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Biografía

Jean Becker

Jean Becker

87 años

Jean Becker

Nació el 10 de Mayo de 1933 en París, Francia

Las cuitas cotidianas

21 Junio 2013

Con menos de una veintena de películas en su filmografía, el veterano Jean Becker es uno de los directores franceses más reconocidos.

Hijo del legendario director Jacques Becker, creador de obras consideradas clásicas como París, bajos fondos, Jean entró en contacto con el mundo del cine desde muy joven. Nacido en París el 10 de mayo de 1933, fruto de la relación de su padre con la actriz Françoise Fabian, su hijo fue pronto su mejor discípulo. Jean trabajó como su ayudante en varias de sus películas, como No tocar la pasta, Los amantes de Montparnasse o La evasión. Tras este film, Jacques Becker falleció prematuramente a la edad de 53 años y su hijo, que por entonces contaba con 27 años decidió dar el salto a la dirección en solitario.

La primera película de Jean Becker fue el drama criminal Un tal La Roca en 1961, que se encuadra dentro del cine de gángsters. Protagonizada por el carismático Jean-Paul Belmondo, la colaboración del actor con el director se prolongaría durante otras dos películas: el drama A escape libre (1964), donde aparecía con Jean Seberg y cuyo título hacía recordar a la mítica película que ambos rodaron a las órdenes de Jean-Luc Godard; y la pícara comedia Dulce gamberro (1966). El año anterior ya había probado con éxito con el género cómico Pas de caviar pour tante Olga (1965). En 1965 comenzó a dirigir la serie Les Saintes chéries. A lo largo de cinco años dirigió hasta un total de 31 episodios de algo menos de media hora de duración.

El trabajo televisivo le debió de dejar exhausto porque Jean Becker comenzó entonces un periodo de barbecho que duraría la friolera de trece años, hasta que en 1983 regresó como director del largometraje Verano asesino. Este drama de misterio, adaptación de una novela de Sébastien Japrisot, ya fueron palabras mayores. Tuvo una excelente acogida en Cannes y obtuvo varios galardones, como 4 Premios César, entre ellos uno para la mejor actriz Isabelle Adjani. Peor le fue con Elisa (1995), drama subidito de tono protagonizado por una joven Vanessa Paradis.

Aprendida la lección Jean Becker regresó cuatro años después con la comedia por la que seguramente será recordado: La fortuna de vivir. Se trata de una comedia costumbrista, de ambiente bucólico y lleno de humor, con un grupo de personajes inolvidables que mantienen una intensa amistad en la Francia rural de Primera Guerra Mundial. El film, delicioso, encantó al público y ofreció estupendas interpretaciones de un reparto en donde estaban Michel Serrault, Jacques Villeret (que un año antes nos había hecho reír tanto como el señor Pignon de La cena de los idiotas) y un sorprendente Eric Cantona, futbolista metido a actor. Desde este film la filmografía de Becker tendría ya otro tono, donde los personajes sencillos, de buen corazón serán la constante en sus historias, amables, a menudo dramáticas pero con un agradable sentido del humor.

El director comenzaría la década con una nueva colaboración con Jacques Villeret en la apañada comedia negra Un crimen en el paraíso, sobre la vida de un matrimonio que se lleva a matar. Y en los cinco años que van desde 2007 hasta 2012 Becker entraría en un período de enorme creatividad que daría lugar a cuatro formidables películas. Todas tienen un aire parecido: tratan de personas normales, que viven su vida cotidiana buscando la felicidad. Como todo el mundo. Son películas de personajes que se hacen muy cercanos al espectador, porque sus sufrimientos y sus anhelos son los de todas las personas. Becker aporta una mirada amorosa hacia el ser humano y sus pequeñas mezquindades, capaz también de hacer grandes cosas por la felicidad de los demás.

Conversaciones con mi jardinero (2007) contaba con el protagonismo de uno de los grandes del cine francés, Daniel Auteuil, que interpreta a un pintor que ha entrado en una crisis personal tras la separación de su mujer y una vida de excesos. En Dejad de quererme (2008) un hombre desea sembrar la discordia en sus seres queridos para que no le echen de menos cuando muera, pues el médico le ha dado sólo un corto tiempo de vida. Las dos últimas películas, Mis tardes con Margueritte (2010) y Mi encuentro con Marilou (2012) son una mirada llena de cariño hacia la ancianidad, con protagonistas entrados en años, cultos y refinados, que encuentran la manera de superar su soledad dedicando tiempo a otras personas que han tenido menos suerte en la vida.

Filmografía
El collar rojo

2018 | Le collier rouge

Se supone que el campesino Morlac es un héroe que ha demostrado su valor en el campo de batalla, pero terminada la Primera Guerra Mundial, permanece encerrado en el calabozo de un pueblecito de la campiña francesa, con su fiel perro fuera, aguardando, tal vez, la liberación de su dueño. Lantier, un juez militar, indaga sobre los hechos que motivaron el ingreso en prisión, lo que pasa por interrogar al propio Morlac, y a su esposa Valentine, una mujer de campo también, que le ha sabido aficionar a la lectura. Jean Becker es un cineasta que se caracteriza por la humanidad de sus películas, y en su filmografía se encuentran títulos notables, como la magnífica La fortuna de vivir. En esa línea de mimar a los personajes, y abordar conflictos de interés, se mueve El collar rojo –un título que alude al perro, un collier rojo, pero también al lazo rojo de la condecoración de la legión de honor,– que adapta una novela de Jean-Christophe Rufin. La idea es tomar un conflicto bélico célebre por la carnicería a que dio lugar la guerra de trincheras, y trazar un paralelismo comparativo entre animales y seres humanos, en que se viene a decir que los primeros actúan por instinto, pero los segundos carecen de esa disculpa; por eso deberían utilizar el raciocinio y el sentido común en todas sus acciones, lo que incluye la práctica de la justicia y no matarse unos a otros. Curiosamente otra cinta reciente, la animada Stubby, un héroe muy especial, también habla del papel de los perros en la Primera Guerra Mundial. Pero Becker se enreda con su enfoque. La investigación de Lantier ayuda a estructurar la narración e introducir un punto de intriga, pero al espectador se le escamotea de entrada la razón de por qué el protagonista está en la cárcel, algo que no deja de ser un poco artificioso. Lo mismo ocurre con el recurso del perro para reflexionar sobre cómo actúa Morlac, el modo de manifestar su rechazo a la guerra, o el enfando un tanto infantil con Valentine. De todos modos la película se ve con agrado, sobre todo en los intercambios dialécticos de Lantier (François Cluzet) con el preso (Nicolas Duvauchelle), Valentine (Sophie Verbeeck) y el gendarme local (Jean-Quentin Châtelain).

