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Biografía

Asghar Farhadi

Asghar Farhadi

48 años

Asghar Farhadi

Nació el 07 de Mayo de 1972 en Khomeyni Shahr, Irán

Premios: 0 Goya (más 3 premios y 2 nominaciones)

Goya
2019

Nominado a 2 premios

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
Todos lo saben

2018 | Todos lo saben

Con motivo de la boda de su hermana Ana, Laura regresa desde Argentina a su pueblo natal en una zona vinícola española, la acompañan sus dos hijos, el marido Alejandro se quedó allá por trabajo. Se produce el gozoso reencuentro con padres y hermanos, y con Paco, del que anduvo enamorada en su juventud, ahora casado con Bea. Y tras el enlace, al que asisten muchos invitados, sigue la animada fiesta. Pero de pronto... Desaparece Irene, la hija mayor de Laura. Mensajes en el móvil de Laura apuntan a un secuestro por dinero, con la amenaza de hacer daño a la adolescente si denuncian los hechos a la guardia civil. La vida con frecuencia nos somete a duras pruebas. La alegría pronto se troca en dolor y sufrimiento, y puede costar recuperar la confianza en las personas. El iraní Asghar Farhadi, director y guionista, demuestra su enorme talento para contar historias de alcance universal, no importa tanto que sitúe las historias en su país de origen (Nader y Simin, una separación, El viajante) o que estén “coloreadas” por el telón de fondo parcial o total de Occidente (El pasado y Francia, Todos lo saben y España y Argentina), lo decisivo es la hondura con que atrapa las interioridades del ser humano, lo mejor y lo peor: el amor, el sacrificio, los padecimientos, los rencores soterrados, la soberbia, la ambición, asoman en cada uno en mayor o menor medida, mientra se teje un elaborado cuadro de complejas relaciones, donde cuenta lo ocurrido y lo que se piensa que ha ocurrido, la suposición de intenciones en el otro, y los secretos del pasado que acaban saliendo a la luz. Cuenta con un magnífico reparto coral, donde ocupan lugar prominente Javier Bardem, Penélope Cruz y Ricardo Darín, convincentes al exhibir las fragilidades de sus personajes, pero donde también sobresalan Bárbara Lennie, Inma Cuesta, Elvira Mínguez, Eduard Fernández, Ramón Barea, por citar a unos pocos. Farhadi es un cineasta con mayúsculas. Sabe dar el salto mortal del costumbrismo festivo inicial, a la angustia de la tragedia y las dudas sobre qué ha ocurrido, y quién está detrás, un cambio de tono perfectamente ajustado. Y sí, hay un punto de intriga, pero puede permitirse el lujo de satisfacer la curiosidad sobre la identidad de los secuestradores sin jugar a sorprender, poniendo el acento en que lo importante, lo que le interesa, son las personas, sus heridas existenciales, las cicatrices indelebles. Da gusto ver una película donde no hay espacio para la frivolidad, en que se puede abordar temas como la familia, el aborto o la intervención de Dios en la vida de los hombres, sin caer en el cliché. Y en donde las imágenes pueden sustituir con éxito a las palabras, pero sin desdeñar el poder de éstas para expresar los sentimientos.

