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"Cómo escribir un buen diálogo de cine", de Linda Seger y John Rainey

Cómo escribir un buen diálogo de cine (Linda Seger y John Rainey, Rialp, col. Libros de Cine, 269 págs)

"Cómo escribir un buen diálogo de cine", de Linda Seger y John Rainey

“¿Hablas conmigo?”. Esta es la frase de diálogo consigo mismo que un airado Robert De Niro se espeta ante el espejo en la ya clásica película de Martin Scorsese Taxi Driver. Sí, hay líneas que quedan en el imaginario de todos los espectadores, y que los guionistas profesionales envidian, “ojalá se me ocurrieran a mí frases como esa” mascullan entre dientes, tal vez ante el reflejo de su propia imagen.

Linda Seger es una de las más conocidas gurús de escritura de guiones, sus manuales son un referente obligado, desde que entregara su ya clásico “Cómo convertir un buen guión en un guión excelente”. Arrancando con frecuencia los títulos de sus libros con un “Cómo”, ha abordado antes las adaptaciones a partir de una novela, el manejo del subtexto, la construcción de personajes o la idea de escribir teniendo en la cabeza a los profesionales de los distintos departamentos que manejarán un guión, recordando que el cine es un arte compartido y colaborativo.

Ahora ha escrito a cuatro manos con John Rainey, guionista profesional, un libro sobre los buenos diálogos de cine. Porque no basta contar con una buena historia, perfectamente estructurada, sino que los personajes que la pueblan deben hablar de un modo que seduzca al espectador, y siempre al servicio de lo que se cuenta. Como Seger es sobre todo consultora de guiones, ha querido contar con Rainey, sobre todo para la original idea de acabar cada capítulo con el estudio de un caso, de modo que ella aporta sus notas de consultora, y él reescribe lo que se le entrega para darle la mejor forma posible en diálogo y formato de guión.

Claro que el talento ayuda, y hay personas que tienen un oído excelente, que escuchan a la gente que tienen alrededor, y saben incorporar aquello a sus libretos. Pero, nos aseguran los autores, se puede aprender a escribir diálogos geniales, hay una parte de oficio, se pueden mejorar las habilidades, y con la práctica mejorar. Hay que estar oído avizor, tomar notas, decir en voz alta lo que se escribe para ver cómo suena. Por supuesto que las frases cortas y agudas son estupendas, pero también un largo monólogo tiene sentido si está bien escrito y encaja en la historia, como nos muestran con lo escrito por Paddy Chayefsky para Network, un mundo implacable.

Los diálogos deben revelarnos a un personaje, y también a veces sus conflictos, convicciones e intenciones, aunque en otras ocasiones sean sus acciones las que nos dan pistas. A veces lo importante es lo que no se dice, sugerir secretos o traumas, cosas que ni siquiera el personaje conoce de sí mismo, o trabajar con el subtexto, confiando en que los actores añadirán una capa más a ese subtexto con su sutil interpretación.

Resulta impagable cómo se nos alecciona sobre el modo correcto o incorrecto de transmitir información a través del diálogo, a veces se pueden decir obviedades que un personaje y su interlocutor ya conocen, teóricamente, con lo que queda raro que hablen de ello. En cambio en series como CSI: Las Vegas puede ser un recurso sencillo que un experto dé una información sobre un asunto a un neófito. Y es gracioso lo que definen como “diálogo estancado”, donde los personajes pedalean sobre algo sin que la acción avance, un efecto no deseado.

Los autores invitan al uso de imágenes sensoriales, los colores, los símiles, los dobles sentidos. El ejemplo de El cartero (y Pablo Neruda) es muy gráfico precisamente porque los personajes hablan de metáforas. O al uso de sonidos. También señalan el desafío de incorporar diálogos y acentos de quienes hablan en idiomas diferentes, o que no dominan el del otro. El ejemplo de la espía en una trama de la Segunda Guerra Mundial con un oficial japonés es un ejercicio magnífico.

El recorrido que se hace sobre un buen uso de las posibilidades del lenguaje es completísimo, desde el ritmo poético, hasta atreverse a sugerir cómo uno debería cuidar el modo en que habla un extraterrestre, o los animales antropomorfos. El colofón lo ponen las banderas rojas, todo guionista debería tener un detector de las mismas, para que se le encendiera enseguida una luz interior ante diálogos que se han escrito fatigosamente o con prisas, y que nunca pasarán la criba de un analista de guiones con un mínimo de criterio y sensibilidad.

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