Un nuevo estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) desmonta una de las ideas más extendidas en Hollywood: que las nuevas generaciones quieren mantenerse alejadas de cualquier contenido relacionado con la religión. Según una investigación del Center for Scholars & Storytellers (CSS), tanto la Generación Z como la Generación Alfa muestran un notable interés por historias que aborden la fe y la espiritualidad, siempre que lo hagan de manera compleja, realista y alejada de los tópicos.
El estudio, bautizado como "Future of Faith", ha encuestado a más de 2.000 jóvenes de entre 14 y 24 años y revela que una mayoría presta especial atención a la manera en que sus creencias son representadas en la pantalla. Solo alrededor del 40% considera que las personas con creencias o visiones del mundo similares a las suyas están representadas de forma adecuada en los medios. Además, el 70% de los encuestados religiosos asegura que la manera en que su religión o espiritualidad aparece en pantalla influye en cómo los demás les tratan.
Pero hay un dato todavía más llamativo. Más del 97% de los jóvenes religiosos y el 80% de los no religiosos afirma que alguna película, serie u otra obra audiovisual les ha conmovido, inspirado o reconfortado espiritualmente. Es decir, la pantalla puede despertar inquietudes trascendentes incluso entre quienes no practican ninguna religión.
La petición de los jóvenes a Hollywood resulta bastante concreta: quieren que la religión forme parte de las historias sin convertir automáticamente al creyente en un santo de estampita o, en el extremo contrario, en un fanático de película de sobremesa. Reclaman personajes espirituales complejos, diversidad dentro de las propias comunidades religiosas y una representación de la vida cotidiana de los creyentes que vaya más allá de sus manifestaciones más extremas.
Yalda T. Uhls, fundadora y directora ejecutiva del CSS, explica que los jóvenes se encuentran precisamente en una etapa en la que empiezan a cuestionarse las creencias recibidas. Al abandonar el entorno familiar y relacionarse con personas de convicciones diferentes, muchos comienzan a hacerse preguntas sobre su propia fe y buscan espacios donde poder plantearlas con libertad. El problema, según la investigación, es que encuentran demasiada religión entendida como pose, enfrentamiento o vigilancia y muy poca conversación honesta.
La conclusión supone también una oportunidad de negocio para Hollywood. Yalda T. Uhls asegura que ejecutivos de Netflix, Amazon, NBC y Lionsgate participaron en el encuentro Future of Faith y que varias compañías ya están explorando proyectos relacionados con la espiritualidad. Hollywood ha comprobado que las producciones abiertamente religiosas cuentan con un público muy concreto y fiel, pero la investigación apunta a que existe margen para incorporar estos temas a películas y series destinadas a audiencias mucho más amplias.
Los propios jóvenes consultados citaron como ejemplos positivos títulos tan diferentes como Más allá de la luna y Quiero ser como Beckham, además de series como Mo, The Good Place, Ms. Marvel y Avatar: The Last Airbender.
La investigación tampoco considera imprescindible que una obra presente la religión desde una perspectiva reverencial. Como ejemplo aparece Unorthodox, la serie de Netflix sobre una joven que abandona su comunidad judía ultraortodoxa para comenzar una nueva vida. La producción provocó críticas dentro de esa comunidad, pero precisamente ese tipo de historias puede estimular entre los jóvenes una reflexión más profunda sobre la identidad, las creencias y las estructuras religiosas.
El guionista ganador del Oscar Dustin Lance Black, autor de Milk, abordó precisamente ese conflicto durante el encuentro "Future of Faith" al hablar de su trabajo en Under the Banner of Heaven, basado en un caso real de asesinato dentro de una comunidad mormona fundamentalista. Su propia experiencia, marcada por su pasado mormón y su identidad homosexual, le llevó a atravesar un largo proceso de cuestionamiento de la fe que, sin embargo, no acabó con su interés por la espiritualidad.
Para Yalda T. Uhls, ahí está precisamente la clave. Los jóvenes actuales, acostumbrados a disponer de una cantidad casi infinita de información, buscan relatos que parezcan auténticos y que no presenten vidas perfectas, brillantes y artificiales. Quieren historias capaces de mostrar las contradicciones, dudas y conflictos que acompañan a la experiencia religiosa.
El interés de Hollywood por estas cuestiones ya se ha dejado notar en títulos recientes como Conclave y Heretic, y continuará con proyectos como la adaptación de El sobrino del mago, dirigida por Greta Gerwig, que previsiblemente conservará buena parte de la dimensión cristiana de las novelas de C. S. Lewis. A ello se suman producciones específicamente religiosas como The Chosen (Los elegidos) o La canción de mi padre 2.
La gran paradoja es que quizá Hollywood haya estado buscando demasiado lejos a su próximo público joven. Mientras la industria daba por hecho que religión y juventud eran dos conceptos incompatibles, una investigación de UCLA señala que existe precisamente hambre de historias que hablen de fe, dudas, espiritualidad e identidad. No necesariamente para predicar, sino para hacerse preguntas.