7/10
El viajante

2016 | Forushande

Irán. Un joven matrimonio de clase media se ve obligado a dejar su piso porque el edificio amenaza ruina. Son personas cultas, delicadas, ambos trabajan de actores en una compañía de teatro y él además da clases de literatura en un colegio, donde es muy querido por los alumnos. Se trasladan entonces a vivir a un nuevo piso ofrecido por un compañero Por un descuido la mujer sufrirá una agresión mientras está duchándose y su marido está ausente. El pesar y la frustración se apoderarán del matrimonio. Vuelve el iraní Asghar Farhadi a entregar una película dramática de alta calidad, que indaga con enorme claridad y contundencia en la fragilidad de la relación matrimonial, algo que está en completa sintonía con sus anteriores trabajos, Nader y Simin, una separación y El pasado. En este caso desarrolla una trama aparentemente más sencilla para hablar de las diferentes reacciones suscitadas tras una agresión: el dolor profundo puede convertirse en un callejón sin salida y dar lugar a imprevistas consecuencias, donde salen a relucir la humillación, el miedo, la culpa, la venganza o el perdón. Llama la atención cómo Farhadi objetiva el conflicto sobre el tapete en la secuencia clave del film, un primor de intensidad, dramatismo y planificación que te deja completamente pegado a la butaca. A veces el mal ocurre por una sucesión de casualidades o porque sencillamente los seres humanos somos imperfectos, las buenas personas también cometen errores, a veces terribles pecados. Pero sumar otro mal al mal ya cometido es otra cuestión, lo cual no significa banalizar lo sucedido. A propósito de esto, maravilla la naturalidad con que Farhadi nos hace comprender hasta dónde llega el interior asqueado del matrimonio (ese plato de spaguetti) o la sutileza con que traslada el peso del dolor de un cónyuge a otro y su modo de afrontarlo. Su futuro está en juego. Asghar Farhadi narra con la cualidad maravillosa de ceñirse a lo esencial, con un sentido de la elipsis excelente. Sin resultar impostado o artificial juega lo justo a los paralelismos entre la vida real y la obra de teatro en que trabajan los dos protagonistas, la pesarosa “La muerte de un viajante”, de Arthur Miller, pues sumidos en su tragedia personal han de trasladar sus sentimientos al escenario. A la vez, la poética mirada cinematográfica de Farhadi resplandece en algunas imágenes de gran contenido metafórico, como esa grieta inicial sobre el lecho conyugal. La unión y el amor matrimonial es un edificio a menudo inestable, dice Farhadi, es necesario cuidarlo heroicamente para mantenerlo en pie. Es bien merecido el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa. Eso no quita que El viajante sea una película poco animosa, también porque su atmósfera es totalmente hiperrealista, en el sentido de que la historia, la puesta en escena, las reacciones de los actores, desprenden un verismo absoluto, lo cual traslada un aire poco alentador al conjunto. Los actores están inmensos, pero resulta obligado destacar el impresionante trabajo de Shahab Hosseini, habitual del director.

7/10
El pasado

2013 | Le passé

Ahmad, de nacionalidad iraní, llega a París, donde le aguarda su ex mujer Marie, francesa, para que le firme los papeles del divorcio tras cuatro años de ausencia. Aunque hay algo más. Ella desea que hable con su rebelde hija adolescente Lucie, fruto de otro matrimonio, y con la que él se lleva bien. Además ha previsto que se aloje en su casa, donde se va a enterar de que Marie mantiene una relación con otro hombre, Samir, padre de un niño y cuya esposa se encuentra en coma. El iraní Asghar Farhadi, ganador del Oscar a la mejor película extranjera gracias a Nader y Simin, una separación, acomete su primera obra rodada fuera de su país y casi en su totalidad en francés. Pero las señas de identidad del cineasta son las mismas, y si acaso las nuevas circunstancias sirven para constatar la universalidad de su propuesta, gracias a un enorme talento narrativo y a la habilidad para dibujar personajes creíbles, con rasgos complejos bien definidos, que muestran la complicación interior tan habitual del ser humano. Farhadi logra dibujar con maestría las heridas de los hogares rotos, la marca profunda que deja la infidelidad, el sufrimiento de los más vulnerables, los hijos, sobre todo si se encuentran en la adolescencia. Y no existe afán moralizante, sino que las explosiones del carácter, el rencor y el orgullo, la infelicidad que domina a unos y otros, son suficientemente expresivos para mostrar cómo las decisiones erradas pueden tener terribles consecuencias. El cineasta persa es un verdadero mago de la narración, sabe dosificar la información y tener al espectador en ascuas; y entregar imágenes y metáforas visuales más expresivas que mil palabras, sirva de botón de muestra el encuentro mudo en el aeropuerto, separados los que estuvieron casados por un cristal, o el coche que arranca marcha atrás y está a punto de colisionar, anticipo de las cuestiones del pasado a que alude el título y que van a tener presencia nuevamente en el presente. Y los actores tienen en sus manos personajes muy sólidos, de modo que Bérénice Bejo –premiada como mejor actriz en Cannes– Ali Mosaffa, Tahar Rahim y la jovencita Pauline Burlet se lucen. Tomarte tu tiempo para contar una historia –130 minutos dura el film– puede tener sentido, o no. Una mirada superficial podría interpretar que la narración podía avanzar más deprisa, o que se miran las mismas cuestiones desde diferentes ópticas, lo que prolonga el metraje. La realidad es que Farhadi tiene un increíble sentido del tempo narrativo, usa los minutos que precisa, ni uno más, ni uno menos; y saber jugar inteligentemente con el espectador que ya está juzgando quizá a la ligera a los personajes, aportando de pronto y con sentido nuevos elementos que conducen a que se nos invite a no sacar conclusiones demasiado rápido. Lo que bien se puede decir del final, Samir junto a su esposa comatosa, verdaderamente impactante.