5/10
Unos días para recordar

2014 | Bon rétablissement!

Una noche fatídica, Pierre cae al parisino río Sena y un tipo le salva de morir ahogado. En lo que se diría una especie de vendetta mafiosa, Pierre fue atropellado por alguien que se dio a la fuga, aunque en realidad, aparte de ser un tipo gruñón, viudo y sin hijos, ya talludito, es un tipo bastante normal, y no recuerda las circunstancias de su curioso accidente, en cualquier caso parece dudoso que alguien le quisiera algún mal. En los días de obligada convalencia hospitalaria, se ve obligado a convivir con una amplia galería de personas, que aparte de sus evidentes defectos, sacan también de él lo mejor, la capacidad de ver individuos con sus características peculiares, más allá de que en algún caso puedan ser más o menos cargantes. Esto, de algún modo, le obliga a hacer un personal examen de conciencia de lo que ha sido su vida hasta ahora, para encarar lo que vendrá después. El octogenario Jean Becker sigue dando grandes muestras de vitalidad con un cine profundamente humano: como ocurría en sus anteriores filmes –La fortuna de vivir, Conversaciones con mi jardinero, Mis tardes con Margueritte...–, sabe trenzar, a través de tramas muy normales y cotidianas, el drama con el humor, y es que a la postre la vida de cada uno no es sino una gran comedia de la que somos protagonistas y donde, a pesar de nuestras personales limitaciones, hemos de saber representar dignamente nuestro papel. Es de algún modo la sabiduría que asume paulatinamente Pierre –estupendo Gérard Lanvin, columna vertebral de la película–, que de una posición del típico enfermo quejica de hospital, pasa a ir conociendo a otros pacientes y personal sanitario, más las visitas que acuden a verle, incluido el hombre que le salvó la vida, un chapero que a priori le produce repulsa, pero en el que aprende a ver, como en los otros, a personas valiosas e irrepetibles, a las que no toca a él juzgar. Tal vez este "purgatorio" hospitalario es lo que necesita para descubrir el "paraíso" en el devenir cotidiano.  Quizá pueda reprocharse al film su indudable ligereza, no pretende plantear sesudos problemas existenciales, pero lo cierto es que está sembrado de detalles de humanidad, piénsese en el policía que se preocupa del hombre atropellado porque le recuerda a su padre, o de la adolescente negra y gordita, que quizá no sea una diplomada en relaciones públicas a la hora de pedir a Pierre su ordenador. Y Becker se muestra hábil en las siempre difíciles transiciones del inspirado humor a meter el dedito en la llaga de algunos hábitos egoístas a los que tan acostumbrados estamos.

6/10
Mi encuentro con Marilou

2013 | Bienvenue parmi nous

Paul Taillandier es un pintor de enorme prestigio internacional. Vive en una preciosa casa de campo, con su mujer Alice. Tiene varios hijos y nietos. Tiene dinero, es un artista de renombre y el cariño de los suyos es grande pero... últimamente Taillandier se siente mal, no duerme, no come, está harto de todo y de todos, de él y de los demás. Su depresión llega a extremos muy marcados, de modo que decide marcharse de casa e incluso piensa en el suicidio... Pero hete aquí que se le cruza en su camino una jovencita que deambula solitaria por la calle pues ha sido expulsada de su casa. La chica no tiene adónde ir y, a regañadientes, Taillandier decide ayudarla y alojarla en un hotel... El veterano director francés Jean Becker es uno de esos cineastas con un raro don para contar pequeñas historias y llenarlas de humanidad. Ha dado muestras de su sensibilidad en numerosas ocasiones (Mis tardes con Margueritte, Dejad de quererme), de modo que con unas pocas pinceladas, casi anecdóticas, es capaz de lograr que sus personajes desprendan una hondura poco común. Lo peculiar es que esta hondura es siempre compatible con la sencillez, la cotidianidad, la vida común de personas normales, de buen corazón, que aspiran, sencillamente, a ser felices. En Mi encuentro con Marilou, Becker recrea una seria situación de depresión, adaptación de una novela de Eric Holder, y hace hincapié en la necesidad de verter el corazón en los demás cuando nuestra propia vida comienza a perder sentido. El gran oficio del director logra que esta cuestión llegue al espectador sin moralinas baratas, y además da muestras de un sabio manejo de los actores, algo especialmente meritorio en el caso de la brillante jovencita Jeanne Lambert. En primer lugar, la relación entre Taillandier y Marylou está cuidada con esmero, y sus respectivas evoluciones (excepcionalmente convincente Patrick Chesnais) son muy lentas, progresivas, reales. Ninguno de ellos deja de ser quién es. Y, en segundo lugar, Becker da muestras de una gran sobriedad a la hora de mostrar los sentimientos. Hubiera sido muy cómodo caer en la lágrima fácil o dejarse llevar por derroteros frívolos, pero Becker no está para semejantes simplezas comerciales. El plano final, con la profundidad de campo, es sencillamente genial.

