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Biografía

Philip Seymour Hoffman

Philip Seymour Hoffman

46 años ()

Philip Seymour Hoffman

Nació el 23 de Julio de 1967 en Fairport, Nueva York, EE.UU.
Falleció el 02 de Febrero de 2014 en Manhattan, Nueva York, EE.UU.

Premios: 1 Oscar

La estrella oscura

02 Febrero 2014

La muerte ha visitado temprano a Philip Seymour Hoffman. El talentoso actor ha fallecido con 46 años, aparentemente y según las primeras informaciones por una sobredosis de droga, un viejo enemigo la adicción, con quien venía luchando. Un triste final para quien brilló en "Antes que el diablo sepa que has muerto".

El hombre del siglo XXI aspira a ser como los personajes que interpreta Russell Crowe, pero corre el peligro de convertirse en uno de los encarnados por Philip Seymour Hoffman. En los 70, otro Hoffman, Dustin, abrió el camino del estrellato a los tipos corrientes cuyo atractivo había que buscarlo sobre todo en el interior. Philip Seymour da una nueva vuelta de tuerca a los actores estilo Woody Allen, Robert De Niro o Al Pacino. A sus personajes que interpretaba resultaba difícil encontrarles rasgos de humanidad. A veces parecen incapaces de superar tremendos defectos, y en ocasiones son obsesos sexuales que dan algo de grima. Cada vez se buscan más 'bichos raros', difíciles de interpretar.

En Fairport, conocido suburbio neoyorquino, nació Philip Seymour Hoffman, el 23 de julio de 1967. Hijo de Gordon, ejecutivo de una gran empresa, de religión protestante, y de Marilyn, juez de primera instancia, católica, Philip tenía dos hermanos, Emily y Gordy, guionista de Con amor, Liza, que el actor protagonizó en 2002. Cuando tenía nueve años,sus padres se divorciaron, quedándose Philip al cuidado de su madre, que incentivó su vocación artística. Aunque en el grupo de teatro del colegio ya intervenía en montajes de obras como 'Largo viaje hacia la noche', realmente aspiraba a convertirse en estrella de 'wrestling', la lucha libre americana, tan amañada que tiene mucho que ver con el teatro. Un accidente dio al traste con esta curiosa vocación, por lo que decidió estudiar interpretación "para impresionar a las chicas". Recibió una beca para la Escuela de Arte de Tisch, de la Universidad de Nueva York.

Locuras de juventud le hicieron caer en el alcoholismo y las drogas, por lo que al licenciarse tuvo que ingresar en una clínica de desintoxicación. "Tenía 22 años y me daba miedo la vida", explicaba el actor, que desde entonces procuraba ni siquiera probar el alcohol. Cuando se recuperó, Hoffman tuvo que ganarse las lentejas trabajando como camarero –según sus declaraciones el oficio que más odia–, al tiempo que se presentaba a los más diversos castings. Debutó interpretando a un abogado defensor en la célebre serie Ley y orden. A partir de ese momento, alternó sus interpretaciones en el teatro en el off-Broadway neoyorquino, con trabajos pequeños en el cine, pero siempre impecables. Tras hacer de compañero de colegio de Chris O´Donnell, al que acusaba de una travesura que no había cometido enEsencia de mujer, encarnó a un atracador tiroteado en La huida, y a un policía bobalicón en Ni un pelo de tonto.

Uno de los momentos cruciales en la carrera de Philip Seymour Hoffman fue su encuentro con el director Paul Thomas Anderson, que le dio un breve papel de adicto al juego en Sydney, su opera prima. Quedó tan satisfecho con su trabajo, que volvió a recurrir a el para un papel más extenso en Boogie Nights. Su destacable trabajo como técnico de sonido enamorado, llamó la atención de los hermanos Coen, que le transformaron en matón en El gran Lebowski, y de Todd Solondz, que le convirtió en el sórdido tipejo obsesionado con el sexo que hacía llamadas obscenas a su vecina en Happiness. Tan convincente resultaba Hoffman en esta última interpretación, que producía auténtica repulsión.

Mientras tanto, se labraba una sólida reputación en los escenarios dirigiendo obras como 'In Arabia We'd All Be Kings'. Mientras preparaba el montaje, se enamoró de la diseñadora del vestuario, Mimi O'Donnell, que actualmente espera el segundo hijo de la pareja. Paul Thomas Anderson le fichaba para casi todas sus cintas, incluso en el desconcertante Embriagado de amor. Su mejor colaboración fue Magnolia, donde Hoffman compuso a un enfermero que trataba de reunir a un moribundo con su hijo. Y aún habría un nuevo trabajo con Anderson en The Master.

No hay papel pequeño para él. "Nunca mido mis papeles por la cantidad de minutos, sino por su complicación psicológica", explicó. Así lo demuestran sus trabajos en Patch AdamsNadie es perfectoEl dragón rojoLa última nocheCold Mountain y el ácido retrato del mundo del cine State and Main, deDavid Mamet, donde era un guionista con principios, rodeado de impresentables. Y es que parece un trabajador incansable, incapaz de decir que no cuando le ofrecen personajes curiosos. "Estar parado no es bueno para un actor. No importa lo famoso que seas. Siempre recuerdo lo mal que me sentía cuando iba a al oficina de empleo, y lo terrible que resultaba que me despidieran en todos esos restaurantes", comentó Hoffman.

La Academia hiló fino al otorgarle el Oscar al mejor actor precisamente por Truman Capote, donde imita al milímetro la forma de hablar y los gestos del excéntrico escritor. "Cada día tenía que entrenarme, durante seis meses, como un atleta", ha dicho. Convertido en uno de los actores de moda por este trabajo, Hoffman no se echó a dormir, sino que inmediatamente hizo un memorable papel de villano, en Misión imposible III. En esta línea de cine comercial de calidad no dudó en apuntarse a Los juegos del hambre: En llamas.

Ningún papel se le resistía, y ninguno de los que acometió era sencillo. Hizo la última película del veterano Sidney LumetAntes que el diablo sepa que has muerto, y para Mike Nichols rodó La guerra de Charlie Wilson. Brilló con George Clooney en la cinta política Los idus de marzo, se metió a cura en La duda, y a entrenador de béisbol en Moneyball. Actor de raza, también en la escena teatral, su muerte antes de tiempo ha privado al cine de lo que sin duda habrían sido grandes interpretaciones para la pantalla.

Oscar
2006

Ganador de 1 premio

Filmografía
Los juegos del hambre: Sinsajo (parte 2)

2015 | The Hunger Games: Mockingjay - Part 2

Después de sufrir el severo ataque del "alienado" Peeta, que casi acaba con su vida, Katniss se recupera de sus heridas y comprueba que el mal que aqueja a su compañero es tan profundo que quizá no se reponga nunca. Acuciada por esa idea no está dispuesta a esperar más tiempo para arremeter con toda su fuerza contra Snow, y sabedora de que para las autoridades rebeldes el Sinsajo ya ha cumplido su misión, escapará del distrito 13 para llegar al Capitolio por su cuenta. Pero un comando de soldados fieles le seguirán: entre ellos, Gale, Finnick, Boggs y también Peeta, aunque en cualquier momento podría atentar de nuevo contra Katniss. Digno colofón de las aventuras de Katniss Everdeen, basadas en la trilogía distópica ideada por Suzanne Collins. Mucho ha transcurrido desde que la inocente Katniss se enfrentó a la cruel y terrible prueba de los 74 Juegos del hambre, entretenimiento con el que el tirano presidente Snow distrae y somete al pueblo de Panem. Ahora los 13 distritos están unidos por primera vez, aunque todo el protagonismo recae sobre Katniss, quien buscará con vehemencia su particular venganza, sin atender a políticas ni estrategias. La verdad es que tras la entrega anterior –un prólogo de esta película donde aparentemente apenas ocurría nada relevante– se agradece que aquí los hechos se precipiten y se dé prioridad absoluta a la acción, obviando discursos, reuniones y la palabrería publicitaria tan presente en la saga. Tiene atractivo la entrada del comando en la ciudad, con esas trampas mortíferas que ha preparado el enemigo, al igual que el director Francis Lawrence sabe crear el clima adecuado en la angustiosa secuencia de los túneles, con imágenes que parecen salidas de Guerra Mundial Z. Pero esa primacía de la acción, bien rodada y con eficaces efectos especiales, con la línea narrativa encabezada por Katniss, deja inevitablemente de lado a muchos personajes que tenían bastante peso en los demás filmes, aquí prácticamente ausentes, como Alma Coin (Julianne Moore), Plutarch (Philip Seymour Hoffman, quien desgraciadamente falleció antes de acabar el rodaje), Haymitch (Woody Harrelson), Effie (Elizabeth Banks), etc. Es un detalle que confirma desde luego la inconveniencia de convertir la última parte de la trilogía literaria en dos películas. Ya se sabe, los intereses comerciales mandan. Como era de esperar el personaje de Katniss es el más interesante y se ve que Jennifer Lawrence ha madurado con el personaje. Aquí vuelve a tener que enfrentarse con serias dudas acerca de su cometido, y a poner en entredicho su liderazgo. Y, por supuesto, nunca está claro de qué lado se inclina y se inclinará su corazón con respecto a Gale y Peeta, una cuestión bastante tratada en el film. Por otra parte, en la línea de toda la saga Los juegos del Hambre: Sinsajo (parte 2) no es un film complaciente y optimista. Se habla explícitamente de venganza y asesinato, único móvil de la protagonista, y el mundo que se pinta no es para nada esperanzador. La historia transmite además un agridulce mensaje sobre la condición humana, siempre ávida de poder, donde el mundo de la política se muestra, una vez más, como ámbito natural de la corrupción y la mentira.

6/10
El hombre más buscado

2014 | A Most Wanted Man

Tras los atentados del 11-S, y siendo sabido que Muhammad Atta recaló en Hamburgo antes de perpetrar los terribles ataques, los servicios secretos de varios países, incluidos Alemania y Estados Unidos, operan discretamente para evitar que otros yihadistas planeen nuevos golpes. La llegada a la ciudad del joven checheno Issa dispara las alarmas, pues se dispone a recoger la herencia de su padre ruso, depositada en la cuenta de un banco, no se sabe bien con qué oscuros propósitos, asesorado legalmente por la joven abogada izquierdista Annabel. El veterano Günther, que vigila todos los movimientos sospechosos de los próceres islamistas desde hace tiempo, considera que Issa podría ser la persona clave que le conduzca a pescar peces más gordos, pero en la delicada operación le toca lidiar con agencias rivales que piensan que está jugando con fuego. Lograda adaptación de la homónima novela de John le Carré, que demuestra una vez más su excelente pulso para el thriller de espionaje; más allá de sus tramas más populares, ubicadas en los años de la Guerra Fría, aquí el marco del peligro de los radicales islamistas, apoyados por personas supuestamente honorables, resulta de rabiosa actualidad. Dirige Anton Corbijn, quien ya dio pruebas de manejar bien la tensión narrativa en El americano, y que aquí demuestra su habilidad para contar una historia de espías lejos de los excesos a lo James Bond, donde tenemos la rutina de vigilancia, los interrogatorios, la suave presión de hierro con los "colaboradores", las negociaciones a "cara de perro" con las otras agencias del servicio secreto. El film transmite autenticidad sin resultar nunca aburrido y siempre ligeramente desasosegante. Y en el gran reparto, con rostros desconocidos más una pléyade de secundarios cuya cara, a cualquier, suena al menos, brilla, por encima de todos, el grandísimo Philip Seymour Hoffman, magnífico en todo el metraje, también en el clímax, y que nos obliga a gritar, qué gran pérdida ha sufrido el cine con su prematura muerte.

