Del 23 al 30 de noviembre ha tenido lugar en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, la segunda edición del Festival de Cine Italiano. Además de una sección competitiva de cortos y documentales, se han podido ver los mejores largometrajes realizados en Italia en 2009.
Ayer día 30 se entregaron los galardones del Festival de Cine Italiano. El mejor cortometraje fue Mille giorni di Vito, de Elisabetta Pandimiglio, de sabor neorrealista, que sigue a unos niños, hijos de reclusas. Mientras que fue considerado mejor documental Armando e la politica, de Chiara Malta, una mirada desencantada a la desidia con que se mira la política actualmente en Italia. Además el 23, día de la inauguración, recibió el galardón a toda su carrera el actor Toni Servillo, que debe su popularidad a sus recientes trabajos en Gomorra e Il divo.
Como es lógico, gran parte del atractivo del certamen era visionar el cine italiano más reciente. Así, se proyectaron once largometrajes de 2009, en muchos casos con la presencia de los propios directores. Quizá los títulos que más me impactaron fueron El hombre que vendrá, de Giorgio Diritti, ambientado en la ocupación nazi de Italia, y Giulia no sale de noche, de Giuseppe Piccioni, una mirada muy especial a un escritor que ha perdido la conexión con el mundo real. Pero también eran valiosos los últimos trabajos de Marco Bellocchio –Vincere, que cuenta la poco conocida historia de una relación amorosa de Benito Mussolini, con hijo incluido– y Giuseppe Tornatore –Baarìa - La porta del vento, que representa a Italia en los Oscar, y es un nostálgico film monumental de los últimos 60 años de una familia en una población de Sicilia–, y la relación de un padre y su hijo a través del boxeo en Levanta la cabeza, de Alessandro Angelini. Pretenciosa y fallida resulta en cambio El cumpleaños, de Marco Filiberti, acerca de las pasiones y secretos que se tejen alrededor de dos familias amigas.