8/10
Nader y Simin, una separación

2011 | Jodaeiye Nader az Simin

Nader y Simin, que tienen una hija de once años, acuden al juez para solicitar el divorcio. Ella querría partir al extranjero, pero Nader rehúsa tal idea, desea cuidar de su padre, aquejado de demencia senil. Mientras el juez difiere su decisión, sobre todo en relación a la custodia de la hija, Nader debe contratar a una mujer que cuide de su padre. Una negligencia y un fatal accidente de esta mujer, que estaba embarazada de cinco meses, darán pie a un cruce de denuncias, que complica aún más la delicada situación de esta familia. El iraní Asghar Farhadi (A propósito de Elly) ganó el Oso de Oro en Berlín con esta magnífica película, que también dio los premios de interpretación masculina y femenina a Peyman Moaadi y Leila Hatami. Lo que parece va a ser la típica historia minimalista a que nos tienen acostumbrados los cineastas iraníes, se convierte en algo más rico, que indaga con habilidad en el orgullo que tantas veces destruye hogares y amistades, y en ese concepto tan evangélico de que la verdad nos hace libres, mientras que la mentira y el disimulo suelen enturbiar y destruir las cosas más bellas. Además se incide en algo tan elemental y muchas veces pasado por alto de que las principales víctimas en un proceso de separación son los hijos, que curiosamente son los más generosos e ingeniosos a la hora de tratar de salvar la unidad familiar. Sorprende la naturalidad con que fluye la historia -el guión es también obra de Farhadi-, la forma en que se enredan las cosas, el modo en que se plantean diversos dilemas y el modo en que se atan cabos. Y en el camino se van construyendo unos sólidos personajes, con virtudes y defectos, a los que aprendemos a apreciar. Se trata de un retazo de la vida misma, con un humanismo que se agradece, aunque las cosas no siempre resulten como uno quisiera.

9/10
A propósito de Elly

2009 | Darbareye Elly

La iraní Golshifteh Farahani, que fue la presencia femenina más destacada en Red de mentiras, protagoniza la cuarta película de su compatriota Asghar Farhadi (Raghs dar ghobar, Shah-re ziba, Chaharshanbe-soori), director y guionista. A propósito de Elly ha tenido una gran acogida, pues ganó el Oso de Plata al mejor director en Berlín, y el premio a la mejor película narrativa en el festival de Tribeca. Empieza como una película de viejos amigos que se vuelven a unir, al estilo de Reencuentro o Los amigos de Peter, pero en versión iraní, aunque de repente se desata una tremenda tragedia. Con motivo de una visita de Ahmad a Irán, su país natal, tras muchos años viviendo en Alemania, sus antiguos amigos de la universidad deciden pasar junto a él tres días en una casa que alquilan junto al Mar Caspio. Una de las mujeres más carismáticas del grupo, la vitalista Sepideh, se entera de que Ahmad se ha divorciado de su esposa alemana, por lo que le ha buscado una posible nueva novia. Se trata de Elly, la maestra de su hija. Pero misteriosamente, Elly desaparece sin dejar rastro y el grupo cree que se ha podido ahogar. Farhadi acierta con un montaje dinámico, más parecido al del cine occidental que a los largos planos secuencia de Abbas Kiarostami, el director iraní más representativo. Cuenta con un reparto excepcional, encabezado por la citada Farahani (Sepideh), y por Taraneh Alidoosti (Elly), que ha estado presente en casi todas sus películas. Aunque es un drama bastante duro, la incertidumbre en cuanto al paradero de Elly propicia momentos que parecen sacados de un thriller, y la intriga en torno a varios elementos del film está muy bien dosificada. Con personajes muy de carne y hueso representativos de un Irán más complejo de lo que se deduce de la imagen que dan los medios de comunicación occidentales, el director presenta el choque entre la tradición y la modernidad que se da actualmente en el país. Y lo hace tratando de entender todas las posturas. Los personajes más occidentalizados, que son los universitarios protagonistas, pueden tener comportamientos dudosos, pues uno de ellos, Amir, justifica una agresión a su esposa con la frase “me ha obligado a levantarle la mano”. Por contra, también está muy bien defendido el personaje más tradicional –que aparece en el último tramo del film–. Si la culpa del drama que se cierne sobre Elly la tiene el sector ‘modernizado’ o el personaje conservador, es algo que se deja al juicio de los espectadores.