7/10
Los juegos del hambre: Sinsajo (parte 1)

2014 | The Hunger Games: Mockingjay - Part 1

Katniss Everdeen es acogida en el distrito 13, y aleccionada por Plutarch, la presidenta Alma Coin alberga grandes esperanzas de que la joven pueda galvanizar el imparable movimiento de rebelión contra el tirano presidente Snow. Las dudas surgen en cómo puede afectarle que Peeta haya quedado atrás, prisionero de Snow. Pues éste lo exhibe en las pantallas de televisión en entrevistas conducidas por Filckerman, con mensajes equívocos y manipuladores que podrían minar la moral de Katniss. La novela con que culmina la trilogía distópica de novelas juveniles de Suzanne Collins ha sido dividida en dos partes, y aquí llega la primera entrega de "Sinsajo", de la que lo menos que puede decirse es que no defrauda. Francis Lawrence sigue describiendo un mundo oscuro, donde se muestran las masacres ejecutadas por un Snow al que no detiene ningún escrúpulo a la hora de trazarse sus objetivos. Las claves que sostienen la trama siguen siendo las de los otros filmes: una innegable madurez en la heroína Katniss, que maneja sus condiciones de liderazgo con humildad, sin que se le suban a la cabeza, y confiando más en la atención sincera a los otros, que en las armas de propaganda, los videoclips patrióticos que desea rodar Plutarch, y que sólo funcionarán sin responden de verdad a las convicciones íntimas de la protagonista. Una vez más la idea de que importan más las personas concretas que las metas abstractas funciona, porque el bien de la colectividad pasa por el bien personal de cada uno de los que sufren la tiranía de Snow; esto permite a la protagonista sacrificarse y tomar las decisiones adecuadas. Las escenas de acción funcionan muy bien, y algunos pasajes que podían haber sido convencionales, como un intento de rescate, funcionan bien por que se combinan paralelamente con otra guerra, la mediática, de innegable interés. Los actores están bien en sus personajes, casi todos arquetípicos, los veteranos Donald Sutherland, Julianne Moore y el fallecido Philip Seymour Hoffman los llenan casi con su sola y poderosa presencia. Destaca especialmente Jennifer Lawrence, que le imprime dramatismo y grandeza en sus momentos culminantes –los relativos a Peeta y Gale, o sus encuentros con las personas sufrientes–, se trata sin duda de una grandísima actriz.

6/10
El misterio de God's Pocket

2014 | God's Pocket

El debut en la dirección de largometrajes de John Slattery, conocido sobre todo en su faceta actoral por dar vida a uno de los socios de la agencia publicitaria de la serie Mad Men, aunque ya ahí se curtió tras la cámara pues dirigió cinco episodios. Adapta una novela de Pete Dexter, que a su vez se inspira en sus experiencias como periodista. Se trata de una cinta un tanto extraña, que no acaba de dar con su tono. Se diría costumbrista, que quiere pintar los modos de hacer en un barrio de clase trabajadora en Estados Unidos, conocido como God's Pocket, o sea, el bolsillo de Dios. Ahí un jovenzuelo bocazas y maleducado, que trabaja en la construcción, muere de un golpe en la nuca, propinado por el anciano negro al que había provocado. Siguiendo un código de honor –él se lo ha buscado–, los testigos avalan la versión de que le golpeó la grúa. Pero su madre pide al padrastro que indague, pues algo huele a chamusquina. Y por otro lado, un célebre columnista de un diario, también hace sus averiguaciones, aunque por el camino se lía con la doliente madre, que lo que desea es que el famosete le ayude a descubrir la verdad. Slattery se esmera, la puesta en escena es muy estilosa. Y cuenta con un reparto de primera división, encabezado por Philip Seymour Hoffman, en el que fue su último trabajo e, ironías del destino, se pasa gran parte de la película encargándose de unos preparativos fúnebres. También están en el reparto John Turturro, Richard Jenkins y Christina Hendricks, esta última compañera de reparto de Slattery en la mentada Mad Men. Sin embargo, chirrían algunos pasajes de humor negro, cierto histrionismo. Es curioso, parece que a los personajes les falte alma, por su pasmosa mediocridad.

5/10
Los juegos del hambre: En llamas

2013 | Catching Fire

Segunda entrega de la saga iniciada con la exitosa Los juegos del hambre. Aún queda la adaptación de la última de las novelas de Suzanne Collins, Sinsajo, que según está previsto se fragmentará en dos películas. Por primera vez ha habido dos ganadores de “Los juegos del hambre”, Katniss Everdeen y Peeta Mellark, que según la tradición, inician el Tour de la Victoria, por todos los distritos, donde se encontrarán con los familiares de los caídos durante el torneo. Pero la población percibe a Katniss como una rebelde que ha desafiado con éxito al oscuro poder del Capitolio, lo que podría avivar una insurrección. Tras un intento fallido de usar a la muchacha para manipular a la opinión pública, el nuevo y maquiavélico Vigilante Jefe, Plutarch Heavensbee, le dará la solución al presidente Snow, organizar una edición del 75 aniversario de la macabra gesta, que recupere a ganadores de los años anteriores, por lo que como sólo puede ganar uno, lo más probable es que Katniss muera. El director Gary Ross, que realizó un correcto trabajo en la primera parte, cede el testigo a Francis Lawrence (Soy leyenda), que le saca partido sobre todo a la numerosa acción presente en la trama derivando en un tramo final trepidante. Los juegos del hambre: En llamas ofrece la suficiente espectacularidad como para mantener al público ensimismado, pese a que repite forzadamente el mismo esquema, con la protagonista enfrentándose de nuevo a la misma competición, cuando se suponía que no lo tendría que hacer más. Aunque está claro que su público natural son adolescentes, no se realizan concesiones fáciles a este sector, como podrían haber sido, por ejemplo, la sobredosis de diálogos empalagosos, y personajes quitándose la camisa forzadamente de Crepúsculo. Los juegos del hambre: En llamas tiene un tono más adulto incluso que el de su predecesora. A todo esto se le suma que tiene cierto interés su análisis del funcionamiento de la propaganda mediática, en concreto del poder de la televisión para mantener distraída a la población de los verdaderos problemas. Además, Los juegos del hambre: En llamas reincide sobre el sacrificio, el trabajo en equipo, la familia y la necesidad de cuestionar de forma crítica las doctrinas oficiales del poder que promueve la caja tonta. Por su parte, Jennifer Lawrence vuelve a demostrar que su capacidad interpretativa supera con mucho la media, y está bien acompañada por los jóvenes Josh Hutcherson y –en menor medida– Liam Hemsworth. De nuevo choca, quizás, que se haya recurrido a actorazos como Donald Sutherland, Woody Harrelson, Elizabeth Banks, Toby Jones o Stanley Tucci para papeles que apenas tienen presencia. Así y todo, el insuperable Philip Seymour Hoffman no necesita más que un par de secuencias breves para componer a un villano retorcido y memorable.

6/10
El último concierto

2012 | A Late Quartet

Los integrantes de un cuarteto de cuerda se preparan para celebrar su 25 aniversario con una nueva temporada de conciertos. Pero al mayor del grupo, Peter, viudo desde hace un año, le han diagnosticado la enfermedad de Parkinson, todavía en sus inicios, pero que inevitablemente le llevará a la retirada. Lo que provoca no sólo dudas sobre el futuro y la continuidad del grupo –la interpretación del difícil Opus 131 de Beethoven será en principio la última actuación de Peter–, sino replanteamientos en el modo en que cada uno está enfocando su vida. Robert y Guliette están casados, pero él arrastra cierto complejo por ser segundo violín frente al cerebral primer violín Daniel, y el matrimonio ha dejado que se enfríe un tanto su amor. Por otro lado Alexandra, jovencita hija de Robert y Guliette, quiere romper la “coraza” de Daniel, en el fondo porque siente cierta atracción que adivina mutua. Debut en el largometraje de ficción del documentalista Yaron Zilberman, donde el delicado equilibrio que lleva a la armonía en un cuarteto se convierte en metáfora del idéntico equilibrio que hay que lograr en la existencia cotidiana, en las distintas relaciones humanas, marido-mujer, padres-hijos, profesor-alumno, enamorado-enamorada, amigo-amigo. Se nota que el director y coguionista de El último concierto es un apasionado de la música, y logra transmitir la vibración por la ejecución de los cuartetos, y concretamente de la elegida Opus 191 de Beethoven, composición triste de 7 movimientos que debe interpretarse en stacatta y sin pausas, y que se dice fue lo que pidió escuchar Schubert en el lecho de muerte. El acierto de Zilberman es entregar una historia de interés humano, con personajes creíbles en los problemas que deben afrontar –la enfermedad, la soledad, el cansancio, el egocentrismo...– y sus soluciones –el amor, el perdón, la magnanimidad...­–, interpretados por un atinadísimo reparto, sobre todo con los veteranos Christopher Walken, Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener y Mark Ivanir, aunque la joven Imogen Poots también aguanta el tipo. De todos modos se nota la bisoñez del director en algún pasaje un poco pasado de rosca en la interpretación actoral, concretamente el del enfrentamiento de madre e hija en el apartamento de la segunda, con unos reproches desequilibrados frente al tono del resto de la película.

6/10
The Master

2012 | The Master

Freddy Quell es un alienado veterano de la Segunda Guerra Mundial, que suma a un pasado familiar borrascoso, los traumas bélicos de su servicio en el Pacífico y la reinserción en la vida civil. Adicto al sexo y al alcohol, tras una borrachera acaba a bordo del barco de Lancaster Dodd, conocido también como The Master, carismático líder de una secta que promete a sus seguidores hacer sus sucesivas existencias más llevaderas. The Master, rodeado siempre de fieles acólitos y a punto de publicar un libro que iluminará a los potenciales lectores, se plantea como un reto personal ayudar a Freddy, y en efecto logrará una especial conexión con su difícil pupilo. The Master consiguió en la Mostra de Venecia los premios al mejor director, Paul Thomas Anderson, y la mejor interpretación masculina, compartido por Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman. Son premios merecidos para una película compleja, que habla de personas que han perdido el norte existencial, y de la dificultad de contar con “brújulas” o “sistemas de navegación” que señalen la dirección correcta por estos mundos de Dios, más cuando son inventados por un hombre que apenas cuenta con otra cosa que su arrolladora personalidad. Muy probablemente asociar la película The Master a la Iglesia de la Cienciología –para más inri, Paul Thomas Anderson dirigió a uno de sus miembros más ilustres, Tom Cruise, en Magnolia– es más una triquiñuela de marketing para jalear al público ante una propuesta difícil que el seguimiento de una realidad que en el mejor de los casos tal vez inspira al director, para dar luego rienda suelta a la creatividad. Sea como fuere, la cinta escrita, dirigida y producida por Anderson sí supone un intento serio por mostrar cómo funcionan ciertas seudorreligiones que prometen aliviar las penalidades de esta vida a través de una metodología más o menos científica. La mirada de Anderson no resulta complaciente pero tampoco se encuentra marcada por la animadversión. Trata el cineasta de reflejar que hay muchas personas con serios problemas psicológicos, y otras que tratan de ofrecerles soluciones no demasiado contrastadas, que se convierten para ellos en un “modus vivendi”. Los deseos de ayudar mediante hipnosis o manuales de autoayuda pueden ser medianamente sinceros, y hasta hay cierto autoconvencimiento –¿o habría que decir autoengaño?– de que se están ofreciendo un buen “producto”, aunque la parte del “business”, ganar dinero, sea a la postre primordial, lo que fácilmente empuja al escepticismo. Hablando de hipnosis en The Master, resulta obligado señalar que Anderson es un gran cineasta de increíbles cualidades hipnóticas, y con su puesta en escena, uso de la banda sonora, y unos actorazos entre los que sobresalen los mentados Phoenix y Hoffman, más la siempre estupenda Amy Adams, logra tener al espectador pegado a la butaca, a pesar de que, insistimos, su film, de difícil encaje para el gran público, se queda pegado a ras de tierra, obvia temas como la trascendencia o la religión revelada.

