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Reportajes

Muchas lágrimas y unas pocas risas

Día 25: cine en portugués sobre vidas rotas, y cuando Michel Houellebecq encontró a Gérard Depardieu

Este año el ritmo de proyección de películas a concurso es más alto que nunca, se ve que, a jurado y cronistas, los organizadores del festival nos han querido dejar tiempo para la reflexión. La jornada de hoy estuvo protagonizada por tres película con una sola palabra en el título: el cine “falado” en portugués –la brasileña ambientada en las favelas de Rio “Pacificado” y la portuguesa sobre un adolescente raptado “Patrick”–, más los aires de comedia autorreferencial de la francesa “Thalasso”.

Hace cinco años el tándem Guillaume Nicloux-Michel Houellebecq hicieron fortuna con la comedia satírica El secuestro de Michel Houellebecq, donde el célebre escritor políticamente incorrecto era supuestamente secuestrado por una singular banda, el presidente francés François Hollande veía en él un temible rival. Tal absurdo servía de coartada para criticar cuestiones de la actualidad política y social.

Una secuela a concurso

Pues bien, la feliz pareja cinematográfica repite colaboración en Thalasso, de nuevo con aires de falsa realidad. La farsa transcurre en esta ocasión en un resort de talasoterapia, o para los que somos unos ignorantes en centros de relajación y salud de este tipo, en un balneario. Allí acude no muy convencido Michel Houellebecq, que abomina de las dietas y de la prohibición del tabaco y el vino. Aunque puede consolarse con la compañía de alguien inesperado, el actor Gérard Depardieu, que también pasa allí unos días, y al que no conocía. Entremedias recibe la llamada de uno de sus antiguos secuestradores, preocupado porque su madre octogenaria ha dejado a su progenitor, parece ser que han encontrado novio; y en efecto, aunque lo oculta, Michel ha recibido una llamada en que le daban cuentas de esta súbita decisión.

Thalasso2El esquema es similar al de su predecesor, el film se inventa una excusa para reunir a sus personajes, y hacer bromas sobre la excesiva preocupación por la salud física, las instalaciones artísticas, los fans de los escritores, el cine y los famosos, los prejuicios raciales, los videntes. De algún modo Houellebecq se muestra natural haciendo de sí mismo, un poco al estilo Woody Allen, mostrando su estupor ante lo ocurre delante de sus ojos, o mintiendo torpemente sobre sus pitillos clandestinos, o a las preguntas que le hacen sus ex secuestradores. Se trata de un divertimento menor, que produce alguna que otra sonrisa y poco más.

El regreso a las favelas

Más interés tiene Pacificado, cine brasileño escrito y dirigido por el texano Paxton Winters, que cuenta con un padrino de excepción, nada menos que Darren Aronofsky. Ambientada en 2018, en torno a los juegos olímpicos de Rio de Janeiro, sigue a la adolescente Tati, que vive con su madre drogadicta, y que aguarda con cierta impaciencia el regreso a las favelas de Jaca, antiguo líder de una banda que ha estado 14 años en prisión, y que se dice que es su padre. El tiempo entre rejas ha vuelto reflexivo a Jaca, que quiere abandonar su antigua vida criminal y regentar una pizzería, y querría que su hermano le siguiera en esta aventura. Pero no acaba de creerle Nelson, su sucesor, que le ve como un probable rival, y que busca alguna excusa para eliminarle; al mismo tiempo, sus vecinos siguen viéndole como el líder natural que les ayuda a resolver problemas, una función a la que Nelson ha renunciado.

Pacificado1El título de la película juega con un doble sentido. Alude a las fuerzas de seguridad, que han pacificado las conflictivas favelas, auténtica zona de guerra, durante la celebración de la Olimpiada, pero también con la condición del ex preso, aunque ésta podría fácilmente mudar si las provocaciones de Nelson no cesan. De todos modos, el film juega con una doble mirada, la de Jaca, y la de Tati. El primero representa la posibilidad de cambiar, la segunda la mantener cierta inocencia y no corromperse, lo que no parece fácil en el degradado ambiente en que le toca crecer, con situaciones tan desagradables como la su amiga a la que le rajan el rostro, o la de su propia madre ocultándole droga en la mochila, lo que desemboca en una inspección policial abusiva.

Se trata de una película bien ejecutada, aunque no tan impactante como Ciudad de Dios, con imágenes poderosas como la de Jaca con su nevera a cuestas por una escalera interminable, que nos recuerda lo difícil que le va a ser llevar una vida digna. De todos modos, quizá el desenlace sabe a poco, aunque sea una apuesta esperanzada por la normalidad, en que no se busca “epatar” al espectador.

Se llevaron a Mario y le devolvieron a Patrick

La cinta portuguesa Patrick es dura. Bastante dura. Gonçalo Waddington debuta como director contando el regreso a su casa, en un pueblo de Portugal, de Mário, un joven que cuando fue detenido en Francia respondía al nombre de Patrick. Secuestrado de niño años atrás, ha sufrido abusos, y luego, independizado, se convirtió en delincuente sexual grabando vídeos de encuentros con mujeres y subiéndolos a internet. En atención a que también es víctima, y a la petición del inspector portugués que llevó el caso de su rapto, Mário es devuelto a casa. E irrumpe en el seno de un hogar roto, el padre se fue, la madre se volvió taciturna, y él ahora es un extraño. Quizá el reencuentro con una prima de su edad pueda ayudarle a reencontrar al niño que tuvo dentro, pero se adivina que el camino no será fácil.

Patrick1Waddington maneja bien los silencios y el ritmo pausado para mostrarnos a un personaje muy dañado por dentro, y del que resulta difícil adivinar cómo está manejando esta segunda oportunidad, y si será posible su sanación. Porque no acaba de reconectar con su familia, y se juega a la ambigüedad de por qué desea contactar con el hombre que abusó de él, y de cuyo paradero no ha dado noticias a la policía. La mirada es pesimista y sombría, el amor está ausente, y cuando asoma en un personaje, produce la reacción equivocada. Sorprende un poco que alguien como Mário no recibe enseguida terapia, hay que suspender la incredulidad ante tal extremo, pero la película funciona hasta el reencuentro final con otro yo.

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