1 de enero, 2 de febrero... Hoy es 7 de julio, y en Pamplona ya ha estallado la fiesta. Con el tradicional chupinazo lanzado desde el balcón del Ayuntamiento, la capital navarra da comienzo a nueve días de intensidad, jolgorio, encierros y devoción por San Fermín. Las calles se tiñen de blanco y rojo, suenan las charangas, y miles de personas —locales y foráneas— se lanzan a celebrar una de las fiestas más universales de España. A Pamplona voy a ir, cantan algunos, mientras otros simplemente gritan, corren, bailan o beben. Y no solo en la vida real: el cine también ha querido asomarse a esta celebración sin igual, con resultados que van del homenaje sentido al más puro disparate hollywoodiense.
Los sanfermines, con su mezcla explosiva de devoción, desenfreno y dramatismo, han fascinado al cine desde sus orígenes. Pocas fiestas populares han dado tanto juego visual: toros desbocados, multitudes vestidas de blanco y rojo, emociones al límite. Hollywood, Europa y hasta Bollywood se han rendido al espectáculo pamplonés. Pero ¿cómo han retratado realmente los sanfermines en el cine?
La primera parada inevitable es Fiesta, adaptación de la novela "The Sun Also Rises" de Ernest Hemingway, el gran embajador de los sanfermines. Estrenada en 1957, la película mezcla melodrama, tauromaquia y amor entre copas de vino y carreras delante de los toros. Aunque rodada parcialmente en México, intentó capturar la atmósfera pamplonica con un romanticismo algo impostado y una mirada muy estadounidense.
Décadas después, 007: Muere otro día coqueteó con imágenes de encierros... pero filmadas en Cádiz. Ni Pamplona ni toros de verdad, sino una imitación turística que decepcionó a más de un purista. En general, el cine comercial ha preferido usar los sanfermines como postal exótica, más que como retrato auténtico.
Claro que si hablamos de postales absurdas, la medalla de oro va para Noche y día (2010), ese delirio de persecuciones en moto, tiros, vacas, Cameron Diaz y Tom Cruise escapando de un encierro... en Sevilla. ¿Sanfermines con azahar y giralda? Hollywood confundió Pamplona con Andalucía, y acabó rodando encierros en las callejuelas de Cádiz. Un despropósito geográfico digno de antología. A falta de GPS, buenas son las licencias creativas.
Por suerte, Orson Welles sí que supo dónde estaba Pamplona. En uno de los episodios de la serie documental En la tierra de Don Quijote (1964), realizada para la RAI italiana, mostró su visión personal de los sanfermines con ese tono reflexivo, apasionado y embriagador tan propio del cineasta. Un retrato poético y auténtico que contrasta con las recreaciones más artificiosas que vendrían después.
También hay cine menos conocido que no quiso perderse la fiesta. En Carnaval de ladrones (1967), dirigida por Russell Rouse, un ladrón estadounidense (Stephen Boyd) se hace pasar por hostelero para ejecutar un robo durante el caos del encierro. El film no gustó nada a la censura franquista, que lo consideró “escandaloso”. Pero al menos nos dejó la imagen impagable de Messala (sí, el de Ben-Hur) corriendo delante de un toro. En México, por cierto, se tituló sin rodeos: Atraco en Pamplona.
Más recordada —aunque por otros motivos— es la discutible La trastienda (1975), con María José Cantudo. Debía haber pasado a la historia por mostrar por primera vez un encierro en tiempo real, pero quedó eclipsada por incluir el primer desnudo integral del cine español. Además, ese año los sanfermines se tiñeron de tragedia por la muerte de un corredor. Un cóctel de morbo, sexo y drama que hoy sería trending topic.
El cine estadounidense también quiso su ración de adrenalina pamplonica. En Cowboys de ciudad (1991), Billy Crystal y sus colegas huían a toda velocidad de los toros en lo que parecía una parodia de los sanfermines. Fue solo un arranque cómico, pero suficiente para afianzar la fiesta en el imaginario pop yanqui.
Más sentimental fue la apuesta de Americano (2005), donde Joshua Jackson interpreta a un joven que viaja a Europa antes de sentar cabeza. En Pamplona encuentra nuevas amistades y, cómo no, corre el encierro. Una pequeña producción con alma de postal emocional... y con Dennis Hopper como bonus.
Y si Bollywood se apunta, la fiesta es global. En Sólo se vive una vez (Zindagi Na Milegi Dobara, 2012), tres amigos recorren España para reencontrarse consigo mismos. El encierro final, rodado en Pamplona, fue tan intenso como simbólico: en Bollywood también corren delante de sus miedos (y de unos buenos morlacos).
En el terreno documental, destaca Encierro (2013), una experiencia 3D rodada con mimo y vértigo visual. Alejada del folclore barato, sumerge al espectador en la intensidad y la emoción real del encierro. Pura adrenalina filmada como nunca antes.
Más reciente es Blue Lips (2014), una curiosa coproducción internacional en la que seis personajes de distintas nacionalidades viven sus propias historias personales durante los sanfermines. Diferentes miradas sobre una misma fiesta.
La televisión tampoco se ha quedado atrás. En Cuéntame cómo pasó, los sanfermines de 1978 sirvieron de contexto para uno de los episodios más controvertidos de la serie, acusado por algunos de ofrecer “una falsa y mala imagen” de Pamplona. Y sí, hasta Los Simpson han hecho su versión del encierro, con Homer y Bart corriendo como alma que lleva el toro en una de sus célebres cabeceras.
Los sanfermines seguirán seduciendo a cineastas, guionistas y productores. Porque pocas celebraciones ofrecen tanta tensión narrativa, tanto color, tanto caos, tanta vida.