7/10
Moneyball

2011 | Moneyball

"Resulta difícil no enamorarse del béisbol", dice el personaje de Brad Pitt hacia el final del metraje de este film. Los que no estén de acuerdo con esta afirmación, que abundan más fuera de los Estados Unidos, convendrán en que Hollywood ha sido capaz a lo largo de los años de producir buenas películas sobre esta disciplina deportiva, capaces de convencer a los no apasionados de los bates que ni siquiera entienden las reglas, desde la legendaria El orgullo de los yankees hasta títulos como El mejor o Campo de sueños. Moneyball se centra en la hazaña real de Billy Beane, manager de los Athletics de Oakland, equipo condenado al fracaso porque su presupuesto está a años luz de los grandes clubes, en un sistema injusto donde el poder económico lo marca todo. Con ayuda de Peter Brand, un joven licenciado en Economía por Yale, pone en marcha un sistema innovador para fichar a jugadores infravalorados por su comportamiento, su estética, o prejuicios variopintos, pero que anotan muchas más carreras que otros que cobran un dinero exorbitante. Gracias a eso el equipo va a sorprender bastante a los aficionados y periodistas... Estamos ante un film más difícil de lo que parece a simple vista. Por un lado, se basa en un libro de Michael Lewis, "Moneyball: The Art of Winning an Unfair Game", que no es una novela, y que si bien documenta al milímetro la gesta de Beane, es más un estudio con muchos datos sobre el mercado del béisbol. Además, la historia real no se presta a priori a rodar un título convencional sobre este deporte, pues no va sobre un jugador o un entrenador, que es lo típico, sino básicamente sobre la persona que realiza los fichajes. Así las cosas, era todo un reto para dos de los pesos pesados de los guiones de la actualidad, Steven Zaillian y Aaron Sorkin –de nuevo emparejados tras Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres–, que junto con el debutante Stan Chervin, han logrado una justa nominación al Oscar al guión adaptado. Su trabajo es modélico, sobre todo porque se centran en explicar bastante bien para el público de toda condición en qué consistían básicamente las maniobras del manager de los Athletics, y además logran dar emoción a las negociaciones. No muestran ningún partido de continuo hasta que llega el momento decisivo, ya que el personaje real tenía la norma de no ver jugar a su equipo. En esencia, se ciñen al esquema del cine deportivo sobre superación personal (equipo en crisis remonta a base de trabajo), al tiempo que le dan un aire de bastante frescura. Bennett Miller, director que llevaba seis años de inactividad desde que dio la campanada con Truman Capote, aprovecha un buen guión en torno a la importancia del elemento humano, frente a la frialdad de los métodos científicos, y hace gala de una puesta en escena clásica que funciona a la perfección. El film, técnicamente impecable, ha logrado otras cinco candidaturas indiscutibles en las categorías de película, edición, mezcla de sonido, actor (Brad Pitt) y secundario (Jonah Hill). En su línea, Pitt resulta bastante creíble como el personaje central, un tipo con gran capacidad de riesgo que consagra su vida a su trabajo excepto por los ratos que pasa con su pequeña hija. Sorprende más, por ser su primer papel realmente serio, Jonah Hill, ideal para encarnar a un friqui prodigio de los números. Quizás están un tanto desaprovechados Philip Seymour Hoffman y Robin Wright, por su reducida presencia.

7/10
Los idus de marzo

2011 | The Ides of March

Estados Unidos, elecciones presidenciales. En las primarias de los demócratas, sólo quedan dos aspirantes a candidato a presidente. Uno de ellos es el gobernador Mike Morris, para quien trabaja en la campaña con papel destacado el ambicioso joven Stephen Meyers. Un ligue con una becaria y una conversación inoportuna con el jefe de campaña del otro aspirante, en medio de la decisiva pugna por el estado de Ohio, van a colocar a Stephen en una situación muy delicada. Adaptación de la obra teatral de Beau Willimon “Farragut North”, en la que el propio autor ha participado en colaboración con George Clooney –también director y actor– y Grant Heslov. El libreto final ha logrado la única candidatura al Oscar del film. Willimon se inspiró en su experiencia durante la campaña de 2004 para el demócrata Howard Dean, y hay que reconocer que le película es todo un varapalo al cinismo que con frecuencia domina la escena política. Ritmo trepidante y diálogos bien escritos ayudan a hacer avanzar una narración que tiene un sostén fundamental en un reparto formidable, empezando por el protagonista indiscutible, Ryan Gosling, y siguiendo por los “satélites” George Clooney, Paul Giamatti, Philip Seymour Hoffman, Marisa Tomei y Evan Rachel Wood. En Los idus de marzo se pinta bien la hipocresía, el juego sucio, la “flexibilidad” de lo que se suponían unos sólidos principios, el desprecio de la vida ajena, la banalidad de ciertas relaciones amorosas... La metáfora a la que alude el título está bien traída, y permite intuir pero no desvelar por donde irá el film. Un gran acierto de Clooney es no haber hecho una película partidista. Para alguien más fácilmente identificable con los demócratas, resulta inteligente que conceda esta adscripción política a sus personajes, pues al final de lo que está hablando sobre todo es de principios en la actuación pública, para lo cual es necesario tenerlos, en primer lugar, en la vida personal, con independencia de los colores del espectro político al que uno se adscriba. En la óptica de la película no hay ingenuidad, pero tampoco se cae en el cinismo fustigado, sino que hay realismo, una constatación de cierto status quo generalizado que habría que cambiar. Lo que incluye, por supuesto, a los medios de comunicación.

7/10
Una cita para el verano

2010 | Jack Goes Boating

Philip Seymour Hoffman debutó como director con esta adaptación de una obra teatral de Robert Glaudini, una pequeña pieza de cámara que invita a pensar acerca de a quién debemos considerar una persona equilibrada, un concepto no tan nítido como pudiera pensarse a primera vista. Se centra en dos parejas neoyorquinas: el matrimonio aparentemente sólido que conforman Clyde (John Ortiz) y Lucy (Daphne Rubin-Vega), él conductor de limusinas, ella empleada de una funeraria; y la relación "en construcción" entre Jack (Hoffman) y Connie (Amy Ryan), que trabajan respectivamente en las empresas de los otros, y que emocionalmente son frágiles, arrastran dudas e inseguridades. Jack y Connie han concertado una cita para el verano, pero claro, es diciembre, y aún queda mucho tiempo para ese encuentro, tal vez habría que acelerar las cosas. Estamos ante una película de actores (muy bien el cuarteto protagonista y el resto de secundarios), a partir de una trama que ahonda en la psicología de los personajes, su vulnerabilidad y sentido moral, los miedos y fobias, los rencores y la dificultad de perdonar. Es verdad que la mirada que ofrece a las relaciones hombre-mujer es limitada –más allá de estar bien juntos y quererse, se omite cualquier idea de proyecto común en dirección a tener hijos, hacer que la familia crezca–, pero hay sentido narrativo, buen manejo de los momentos de tensión dramática en la secuencia de la cena, y un buen recurso fílmico, la idea de "visualizar" las metas que uno desea ver cumplidas, en la piscina y otros lugares, una metáfora sobre la idea de no estancarse y avanzar en la vida. El film muestra también los efectos perniciosos de las adicciones, un tema que a Hoffman le afectaba, como es sabido, enormememente.

6/10
Radio encubierta

2009 | The Boat That Rocked

El director Richard Curtis (1956) es un enamorado de la música, como pudimos comprobar en su primera película detrás de las cámaras, la hiperromántica Love Actually. En esta segunda película, el director neozelandés afincado en Inglaterra, se deja llevar por esa pasión –y, la verdad, durante demasiado tiempo– para pergeñar una historia que gira completamente en torno a la música de su juventud. Lo que se cuenta es lo de menos, una mera excusa bastante peregrina; aquí lo que importa es simplemente recordar e idealizar nostálgicamente los felices años sesenta, las canciones que sonaban entonces y los sueños despreocupados de la juventud. 1966. Los adolescentes y jóvenes del Reino Unido viven entusiasmados con el 'rock and roll' y con la nueva música que escuchan en las emisoras de radio. Pero se trata de emisoras piratas, que eluden las licencias del gobierno. Y es que la nueva música es una manifestación más de la relajación de las costumbres y de la máxima juvenil imperante de vivir sin reglas ni censuras. Y el gobierno, claro, no aprueba esa actitud, por lo que decide cerrarlas. La emisora más famosa, pesadilla del ministro Dormandy (Kenneth Branagh), es Radio Rock, que emite desde un barco que flota en el Mar del Norte y cuya programación ininterrumpida es seguida por millones de personas. Hasta allí llega el joven Carl (Tom Sturridge), que ha sido expulsado del colegio. Su madre le envía a pasar una temporada con su padrino Quentin (Bill Nighy), que resulta ser el dueño de la emisora. Carl conocerá en el barco a todos los hombres que trabajan en Radio Rock, tipos de todo pelaje con una única cosa en común: su fanatismo rockero y pasión por las nuevas bandas que hacen furor en el público. Entre ellos destacan el grueso Dave (Nick Frost), inteligente y con un cruel sentido del humor; el buenazo de Simon (Chris O'Dowd), que busca un amor de verdad; y los norteamericanos Gavin (Rhys Ifans) y el Conde (Philip Seymour Hoffman), que compiten por ser las estrellas de la emisora. La película es indudablemente divertida. Es fácil imaginarse qué tipo de situaciones pueden darse entre un grupo de hombres encerrados en un barco, y Curtis sabe sacar partido con frecuencia a chistes fáciles de temática sexual, alardeados con el lenguaje procaz tan propio de su estilo (y algunas imágenes más explícitas cuando suben las mujeres al barco). Sin embargo, toda esa picante diversión, aderezada con la mejor música, cae a menudo en la patochada y corre el riesgo de resultar muy reiterativa, ya que Curtis prácticamente abandona lo que mejor sabe hacer: el romanticismo de sus otros guiones, como los de Notting Hill o El diario de Bridget Jones. Y es una pena, porque al quedarse sólo con el ambiente coral del barco, descuida demasiado a cada personaje, se centra en lo anecdótico y olvida más que otras veces los detalles importantes (no hay ni una sola escena memorable, ni tronchante ni emotiva). Y así resulta demasiado fácil caer en los lugares comunes de una época idealizada hasta la saciedad, con topicazos que agotan porque uno se los sabe de memoria. Capítulo aparte merece la música, a todas luces extraordinaria. Curtis se emplea a fondo y procura que esté muy presente en casi todas las escenas. El espectador podrá disfrutar de una amplia representación de los mejores músicos de los sesenta, desde The Rolling Stones, los Beatles y The Who, hasta Jimi Hendrix, Leonard Cohen, The Supremes o The Kinks, por nombrar sólo a unos pocos. En cuanto a los actores, destaca sin lugar a dudas el poderoso talento de Philip Seymour Hoffman.

