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Hollywood apunta a China

Tradicionalmente las relaciones comerciales entre Estados Unidos y China no han estado exentas de conflicto, también en lo referente a la industria cinematográfica. Ahora más que nunca el cine americano necesita expandir su mercado, por lo que está dispuesto a jugar según las reglas del juego del gobierno de Pekín.

Hasta ahora, China tiene la espina clavada de que, a pesar de que limita la distribución de películas extranjeras en su territorio a 20 títulos por año, los blockbusters americanos son por regla general mucho más populares que las producciones nacionales. El gobierno local ejerce una férrea censura que hace muy difícil que un film extranjero sea el afortunado escogido para su exhibición, sobre todo si incluye cualquier crítica, directa o velada, a la política de los gobernantes. Además, si un film de una productora se permite ser demasiado polémico, según el no siempre transparente punto de vista de las autoridades locales, serán desdeñadas por sistema todas las demás cintas venidas de esa compañía.

En el momento actual, ambas partes han llegado a una especie de consenso, pues se empiezan a poner en marcha numerosas coproducciones, que se pueden proyectar sin problemas al considerarse producciones locales, o sea de nacionalidad china. Esto permite a los inversores del cine, en un momento en el que están muy necesitados de nuevos ingresos, acceder a la economía de mayor crecimiento a nivel mundial.

Por su parte, el gobierno chino ansía que su cine se expanda al exterior, por lo que pone facilidades a los estudios para llegar a acuerdos económicos. Además, los costes de rodaje allí son mucho menores. La pega es que no es fácil poner en marcha una de estas coproducciones, pues para ello Hollywood se debe asociar con empresas locales que en todos los casos están estrechamente ligadas con el Partido Comunista. Para que un proyecto salga adelante, sus responsables deben adecuar sus contenidos y autocensurarse. Además, al menos un tercio del reparto debe ser de nacionalidad china.

Un buen ejemplo de lo que está ocurriendo es The Karate Kid, producida por Will Smith, que se desarrolla en la capital, ofrece una versión acaramelada del país, y a ratos parece un anuncio del departamento de turismo que ensalza las virtudes pequinesas, en busca de posibles visitantes. Fue un gran éxito allí, y de hecho ya está en marcha la secuela.

Otro de los pioneros de este acercamiento ha sido Christian Bale. La estrella de El caballero oscuro ha rodado The Flowers of War, a las órdenes de Zhang Yimou, el realizador más prestigioso del país oriental. El film reconstruye la masacre de Nanking durante la ocupación japonesa, en la que perdieron la vida unas 200.000 personas en 1937. "Rodar parcialmente en mandarín, al frente de un film interpretado básicamente por chinos y a las órdenes de Zhang ha sido algo excepcional, insólito en mi carrera", declaró Bale en la rueda de prensa durante el Festival de Berlín. Esto no impidió que viviera un desagradable incidente cuando Bale dedició visitar a un disidente político una vez estrenada la cinta.

Hasta Italia se suma al carro, pues se ha puesto en marcha una rarísima producción italochina, C'e sempre un perche (Siempre hay una razón), que tiene como protagonista y productora a Maria Grazia Cucinotta, la estrella de El cartero (y Pablo Neruda). Cucinotta fue miembro del jurado del Festival de Cine de Shanghai, el pasado año, y aprovechó la ocasión para establecer contactos y poner en marcha esta comedia romántica, en la que será una turista que se enamora de un hombre chino.

En lo referente a España, TV3 ha rodado en China la coproducción La meva història a Barcelona, miniserie sobre un viejo empresario chino establecido en la Ciudad Condal.

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