La sensación del momento en Venecia parece llamarse Paul Thomas Anderson, hasta el punto de que cuando se habla de "The Master" no se sabe si hablamos de una película o de su alabado director.
Paul Thomas Anderson es un director reverenciado, casi tanto como otra "rara avis" presente en la competición de la Mostra, Terrence Malick. Películas como Boogie Nights, Magnolia o Pozos de ambición no dejan indiferentes, aunque su complejidad resulta evidente. Con The Master había mucha expectación, porque se supone que la historia se basa en la tan cacareada y presente en Hollywood Iglesia de la Cienciología, con el morbo añadido de que Anderson dirigio a uno de sus fieles más célebres, Tom Cruise, en Magnolia. Por cierto que Anderson asegura que Cruise ha visto la película, y siguen siendo amigos. "El resto queda entre Tom y yo", zanja el director al referirse al tema.
La película sigue a un soldado americano hecho polvo, en una isla del Pacífico, recién finalizada la Segunda Guerra Mundial. El brillante y seductor líder de una secta ve algo en aquel tipo y trata de sacarle del agujero donde está metido. Para Luis Martínez en El Mundo se rinde al afirmar que se trata de "una obra de una belleza, profundidad y sentido pocas veces contemplada", algo que también corrobora Carlos Boyero en El País, que escribe que "es de esas películas en las que todo lo que ves y escuchas tiene poder de fascinación, aunque haya cosas que no acabes de entender", lo que no está mal en un comentarista que suele despotricar contra lo incomprensible o pretencioso.
Para Todd McCarthy en The Hollywood Reporter se trata de “una película llena de cualidades, pero también de perplejidades, en la que dos cosas destacan: el dominio extraordinario de la técnica cinematográfica, por sí sola suficiente para mantener al entendido en el borde de su asiento todo el tiempo, y los retratos enormes que hacen Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffmande dos hombres completamente antitéticos”. De la complejidad de sensaciones que suscita la película da idea el comentario de Xan Brooks en The Guardian: “Los temas pueden ser discutibles, pero su manejo es perfecto. Si alguna vez hubo una película para que los cojos pudieran caminar y los ciegos ver, ésa película sería The Master.”
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