4/10
Synecdoche, New York

2008 | Synecdoche, New York

La trayectoria existencial del autor teatral Caden en Nueva York. Casado y con una hija, prepara una nueva y ambiciosa obra, en cuyo contenido resuena su tragicómica vida de un modo asombroso, hasta el punto de que será difícil distinguir donde está la realidad y dónde la ficción. Así, vemos a Caden envejecer, sus tribulaciones sentimentales, en lo que se convierte su encantadora hijita, y al final, el horizonte de la muerte. Como en todo el cine del guionista Charlie Kaufman, que aquí debuta como director, estamos ante una obra inclasificable, coherente con su filmografía, que puede adorarse o provocar una tremenda irritación, aunque nadie podrá negar el talento de quien la ha pergeñado. Como el título indica, se acude a la figura retórica de la sinécdoque, tomar la parte por el todo, para señalar que una obra de teatro, o una vida entre millones, puede ser representativa de Nueva York, del artista, o del mundo entero. Así que las afecciones de salud de Caden, su decadencia física, su relación con distintas mujeres, conforman un arquetipo de la vida como absurdo en que uno desarrolla sus propias cualidades. El gran mérito de Kaufman, al igual que hiciera en los guiones de filmes como Cómo ser John Malkovich o Adaptation. El ladrón de orquídeas, es el trazado de la metahistoria de un modo ingenioso y medianamente coherente. Maneja un estupendo reparto encabezado por el gran Philip Seymour Hoffman, y sólo cabe reprocharle, tras el asumible artificio, su visión puramente ridiculesca del ser humano.

6/10
La duda

2008 | Doubt

Años 60. Una escuela en el Bronx neoyorquino. La regentan unas religiosas dirigidas por la hermana Aloysius, una mujer severa, a la que temen todos los chicos, e incluso sus monjas, a los que trata de encauzar por la ortodoxia más rigurosa. La hermana James sabe que ella es joven y algo inexperta, pero no puede por menos de desaprobar tanto rigor, y ella querría estar más cerca de los alumnos. Por ello simpatiza con el capellán del colegio, el padre Flynn, que sabe congeniar con los muchachos, y ofrece homilías diferentes, que dan que pensar. En cambio, la hermana Aloysius desaprueba esa tendencia a contemporizar de Flynn, lo que la predispone a sospechar lo peor del sacerdote, cuando una serie de extraños indicios apuntan a que podría haber abusado de Donald, un chico negro que no acaba de adaptarse. Adaptación de la obra teatral de John Patrick Shanley, triunfadora en los Tony en 2005, a cargo del propio autor, que ha hecho la adaptación a la pantalla, además de dirigir el film. Shanley evita que el origen teatral sea demasiado evidente aireando la narración por el Bronx, y con escenas tan plásticas como la del sermón sobre el chismorreo. La trama se inspira en los tristes escándalos de abusos sexuales de parte del clero católico en Estados Unidos, sacados a la luz en los últimos años. Y pivota alrededor de apenas cuatro personajes y de conceptos tan potentes como la duda, la presunción de inocencia, la inhibición a la hora de actuar, el miedo a salir escaldados, la rectitud de intención ante las propias acciones. En ese sentido, Shanley ha armado un drama de interés, que permite construir personajes de entidad e indagar en su compleja maraña de sentimientos e inclinaciones. Lo que permite el lucimiento de los actores, estupendos Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis. Si el cuadro logra el deseado equilibrio, es discutible. Pero hay un esfuerzo por abordar el tema con seriedad, evitando simplismos o enfoques panfletarios. Este punto –si se nos permite el juego de palabras– está fuera de toda duda. Una pega que presenta el film, es lo poco católico que parece. De acuerdo, hay monjas, sacerdotes y monseñores, iglesias y sacristías, el vino de misa escamoteado, alusiones a la confesión. Y se plantean dilemas morales. Pero llama la atención lo poco piadosos que son los personajes, o detalles como la omisión de referencias a las escrituras en la homilía dominical, hasta el nombre de Jesús brilla por su ausencia a lo largo del metraje. Parece que Shanley se educó en una escuela católica, e incluso dedica su film a una religiosa que conoció allí. Pero la sensación es de una visión voluntariosa de los ambientes católicos, pero pobre e incompleta, e incluso artificial, véase el contraste entre la silenciosa comida de las monjas, y las risotadas de los amigos sacerdotes, algo poco creíble. Pero yendo al meollo argumental, hay que decir que el cineasta sabe montar bien el mecanismo de dudas e intercambios verbales entre los personajes, y juega bien con el deseo de conocer la verdad del espectador, artificio que logra mantener el interés. El riesgo es que este espectador desea que le satisfagan las dudas creadas, y en este sentido la resolución puede desconcertar, aunque se intente explicar por una coherencia exigida por el tema central de la duda que reconcome. En cualquier caso el director subraya la imposibilidad de conocer lo que hay dentro del corazón de cada persona, allí sólo tienen acceso Dios y esa misma persona. Shanley parece querer denunciar una posición de inferioridad de la mujer en la Iglesia. Así, es significativo el momento en que el padre Flynn ocupa la silla de la hermana Aloysius en su mismo despacho, como subrayando su posición superior. En fin, late la vieja cuestión del sacerdocio femenino, imposible entre los católicos, y que algunos interpretan como síntoma de una organización machista. Curiosamente, la película viene a demostrar que las mujeres mandan, de otra forma; en definitiva, lo que importa es la superioridad moral y no la del cargo, en el fondo unos y otras están para servir a todos los fieles. La cuestión de la posición de la mujer en la sociedad también está bien presente en la terrible escena que comparten la hermana Aloysius y la madre del chico que podría haber sufrido abusos, donde salen a la luz la violencia doméstica, y los carros y carretas que puede alguien llegar a tragar para salir adelante.

6/10
La familia Savages

2007 | The Savages

Lenny Savage es un anciano con principio de demencia senil. Durante años ha vivido con su pareja –la esposa abandonó el hogar, por razones nunca totalmente aclaradas en el film–, otra anciana, en la casa de la hija casada de ella. Pero al “enviudar” (por así decir), la familia política no está dispuesta hacerse cargo de Lenny. Y aduce un documento que les libera de cualquier compromiso, por lo que piden a los hijos, Wendy y Jon, que asuman sus deberes filiales. Ambos rondan los 40 años, y lo cierto es que se parecen bastante. Son intelectuales que aspiran a ser escritores. Ella acepta los trabajos que puede, mientras trata de colocar una obra teatral basada en su propia experiencia familiar; incapaz de comprometerse con nadie hasta la fecha, mantiene una relación sin futuro con un vecino casado. Por su parte Jon es un profesor universitario, experto en Bertolt Brecht, que convivía con una polaca que deberá abandonar Estados Unidos, pues él no está dispuesto a contraer matrimonio. Los dos han permanecido mucho tiempo sin visitar a su padre, a quien consideran que no deben nada. Pero de pronto deben ocuparse del progenitor, así que inician la búsqueda de una residencia que pueda acogerle. La desconocida Tamara Jenkins, guionista y directora (su libreto fue nominado al Oscar, al igual que la estupenda interpretación de Laura Linney), realiza una habilísima disección, salpicada de un humor muy ácido, de la burguesía americana, representada por la familia Savage, inmersa en un desconcierto vital y afectivo cerrado a la trascendencia, muy de nuestros días. Se nota ahí la influencia de uno de los productores de la cinta, Alexander Payne (Entre copas y A propósito de Schmidt, este último un título que comparte el tema del declive en la tercera edad). Con un asombroso equilibrio tragicómico logra plasmar el sentido de culpa que se despierta en los hermanos, sobre todo en ella, por no haber sabido cultivar el amor paternofilial en ambas direcciones a lo largo de los años; pues la excusa de que el padre no se portó bien, no parece servirles de excusa. Ciertamente la película no condena la decisión de los hijos de ingresar a su padre en una residencia, queda claro que se desea lo mejor para el anciano. Pero se subraya meridianamente que un paso de esta naturaleza es más fácil de dar cuando no se ha descuidado el trato con el discurrir de los años; aquí las dudas de si su modo de proceder no será egoísta son más angustiosas, porque se admite tácitamente una previa culpabilidad; además, está presente toda una reata de pequeños y grandes egoísmos, en las relaciones sentimentales y en el modo de plantearse las metas profesionales. Jenkins sabe ser sutil, algo difícil en una trama de esta naturaleza, con detalles como el del padre desconectando su audífono ante una terrible discusión entre los hermanos; o con inteligente subtexto –el paquete difícil de alcanzar en un supermercado; ese globo que llevan al padre al comienzo del film, que habla de lo volátil que es su relación; la planta que se ha secado por falta de riego; el orden en el desorden de los libros de Jon…–, subrayar el tema clave de la película, la necesidad de dar y recibir amor, sin condiciones. Qué grande es el trabajo actoral de la Linney, y no menor es el de Philip Seymour Hoffman.

