Está claro que James Cameron tiene que hacer todo a lo grande. Si en 1982 dio un giro al género de la ciencia ficción con Terminator –cosa que elevó
Está claro que James Cameron tiene que hacer todo a lo grande. Si en 1982 dio un giro al género de la ciencia ficción conTerminator –cosa que elevó a cotas casi insuperables con Terminator 2: El juicio final– y si en 1997 convirtió Titanic en la superproducción más exitosa de todos los tiempos (¡1.843 millones de dólares de recaudación mundial!), ahora llega Avatar, llamada a romper de nuevo todas las taquillas.
Mucho se lo ha pensado el director de Ontario. Algunos piensan que el éxito de Titanic se le subió a la cabeza, y, asustado de meter la pata y decepcionar, no se ha atrevido a filmar ninguna película de ficción en los últimos doce años. Y estaba claro que cuando regresara, la película en cuestión no iba a ser del montón y daría mucho que hablar. Pues bien, a lo que estaba esperando este megalómano director era a la más sofisticada y perfeccionada tecnología 3D para volver a saltar a la palestra. Por eso Avatar es un acontecimiento que supera incluso el fenómeno meramente cinematográfico. Se trata de la producción más cara rodada con imagen real en tres dimensiones.
