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"La fuerza del cine", de Howard Suber

La fuerza del cine (Howard Suber, Rialp / Libros de Cine, 340 págs)

"La fuerza del cine", de Howard Suber

Con demasiada ligereza se suele aplicar a libros y películas el calificativo de “imprescindible”. Y sin embargo esta obra del maestro de cineastas Howard Suber, profesor universitario durante casi 50 años en UCLA, lo merece sobradamente. Sus clases han inspirado a miles de personas, como demuestran las primeras ditirámbicas páginas que preceden a su texto, donde profesionales del Séptimo Arte como Francis Ford Coppola y Alexander Payne no ahorran sus entusiasmadas alabanzas. Es muy de agradecer que personas de su entorno le animaran a recoger sus lecciones en un libro, el caso recuerda un poco a la publicación de “El arte de actuar”, de Stella Adler.

“La fuerza del cine” se plantea como un glosario de conceptos que arman y hacen grandes a las películas, presentados de la A a la Z (aunque me temo que X, Y y Z se quedan sin palabras, así es la vida y el diccionario). El traductor Ángel Blasco, que hace un excelente trabajo, ha tenido el buen sentido de mantener el orden del glosario del original, aunque las palabras vertidas al español podrían haber invitado a otro orden. De modo que se presenta cada concepto original primero en inglés –Adaptations, Misdirection, Plot, Time...– seguido de sus posibles traducciones –Adaptaciones, Despiste - Divergencia, Trama, Tiempo...–. Por supuesto, uno puede empezar la lectura del libro por la primera página, y terminarlo por la última, pero se trata además de un libro de consulta, por lo que se puede leer en el orden que se prefiera. Además cada concepto, presentado con encomiable concisión, yendo a la esencia, termina remitiendo a una lista de otros conceptos relacionados, por si se quiere seguir dando vueltas al mismo tema.

Suber demuestra ser un hombre sabio, y es lo que se agradece de este libro, que no se ata a los convencionalismos, y que tiene vocación de ser guía iluminadora y práctica. Así que igual se puede referir a Aristóteles con la habitual admisión de que su “Poética” contiene los elementos clave que debe tener en cuenta cualquier narración, o a la clásica estructura dramática de tres actos, pero sin que ello sea óbice para ampliar el paisaje, y señalar que algunos mecanismos pueden ser útiles, pero no un artículo de fe, el mentado Aristóteles nunca habló de tres actos, y Shakespeare con frecuencia entregaba cinco, pero sin que parece que fuera especialmente consciente de entregarse a ello. Con sentido común señala que “en el teatro, los actos están muy claros porque baja el telón, las luces de la sala se encienden y el público tiene la oportunidad de ir al baño” pero “en el cine no baja el telón, las luces de la sala no se encienden y si alguien quiere ira la baño se perderá lo que viene después”. Además, usa ejemplos de artistas y películas tremendamente populares, con los que la mayoría de los lectores están familiarizados.

Dentro de los conceptos cabe referirse a distintos géneros –Science Fiction / Ciencia ficción, Westerns, Tragedy / Tragedia...–, a estructura narrativa pura y dura –Acts / Actos, Backstory / Antecedentes - Historia previa - Historia anterior, Beginnings and Ends / Comienzos y finales...– o a creación de personajes –Antiheros / Antihéroes, Character Studies / Estudios de personajes, Character, Stock / Personajes de catálogo - Estereotipos, Leaders /Líderes...–. Pero quizá son aún más interesantes los estudios de otros elementos que definen comportamientos, actitudes y situaciones, son emociones y sentimientos que pueden elevar la categoría de una película a cotas impresionantes, y debería haber muchos de ellos en filmes que pretenden ser inolvidables: Loss / Pérdida, Realism / Realismo, Originality / Originalidad, Repetition / Repetición...

Un personaje “Goofy / Torpón - Entrañable - Adorable” bien escrito puede pasar a la historia, como ha ocurrido con muchos de los interpretados por Gary Cooper o Dustin Hoffman, un Peter Parker en Spider-Man dará mucho juego en ese sentido. Las “Jokes / Chistes - bromas - gracias” bien concebidas, con la estructura y elementos que propone Huber, darán pie a momentos memorables, como el de Casablanca con un Rick que asegura que vino ahí a tomar las aguas, y ante la réplica del otro de a qué aguas se refiere si estamos en el desierto, el héroe rematará con que “Me informaron mal”.

Manipulación, seducción, trascendencia, sexo, violencia, sacrificio, intuición, modulación, vulnerabilidad (perdón si no pongo la correspondencia en inglés) son algunos de los conceptos que escojo casi al azar para señalar la capacidad del autor para proponer muchísimos elementos que pueden ser considerados a la hora de lograr que una película no sea celuloide muerto, sino algo vivo, creíble, que llegue al corazón y a la cabeza del espectador. No es que haya que tener en cuenta todos en cada película, pero si leemos el libreto de un guionista primerizo –o tal vez no tan primerizo– y lo encontramos plano y aburrido, tal vez el motivo resida en que no tiene ninguno o casi ninguno de los elementos objeto de estudio en este libro, y que sí estaban en esas películas que hemos dado en llamar “obras maestras”.

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