Atlas del cine. La vuelta al mundo en 360 películas. De 'Nosferatu' a 'Parásitos' (Olivier Bousquet y Arnaud Devillard, Blume, 545 págs)
Un libro precioso. Una gozada para el cinéfilo. Si alguien tiene un compromiso para regalar a un buen amigo algo ligado al Séptimo Arte, garantizo que triunfará con “Atlas del cine”, un libro cuyas páginas se recorren con verdadero deleite. Sus autores, Olivier Bousquet y Arnaud Devillard, proponen una vuelta al mundo, no en ochenta días como sugería Julio Verne, sino en 545 páginas y 360 películas. Y es que es cierto que muchas personas quizá no sean muy viajeras, puede que ni siquiera hayan atravesado las fronteras de su propio país, y sin embargo han estado en todas partes por obra y gracia de la magia de las películas.
Bousquet y Devillard reconocen, como es lógico, las limitaciones de su libro, que no puede incluir todas las películas del mundo mundial, toca ser selectivos. Pero dicho esto, la filosofía de su obra no puede ser más acertada, pues lo que ocupa las páginas de este libro profusamente ilustrado, resulta tremendamente atractivo, y deviene en buen resumen de lo que ha dado de sí un arte con un poco más de siglo de existencia.
La estructura de este atlas, como es lógico, la determina la geografía, de modo que recorremos Estados Unidos y Canadá, Latinoamérica, Europa, África y Oriente Medio, Asia, y Oceanía y La Antártida. También la popularidad de los filmes allí rodados o ambientados, porque parte de la gracia del cine es que nos permite dar gato por liebre, pretender haber rodado en París cuando lo hemos hecho en estudio, e incluso en otro planeta, Marte es en realidad Jordania en el film de Ridley Scott.
Los 360 títulos que se abordan de modo individual, presentan un análisis más que suficiente, donde junto a la sinopsis, trama y detalles de producción que los autores consideran adecuado abordar, se incluyen los detalles de dónde se rodó, o si no fue posible hacerlo en el supuesto lugar donde transcurre la acción, como pasa con la Cuba de El padrino II, a Coppola le tocó filmar en Santo Domingo. No hay pedantería en la selección, pues se combinan títulos de autor, con el entretenimiento puro, el caso de La gran juerga de Louis de Funès. Nadie está descartado por prejuicios apriorísticos.
Pero hay más que esos títulos. A veces algunos cineastas, como Woody Allen, merecen apartado, pues no se entiende la obra del pequeño gran realizador si no se habla de su relación de amor con Nueva York. También, en el recorrido por lo largo y ancho del mundo hacemos parada en los estudios donde se puede recrear aquello que los artistas deseen. Por supuesto hay espacio para los clásicos de Hollywood, Paramount, Universal o Warner, pero también para Cinecittà en Europa, y los viejos estudios de Samuel Bronston en España, o en la Almería de los spaghetti-western.
También tienen mucho encanto los mapas, que suponen una sorpresa, e igual nos muestran las correrías de Harry Callahan por San Francisco, que de Bond, James Bond por todo el globo, o las distintas localizaciones de Star Wars.
Imposible agotar en estas líneas la riqueza en contenido de un libro maravillosamente editado, y que puede llenar las horas del cinéfilo en la tranquila tarde dominical tras un café... si es que no decide viajar directamente por el mundo viendo una película.