6/10
Mis tardes con Margueritte

2010 | La tête en friche

El cineasta francés Jean Becker suma a su filmografía otra pequeña y grata película. Lo cierto es que este cineasta, hijo del también director Jacques Becker (París, bajos fondos), es un consumado especialista en ofrecer historias sencillas, llenas de humanidad, servidas con toques de humor y amor nada forzados. Así al menos lo hizo en filmes tan celebrados como La fortuna de vivir, Conversaciones con mi jardinero o Dejad de quererme. Germain es un hombretón iletrado, de gran corazón, que vive en un pequeño pueblo francés. Considerado por todos como un tonto, Germain se gana el pan con pequeños trabajos y los pocos ingresos que genera la venta de las hortalizas de su huerto. Mantiene una relación sentimental con Annette, una joven y dulce conductora de autobus, y duerme en una roulotte situada en el jardín de la casa de su madre, una mujer neurótica que odia a su hijo y que le ha hecho la vida imposible durante toda su vida. Aun así, su hijo la cuida como puede. Pero la vida anodina de Germain va a cambiar cuando conozca en el parque a Margueritte, una simpática, culta y lúcida anciana que enseñará al tosco Germain los gozos de leer buena literatura. Becker se basa en un libro de Marie-Sabine Roger para lograr una hermosa pieza cinematográfica, que desprende ternura por todos los poros. Destaca sin duda la mirada costumbrista y llena de cariño hacia la vida rural, sencilla, plagada de personajes ordinarios, todos ellos con sus carencias, sus pequeños anhelos, y sus amistades diarias de taberna. Y por supuesto, hay un gusto exquisito por las cosas más elevadas de la vida, por la literatura y el arte, y por esa magnanimidad humana capaz de abrir el corazón a la belleza y al amor inesperados, por muy inalcanzables que parezcan. Hay que aplaudir además a la encantadora veterana Gisèle Casadesus en el papel de Margueritte, y también la elección del protagonista, pues Gérard Depardieu interpreta como nadie a Germain, hombre muy bondadoso y sensible pero que ha sido víctima de una infancia sin amor.

6/10
Dejad de quererme

2008 | Deux jours à tuer

El cine del francés Jean Becker se caracteriza por su mirada tierna y comprensiva –aunque nada cursi ni sentimentaloide– hacia el ser humano y sus infelicidades, casi siempre debidas a los anhelos de su corazón, al egoísmo, al amor, etc. Así lo demuestran estimables películas como La fortuna de vivir o Conversaciones con mi jardinero. Aquí vuelve a ofrecer más de lo mismo con una historia muy sencilla y breve, casi minimalista, basada en una novela de François d'Épenoux. Antoine es un hombre en plena madurez, que vive a las afueras de París y lleva una existencia acomodada, junto a su guapa mujer Cécile. Sin embargo, una mañana en el trabajo explota. Sencillamente llega al límite cuando un cliente no está de acuerdo con el proyecto de marketing elaborado por su equipo. Antoine decide romper con la empresa y vender sus acciones. Pero ahí no queda la cosa: al llegar a casa su mujer le acusa de mantener un affaire con otra mujer, y a la noche, durante su propia fiesta de cumpleaños, Antoine se las apaña para acusar y despreciar a la cara a cada uno de sus amigos. La película se sigue con interés gracias al retrato que se hace del protagonista, pues el actor Albert Dupontel logra una composición muy acertada de su desconcertante y exagerado personaje, cuyas decisiones también pueden resultar a la postre demasiado injustas y egoístas. Pero, aun así, es verdad que hay un aire de patetismo en él que empuja al espectador a comprender su rebeldía contra lo establecido, contra la sociedad adinerada y contra los burgueses acomodados que llevan una vida frívola y han olvidado el valor de la existencia... ¿A quién no se le ha ocurrido alguna vez romper con todo? Quizá se eche en falta algo más de hondura en el resto de personajes, especialmente en Cécile (Marie-Josée Croze), y también algo más de contención en el ritmo, pues la historia se precipita demasiado rápido hacia el sorprendente desenlace. Y aunque habría vendo bien un material dramático más amplio, el resultado final es una película estimable, por momentos entrañable, que aporta una visión enriquecedora de la vida y de la importancia del perdón y del amor. Y en cualquier caso, la canción final llena de sentido cualquier posible cabo suelto.

6/10
Conversaciones con mi jardinero

2006 | Dialogue avec mon jardinier

El veterano cineasta francés Jean Becker, hijo de Jacques Becker (París, bajos fondos), adapta libremente una novela  de Henri Cueco que conecta muchísimo con su película más conocida, La fortuna de vivir, pues también eleva un canto a la amistad. Se trata de un texto difícil de llevar al cine, con diálogos extensos y poca acción, en el que el autor rememora sus conversaciones con un carismático jardinero. En la película se ha eliminado la figura del escritor y han ascendido a coprotagonista a un pintor quincuagenario cuya presencia en el libro es anecdótica. Éste es muy conocido en los círculos artísticos de París, ciudad que abandona tras separarse de su mujer, que se ha hartado de sus continuas infidelidades. Abatido por la desintegración matrimonial, decide instalarse en un pueblecito perdido, en la casa donde pasó la niñez. Como rodea a la casa un extenso jardín, que él no sabe cuidar, inserta un anuncio en el periódico, en busca de un experto. Responde el jardinero antes citado, que resulta ser un antiguo compañero de colegio y amigo del pintor. El film está dominado por la presencia casi constante de los dos coprotagonistas, por lo que resulta clave que Becker haya podido contar con dos actores excepcionales para interpretarlos. El sofisticado y elegante Daniel Auteuil, protagonista de filmes de culto, como Un corazón en invierno, parece nacido para interpretar al pintor. Por su parte, Jean-Pierre Darroussin, habitual de las películas que rueda en Marsella su amigo Robert Guédiguian (Marius y Jeannette) realiza el mejor trabajo de su carrera, en una buena sustitución de Jacques Villeret, el actor para el que Becker concibió el proyecto, habitual de sus últimas películas. Becker lanza una mirada nostálgica pero realista de la vida rural, eludiendo con inteligencia una idealización barata. Se deduce que los lugareños del pueblo donde transcurre la acción trabajan duramente, que tienen un acceso más difícil a la sanidad que los habitantes de la ciudad, etc. Y sin embargo, tienen una sana visión de la vida. El personaje del jardinero es todo un hallazgo, un tipo campechano, con mucho sentido común, que enseña a su interlocutor a apreciar las pequeñas cosas de la vida, que le hace darse cuenta de que hace el canelo liándose con una jovencita, en lugar de intentar recuperar a su mujer, y que consigue que descubra que muchos elementos que rodean a los círculos artísticos son accesorios, superficiales o pedantes. Le enseña asímismo a ‘burlarse’ de la muerte, pues aunque sabe que ésta triunfará al final, prefiere mientras tanto reírse de ella todo lo posible. En consonancia con lo que predica, Becker echa mano de una puesta en escena clásica, pero eficaz, que recuerda al buen cine de su padre. Lo mejor es que sabe equilibrar temas trascendentes con momentos cómicos muy logrados, como el velatorio. 