7/10
La guerra de Charlie Wilson

2007 | Charlie Wilson's War

El veterano Mike Nichols retoma el mundillo de la política estadounidense, diez años después de Primary Colors. Esta vez, adapta un libro de George Crile, que rescata la figura de Charles Wilson, un congresista estadounidense del partido demócrata de medio pelo, más famoso por su escandalosa y desenfrenada vida que por sus iniciativas políticas. Y sin embargo, Wilson tuvo un papel destacado en el apoyo encubierto de Estados Unidos a los muyahidines, de Afganistán, cuando el país fue invadido por tropas de la URSS, en plena Guerra Fría. El film presenta a Wilson justamente así, como un impresentable, aficionado al alcohol, las drogas y proclive a buscarse amantes continuamente. Una de ellas, la millonaria Joanne Herring –teóricamente una fervorosa cristiana, a pesar de que no vive la religión de forma coherente ni mucho menos– convence a Wilson de la necesidad de ayudar a los muyahidines, para parar los pies a los soviéticos, en su afán de expandir el comunismo por el mundo. En su tarea de conseguir financiación para comprar el material que más se adapte a las necesidades de los afganos, Wilson encontrará un valioso aliado, Gust Avrakotos, un poco ortodoxo agente de la CIA resentido con sus superiores. Nichols satiriza a sus personajes, y usa un tono sarcástico que puede irritar a parte del público. Además, se narra con extrema ligereza la licenciosa vida sexual de Wilson y no entra en valoraciones morales cuando narra los puntos más oscuros del protagonista. Por ejemplo, sólo le preocupa haberse drogado porque el entonces fiscal Rudolph Giulianni –conocido por su lucha contra la corrupción– ha iniciado una investigación de sus trapos sucios. Más que a la elegante La cortina de humo, el tono recuerda a las comedias más ácidas de Robert Altman, estilo El juego de Hollywood. Las andanzas de Wilson, en plena conciliación de los intereses de países árabes con Israel, está contada como si fuera una comedia, aunque el espectador se preguntará si realmente algunas de esas cosas ocurrieron de forma parecida a como se muestran en pantalla. Cinematográficamente, es un film de nivel, con réplicas divertidas y grandes actores en los principales papeles. Tanto Tom Hanks como Julia Roberts, casi siempre asociados a personajes honestos, sorprenden en registros diferentes a lo que se espera de ellos. Especialmente brillante es la composición de Philip Seymour Hoffman, nominado con toda justicia al Oscar al mejor secundario, por su modélica composición de Gust, un peculiar agente de la CIA, que se suma a su memorable galería de personajes que casi siempre tiran hacia lo  estrambótico. Se trata además de un film que da que pensar sobre la política internacional, se esté de acuerdo o no con las posiciones que claramente defiende: pues la conclusión es que la intervención soterrada en Afganistán fue un factor que tuvo su importancia en la desintegración del Telón de Acero. No es un film plúmbeo, pues al mismo tiempo critica al gobierno estadounidense porque a pesar de haber expulsado a los soviéticos, no invirtió en educación, ni puso medios para evitar el avance de los fundamentalistas religiosos que se hicieron con el poder en Afganistán. 

6/10
Antes que el diablo sepa que has muerto

2007 | Before the Devil Knows You're Dead

Andy y Hank son dos hermanos con problemas. El primero, casado y sin hijos, es un ejecutivo de buena posición, pero que ha venido costeando últimamente su adicción a las drogas tomando prestado, temporalmente y sin decirlo, dinero de su empresa. El otro es un pobre diablo sin ocupación estable, divorciado, aunque amante de su hijita; sus apuros económicos le hacen retrasar el pago mensual de la correspondiente pensión. En tal tesitura, Andy proponer a su hermano un plan: robar la joyería de sus padres. Éstos no saldrán perjudicados, pues el seguro cubrirá todo; y ellos, que conocen bien el establecimiento, podrán tapar sus agujeros financieros. Lógicamente, pretenden que todo transcurra sin violencia. Pero Hank, encargado de ejecutar materialmente el atraco, no se atreve a hacerlo personalmente, y recurre a un tercero, que acude a la joyería armado. Se producirá un enfrentamiento entre el atracador y la madre, a resultas del cual muere el primero, mientras ella queda en coma. El título original del film alude a una frase hecha, que completa dice "A half hour in the paradise... before the devil knows you are dead", o sea, "media hora en el paraíso... antes de que el diablo sepa que estás muerto". Y precisamente se recoge ese espacio de tiempo infernal, en que el paraíso de los problemas superados y la felicidad no se da en absoluto, mientras los personajes deambulan como cadáveres ambulantes, antes de que, en efecto, el diablo se los cobre como piezas. El guión que dirige el veterano Sidney Lumet -83 años, 50 haciendo películas, éste hace su título número 44-, escrito por el novato Kelly Masterson, presenta una perspectiva completamente desesperanzada y fatalista, de personajes encerrados en una ratonera, y que se diría se empeñan en agravar las heridas producidas por la trampa en que se han metido. La estructura narrativa deconstruida, con los puntos de vista de distintos personajes -los dos hermanos y el padre- se revela eficaz, también por la vigorosa realización de Lumet, de hechuras muy clásicas y muy sólidas. Resulta impactante la escena del atraco, así como el resto de escenas de la parte que podríamos denominar criminal. Pero además hay personajes sólidos, con sus dramas bien atrapados, las miserias y mezquindades, las consecuencias no previstas, las decepciones y el afán de venganza. En tal sentido la película es muy cruda, porque los personajes carecen de cualquier tipo de asidero al que agarrarse: los hermanos han ido soltando amarras de las cosas que importan -sus respectivas familias-, para encadenarse a adicciones o incluso a una relación adúltera y secreta con la mujer del hermano; y el padre, una vez su esposa se encuentra en coma, sólo vive para dar con los cómplices del asesino. La película es plenamente coherente con la filmografía lumetiana, por ejemplo con Tarde de perros en su dibujo de una pareja de perdedores sin salida, que tratan de superar sus problemas con una acción criminal. Y coincide con una especie de 'revival' del cine de los años 70, que tiene actualmente representantes en títulos como Michael Clayton o American Gangster; de este período se hereda, además de ciertas temáticas y el escenario urbano (la amada Nueva York de Lumet), la violencia seca, el intenso dramatismo de las situaciones y ciertas concesiones gruesas y gratuitas al sexo (la escena de arranque y otras), que parecían superadas en el cine reciente. Están muy bien los actores: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, y Albert Finney, pues dominan los hombres sobre las mujeres, aunque Marisa Tomei y Rosemary Harris tenga un par de escenas de lucimiento, la confesión y el atraco respectivamente.

7/10
Misión imposible III

2006 | Mission: Impossible III

Probablemente el mejor film de la saga basada en la vieja serie televisiva, con permiso de Brian De Palma y John Woo, los directores de las dos películas anteriores. J.J. Abrams, que ha revolucionado el panorama televisivo gracias a las series Alias y Perdidos, traslada el esquema de la primera a este film. Es decir, humaniza por fin al hierático Ethan Hunt, del cual en las otras entregas apenas sabíamos otra cosa sus increíbles habilidades como agente secreto. Aquí Abrams y su habitual equipo de guionistas Alex Kurtzman y Roberto Orci nos presentan a un Ethan que desea llevar una vida normal. Ha conocido a la mujer de su vida, y van a casarse. Pero una última misión, el rescate de una agente a la que entrenó personalmente, complica sus buenos deseos. Tom Cruise, productor y protagonista, acierta con el film. Y se lo pasa en grande, interpretando sin dobles algunas de las escenas más arriesgadas. Personajes bien esbozados y la dicotomía clásica del espía, obligado a llevar una doble vida, y al que le cuesta confiar en los demás, ayudan a configurar una trama interesante, donde la añoranza por ser como los demás deviene en sólida columna vertebral. A esto se suma un villano de altura –el oscarizado Philip Seymour Hoffman–, un ritmo endiablado, y unas escenas de acción magníficamente diseñadas. El rescate en la fábrica, con la persecución de helicópteros entre molinos de viento, el modo en que Ethan se cuela en el Vaticano, el ataque en el puente, o el espectacular salto de edificio a edificio, demuestran que en el cine de acción todavía se puede innovar.

6/10
Empire Falls

2005 | Empire Falls | Serie TV

Empire Falls es un pueblo de Estados Unidos del medio Oeste dominado por la rica cacique Francine Whiting, una dama con el corazón de hielo. A modo de culebrón, seguimos la vida de sus habitantes, gente de clase alta y gente de clase media baja, las relaciones entre ellos, los problemas familiares, el pasado y el incierto porvenir, son la base del argumento de esta miniserie llena de rostros conocidos y grandes actores de Hollywood.El eje central de la trama lo da Miles, el personaje de Ed Harris, que lleva 25 años regentando un restaurante, propiedad de Francine. Su esposa Janine le he pedido el divorcio, para casarse con Walt, un tipo mayor que ella, que regenta un gimnasio. Tick, la hija de Miles y Janine, es una adolescente sensible, con habilidad para la pintura. Rompió con un novio insoportable, y se muestra atenta con el rarito John, objeto de las burlas de los compañeros de clase. Hay más subtramas, hilos narrativos propiciados por distintos personajes -el poli resentido, el padre de Miles...-, pero sobre todo pesan sucesos del pasado que conciernen a los padres de Miles, secretos sepultados por el tiempo, que implicaron una relación inapropiada, ya que implicaba a uno de los pesos pesados de la clase alta de Empire Falls, y a una mujer de condición más modesta. Dirige Fred Schepisi (Seis grados de separación, El genio del amor), basándose en una novela de Richard Russo. Este autor parece haber tenido una especial relación con Paul Newman, ya que el actor que aquí, además de tener un pequeño papel, es productor ejecutivo, intervino en el film que adaptaba otra novela de Russo, Ni un pelo de tonto, además de en Al caer el sol, cuyo guión firmaba el escritor. El papel de villana sin fisuras es para la esposa de Newman, Joanne Woodward, estupenda en el trabajo con el que ha cerrado su carrera de actriz.

6/10
Truman Capote

2005 | Capote

¿Qué comparten Truman Capote y Brokeback Mountain? Ambos filmes incluyen homosexuales. ¿En qué se diferencian? Truman Capote no enarbola la `bandera rosa´. Hay un serio esfuerzo por ahondar en la figura de un gran escritor, a partir de la decisiva influencia en su vida del brutal asesinato de la familia Clutter, en la América rural de finales de los 50. Lo que nació reportaje periodístico, creció hasta convertirse no sólo en A sangre fría, la mejor obra de Capote, paradigma de la novela de no ficción, sino en confrontación consigo mismo. El director casi debutante Bennett Miller, y su guionista Dan Futterman, miran a Capote sobriamente, sin complacencias. Las entrevistas para documentar su libro, permiten el despliegue de elementos biográficos: infancia desgraciada, éxito social, prejuicios por su amaneramiento, devaneos con Hollywood… Y perfilan su marcado narcisismo: el asesino Perry Smith le interesa por el reconocimiento de un pasado común, que le hace preguntarse por qué sus vidas son tan distintas. Ese enamoramiento de sí –el amor más importante del escritor, más que el de sus amantes, o la amistad con Harper Lee– dicta sus acciones, le lleva a aprovechar casi automáticamente su sensibilidad e ingenio, una personalidad manipuladora que cautiva y detecta enseguida los puntos débiles del otro; por ello, al enfrentarse al final del libro, la ejecución de los asesinos, debe hacer un esfuerzo supremo, salir del caparazón. Philip Seymour Hoffman hace una soberbia interpretación; evita los excesos a que se presta el personaje, lo dota de mil y un matices. El resto del reparto sabe que la película es suya, pero tanto los rostros familiares como los desconocidos (los dos asesinos, elección que sigue las pautas de Richard Brooks en su versión fílmica de A sangre fría) ayudan, y mucho, a la función.

8/10
De vuelta al "insti"

2005 | Strangers with Candy

Jerri Blank, una mujer madura que ha superado su adicción a las drogas, regresa a su pueblo natal tras cumplir varios años de condena en prisión. Jerri decide retomar su vida en el punto exacto en el que se echó a perder, es decir, cuando iba al instituto. Decide volver a clase, compartiendo aulas con adolescentes. Desenfadada comedia de instituto, con la particularidad de que está protagonizada por una adulta. Recuerda a títulos como Nunca me han besado y Aquellas juergas universitarias.

