Prolífico actor de cine y teatro francés, Jean-Pierre Darroussin es el actor fetiche de su gran amigo Robert Guédiguian, con quien ha rodado cintas como Marius y Jeannette, ¡Al ataque! o La ciudad está tranquila. Reconocido sobre todo en Francia, ha intervenido en títulos que han triunfado a nivel internacional, como On connaît la chanson, Para todos los gustos o Largo domingo de noviazgo.
¿Tuvo en cuenta que el papel estaba escrito para Jacques Villeret?
Estudié interpretación en la misma escuela que Villeret. Aunque él era mayor, y estaba unos cursos por encima, tuvimos los mismos profesores. Desde entonces ha habido una especie de vínculo entre nosotros, porque yo he hecho papeles que él no podía hacer por problemas de fechas, y él ha interpretado algún papel pensado para mí. Cuando Jean Becker me ofreció este trabajo, me dijo que me parecía mucho a él, pero que yo tendría menos problemas con las chicas.
El caso es que siempre he pensado que él y yo éramos de la misma casta de actores. Y sin embargo, lo cierto es que me limité a preparar el personaje a mi manera, sin pensar cómo lo habría hecho él.
Aunque no pudo conocer al jardinero en el que está basada la novela, ¿se inspiró en alguien para el personaje?
Me inspiré en mi padre. Básicamente, le he interpretado a él. Cuando leí el guión me acordé muchísimo de él. Era de la misma época, y un tipo de personaje muy parecido. Sabía hacer de todo: reparar electrodomésticos, colocar vigas, atender el jardín. Era muy trabajador. Fue un ilustre representante de la generación posterior a la II Guerra Mundial. El consumismo no había llegado al nivel que tenemos ahora. Las cosas materiales no se tiraban, sino que la gente se las ingeniaba para arreglarlas. Este tipo de personas de clase humilde siempre solía tener un pequeño huerto. Para ellos era muy importante producir. Por eso ha sido un gran placer homenajearle a él y a su generación.
Su personaje es un tipo peculiar. ¿Le gustó el personaje y por eso decidió hacer la película?
A lo largo de mi carrera siempre he ido en busca de personajes interesantes. Trabajo mucho en teatro contemporáneo, a veces en obras nuevas, que se estrenan y en las que me dejan mucho margen de improvisación. Mi objetivo es crear personajes tan fascinantes, que otros actores los vuelvan a interpretar dentro de unos cuantos años. Pero debo decir que en esta ocasión, no quedé fascinado por el personaje, sino con toda la película.
¿Echa de menos la vida sencilla que lleva su personaje en el film?
Es una vida distinta a la que se suele llevar ahora. Tenía sus cosas buenas y sus cosas malas. Por ejemplo, tenían menos adelantos y en ese sentido era una vida muy dura. La principal diferencia es que ellos tenían que procesar menos información, pues como mucho pasaba un coche a su lado al cabo de dos horas. Probablemente por eso tenían las ideas más claras, y nosotros estamos más aturdidos ante tanta información.
Supongo que debemos concentrarnos en vivir lo que nos ha tocado de la mejor manera posible. Lo peor que tiene la vida moderna es el afán consumista. Hay un momento en que esto tiene que parar, porque no se puede consumir cada vez más hasta el infinito. Tiene que haber un límite. Antes había una relación más directa con el medio natural. Si uno tenía que derribar un árbol para usar la madera, era consciente de lo que había hecho y se preocupaba más por volver a plantarlo. Ahora, casi ni nos enteramos de los desastres ecológicos.
Hasta ahora no había coincidido con Daniel Auteuil, que es uno de los grandes del cine francés. ¿Cómo ha sido su encuentro con este actor?
Creo que ha sido una experiencia muy satisfactoria. Ambos procedemos de compañías de teatro que hacían largas giras por Francia. Así que deseábamos encontrarnos desde hace tiempo, pero no había surgido la oportunidad. Ambos vemos la profesión de forma similar. Nos gusta experimentar y buscar cosas nuevas, así que cuando estaba con él, me veía reflejado a mí mismo.
Una de sus películas, Marius y Jeannette, puso de moda el cine social en Europa durante unos años. Pero ahora se ha dejado de hacer. ¿Fue una moda pasajera?
El cine clásico dejó grandes películas de cine social. Jacques Becker, padre de Jean, fue un maestro de ese movimiento. Durante mucho tiempo se dejó de hacer, hasta que llegó Marius y Jeannette. Tuvo un gran éxito, y creo que eso influyó en películas excelentes de directores como Michel Deville (Las confesiones del doctor Sachs) y Bertrand Tavernier (Hoy empieza todo). Y sin embargo, luego todo esto se diluyó.
El problema reside en la financiación de estas películas. Nosotros hicimos Marius y Jeannette con muy poco dinero, pero a ver qué productor se arriesga con una película sobre la vida cotidiana, que en principio parece poco atractiva para el público. Además, no es tan fácil rodar una película así. El director de Marius y Jeannette, Robert Guédiguian, supo darle un toque mágico a una historia mundana. Pero si no, el público es muy reacio a pagar una entrada para ver a personajes que le recuerdan demasiado a su propia vida, con problemas que para él resultan muy preocupantes. Es difícil que un cineasta sepa hacer interesante algo así.