7/10
Un crimen en el paraíso

2001 | Un crime au paradis

Jojo y Lulu. Marido y mujer. Se llevan a matar. En la granja donde viven, “El paraíso”, se hacen todo tipo de perrerías, al estilo de las que acontecen en La guerra de los Rose. Pero es ella la más cruel y mezquina, pues él, en el fondo, es un pobre hombre, que se casó con la persona equivocada. Un día, viendo en la tele a un famoso abogado criminalista, a Jojo se le ocurre una idea: acudir al despacho del picapleitos, y sonsacarle cuáles serían las circunstancias atenuantes que lograrían su absolución en el hipotético caso de que asesinara a su esposa. ¿Será capaz Jojo de acometer tal empresa? Después de La cena de los idiotas, el divertido Jacques Villeret y el director Jean Becker vuelven a trabajar juntos en una animada comedia, repleta de humor negro y un poquito de ternura. A partir del clásico francés de Sacha Guitry La poison, Becker y su guionista, Sébastien Japrisot, actualizan la trama y le insuflan mucha, mucha frescura. Merece ser resaltada la escena en que Jojo se entrevista con el abogado (el divertido André Dussollier, que también aparecía en La cena), un prodigio de diálogos y dobles sentidos que provoca en el espectador la deseada carcajada.

5/10
La fortuna de vivir

1999 | Les enfants du marais

Francia, años 30. Marismas del río Loire. Allí viven, modestamente, Garris y Riton, amigos inseparables. El primero, soltero, está a punto de encontrar su gran amor. El otro, casado, y con varios críos, es buen tipo pero siempre acaba metido en líos; él es la razón de que Garris aguante la vida en las marismas: para sacarle de apuros. Uno es la pelea que mantiene con un boxeador profesional, que promete venganza. La amistad entre Garris y Riton, dos personajes con un aire de Quijote y Sancho Panza, es puesta a prueba en varias situaciones comprometidas. Pero su lealtad mutua resulta inquebrantable. Jean Becker, que adapta una novela de Georges Montforez, rodea a los dos protagonistas de tipos entrañables, amigos también: Amedée, soñador y devorador de libros, enamorado inconfeso de una viuda; Tane, el maquinista del tren; y Pépé, un anciano rico, dueño de una próspera fábrica, que logró salir de la miseria de las marismas, pero que no ha abdicado nunca de sus convicciones. Gozada de película. Canto a la amistad –con todo lo que conlleva: generosidad, sacrificio, perdón, dedicación de tiempo...– y a la 'joie de vivre', manifiestada en el disfrute de las pequeñas cosas de la vida. El film, contado desde la óptica de la hija pequeña de Riton, conjuga comedia y melodrama, con un ritmo delicioso, muy de Jean Renoir, en medio de un hermoso entorno rural. La magnífica definición de personajes facilita el éxito de pasajes conmovedores, como el formidable final.

7/10
Elisa

1995 | Élisa

Seis años después de su debut en pantalla con Noce blanche, la actriz y cantante Vanessa Paradis regresaba al cine con un thriller erótico bastante caótico, cuya parte final es tan cansina como grotesca. Todo comienza cuando una mujer se suicida y su hija Elisa va a parar a un orfanato. Veinte años después, ésta se ha convertido en una atractiva chica que roba para poder sobrevivir. Cuando descubre donde se encuentra su padre, decide ir a buscarle con la intención de vengarse.  Al menos, entre tanto disparate y desnudos gratuitos, tenía una gran banda sonora, marcada por la memorable canción principal de Serge Gainsbourg que daba título al film, y donde también estaba el 'Caruso' a dúo de Lucio Dalla y Pavarotti, una canción de Brassens y el pegadizo 'Psyche Rock' de Michel Colombier; además de un inolvidable y evocador score original de Zbigniew Preisner.

3/10
Verano asesino

1983 | L'été meurtrier

Elle es una provocativa muchacha que se traslada junto a su inválido padre y su asustadiza madre a una pequeña localidad francesa. Pronto entabla amistad con Florimond, un bombero local, y su relación desembocará en boda. Sin embargo, lo que parece ser una feliz historia de amor es en realidad una venganza forjada durante años, ya que lo que la muchacha pretende es integrarse en el núcleo familiar de su esposo y hacer pagar a quienes violaron a su madre hace veinte años. Basada en la novela de Sébastien Japrisot, se trata de uno de los grandes éxitos del cine francés donde Isabelle Adjani está de lo más atractiva. Su personaje, manipulador, ingenuo y seductor, refleja todo el talento de la actriz, que fue recompensada con un premio Cesar como mejor actriz principal, dentro de un largometraje que también ganó en las categorías de montaje (Jacques Witta), actriz secundaria (Suzanne Flon) y guión adaptado, para un Jean Becker que volvía a la dirección 17 años después de su última película. Delicada partitura musical a cargo de Georges Delerue.

6/10
Dulce gamberro

1966 | Tendre voyou

Comedia sobre un gigoló que se jacta de ser un auténtico 'macho man', capaz de seducir a cualquier mujer que se le ponga por delante. Cuando es contratado por un rico magnate para que le acompañe a él y a su mujer en un viaje de placer a Tahití, pronto comprenderá que se ha metido en el lío de su vida. Invento cómico para que la estrella Belmondo pueda dar rienda suelta a sus acrobacias de rigor (siempre interpretadas por él mismo, a pesar de los riesgos físicos) añadiendo ahora sus dotes románticas, que nos lleva al camino de multitud de chicas ligeras de ropa. Entretenida y sin pretensiones, en España volvería a reestrenarse años después con el título de Simpático sinvergüenza (no confundir con otra comedia de Belmondo de 1984 llamada Simpático y caradura). Tras Un tal La Roca y A escape libre, fue la tercera colaboración entre el actor y el director Jean Becker.