3/10
Y entonces llegó ella

2004 | Along Came Polly

No debe de haber nada peor que pillar a tu mujer engañándote con otro durante... ¡tu propia luna de miel! Eso le sucede al pobre Reuben, un cuadriculado trabajador de una compañía de seguros que dedica sus horas a evaluar riesgos. Pero en su consiguiente estado de desolación coincide por casualidad con una antigua compañera de estudios que le hace tilín. Polly es divertida, risueña, confiada, sexy e imprevisible, aunque su visión de la vida es totalmente opuesta a la de él. Mientras que Reuben es una especie de 'hipocondriaco del futuro', que ha de tenerlo todo calculado y asegurado, ella ama los riesgos y la aventura, y vive absolutamente al día. John Hamburg, coguionista de Los padres de ella y Zoolander, debuta en la dirección con esta comedia ligera, cuyo mayor gancho es el reparto. Se nota que le ha cogido perfectamente la onda a Ben Stiller, quien aquí vuelve a ser el palurdo de buen corazón al que ya nos tiene acostumbrados. Salvo en algunas situaciones puntuales algo groseras, la película sigue el camino recto de las comedias románticas clásicas. Y hay algunos gags (la escena del baño con Alec Baldwin, el partido de baloncesto, la comida picante...) que son para enmarcar y arrancan sin compasión las mayores carcajadas.

5/10
Owning Mahowny

2003 | Owning Mahowny

Dan Mahowny es director de una oficina bancaria. Su posición económica sería desahogada de no ser por su pasión por el juego y las apuestas. Cuando debe un montón de dinero, se da cuenta de que puede estafarle dinero a sus clientes. Philip Seymour Hoffman protagoniza esta adaptación de una historia real, que tuvo una gran repercusión en la opinión pública de Canadá. El guión parte del libro 'No Limit', de Gary Stephen Ross.

5/10
Cold Mountain

2003 | Cold Mountain

La guerra de secesión americana. Inman, un soldado que combate en el bando sudista, resulta herido. En la etapa de convalecencia llega a sus manos una carta de su amada Ada, hija de un clérigo, con la que apenas mantuvo dos breves conversaciones y un beso antes de partir. En esas encendidas líneas, ella le cuenta sus penas, la muerte de su padre, su práctica inutilidad a la hora de sacar adelante su granja. Y le dirige una orden imperiosa: que deje todo lo que tiene entre manos (el ejército, por tanto) y vuelva junto a ella. Conmovido, sabedor de que ese amor a primera vista es lo que da sentido a su vida, Inman emprenderá el largo camino a casa. Adaptación de la voluminosa novela de Charles Frazier, ganadora del prestigioso National Book Award americano, que muestra cómo el amor es un motor más poderoso que las guerras a la hora de que el mundo siga dando vueltas. Anthony Minghella, director y autor del guión, sabe vertebrar bien la historia, que se inicia con Inman en el frente. Los flash-backs nos permiten conocer cómo se fraguó el delicado amor entre una tímida damisela del Sur, perfecta señorita nada práctica, y un tosco granjero, al que cuesta articular más de dos palabras seguidas. Una vez cumplido este primer objetivo, Minghella narra paralelamente las penalidades de Ada para sobrevivir en su granja y las de Inman para regresar. Ella contará con la ayuda inesperada (quizá demasiado, pues la chica llega casi como llovida del cielo) de Ruby, una moza sin demasiados modales, pero muy trabajadora y con un corazón de oro. Pero debe soportar el acoso de un bruto pretendiente, que más que a ella lo que desea son sus tierras. Mientras él, al modo de un Ulises del siglo XIX, encontrará en su camino múltiples personajes, oráculos, ciegos y cantos de sirena. Minghella pone un especial cuidado en las transiciones entre uno y otro hilo narrativo. Una buena herramienta para ello es la música: el director la usa, no sólo como un elemento que sirve para dar paz en medio del clima bélico, sino para pasar de una historia a otra; el piano de Ada y los violines del grupo del padre de Ruby, vienen para eso al pelo. El film es el clásico título concebido para arrasar en los Oscar. De hecho, obtuvo 7 nominaciones (de las cuales materializó una, la estatuilla de Renée Zellweger), pero curiosamente, no en los apartados de película y director. El diseño de producción, fotografía, música, son apabullantes, así como el reparto, sembrado de actores de primera línea. Nicole Kidman (no nominada, quizá por su premio de Las horas el año anterior) prueba que es una de las mejores estrellas que pueblan la galaxia Hollywood, creíble en su modosito personaje y en su transformación; también Jude Law (él, sí, nominado) hace creíble un personaje parco en palabras, pero en cuyo rostro es bien visible la huella de la guerra; y René saca todo su jugo a un personaje agradecido, apoyo necesario para la heroína. El resto –Atkins, Gleeson, Hoffman, Portman, Ribisi, Shuterland, Winstone…–, secundarios de lujo, cumplen sus papeles a la perfección.

7/10
Con amor, Liza

2002 | Love Liza

Desde que se suicidó su esposa, Wilson no levanta cabeza. Es incapaz de pasar página, y ni siquiera se ha atrevido a leer la nota que dejó ella antes de quitarse la vida. Por ello no se concentra en el trabajo, y esnifa gasolina como vía de escape. Este duro y desesperanzado film de Todd Louiso transmite amargura por todos sus poros. Con pocas ventanas para tomar aire (lo único que puede tomar el espectador es aroma de gasolina), lo mejor es la interpretación del camaleónico Philip Seymour Hoffman.

4/10
El dragón rojo

2002 | Red Dragon

Will Graham. Un avispado agente del FBI, que tiene la virtud de meterse en la mente de los asesinos: piensa como ellos, al investigar un caso ve lo que otros no ven. Anda tratando de resolver el caso de un asesino en serie muy particular: mata a sus víctimas, y les quita alguna víscera. Cuando consulta las pistas que maneja con su amigo, el médico forense y psiquiatra Hannibal Lecter cae en la cuenta de que su perfil de exquisito gourmet se ajusta bastante al del asesino buscado. Quizá demasiado. A punto está a convertirse en nueva víctima, pero se salva por los pelos y Hannibal va a dar con sus huesos en la cárcel. Años después, Will está retirado y vive feliz con su mujer y su hijo en un pueblecito costero. Pero su antiguo jefe Jack Crawford le pide ayuda para detener a un nuevo “serial killer” que mata familias enteras, y coloca en sus ojos trocitos de espejo. Aunque reticente, Will acepta volver al tajo por una vez. Y puede que lo lamente. Adaptación de la novela de Thomas Harris, la primera de las suyas en que aparece el doctor Hannibal Lecter, con una presencia más bien secundaria (aunque en el film se le ha concedido más cancha, naturalmente). Había sido llevada ya al cine en 1986 bajo el título de Hunter, una versión muy poco conocida de Michael Mann. En esta ocasión se ha contado el guión con Ted Tally, ganador de un Oscar por su libreto de El silencio de los corderos. El chico se ha esmerado, y aunque hay elementos comunes con El silencio (el principal, que un Lecter recluido ayuda a Will a resolver el caso lanzando crípticas pistas), también existen importantes novedades. Will (fantástico Edward Norton) es un tipo más sólido que la frágil Clarice, y aunque Lecter trata de penetrar en su cabeza, al tenerla muy bien amueblada soporta mejor sus envites. Por otra parte se presta más atención a Francis Dolarhyde (asesino que parece un primo hermano del Norman Bateman de Psicosis: la figura autoritaria e insultante de su abuela, con la que se crió, le afectó a la chaveta), al mostrar que también los psicópatas tienen su corazoncito. La redención a través del amor puede venir gracias a Reba, una compañera del trabajo, ciega, pero capaz de ver los restos de bondad que quedan en Francis. Y está presente un periodista de tabloide, encarnado con convicción por el orondo Philip Seymour Hoffman, que sirve para poner en la picota a los que hacen de la venta del morbo la razón de sus vidas. Brett Ratner es conocido sobre todo por las comedias de acción Hora punta y su secuela (el director bromea asegurando que si Hopkins no hubiera estado disponible, habría dado su papel a Jackie Chan), Aunque la sombra de Jonathan Demme y Ridley Scott, responsables de El silencio de los corderos y Hannibal, es alargada, Ratner sale airoso del reto de entregar un buen film. Del buen manejo de los mecanismos del suspense dan prueba la secuencia de apertura, la reproducción de los pasos de un crimen, o la doble resolución del film. Asegura el director que le tranquilizó mucho, al hablar con Demme, que éste le dijera: “Si esto fuera El padrino, te daría mi bendición.” El perfeccionista Anthony Hopkins cuenta que, debido a que han pasado diez años desde el primer film, temía que su voz pareciera avejentada comparada con la de El silencio de los corderos (en teoría, su personaje es más joven, pues los sucesos que se narran transcurren antes de que conociera a Clarice); tuvo entonces que emplearse a fondo para que el tono monótono de la voz tan característico de Lecter sonara relativamente juvenil. Mientras que Ralph Fiennes afirma que lo que le gustó de su personaje es que es “una figura trágica. No necesariamente simpática, pero tiene un corazón de verdad.”

6/10
Embriagado de amor

2002 | Punch-Drunk Love

Un tipo apocado, dominado por sus siete hermanas, a punto de explotar, conoce a una misteriosa mujer. A la vez tiene un encontronazo con unos mafiosos. Empieza así una serie de encuentros y desencuentros de tintes cada vez más surrealistas. Paul Thomas Anderson (Boogie Nights, Magnolia) fue premiado en Cannes como mejor director gracias a este film inclasificable y alocado, que recuerda por momentos al Jo, qué noche de Martin Scorsese. Adam Sandler hace su composición más compleja hasta la fecha (lo habitual en él hasta ahora eran las comedias más o menos facilonas), bien secundado por Emily Watson. El film se inspiró en un personaje auténtico, que había acumulado puntos comprando un determinado producto, con intención de, a partir de cierto momento, poder viajar gratis haciendo uso de ellos.

6/10
La última noche

2002 | 25th Hour

Nueva York. Varios personajes deambulan a lo largo de las 24 horas que restan de libertad a Monty, antes de ingresar en prisión. Su delito, el tráfico de drogas. El peso que grava su conciencia tiene diversas manifestaciones: la certeza de no haber cortado a tiempo con su actividad inmoral, junto al hecho de saber que alguien de su entorno cercano, quizá su novia, le ha traicionado. Le toca, en ese breve plazo, despedirse de su padre, un honrado bombero; y de sus viejos amigos de colegio: Frank, "broker" triunfador, sólo en apariencia, y el tímido Jakob, profesor de instituto. Gran parte de esta trama urbana, dura y realista, basada en la novela de David Benioff que él mismo adapta, transcurre de noche. Una noche en la que unos tipos humanos emprenden, algo más en serio que hasta entonces, la búsqueda de ellos mismos, de un sentido claro para su existencia. Las dudas que torturan a Monty con respecto a su chica, o el deseo sexual-enamoramiento de Jakob hacia una alumna descarada, hablan de la necesidad de establecer los lazos amorosos sobre las bases de la confianza y el mutuo darse, más que en los endebles cimientos de las apariencias. Spike Lee, cineasta combativo y visceral, sobre todo cuando se trata de hablar de sus hermanos de raza negra, de discriminación y derechos civiles, logra un tono más contenido y efectivo en La última noche, sin duda uno de sus mejores títulos, y que eleva una carrera que no había dado nada interesante desde La marcha del millón de hombres (1996). Uno de sus méritos es culminar bien una historia donde los personajes (gran reparto, con espléndidos Edward Norton, Barry Pepper, Philip Seymour Hoffman, Rosario Dawson, Anna Paquin y Brian Cox), crecen y maduran, y donde se hace una apuesta decidida por la capacidad que tiene el hombre para cambiar, si se cuenta con los apoyos necesarios: Dios, la familia, los amigos, una voluntad decidida... La última escena que protagoniza Monty es como el polo opuesto a una previa, donde éste desata su ira contra el mundo en la soledad del cuarto de baño, con la única compañía de su reflejo en el espejo.