7/10
Todos lo saben

2018 | Todos lo saben

Con motivo de la boda de su hermana Ana, Laura regresa desde Argentina a su pueblo natal en una zona vinícola española, la acompañan sus dos hijos, el marido Alejandro se quedó allá por trabajo. Se produce el gozoso reencuentro con padres y hermanos, y con Paco, del que anduvo enamorada en su juventud, ahora casado con Bea. Y tras el enlace, al que asisten muchos invitados, sigue la animada fiesta. Pero de pronto... Desaparece Irene, la hija mayor de Laura. Mensajes en el móvil de Laura apuntan a un secuestro por dinero, con la amenaza de hacer daño a la adolescente si denuncian los hechos a la guardia civil. La vida con frecuencia nos somete a duras pruebas. La alegría pronto se troca en dolor y sufrimiento, y puede costar recuperar la confianza en las personas. El iraní Asghar Farhadi, director y guionista, demuestra su enorme talento para contar historias de alcance universal, no importa tanto que sitúe las historias en su país de origen (Nader y Simin, una separación, El viajante) o que estén “coloreadas” por el telón de fondo parcial o total de Occidente (El pasado y Francia, Todos lo saben y España y Argentina), lo decisivo es la hondura con que atrapa las interioridades del ser humano, lo mejor y lo peor: el amor, el sacrificio, los padecimientos, los rencores soterrados, la soberbia, la ambición, asoman en cada uno en mayor o menor medida, mientra se teje un elaborado cuadro de complejas relaciones, donde cuenta lo ocurrido y lo que se piensa que ha ocurrido, la suposición de intenciones en el otro, y los secretos del pasado que acaban saliendo a la luz. Cuenta con un magnífico reparto coral, donde ocupan lugar prominente Javier Bardem, Penélope Cruz y Ricardo Darín, convincentes al exhibir las fragilidades de sus personajes, pero donde también sobresalan Bárbara Lennie, Inma Cuesta, Elvira Mínguez, Eduard Fernández, Ramón Barea, por citar a unos pocos. Farhadi es un cineasta con mayúsculas. Sabe dar el salto mortal del costumbrismo festivo inicial, a la angustia de la tragedia y las dudas sobre qué ha ocurrido, y quién está detrás, un cambio de tono perfectamente ajustado. Y sí, hay un punto de intriga, pero puede permitirse el lujo de satisfacer la curiosidad sobre la identidad de los secuestradores sin jugar a sorprender, poniendo el acento en que lo importante, lo que le interesa, son las personas, sus heridas existenciales, las cicatrices indelebles. Da gusto ver una película donde no hay espacio para la frivolidad, en que se puede abordar temas como la familia, el aborto o la intervención de Dios en la vida de los hombres, sin caer en el cliché. Y en donde las imágenes pueden sustituir con éxito a las palabras, pero sin desdeñar el poder de éstas para expresar los sentimientos.