4/10
Pas de caviar pour tante Olga

1965 | Pas de caviar pour tante Olga

Sin que se sepan exactamente los motivos, lo cierto es que el cine francés ha sido desde siempre muy proclive a los argumentos cómicos donde se mezclan elementos de espionaje. En esta ocasión nos topamos con una adaptación de la novela de Charles Exbrayat donde un tal Patache se ve envuelto en mil y un problemas por culpa de un microfilm. Su protagonista principal es Pierre Brasseur (1905- 1972), todo un referente de la cinematografía francesa desde que comenzase su carrera en el cine mudo, y poseedor de una extensa filmografía con más de 150 películas, algunas tan emblemáticas como Los niños del paraíso (1945) y  La puerta de las lilas (1957).

4/10
A escape libre

1964 | Échappement libre

Nueva reunión de los míticos protagonistas de Al final de la escapada (1959), Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg, en un título que continuaba irremediablemente los pasos del célebre film de Godard. En A escape libre, David y Olga son dos contrabandistas que se encuentran en Beirut, donde se disponen a repartirse el botín de su último trabajo. Sin embargo, Olga desaparece sin querer saber nada del negocio. Esto hace que David la siga la pista hasta Goteborg. Coproducida con España, en su reparto encontramos nombres como los de Diana Lorys, Fernando Rey, Fernando Sancho, Roberto Camardiel y José María Caffarell. Además, mientras que la música original era de Martial Solal, para la versión española de la película se sustituyó por otra de Gregorio García Segura. En su guión adaptado, basado en la novela de Clet Coroner, participaron sin acreditar Claude Sautet y el español Luis Marquina.

5/10
Un tal La Roca

1961 | Un nommé La Rocca

Primera película de Jean Becker, hijo del prestigioso Jacques Becker que había fallecido un año antes. Tiene un guión del propio director y José Giovanni, que se basa en la novela de éste último 'L’excommunié'. Para cerrar el círculo, Giovanni dirigiría una nueva versión de su novela en 1971 como El clan de los marselleses (con un final diferente). Curiosamente, ambas versiones tienen a Jean-Paul Belmondo de protagonista. Su argumento responde al cine de gangsters tan en boga por aquel tiempo y nos presenta a  Robert La Rocca (Belmondo) y a su amigo Xavier (Pierre Vaneck), condenados en prisión por estar implicados en el asesinato de una banda rival. Cuando salen de la cárcel se muestran dispuestos a cambiar de vida, pero el pasado acabará marcando su destino.

5/10
El collar rojo

2018 | Le collier rouge

Se supone que el campesino Morlac es un héroe que ha demostrado su valor en el campo de batalla, pero terminada la Primera Guerra Mundial, permanece encerrado en el calabozo de un pueblecito de la campiña francesa, con su fiel perro fuera, aguardando, tal vez, la liberación de su dueño. Lantier, un juez militar, indaga sobre los hechos que motivaron el ingreso en prisión, lo que pasa por interrogar al propio Morlac, y a su esposa Valentine, una mujer de campo también, que le ha sabido aficionar a la lectura. Jean Becker es un cineasta que se caracteriza por la humanidad de sus películas, y en su filmografía se encuentran títulos notables, como la magnífica La fortuna de vivir. En esa línea de mimar a los personajes, y abordar conflictos de interés, se mueve El collar rojo –un título que alude al perro, un collier rojo, pero también al lazo rojo de la condecoración de la legión de honor,– que adapta una novela de Jean-Christophe Rufin. La idea es tomar un conflicto bélico célebre por la carnicería a que dio lugar la guerra de trincheras, y trazar un paralelismo comparativo entre animales y seres humanos, en que se viene a decir que los primeros actúan por instinto, pero los segundos carecen de esa disculpa; por eso deberían utilizar el raciocinio y el sentido común en todas sus acciones, lo que incluye la práctica de la justicia y no matarse unos a otros. Curiosamente otra cinta reciente, la animada Stubby, un héroe muy especial, también habla del papel de los perros en la Primera Guerra Mundial. Pero Becker se enreda con su enfoque. La investigación de Lantier ayuda a estructurar la narración e introducir un punto de intriga, pero al espectador se le escamotea de entrada la razón de por qué el protagonista está en la cárcel, algo que no deja de ser un poco artificioso. Lo mismo ocurre con el recurso del perro para reflexionar sobre cómo actúa Morlac, el modo de manifestar su rechazo a la guerra, o el enfando un tanto infantil con Valentine. De todos modos la película se ve con agrado, sobre todo en los intercambios dialécticos de Lantier (François Cluzet) con el preso (Nicolas Duvauchelle), Valentine (Sophie Verbeeck) y el gendarme local (Jean-Quentin Châtelain).

5/10
Unos días para recordar

2014 | Bon rétablissement!

