Elon Musk ha encontrado una nueva forma de revolucionar el cine: fabricar películas con inteligencia artificial y confiar en que nadie se dé cuenta de que les falta precisamente eso que distingue una obra de arte de una presentación de PowerPoint con pretensiones épicas. Su nuevo proyecto, "The Odyssey", una adaptación de la epopeya de Homero generada mediante inteligencia artificial, ha desembarcado en X con la misión de demostrar que Hollywood necesita menos artistas y más algoritmos. De momento, lo que ha conseguido demostrar es que incluso los griegos tenían motivos para desconfiar de los regalos envenenados.
Los primeros siete minutos de esta versión de La Odisea, desarrollada con especialistas en inteligencia artificial de Wonder Studios y el director Dev Walker, se publicaron durante el pasado fin de semana. La reacción de buena parte de los espectadores ha sido bastante menos entusiasta que la de los entusiastas habituales de cualquier ocurrencia del magnate. En lugar de aclamar una nueva era cinematográfica, muchos han encontrado un desfile de personajes con ojos vidriosos, voces sin emoción y expresiones faciales que parecen haberse quedado atrapadas durante una actualización del sistema operativo.
El crítico de The Telegraph ha sido especialmente contundente. Describe las imágenes como algo tan inquietante que puede provocar espasmos en los ojos por su descuidada brutalidad. Los personajes, con sus miradas de cristal y sus voces inexpresivas, tienen una cualidad propia de los zombis. Penélope, además, cambia de aspecto de una escena a otra, como si la fidelidad al personaje fuera una función experimental que todavía no han conseguido instalar.
El veredicto del periódico británico no deja demasiado margen para la diplomacia: considera que esta versión de la historia de Troya merece ser atravesada por una espada, reducida a cenizas y enterrada para siempre bajo las arenas del tiempo. Una reacción algo menos generosa que la que Homero recibió en su época, aunque probablemente el poeta griego tampoco habría aplaudido que le sustituyeran siglos de tradición literaria por un puñado de instrucciones a una máquina.
Eso sí, el crítico concede que las secuencias de batalla tienen cierta grandeza épica y recuerdan a las de 300, de Zack Snyder. Al César lo que es del César, aunque en este caso quizá habría que dárselo a un servidor informático.
Las redes sociales tampoco han recibido la producción con los brazos abiertos. Uno de los comentarios más populares en la publicación oficial de X resume la experiencia con una delicadeza digna de un banquete de piratas: "Joder, esto es una auténtica mierda, tal como se esperaba".
Otro usuario sentencia que es "pura bazofia sin alma, sin ideas ni nada". Un tercero bautiza el proyecto como "el fracaso de La Odisea que Elon predijo", en referencia a las críticas que el propio Elon Musk había dirigido contra la película de Christopher Nolan.
Es una observación incómoda para quienes sueñan con un futuro en el que los algoritmos produzcan películas a una velocidad industrial y los profesionales del cine puedan ser sustituidos por una suscripción mensual. Al parecer, todavía hace falta algo más que pulsar un botón para conseguir que un personaje transmita dolor, miedo, amor o desesperación. También ayuda que tenga motivos para sentirlos y que alguien sepa cómo contarlos.
Entre tanta demolición aparece algún comentario favorable. Un espectador reconoce que hay pequeños detalles que parecen generados por ordenador, pero considera que el resultado general es impresionante y se muestra interesado en ver nuevos episodios. La tecnología, en efecto, ha avanzado de manera extraordinaria. Lo llamativo es que una demostración de sus progresos pueda provocar al mismo tiempo admiración técnica y una profunda sensación de vacío artístico.
Porque la inteligencia artificial ya puede generar imágenes que hace pocos años habrían parecido imposibles. Lo que todavía no garantiza es que alguien quiera pasar dos horas contemplándolas.
La iniciativa tiene también una dimensión ideológica. Elon Musk lleva meses criticando la adaptación de La Odisea dirigida por Christopher Nolan, a la que acusa de desviarse de la tradición clásica por sus decisiones de reparto. En enero, después de conocerse informaciones sobre la elección de Lupita Nyong'o para interpretar a Helena de Troya, escribió que Christopher Nolan había perdido su integridad. En mayo respaldó a un comentarista conservador que calificaba al director de cobarde y alimentó teorías sobre una supuesta motivación relacionada con los requisitos de inclusión de la Academia de Hollywood.
La película de Elon Musk se presenta como una alternativa más fiel a Homero y menos contaminada por lo que sus partidarios consideran imposiciones ideológicas de la industria. La paradoja es que, mientras el empresario reclama fidelidad a la tradición, su versión prescinde de buena parte del trabajo humano que ha permitido que esa tradición siga viva: actores, guionistas, intérpretes vocales y artistas capaces de transformar palabras e imágenes en emociones.
El lunes, el vídeo acumulaba 6,8 millones de impresiones en X. La cifra puede parecer considerable, aunque tiene truco: una impresión puede contabilizarse cuando el contenido aparece en pantalla mientras alguien se desplaza por la red social, sin que necesariamente vea el vídeo completo. No significa, por tanto, que millones de personas hayan contemplado los siete minutos de epopeya algorítmica con la devoción de un monje medieval.