7/10
El viajante

2016 | Forushande

Irán. Un joven matrimonio de clase media se ve obligado a dejar su piso porque el edificio amenaza ruina. Son personas cultas, delicadas, ambos trabajan de actores en una compañía de teatro y él además da clases de literatura en un colegio, donde es muy querido por los alumnos. Se trasladan entonces a vivir a un nuevo piso ofrecido por un compañero Por un descuido la mujer sufrirá una agresión mientras está duchándose y su marido está ausente. El pesar y la frustración se apoderarán del matrimonio. Vuelve el iraní Asghar Farhadi a entregar una película dramática de alta calidad, que indaga con enorme claridad y contundencia en la fragilidad de la relación matrimonial, algo que está en completa sintonía con sus anteriores trabajos, Nader y Simin, una separación y El pasado. En este caso desarrolla una trama aparentemente más sencilla para hablar de las diferentes reacciones suscitadas tras una agresión: el dolor profundo puede convertirse en un callejón sin salida y dar lugar a imprevistas consecuencias, donde salen a relucir la humillación, el miedo, la culpa, la venganza o el perdón. Llama la atención cómo Farhadi objetiva el conflicto sobre el tapete en la secuencia clave del film, un primor de intensidad, dramatismo y planificación que te deja completamente pegado a la butaca. A veces el mal ocurre por una sucesión de casualidades o porque sencillamente los seres humanos somos imperfectos, las buenas personas también cometen errores, a veces terribles pecados. Pero sumar otro mal al mal ya cometido es otra cuestión, lo cual no significa banalizar lo sucedido. A propósito de esto, maravilla la naturalidad con que Farhadi nos hace comprender hasta dónde llega el interior asqueado del matrimonio (ese plato de spaguetti) o la sutileza con que traslada el peso del dolor de un cónyuge a otro y su modo de afrontarlo. Su futuro está en juego. Asghar Farhadi narra con la cualidad maravillosa de ceñirse a lo esencial, con un sentido de la elipsis excelente. Sin resultar impostado o artificial juega lo justo a los paralelismos entre la vida real y la obra de teatro en que trabajan los dos protagonistas, la pesarosa “La muerte de un viajante”, de Arthur Miller, pues sumidos en su tragedia personal han de trasladar sus sentimientos al escenario. A la vez, la poética mirada cinematográfica de Farhadi resplandece en algunas imágenes de gran contenido metafórico, como esa grieta inicial sobre el lecho conyugal. La unión y el amor matrimonial es un edificio a menudo inestable, dice Farhadi, es necesario cuidarlo heroicamente para mantenerlo en pie. Es bien merecido el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa. Eso no quita que El viajante sea una película poco animosa, también porque su atmósfera es totalmente hiperrealista, en el sentido de que la historia, la puesta en escena, las reacciones de los actores, desprenden un verismo absoluto, lo cual traslada un aire poco alentador al conjunto. Los actores están inmensos, pero resulta obligado destacar el impresionante trabajo de Shahab Hosseini, habitual del director.

7/10
El pasado

2013 | Le passé

Ahmad, de nacionalidad iraní, llega a París, donde le aguarda su ex mujer Marie, francesa, para que le firme los papeles del divorcio tras cuatro años de ausencia. Aunque hay algo más. Ella desea que hable con su rebelde hija adolescente Lucie, fruto de otro matrimonio, y con la que él se lleva bien. Además ha previsto que se aloje en su casa, donde se va a enterar de que Marie mantiene una relación con otro hombre, Samir, padre de un niño y cuya esposa se encuentra en coma. El iraní Asghar Farhadi, ganador del Oscar a la mejor película extranjera gracias a Nader y Simin, una separación, acomete su primera obra rodada fuera de su país y casi en su totalidad en francés. Pero las señas de identidad del cineasta son las mismas, y si acaso las nuevas circunstancias sirven para constatar la universalidad de su propuesta, gracias a un enorme talento narrativo y a la habilidad para dibujar personajes creíbles, con rasgos complejos bien definidos, que muestran la complicación interior tan habitual del ser humano. Farhadi logra dibujar con maestría las heridas de los hogares rotos, la marca profunda que deja la infidelidad, el sufrimiento de los más vulnerables, los hijos, sobre todo si se encuentran en la adolescencia. Y no existe afán moralizante, sino que las explosiones del carácter, el rencor y el orgullo, la infelicidad que domina a unos y otros, son suficientemente expresivos para mostrar cómo las decisiones erradas pueden tener terribles consecuencias. El cineasta persa es un verdadero mago de la narración, sabe dosificar la información y tener al espectador en ascuas; y entregar imágenes y metáforas visuales más expresivas que mil palabras, sirva de botón de muestra el encuentro mudo en el aeropuerto, separados los que estuvieron casados por un cristal, o el coche que arranca marcha atrás y está a punto de colisionar, anticipo de las cuestiones del pasado a que alude el título y que van a tener presencia nuevamente en el presente. Y los actores tienen en sus manos personajes muy sólidos, de modo que Bérénice Bejo –premiada como mejor actriz en Cannes– Ali Mosaffa, Tahar Rahim y la jovencita Pauline Burlet se lucen. Tomarte tu tiempo para contar una historia –130 minutos dura el film– puede tener sentido, o no. Una mirada superficial podría interpretar que la narración podía avanzar más deprisa, o que se miran las mismas cuestiones desde diferentes ópticas, lo que prolonga el metraje. La realidad es que Farhadi tiene un increíble sentido del tempo narrativo, usa los minutos que precisa, ni uno más, ni uno menos; y saber jugar inteligentemente con el espectador que ya está juzgando quizá a la ligera a los personajes, aportando de pronto y con sentido nuevos elementos que conducen a que se nos invite a no sacar conclusiones demasiado rápido. Lo que bien se puede decir del final, Samir junto a su esposa comatosa, verdaderamente impactante.