Una noche fatídica, Pierre cae al parisino río Sena y un tipo le salva de morir ahogado. En lo que se diría una especie de vendetta mafiosa, Pierre fue atropellado por alguien que se dio a la fuga, aunque en realidad, aparte de ser un tipo gruñón, viudo y sin hijos, ya talludito, es un tipo bastante normal, y no recuerda las circunstancias de su curioso accidente, en cualquier caso parece dudoso que alguien le quisiera algún mal. En los días de obligada convalencia hospitalaria, se ve obligado a convivir con una amplia galería de personas, que aparte de sus evidentes defectos, sacan también de él lo mejor, la capacidad de ver individuos con sus características peculiares, más allá de que en algún caso puedan ser más o menos cargantes. Esto, de algún modo, le obliga a hacer un personal examen de conciencia de lo que ha sido su vida hasta ahora, para encarar lo que vendrá después. El octogenario Jean Becker sigue dando grandes muestras de vitalidad con un cine profundamente humano: como ocurría en sus anteriores filmes –La fortuna de vivir, Conversaciones con mi jardinero, Mis tardes con Margueritte...–, sabe trenzar, a través de tramas muy normales y cotidianas, el drama con el humor, y es que a la postre la vida de cada uno no es sino una gran comedia de la que somos protagonistas y donde, a pesar de nuestras personales limitaciones, hemos de saber representar dignamente nuestro papel. Es de algún modo la sabiduría que asume paulatinamente Pierre –estupendo Gérard Lanvin, columna vertebral de la película–, que de una posición del típico enfermo quejica de hospital, pasa a ir conociendo a otros pacientes y personal sanitario, más las visitas que acuden a verle, incluido el hombre que le salvó la vida, un chapero que a priori le produce repulsa, pero en el que aprende a ver, como en los otros, a personas valiosas e irrepetibles, a las que no toca a él juzgar. Tal vez este "purgatorio" hospitalario es lo que necesita para descubrir el "paraíso" en el devenir cotidiano.  Quizá pueda reprocharse al film su indudable ligereza, no pretende plantear sesudos problemas existenciales, pero lo cierto es que está sembrado de detalles de humanidad, piénsese en el policía que se preocupa del hombre atropellado porque le recuerda a su padre, o de la adolescente negra y gordita, que quizá no sea una diplomada en relaciones públicas a la hora de pedir a Pierre su ordenador. Y Becker se muestra hábil en las siempre difíciles transiciones del inspirado humor a meter el dedito en la llaga de algunos hábitos egoístas a los que tan acostumbrados estamos.

6/10
Mi encuentro con Marilou

2013 | Bienvenue parmi nous

Paul Taillandier es un pintor de enorme prestigio internacional. Vive en una preciosa casa de campo, con su mujer Alice. Tiene varios hijos y nietos. Tiene dinero, es un artista de renombre y el cariño de los suyos es grande pero... últimamente Taillandier se siente mal, no duerme, no come, está harto de todo y de todos, de él y de los demás. Su depresión llega a extremos muy marcados, de modo que decide marcharse de casa e incluso piensa en el suicidio... Pero hete aquí que se le cruza en su camino una jovencita que deambula solitaria por la calle pues ha sido expulsada de su casa. La chica no tiene adónde ir y, a regañadientes, Taillandier decide ayudarla y alojarla en un hotel... El veterano director francés Jean Becker es uno de esos cineastas con un raro don para contar pequeñas historias y llenarlas de humanidad. Ha dado muestras de su sensibilidad en numerosas ocasiones (Mis tardes con Margueritte, Dejad de quererme), de modo que con unas pocas pinceladas, casi anecdóticas, es capaz de lograr que sus personajes desprendan una hondura poco común. Lo peculiar es que esta hondura es siempre compatible con la sencillez, la cotidianidad, la vida común de personas normales, de buen corazón, que aspiran, sencillamente, a ser felices. En Mi encuentro con Marilou, Becker recrea una seria situación de depresión, adaptación de una novela de Eric Holder, y hace hincapié en la necesidad de verter el corazón en los demás cuando nuestra propia vida comienza a perder sentido. El gran oficio del director logra que esta cuestión llegue al espectador sin moralinas baratas, y además da muestras de un sabio manejo de los actores, algo especialmente meritorio en el caso de la brillante jovencita Jeanne Lambert. En primer lugar, la relación entre Taillandier y Marylou está cuidada con esmero, y sus respectivas evoluciones (excepcionalmente convincente Patrick Chesnais) son muy lentas, progresivas, reales. Ninguno de ellos deja de ser quién es. Y, en segundo lugar, Becker da muestras de una gran sobriedad a la hora de mostrar los sentimientos. Hubiera sido muy cómodo caer en la lágrima fácil o dejarse llevar por derroteros frívolos, pero Becker no está para semejantes simplezas comerciales. El plano final, con la profundidad de campo, es sencillamente genial.

6/10
Mis tardes con Margueritte

2010 | La tête en friche

El cineasta francés Jean Becker suma a su filmografía otra pequeña y grata película. Lo cierto es que este cineasta, hijo del también director Jacques Becker (París, bajos fondos), es un consumado especialista en ofrecer historias sencillas, llenas de humanidad, servidas con toques de humor y amor nada forzados. Así al menos lo hizo en filmes tan celebrados como La fortuna de vivir, Conversaciones con mi jardinero o Dejad de quererme. Germain es un hombretón iletrado, de gran corazón, que vive en un pequeño pueblo francés. Considerado por todos como un tonto, Germain se gana el pan con pequeños trabajos y los pocos ingresos que genera la venta de las hortalizas de su huerto. Mantiene una relación sentimental con Annette, una joven y dulce conductora de autobus, y duerme en una roulotte situada en el jardín de la casa de su madre, una mujer neurótica que odia a su hijo y que le ha hecho la vida imposible durante toda su vida. Aun así, su hijo la cuida como puede. Pero la vida anodina de Germain va a cambiar cuando conozca en el parque a Margueritte, una simpática, culta y lúcida anciana que enseñará al tosco Germain los gozos de leer buena literatura. Becker se basa en un libro de Marie-Sabine Roger para lograr una hermosa pieza cinematográfica, que desprende ternura por todos los poros. Destaca sin duda la mirada costumbrista y llena de cariño hacia la vida rural, sencilla, plagada de personajes ordinarios, todos ellos con sus carencias, sus pequeños anhelos, y sus amistades diarias de taberna. Y por supuesto, hay un gusto exquisito por las cosas más elevadas de la vida, por la literatura y el arte, y por esa magnanimidad humana capaz de abrir el corazón a la belleza y al amor inesperados, por muy inalcanzables que parezcan. Hay que aplaudir además a la encantadora veterana Gisèle Casadesus en el papel de Margueritte, y también la elección del protagonista, pues Gérard Depardieu interpreta como nadie a Germain, hombre muy bondadoso y sensible pero que ha sido víctima de una infancia sin amor.

