo podía interpretar personajes de clase trabajadora, de modo que supo dar vida y romper estereotipos con su inglés de clase alta y no muy valiente, estando al quite por una necesidad de la producción, no tenían a nadie para ese papel y él demostró que podía hacerlo: "Desde entonces no he vuelto la vista atrás", "conseguí que me vieran de otra manera", explica.

En los tiempos entre escena y escena, no hay que perder el tiempo, asegura Caine, que estudia una y otra vez su texto. No se trabaja para sobresalir sobre el resto, sino al servicio de la película, todos deben estar bien y para eso uno debe estar bien, y ayudar a que los demás den bien la réplica, con la disposición de estar ahí si el otro lo desea. La cámara es un aliado, pero hay que tener claro que registra hasta el gesto más imperceptible. Si el otro actor no está a la altura, hay que trabajar como si lo estuviera. Aunque uno no tenga frase en un plano, hay que actuar pensando en lo que el personaje estaría pensando, reaccionando con naturalidad con el rostro a lo que dicen o hacen los demás.

Caine tiene chispa, y sabe dar ejemplos gráficos de sus ideas. Por ejemplo, invita provocadoramente a "robar". "Si ve hacer algo a Vivien Leigh, Marlon Brando, Robert De Niro o Meryl Streep, algo que cuadre a su personaje, róbelo. Porque lo que está viéndoles hacer, ellos también lo han robado": no se puede señalar de modo más expresivo las lecciones que nos dan los grandes actores. La quema del guión de Ipcress a cargo de su director, para invitar a la espontaneidad y la improvisación es extrema, pero también ilustrativa de que no hay que ser rígidos en un rodaje. Especialmente gracioso resulta el modo de referirse a los que les encanta chupar cámara, o pretenden robar una escena; o cómo hay que dejar claro que las escenas arriesgadas las hacen los especialistas, con la idea de que "la única ocasión en la que le pedirán que haga una auténtica escena de riesgo (que es precisamente cuando no debe hacerla nunca) es en el último día de rodaje".

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