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San Sebastián 2008: De pastillas y ríos helados

La sección oficial se anima, Frozen River se perfila como serio candidato a varios premios. Llega un cine muy pegado a los problemas de la sociedad actual, lo que no impide enfoques muy diferentes, ésa es parte de la riqueza del Séptimo Arte.

San Sebastián 2008: De pastillas y ríos helados

La película danesa Den du frygter adquiere por momentos tintes de humorada negra, con el claro propósito de poner en la picota a una sociedad sin rumbo, demasiado acomodada en su triste vaciedad. Su director, Kristian Levring, vinculado al movimiento Dogma, es conocido sobre todo por The King Is Alive. En su nuevo trabajo, producido por Zentropa, la compañía de Lars von Trier, sigue la pista a Mikael, un tipo  casado y con una hija adolescente, que se ha presentado como voluntario para probar un nuevo fármaco antidepresivo, aunque él mismo no cree padecer esa enfermedad. El caso es que desde que toma las pastillas se siente un hombre nuevo, seguro de sí mismo, capaz de trazar con pulso firme su trayectoria vital. De modo que cuando le dicen que deje de tomar tales pastillas, por el inesperado efecto secundario de las reacciones violentas de otros pacientes, él decide seguir tomándolasen secreto . En tal tesitura crece en él la paranoia de haberse convertido en una especie de superhombre, lo que va a poner en peligro la estabilidad familiar.

¿Adónde quiere ir a parar Levring con esta extraña película, de un humor muy nórdico? ¿Es esto una fábula o qué? Digamos en su favor que él y su coguionista Anders Thomas Jensen pergeñan un sólido libreto, con varios elementos introducidos con mucho sentido, todo está atado y bien atado, incluido cierto ingenioso golpe de efecto que va a dejar al protagonista en estado de shock. Otra cosa es el interés mismo de la historia, lo irregular de la propuesta. Resulta válida, sí, la crítica a esa confianza ciega en la ciencia médica para resolver los problemas, o a la mediocridad insulsa en que está instalada la esposa. Pero algunas de las locas acciones de Mikael agotan, por ejemplo con la joven a la que obliga a una loca carrera nocturna en su coche.

Bastante más interés presenta la única película estadounidense a concurso, Frozen River. Historia de mujeres desesperadas, escrita y dirigida por Courtney Hunt, otra mujer seguramente no tan desesperada, que debuta exitosamente en el largo con este film. Destaca la humanidad de esta trama de frontera, la de Estados Unidos con Canadá, que bien podría definirse como un inusual cuento de Navidad, pues en esta época transcurre, incluida cierta noche en que desaparece un bebé pakistaní. Una mujer, Ray Eddy, sufre la ludopatía de su esposo, que ha desaparecido dejándole con sus dos hijos y una deuda que vence, cuyo pago es necesario para lograr la casa de sus sueños. Una serie de circunstancias le llevan a conocer a Lila, una india mohawk, que se dedica a traer inmigrantes ilegales a Estados Unidos, atravesando el helado río fronterizo. Se producirá una extraña asociación, y de la desconfianza inicial se llegará a algo muy parecido a la amistad.

Llama la atención el formidable trabajo de las dos actrices protagonistas, la ya veterana Melissa Leo, y la india, menos vista, Misty Upham. Son carne de cañón para el premio a la mejor actriz, aunque también podríamos tener ante nosotros una posible Concha de Oro, quién sabe. La película toca muchos temas de interés, por supuesto el tráfico con seres humanos, pero también el apasionante de la maternidad y la educación de los hijos, la existencia de buena gente en todos los estratos sociales, o la situación de los nativoamericanos.

Y aunque no está en sección oficial sino en zabaltegi, con opción al Premio de Nuevos Realizadores, no quiero dejar de mencionar Atlantis, una interesante película holandesa de ciencia ficción, en la tradición de las utopías, esos mundos perfectos y felices, burbujas donde la dicha es obligatoria. Con una simbología inspirada en “Alicia en el País de las Maravillas”, el film sigue a Xenia, una chica de 14 años que va a tener en sus manos la llave que le permitirá abrir su propio futuro, un futuro que debe construir hoy con responsabilidad, en perpetua búsqueda, haciendo preguntas, buscando respuestas. Funciona bien esa concepción de una sociedad entre orwelliana, bradburyniana y huxleyiana, donde se está obligado a olvidar los horrores del pasado, y se vive un presente aséptico y sin alicientes. Esa sociedad donde la gente no debe pensar, los que mandan lo harán por ti, no está tan lejos de la nuestra, de ahí el interés del film de la holandesa Digna Sinke.

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