8/10
State and Main

2000 | State and Main

Un pintoresco y perdido pueblecito de Nueva Inglaterra. La llegada de un equipo de cine revoluciona a los lugareños. Pretenden rodar allí un guión titulado "El viejo molino". Sólo hay un pequeño inconveniente: el molino del pueblo, descrito con pelos y señales en un folleto turístico, se quemó hace años. Es uno de los “detalles sin importancia” que el guionista tendrá que sacrificar para ver convertida su historia en celuloide. El prestigioso David Mamet (El caso Winslow, Casa de juegos) orquesta una divertida sátira de la frivolidad hollywoodiense: actores estrellas que se acuestan con menores, productores ‘huesos duros’, frágiles actrices que necesitan consuelo... Tipos humanos que ofrecen un fuerte contraste con la gente del pueblo, más sencilla y ‘de campo’. Mamet confiesa haber tomado como referencia las demoledoras comedias de Preston Sturges (Las tres noches de Eva, Los viajes de Sullivan). Y sabe conjugar el humor, con la sensible historia de amor entre el guionista y una chica del pueblo que regenta una librería, y que demuestra ser dueña de una enorme creatividad.

6/10
Casi famosos

2000 | Almost Famous

Años 70. William, un adolescente, lo sabe todo sobre música. Su ilusión es escribir en una revista especializada. Una carambola de coincidencias (sus reportajes en una revista local, el seguimiento de un grupo, el Stillwater), posibilita un encargo de la mítica revista Rolling Stone: cubrirá una gira del grupo. Comienza, entonces, su rito de iniciación a la vida: el vértigo de la fama, las rencillas del grupo, el primer romance... Su madre, viuda, ha dado su consentimiento a la marcha del chico. Pero no puede evitar preocuparse por él. El sólido guión, ganador del Oscar, evita con inteligencia las simplificaciones. Igual se muestran los peligros de la fama (promiscuidad, drogas, vanidad tonta), que se da una visión equilibrada de la madre (sus hijos son lo que más quiere en el mundo, y no permitirá que nadie los eche a perder). Cameron Crowe apuesta por la mirada nostálgica y luminosa al mundo del rock and roll, y evita sumergirse en el lado oscuro que, desgraciadamente, existe. No lo oculta, y describe un ambiente donde el sexo sin compromiso y las drogas parecen lo normal; pero prefiere resaltar lo luminoso e ilusionante. La historia interesa también por la definición de los personajes, mimados en cada uno de sus rasgos. El joven y desconocido Patrick Fugit, con su aspecto inocente y a la vez espabilado, sostiene la historia (el punto de vista de la película es el suyo) sin complejos. Frances McDormand da vida a una madre protectora pero sensata, reconocible y creíble; Kate Hudson (Globo de Oro a la mejor actriz secundaria, un descubrimiento) es una chica fantasiosa, sin histrionismos; y Billy Crudup acierta en su composición de líder de la banda algo pasado de rosca y que empieza a ser consciente de que lo está.

7/10
Nadie es perfecto

1999 | Flawless

Walt es un poli muy viril, que ronda la cincuentena, amante de la acción. Vive en un barrio marginal, y todos los días se cruza con un grupo de homosexuales, a los que mira mal. Tampoco se fija mucho en Rusty, su vecino, que se traviste de drag queen y actúa en un garito nocturno. Pero una acción policial deja a Walt inválido, lo cual le va a obligar a ver más de lo que querría a Rusty. Entretenida comedia sobre la intolerancia y los prejuicios, que evita casi siempre el tonillo didáctico. Aunque previsible, el film cuenta con una extraordinaria pareja de actores: el camaleónico Robert De Niro, y el menos conocido Philip Seymour Hoffman, que ya destacó en El talento de Mr. Ripley y State And Main.

4/10
Magnolia

1999 | Magnolia

Un joven se lanza al vacío desde la azotea de un bloque de viviendas. Al pasar a la altura de un piso le alcanza un disparo fortuito de su padre, que en ese momento amenazaba a su mujer con un arma. Un suicidio se transforma en asesinato. Son cosas que pasan. ¿Cosas que pasan? Se trata, en cualquier caso, de uno de los disparatados ejemplos con los que Paul Thomas Anderson, director y guionista de Magnolia, pretende hacer valer su máxima de que, en esta vida, hasta las cosas más extraordinarias son cosas que, sencillamente, pasan. Y viceversa; en las situaciones más corrientes aletea algo que las hace especiales. Un anciano moribundo; su joven esposa; el enfermero que le cuida. Una predicador del sexo para ‘machos’. Un policía en busca del amor. Un célebre presentador de televisión. Un niño prodigio de los concursos televisivos. Un adulto ex niño prodigio de ese tipo de concursos, acomplejado con su homosexualidad. Una mujer con traumas sexuales de la infancia. Todos viven en San Fernando Valley. Y existe un hilo invisible –junto a otro más visible, el de los lazos familiares– que une sus vidas. A lo largo de tres horas somos testigos de sus amores, compasión, odio, capacidad de perdón, complejos, ambiciones, máscaras… La película de Anderson, Oso de Oro en Berlín, cuenta con un magnífico guión: la historia progresa, hay buena definición de tipos humanos. Además los actores se portan, están bien dirigidos. A una buena narración sobre el papel se une una buena puesta en escena, fluida, y un buen uso de la música (magnífico y nada cursi ese encadenado de todos los personajes cantando la misma canción). Dentro de una visión más pegada al suelo que trascendente (pese a una curiosa lluvia del cielo que acontece bien cerca del final), el film se afana en dibujar bien las virtudes y miserias de los personajes, y domina un relativo optimismo sobre la capacidad redentora del amor y del perdón. Algunas de las situaciones planteadas no están exentas de crudeza. Pero, ciertamente, son cosas que pasan.

8/10
El talento de Mr. Ripley

1999 | The Talented Mr. Ripley

Tom Ripley es un joven brillante, pero sin posición social. Le gusta aparentar más de lo que es. Una confusión le lleva a recibir un encarguito de un rico constructor: debe traer de vuelta a casa a su hijo Dickie, que lleva una vida de playboy en Italia junto con su novia Marge. Es el comienzo de un juego de fingimientos, donde Tom, en palabras del director Anthony Minghella, empieza a comportarse "como un niño que ha vertido jugo de tomate sobre el mantel y, en un intento por ocultar su error, vuelca una tetera, rompe un plato, araña la mesa, le pega fuego y acaba por prender la casa entera". El film recrea de modo maravilloso la Italia de los años 50, y la atmósfera de dolce vita de unos jóvenes desocupados. Desasosegadoras son las situaciones que conducen al crimen, y más de uno ha discutido la atracción homosexual entre Tom y Dickie sugerida por Minghella, que según el director está latente en la novela original de Patricia Highsmith. En cualquier caso, lo más fascinante del film es el planteamiento de que "esquivar la responsabilidad no es lo mismo que eludir la justicia. No se sale impune de nada. (...) El pacto con el diablo de Ripley consiste en preferir ser una falsa persona importante que un don nadie auténtico. (...) Se describe el precio implícito por abandonar la propia personalidad para convertirse en aquél que te gustaría ser". El film ha servido para confirmar lo buen actor que es Jude Law, candidato al Oscar por su papel. El resto está a la altura. Estupenda la música de Gabriel Yared.

6/10
El gran Lebowski

1998 | The Big Lebowski

El Nota, un hippy vago como pocos, es confundido con un multimillonario. El error sirve para que el magnate le confÍe el rescate de su mujer, secuestrada por unos indeseables de los que sólo el Nota conoce el rostro. Secuestros, confusión de identidades, tipos estrafalarios: con tales elementos los Coen han hecho películas muy distintas entre sí. Aquí orquestan un film delirante, que combina comedia, cine negro, musical, surrealismo y todo lo que se les ocurre, con la referencia literaria de Raymond Chandler. El reparto, fantástico, cuenta con todos los nombres habituales de los hermanos de Minnesota. Del reparto, destaca un pequeño cameo de uno de sus actores fetiche, John Turturro, que fue el protagonista de otro de sus éxitos, Barton Fink.

6/10
Patch Adams

1998 | Patch Adams

Patch Adams es un estudiante de medicina nada convencional. Sumido en una depresión, estuvo a punto de suicidarse y fue recluido en un manicomio. Allí, como reacción al trato algo deshumanizado de parte del personal, aprendió a descubrir seres humanos en sus compañeros chalados. Ello, una vez curado, le impulsa a acudir a la facultad para prepararse como médico: su edad –ya es un tipo cuarentón– no es pega a la hora de enfrentarse al reto de tratar a los pacientes como personas. Y lo hará con una singular terapia del humor. Tom Shadyac (director de Ace Ventura: Detective de mascotas y El profesor chiflado) hace en este film una singular simbiosis de comedia y drama, a partir de una historia basada en hechos reales. Cuenta para ello con el actor perfecto: el tronchante Robin Williams, que aunque le gusta pasarse de rosca, es garantía de diversión.

5/10
Happiness

1998 | Happiness

Corrosiva comedia que gira en torno a un variado grupo de personajes algo desequilibrados, compuesto por tres hermanas, sus padres y amigos. Detrás de una aparente normalidad se esconden los más diversos traumas y perversiones. Película coral, con gran variedad de actores, de los más diferentes registros. El film está dirigido por el independiente Todd Solondz (Bienvenidos a la casa de muñecas). La película se inscribe en la línea de títulos como Amigos y vecinos y American Beauty, films todos ellos empeñados en demoler la idílica imagen del sueño americano.

5/10
Próxima parada, Wonderland

1998 | Next Stop Wonderland

Trayectorias paralelas de dos corazones solitarios. Erin es una independiente y culta enfermera, en plena crisis sentimental tras romper con su novio; su madre, frívola y posesiva, le quiere buscar nueva pareja a través de un anuncio en el periódico: lo que provoca una singular apuesta entre cuatro amigos. Por su parte, Alan, de origen brasileño, compagina su trabajo en un acuario y sus estudios de biología marina. ¿Se cruzarán algún días estos dos personajes para enamorarse? Buena muestra de cine independiente americano. Este sugerente film combina la comedia (hay un buen puñado de gags) con romanticismo y drama existencial. Hay una excelente composición de personajes y una música brasileira deliciosa.