8/10
Nader y Simin, una separación

2011 | Jodaeiye Nader az Simin

Nader y Simin, que tienen una hija de once años, acuden al juez para solicitar el divorcio. Ella querría partir al extranjero, pero Nader rehúsa tal idea, desea cuidar de su padre, aquejado de demencia senil. Mientras el juez difiere su decisión, sobre todo en relación a la custodia de la hija, Nader debe contratar a una mujer que cuide de su padre. Una negligencia y un fatal accidente de esta mujer, que estaba embarazada de cinco meses, darán pie a un cruce de denuncias, que complica aún más la delicada situación de esta familia. El iraní Asghar Farhadi (A propósito de Elly) ganó el Oso de Oro en Berlín con esta magnífica película, que también dio los premios de interpretación masculina y femenina a Peyman Moaadi y Leila Hatami. Lo que parece va a ser la típica historia minimalista a que nos tienen acostumbrados los cineastas iraníes, se convierte en algo más rico, que indaga con habilidad en el orgullo que tantas veces destruye hogares y amistades, y en ese concepto tan evangélico de que la verdad nos hace libres, mientras que la mentira y el disimulo suelen enturbiar y destruir las cosas más bellas. Además se incide en algo tan elemental y muchas veces pasado por alto de que las principales víctimas en un proceso de separación son los hijos, que curiosamente son los más generosos e ingeniosos a la hora de tratar de salvar la unidad familiar. Sorprende la naturalidad con que fluye la historia -el guión es también obra de Farhadi-, la forma en que se enredan las cosas, el modo en que se plantean diversos dilemas y el modo en que se atan cabos. Y en el camino se van construyendo unos sólidos personajes, con virtudes y defectos, a los que aprendemos a apreciar. Se trata de un retazo de la vida misma, con un humanismo que se agradece, aunque las cosas no siempre resulten como uno quisiera.

9/10
A propósito de Elly

2009 | Darbareye Elly

La iraní Golshifteh Farahani, que fue la presencia femenina más destacada en Red de mentiras, protagoniza la cuarta película de su compatriota Asghar Farhadi (Raghs dar ghobar, Shah-re ziba, Chaharshanbe-soori), director y guionista. A propósito de Elly ha tenido una gran acogida, pues ganó el Oso de Plata al mejor director en Berlín, y el premio a la mejor película narrativa en el festival de Tribeca. Empieza como una película de viejos amigos que se vuelven a unir, al estilo de Reencuentro o Los amigos de Peter, pero en versión iraní, aunque de repente se desata una tremenda tragedia. Con motivo de una visita de Ahmad a Irán, su país natal, tras muchos años viviendo en Alemania, sus antiguos amigos de la universidad deciden pasar junto a él tres días en una casa que alquilan junto al Mar Caspio. Una de las mujeres más carismáticas del grupo, la vitalista Sepideh, se entera de que Ahmad se ha divorciado de su esposa alemana, por lo que le ha buscado una posible nueva novia. Se trata de Elly, la maestra de su hija. Pero misteriosamente, Elly desaparece sin dejar rastro y el grupo cree que se ha podido ahogar. Farhadi acierta con un montaje dinámico, más parecido al del cine occidental que a los largos planos secuencia de Abbas Kiarostami, el director iraní más representativo. Cuenta con un reparto excepcional, encabezado por la citada Farahani (Sepideh), y por Taraneh Alidoosti (Elly), que ha estado presente en casi todas sus películas. Aunque es un drama bastante duro, la incertidumbre en cuanto al paradero de Elly propicia momentos que parecen sacados de un thriller, y la intriga en torno a varios elementos del film está muy bien dosificada. Con personajes muy de carne y hueso representativos de un Irán más complejo de lo que se deduce de la imagen que dan los medios de comunicación occidentales, el director presenta el choque entre la tradición y la modernidad que se da actualmente en el país. Y lo hace tratando de entender todas las posturas. Los personajes más occidentalizados, que son los universitarios protagonistas, pueden tener comportamientos dudosos, pues uno de ellos, Amir, justifica una agresión a su esposa con la frase “me ha obligado a levantarle la mano”. Por contra, también está muy bien defendido el personaje más tradicional –que aparece en el último tramo del film–. Si la culpa del drama que se cierne sobre Elly la tiene el sector ‘modernizado’ o el personaje conservador, es algo que se deja al juicio de los espectadores.

7/10

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