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La aventura de dirigir un casting

Todas las profesiones relacionadas con el cine son importantes. Y muchas de ellas son ampliamente conocidas. Cualquiera tiene una idea más o menos clara de lo que tiene que hacer un actor, el director o el guionista. Pero, ¿cómo se escogen los actores de una película? ¿Sirve cualquiera para los papeles pequeños? ¿Qué tiene que saber un director de casting?

A éstas y muchas otras preguntas responde este libro, que tiene la ventaja de estar escrito por dos mujeres profesionales del ramo, que ilustran su punto de vista manteniendo una especie de diálogo, donde abundan los ejemplos reales de películas populares en las que ellas participaron.

Resulta curioso descubrir que en Hollywood trabajan mucho las llamadas “biblias”, una especie de manuales que se elaboran empresas especializadas desbrozando guiones. Contando con que muchos actores, agentes y directores de castings reciben cientos de libretos, y apenas disponen de tiempo para leerlos, estas compañías ofrecen un breve resumen del guión, junto a una lista de todos los personajes, con los rasgos requeridos, tipo “varón blanco, calvo y grueso, con acento ruso, regenta un restaurante en Brooklyn”. Estas “biblias” sirven para que los agentes señalen a sus clientes los papeles que se ajustan mejor a su perfil, optimizando su tiempo y el de los estudios.

Por supuesto, los directores de reparto han de conjugar la selección de los mejores actores para los personajes de la película que tienen entre manos, con el presupuesto del que disponen y un cierto realismo. Evidentemente, no hace falta ser un genio para proponer a Russell Crowe para protagonista de Una mente maravillosa, es una estrella de probada solvencia; decir que Julia Roberts o Tom Hanks harían estupendos protagonistas para un film puede ser una perogrullada, allí lo único que hace falta es dinero para gastar, que el actor quiera, y que el calendario de éste encaje con las fechas de rodaje. Más intríngulis tiene por ejemplo la selección de Paul Bettany para el papel de amigo imaginario de Russell Crowe, en un momento en que el actor era un desconocido, y donde se aliaron elementos como la insistencia de su agente, el envío de un vídeo con trabajos previos, y la inevitable prueba. Tampoco tiene desperdicio el ejemplo de cómo se seleccionó a la chica rubia a la que trata de ligarse Crowe, y que recibe una sonora bofetada por el modo en que la acomete. Se habla también de las tribulaciones de los niños actores, y de las búsquedas que parecen imposibles, pero también de aspectos más sórdidos, como el de los intérpretes a los que se requiere para las escenas de sexo.

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