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Oscar 2017

La gala promete ser más política que nunca

Punching Ball Donald Trump: ¿Alguien quiere apostar sobre el número de veces que el presidente será vapuleado en la gala de los Oscar 2017 del próximo domingo?

En España sabemos de sobra lo que es una gala de premios de cine convertida en ocasión de arremeter contra el gobierno pepero de turno. En 2003 los Goya sacudieron al partido en el poder a cuento del chapapote y el no a la guerra. La resaca aún persiste, el elevado tipo de IVA para el cine fue leído en clave de venganza. Pero la alta intensidad política de aquellas galas de los premios españoles pueden parecerse a una balsa de aceite comparada con la gala del 2017 de los Oscar, donde el presidente Trump promete convertirse en protagonista de la gala.

No soy seguidor de las tendencias de las casas de apuestas, pero ya que se suele apostar sobre cualquier cosa, imagino que en lo relativo a los Oscar, no sólo habrá dinero en juego para adivinar que La La Land se llevará el premio a la mejor película, tal posibilidad resulta más bien previsible.

En cambio, sobre la mención segura del presidente Donald Trump, sí cabe buscar motivos para la apuesta. ¿Cuántas veces será mencionado? ¿Cincuenta? ¿Ninguna? Desde luego, si ocurriera lo segundo, el avispado apostante que se hubiera decantado por invertir su dinero en ello se haría de oro sin lugar a dudas; pero el paisaje pre Oscar no ofrece ningún atisbo a la opción de que presentadores y ganadores de premios omitan sus quejas acerca de un presidente al que le han llamado desde Hollywood de todo menos bonito.

Pienso que un motivo de apuesta interesante puede ser el de cuántos tuits dedicará Trump a los Oscar. No olvidemos cómo sacudió el presidente a Meryl Streep, cuando la actriz arremetió contra él con ocasión de recibir un premio en la gala de los Globos de Oro. Dijo el comandante en jefe que Streep estaba “sobrevalorada”, nada menos. Así que no resulta descabellado pensar que, si la cosa se desmadra mucho, el presidente diga algo como que "Hollywood no representa al pueblo", y que ellos desde luego no van a hacer a América grande, como pretende él. Las tan cacareadas "falsas noticias" van a tener presencia dominical, sin duda.

Así que cabe imaginar que Scarlett Johansson, que participó en la marcha de las mujeres contra Trump al día siguiente de la inauguración presidencial, y que es una de las presentadoras de premios, tenga algún recadito para el presidente. También en un año en que se celebra la diversidad racial, cabe suponer acusaciones de xenofobia contra Trump. Y, gane quien gane el Oscar a la mejor película extranjera, no sería raro que hiciera mención a la ausencia del iraní Asghar Farhadi y el resto del equipo de El viajante, por el lío de la prohibición de visados para viajeros de 7 países potencialmente peligrosos por terrorismo.

De hecho, la presidenta de la Academia, Cheryl Boone Isaacs, ya ha predicado con el ejemplo, pues en el tradicional almuerzo de los nominados, hizo mención a las ausencias iraníes, señalando que “todos sabemos que hay algunas sillas vacías hoy en esta sala y eso nos convierte a todos en activistas”.

El caso es que en los premios previos a los Oscar –Emmy, Bafta, sindicato de guionistas, de actores, etcétera– los asistentes y premiados no dejan de declarar. A veces tengo la impresión de que la presión es enorme, aquí se aplica sin contemplaciones aquello de que “el que calla, otorga”, y sobre todo quien gana un premio, parece que está obligado a decir algo muy trascendente y, por tanto, anti Trump.

La favorita al Oscar a mejor actriz por La La Land, Emma Stone, declaraba hace unos días que “quedarse callado sólo ayuda al opresor, no a la víctima”, ahí queda eso, por si alguien pensaba el próximo domingo 26 hablar sólo de lo bonito que es el cine. Así las cosas, la gala promete pasar a la historia como la más antipresidencial que jamás haya tenido lugar.

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