6/10
Dejad de quererme

2008 | Deux jours à tuer

El cine del francés Jean Becker se caracteriza por su mirada tierna y comprensiva –aunque nada cursi ni sentimentaloide– hacia el ser humano y sus infelicidades, casi siempre debidas a los anhelos de su corazón, al egoísmo, al amor, etc. Así lo demuestran estimables películas como La fortuna de vivir o Conversaciones con mi jardinero. Aquí vuelve a ofrecer más de lo mismo con una historia muy sencilla y breve, casi minimalista, basada en una novela de François d'Épenoux. Antoine es un hombre en plena madurez, que vive a las afueras de París y lleva una existencia acomodada, junto a su guapa mujer Cécile. Sin embargo, una mañana en el trabajo explota. Sencillamente llega al límite cuando un cliente no está de acuerdo con el proyecto de marketing elaborado por su equipo. Antoine decide romper con la empresa y vender sus acciones. Pero ahí no queda la cosa: al llegar a casa su mujer le acusa de mantener un affaire con otra mujer, y a la noche, durante su propia fiesta de cumpleaños, Antoine se las apaña para acusar y despreciar a la cara a cada uno de sus amigos. La película se sigue con interés gracias al retrato que se hace del protagonista, pues el actor Albert Dupontel logra una composición muy acertada de su desconcertante y exagerado personaje, cuyas decisiones también pueden resultar a la postre demasiado injustas y egoístas. Pero, aun así, es verdad que hay un aire de patetismo en él que empuja al espectador a comprender su rebeldía contra lo establecido, contra la sociedad adinerada y contra los burgueses acomodados que llevan una vida frívola y han olvidado el valor de la existencia... ¿A quién no se le ha ocurrido alguna vez romper con todo? Quizá se eche en falta algo más de hondura en el resto de personajes, especialmente en Cécile (Marie-Josée Croze), y también algo más de contención en el ritmo, pues la historia se precipita demasiado rápido hacia el sorprendente desenlace. Y aunque habría vendo bien un material dramático más amplio, el resultado final es una película estimable, por momentos entrañable, que aporta una visión enriquecedora de la vida y de la importancia del perdón y del amor. Y en cualquier caso, la canción final llena de sentido cualquier posible cabo suelto.

6/10
Conversaciones con mi jardinero

2006 | Dialogue avec mon jardinier

El veterano cineasta francés Jean Becker, hijo de Jacques Becker (París, bajos fondos), adapta libremente una novela  de Henri Cueco que conecta muchísimo con su película más conocida, La fortuna de vivir, pues también eleva un canto a la amistad. Se trata de un texto difícil de llevar al cine, con diálogos extensos y poca acción, en el que el autor rememora sus conversaciones con un carismático jardinero. En la película se ha eliminado la figura del escritor y han ascendido a coprotagonista a un pintor quincuagenario cuya presencia en el libro es anecdótica. Éste es muy conocido en los círculos artísticos de París, ciudad que abandona tras separarse de su mujer, que se ha hartado de sus continuas infidelidades. Abatido por la desintegración matrimonial, decide instalarse en un pueblecito perdido, en la casa donde pasó la niñez. Como rodea a la casa un extenso jardín, que él no sabe cuidar, inserta un anuncio en el periódico, en busca de un experto. Responde el jardinero antes citado, que resulta ser un antiguo compañero de colegio y amigo del pintor. El film está dominado por la presencia casi constante de los dos coprotagonistas, por lo que resulta clave que Becker haya podido contar con dos actores excepcionales para interpretarlos. El sofisticado y elegante Daniel Auteuil, protagonista de filmes de culto, como Un corazón en invierno, parece nacido para interpretar al pintor. Por su parte, Jean-Pierre Darroussin, habitual de las películas que rueda en Marsella su amigo Robert Guédiguian (Marius y Jeannette) realiza el mejor trabajo de su carrera, en una buena sustitución de Jacques Villeret, el actor para el que Becker concibió el proyecto, habitual de sus últimas películas. Becker lanza una mirada nostálgica pero realista de la vida rural, eludiendo con inteligencia una idealización barata. Se deduce que los lugareños del pueblo donde transcurre la acción trabajan duramente, que tienen un acceso más difícil a la sanidad que los habitantes de la ciudad, etc. Y sin embargo, tienen una sana visión de la vida. El personaje del jardinero es todo un hallazgo, un tipo campechano, con mucho sentido común, que enseña a su interlocutor a apreciar las pequeñas cosas de la vida, que le hace darse cuenta de que hace el canelo liándose con una jovencita, en lugar de intentar recuperar a su mujer, y que consigue que descubra que muchos elementos que rodean a los círculos artísticos son accesorios, superficiales o pedantes. Le enseña asímismo a ‘burlarse’ de la muerte, pues aunque sabe que ésta triunfará al final, prefiere mientras tanto reírse de ella todo lo posible. En consonancia con lo que predica, Becker echa mano de una puesta en escena clásica, pero eficaz, que recuerda al buen cine de su padre. Lo mejor es que sabe equilibrar temas trascendentes con momentos cómicos muy logrados, como el velatorio. 

7/10
Un crimen en el paraíso

2001 | Un crime au paradis

Jojo y Lulu. Marido y mujer. Se llevan a matar. En la granja donde viven, “El paraíso”, se hacen todo tipo de perrerías, al estilo de las que acontecen en La guerra de los Rose. Pero es ella la más cruel y mezquina, pues él, en el fondo, es un pobre hombre, que se casó con la persona equivocada. Un día, viendo en la tele a un famoso abogado criminalista, a Jojo se le ocurre una idea: acudir al despacho del picapleitos, y sonsacarle cuáles serían las circunstancias atenuantes que lograrían su absolución en el hipotético caso de que asesinara a su esposa. ¿Será capaz Jojo de acometer tal empresa? Después de La cena de los idiotas, el divertido Jacques Villeret y el director Jean Becker vuelven a trabajar juntos en una animada comedia, repleta de humor negro y un poquito de ternura. A partir del clásico francés de Sacha Guitry La poison, Becker y su guionista, Sébastien Japrisot, actualizan la trama y le insuflan mucha, mucha frescura. Merece ser resaltada la escena en que Jojo se entrevista con el abogado (el divertido André Dussollier, que también aparecía en La cena), un prodigio de diálogos y dobles sentidos que provoca en el espectador la deseada carcajada.