7/10
Boogie Nights

1997 | Boogie Nights

Eddie trabaja de camarero en un garito de moda. Un día conoce a un tal Jack, que lo convertirá en una estrella del cine "porno". El éxito, el dinero y el sórdido ambiente en que a partir de entonces comienza a moverse, hacen mella en su vida. Mark Wahlberg, Burt Reynolds y Julianne Moore son algunos de los componentes del atractivo reparto del film. La historia se adentra en un mundo miserable y que mina a las personas, el de la confección de películas pornográficas. Pese a obtener en su día tres nominaciones al Oscar y un Globo de Oro en la categoría de mejor actor secundario (Burt Reynolds) este sórdido film de Paul Thomas Anderson (Magnolia) deja notar el paso del tiempo y tiene cierto sabor rancio y "demodé".

6/10
Hard Eight

1996 | Hard Eight

Primer largometraje como director de Paul Thomas Anderson (Pozos de ambición), donde ya se veían sus buenas maneras tras la cámara y su gran capacidad para narrar historias intensas, con un "tempo" preciso, imágenes y encuadres poderosos y cuidados, y una gran dirección de actores. Sidney (Philip Baker Hall) es un hombre mayor de ademanes resueltos, elegante, de pocas palabras y gran seguridad en sí mismo. Por eso, cuando recoge a John (John C. Reilly), un joven sin un céntimo y un poco perdido, y le propone ayudarle a salir adelante, John acepta. Irán a Reno a ganar dinero en el casino. Con el tiempo ambos hombres se hacen íntimos, como padre e hijo, y conocerán a una empleada de un casino, Clementine (Gwyneth Paltrow), de la que John se enamorará. Durante muchos minutos el espectador asiste a lo que parece ser una relación de "pobre y buen samaritano". Pero bajo ese envoltorio se esconde una rara sensación de que algo raro ocurre. El film irá desarrollándose como un drama hasta que evolucione a un sorprendente thriller. Los cuatro actores principales están soberbios, sobre todo Philip Baker Hall en el papel de Sidney.

6/10
Twister

1996 | Twister

Nada mejor para arreglar un matrimonio mal avenido que apuntarse a una cacería de tornados. Él es hombre del tiempo en un canal televisivo; ella es una “cazadora” de tornados, que espera a que se produzca uno para ir con su equipo y estudiarlo, y nunca mejor dicho, desde el ojo del huracán. Están arreglando los papeles para el divorcio, pero puede que una buena descarga de adrenalina se convierta en la solución de sus desavenencias. El director de Speed, el holandés Jan de Bont, dirige un guión del popular novelista Michael Crichton, escrito expresamente para el cine. El film sigue la línea de los títulos catastrofistas de los años 70 (Aeropuerto, Terremoto, El coloso en llamas...), con acción trepidante servida a través de unos cuidados efectos especiales. Protagoniza la película la entonces desconocida Helen Hunt, que alcanzaría la gloria dos años más tarde gracias a su Oscar por Mejor... imposible.

6/10
La huida (1994)

1994 | The Getaway

Carter y Carol son dos ladrones que tras estafar a un mafioso, emprenden una huida deseperada mientras los matones de la mafia y la policía les pisa los talones. La película es un remake de La huida que dirigió Sam Peckinpah en 1972, y que cuenta con el mismo guionista. El film no tiene nada nuevo y el ritmo narrativo cojea bastante. A parte de alguna lograda secuencia de acción, la historia no es más que un conjunto de tomas violentas e inoportunas escenas sexuales. Los protagonistas, Alec Baldwin y Kim Basinger, por entonces marido y mujer, no dan mucho más de sí para levantar cabeza a la historia.

2/10
Ni un pelo de tonto

1994 | Nobody's Fool

Sully (Paul Newman) es un obrero de la construcción en edad de jubilarse. Vive en una pequeña comunidad del estado de Nueva York, donde todo el mundo se conoce. Sully realiza pequeños trabajos, en parte para estar ocupado y en parte para subsistir. Hace años que abandonó a su familia. Vive en casa de la antigua profesora miss Beryl (Jessica Tandy), junto a su hijo, un especulador inmobiliario. A cambio del alojamiento, Sully hace trabajos domésticos, mientras que intenta ser contratado por el propietario de la constructora local, Carl Roebuck (Bruce Willis). La mujer de éste, Toby (Melanie Griffith), siente una irrefrenable pasión por Sully. Todo se complica en su vida cuando su hijo y su nieto, al que no conoce, se presentan en casa de su ex mujer. El guión está basado en la novela homónima del norteamericano Richard Russo. Paul Newman, en una interpretación excelente, obtuvo aquí su séptima nominación al Oscar. Su personaje está lleno de humanidad y de humor, y llega enseguida al espectador, con todos sus defectos. Un personaje que con el tiempo entrará en la historia del cine, como el arquetipo del que arregla los desperfectos y las vidas de los demás, cuando la suya se va a pique. Una película conmovedora, que se ve con deleite de principio a fin. Jessica Tandy, en su duelo interpretativo con Newman, está sensacional. La música es del prestigioso Howard Shore.

6/10
Cuando un hombre ama a una mujer

1994 | When a Man Loves a Woman

Extraordinario melodrama aclamado por la crítica y protagonizado por dos actores realmente fabulosos. Michael (Andy García) su esposa Alice (Meg Ryan) forman un apasionado matrimonio que ha luchado por formar una unida familia junto a sus dos hijas. Sin embargo, el dolor hace su entrada en escena cuando un secreto pasado de Alice comienza a cernirse de nuevo sobre ella: su tendencia al alcohol. Michael hará todo lo posible para evitar el derrumbe de una familia que se desmorona, porque sabe que cuando un hombre ama a una mujer, es para siempre. Las maravillosas interpretaciones de Andy García (Los intocables de Eliot Ness, La noche cae sobre Manhattan) y Meg Ryan (Algo para recordar, Tienes un e-mail) hacen que la temperatura de esta película alcance cotas verdaderamente altas. Una película donde el amor huye del sentimentalismo y se convierte en una realidad que supera cualquier obstáculo.

6/10
¡Qué no hacer con un millón de dólares!

1993 | Money for Nothing

El joven Joey Coyle está de suerte. Sin empleo que le mantenga acaba de encontrar tirado en una carretera dos sacos repletos con la suntuosa cantidad de un millón de dólares, dinero que está dispuesto a quedarse y a disfrutarlo a tope. Pero la oportunidad no será tan fácil como parece pues los continuos derroches hacen sospechar a la policía, la cual ha empezado a investigar. Comedia basada en un hecho real, protagonizada por un infeliz John Cusack, que ve cómo su vida cambia de la noche a la mañana gracias a un dineral que le cae del cielo. La riqueza material no le traerá, sin embargo, demasiada felicidad, sino más bien, quebraderos de cabeza. Le acompaña un reparto de lujo, compuesto, entre otros, por Michael Madsen, Benicio del Toro o Debi Mazar.

4/10
My New Gun

1992 | My New Gun

Debbie y Gerald llevan una vida de lo más apacible hasta que deciden incorporar un arma a su familia. Desde que la adquieren todo cambiará radicalmente. Un cambio en el que también influirá de manera determinante su peculiar vecino Skippy. En el terreno personal también estaba a punto de cambiar la vida de la protagonista de esta cinta, Diane Lane. Sólo un año después del estreno de My New Gun, ella y el que fuera su marido, Christopher Lumbert, fueron padres de una niña, Eleonora.

4/10
El charlatán

1992 | Leap of Faith

Jonas Nightengale (Steve Martin) es un reverendo que aparenta ser un revolucionario de las predicciones y de las cuestiones espirituales. Bajo su falso aspecto, realiza un auténtico espectáculo en el que combina sus elevados sermones con canciones religiosas, engañando de esta manera a un público bastante crédulo. Es un charlatán redomado, un mentiroso que da falsas esperanzas a todo aquel que le escucha, con tal de ganarse la vida. Pero todo cambia cuando conoce a una serie de personajes que cambiarán su vida, y se ve envuelto en una situación en la que se ve forzado a realizar los milagros que predice. Una comedia a la medida de Steve Martin, que se rodea de un equipo de buenos actores, entre los que destacan Liam Neeson y Debra Winger. Se basa en la curiosa figura del charlatán estafador que va por los pueblos engañando a la gente. Divertida sólo a ratos, se hace algo pesada.

5/10
Esencia de mujer

1992 | Scent of a Woman

Un joven estudiante (Chris O'Donnell) es contratado por una familia para que, en su ausencia, cuide del abuelo, el teniente retirado Frank Slade (Al Pacino), un invidente un tanto amargado que convence al chico para pasar un fin de semana en Nueva York. Allí pretende saborear lo mejor de la vida -buena cocina, guapas mujeres, limousinas con chófer y una suite en el Waldorf-Astoria-. El joven no sabe que después pretende suicidarse. Sin embargo, ambos personajes se ayudarán mutuamente y el ex Teniente Coronel recuperará las ganas de vivir. Excelente remake del filme italiano Perfume de mujer, con un inmenso Al Pacino, como el ex militar invidente. Supuso el descubrimiento del jovencísimo Chris O'Donnell, que posteriormente se convertiría en uno de los actores más reputados de Hollywood en filmes como En el amor y en la guerra o Batman y Robin.

7/10
Una cita para el verano

2010 | Jack Goes Boating

Philip Seymour Hoffman debutó como director con esta adaptación de una obra teatral de Robert Glaudini, una pequeña pieza de cámara que invita a pensar acerca de a quién debemos considerar una persona equilibrada, un concepto no tan nítido como pudiera pensarse a primera vista. Se centra en dos parejas neoyorquinas: el matrimonio aparentemente sólido que conforman Clyde (John Ortiz) y Lucy (Daphne Rubin-Vega), él conductor de limusinas, ella empleada de una funeraria; y la relación "en construcción" entre Jack (Hoffman) y Connie (Amy Ryan), que trabajan respectivamente en las empresas de los otros, y que emocionalmente son frágiles, arrastran dudas e inseguridades. Jack y Connie han concertado una cita para el verano, pero claro, es diciembre, y aún queda mucho tiempo para ese encuentro, tal vez habría que acelerar las cosas. Estamos ante una película de actores (muy bien el cuarteto protagonista y el resto de secundarios), a partir de una trama que ahonda en la psicología de los personajes, su vulnerabilidad y sentido moral, los miedos y fobias, los rencores y la dificultad de perdonar. Es verdad que la mirada que ofrece a las relaciones hombre-mujer es limitada –más allá de estar bien juntos y quererse, se omite cualquier idea de proyecto común en dirección a tener hijos, hacer que la familia crezca–, pero hay sentido narrativo, buen manejo de los momentos de tensión dramática en la secuencia de la cena, y un buen recurso fílmico, la idea de "visualizar" las metas que uno desea ver cumplidas, en la piscina y otros lugares, una metáfora sobre la idea de no estancarse y avanzar en la vida. El film muestra también los efectos perniciosos de las adicciones, un tema que a Hoffman le afectaba, como es sabido, enormememente.

6/10

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