5/10
Elisa

1995 | Élisa

Seis años después de su debut en pantalla con Noce blanche, la actriz y cantante Vanessa Paradis regresaba al cine con un thriller erótico bastante caótico, cuya parte final es tan cansina como grotesca. Todo comienza cuando una mujer se suicida y su hija Elisa va a parar a un orfanato. Veinte años después, ésta se ha convertido en una atractiva chica que roba para poder sobrevivir. Cuando descubre donde se encuentra su padre, decide ir a buscarle con la intención de vengarse.  Al menos, entre tanto disparate y desnudos gratuitos, tenía una gran banda sonora, marcada por la memorable canción principal de Serge Gainsbourg que daba título al film, y donde también estaba el 'Caruso' a dúo de Lucio Dalla y Pavarotti, una canción de Brassens y el pegadizo 'Psyche Rock' de Michel Colombier; además de un inolvidable y evocador score original de Zbigniew Preisner.

3/10
Verano asesino

1983 | L'été meurtrier

Elle es una provocativa muchacha que se traslada junto a su inválido padre y su asustadiza madre a una pequeña localidad francesa. Pronto entabla amistad con Florimond, un bombero local, y su relación desembocará en boda. Sin embargo, lo que parece ser una feliz historia de amor es en realidad una venganza forjada durante años, ya que lo que la muchacha pretende es integrarse en el núcleo familiar de su esposo y hacer pagar a quienes violaron a su madre hace veinte años. Basada en la novela de Sébastien Japrisot, se trata de uno de los grandes éxitos del cine francés donde Isabelle Adjani está de lo más atractiva. Su personaje, manipulador, ingenuo y seductor, refleja todo el talento de la actriz, que fue recompensada con un premio Cesar como mejor actriz principal, dentro de un largometraje que también ganó en las categorías de montaje (Jacques Witta), actriz secundaria (Suzanne Flon) y guión adaptado, para un Jean Becker que volvía a la dirección 17 años después de su última película. Delicada partitura musical a cargo de Georges Delerue.

6/10
Dulce gamberro

1966 | Tendre voyou

Comedia sobre un gigoló que se jacta de ser un auténtico 'macho man', capaz de seducir a cualquier mujer que se le ponga por delante. Cuando es contratado por un rico magnate para que le acompañe a él y a su mujer en un viaje de placer a Tahití, pronto comprenderá que se ha metido en el lío de su vida. Invento cómico para que la estrella Belmondo pueda dar rienda suelta a sus acrobacias de rigor (siempre interpretadas por él mismo, a pesar de los riesgos físicos) añadiendo ahora sus dotes románticas, que nos lleva al camino de multitud de chicas ligeras de ropa. Entretenida y sin pretensiones, en España volvería a reestrenarse años después con el título de Simpático sinvergüenza (no confundir con otra comedia de Belmondo de 1984 llamada Simpático y caradura). Tras Un tal La Roca y A escape libre, fue la tercera colaboración entre el actor y el director Jean Becker.

4/10
Pas de caviar pour tante Olga

1965 | Pas de caviar pour tante Olga

Sin que se sepan exactamente los motivos, lo cierto es que el cine francés ha sido desde siempre muy proclive a los argumentos cómicos donde se mezclan elementos de espionaje. En esta ocasión nos topamos con una adaptación de la novela de Charles Exbrayat donde un tal Patache se ve envuelto en mil y un problemas por culpa de un microfilm. Su protagonista principal es Pierre Brasseur (1905- 1972), todo un referente de la cinematografía francesa desde que comenzase su carrera en el cine mudo, y poseedor de una extensa filmografía con más de 150 películas, algunas tan emblemáticas como Los niños del paraíso (1945) y  La puerta de las lilas (1957).

4/10
A escape libre

1964 | Échappement libre

Nueva reunión de los míticos protagonistas de Al final de la escapada (1959), Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg, en un título que continuaba irremediablemente los pasos del célebre film de Godard. En A escape libre, David y Olga son dos contrabandistas que se encuentran en Beirut, donde se disponen a repartirse el botín de su último trabajo. Sin embargo, Olga desaparece sin querer saber nada del negocio. Esto hace que David la siga la pista hasta Goteborg. Coproducida con España, en su reparto encontramos nombres como los de Diana Lorys, Fernando Rey, Fernando Sancho, Roberto Camardiel y José María Caffarell. Además, mientras que la música original era de Martial Solal, para la versión española de la película se sustituyó por otra de Gregorio García Segura. En su guión adaptado, basado en la novela de Clet Coroner, participaron sin acreditar Claude Sautet y el español Luis Marquina.

5/10
Un tal La Roca

1961 | Un nommé La Rocca

Primera película de Jean Becker, hijo del prestigioso Jacques Becker que había fallecido un año antes. Tiene un guión del propio director y José Giovanni, que se basa en la novela de éste último 'L’excommunié'. Para cerrar el círculo, Giovanni dirigiría una nueva versión de su novela en 1971 como El clan de los marselleses (con un final diferente). Curiosamente, ambas versiones tienen a Jean-Paul Belmondo de protagonista. Su argumento responde al cine de gangsters tan en boga por aquel tiempo y nos presenta a  Robert La Rocca (Belmondo) y a su amigo Xavier (Pierre Vaneck), condenados en prisión por estar implicados en el asesinato de una banda rival. Cuando salen de la cárcel se muestran dispuestos a cambiar de vida, pero el pasado acabará marcando su destino.

5/10
Díselo con flores

1974 | Dites-le avec des fleurs

Curiosa intriga hispanofrancesa en torno a una niñera, cuya introducción en el seno de una familia coincide con varios asesinatos de miembros del clan. Por supuesto, los hechos están conectados.

4/10

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