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-¿Me da una entrada para Las brujas de Azurriarmundorri?
-¿Perdón?
-Que si me vende una localidad para Las brujas de Ansuasnogaitas.
-Ah, sí, vale, una para ‘Las brujas'.
Con Las brujas de Sinsuonostegui, Álex de la Iglesia se consagra como un brillante, inaudito, ingenioso, hilarante, impactante y valioso maestro del cortometraje. Sí, amigos, si queréis ver un corto de primerísima categoría con el que os lo vais a pasar mejor que nunca, no tenéis nada más que ir al cine y ver los primeros diez minutos del film del bilbaino. Que las estatuas vivientes habituales de la madrileña puerta del Sol atraquen una tienda de usura de ésas que están haciendo el agosto con la crisis por los alrededores da lugar a un arranque tan fresco como dinámico y lleno de ideas. Impagable que los protagonistas reciban apoyo de Bob Esponja armado con una ametralladora.
Y después marchaos del cine, para no estropearlo. Sí, bueno, admito que tal y como está el cine de caro no merece mucho la pena pagar nueve con 20 por un corto. Pero no intentéis ver el resto. Admitámoslo, esto es el equivalente en cine al rollo de una noche, al coitus interruptus. De la Iglesia es ese amigo tronchante con el que tomarse una caña rápida porque lo pasas genial, pero que si te empeñas en estar un rato largo con él se convierte en un pelmazo. Esa rubia idílica y glamourosa que cuando se quita el maquillaje al día siguiente y a ti se te han pasado los efectos del alcohol resulta ser el monstruo de la Quinta Dimensión.
Desgraciadamente, no hay quien soporte el 85 por ciento del film, en concreto todo lo que sigue al último cameo del gran Chus Robles, a quien está dedicada la cinta. Aunque las películas no se ruedan por orden temporal, uno se lleva la impresión de que el fallecimiento del legendario librero cinematográfico le ha afectado tanto al realizador que ya no ha dado pie con bola.
Álex de la Iglesia inició su carrera de forma inmejorable, cuando nos dejó a todos ‘bocas’ con Mirindas asesinas, de lo mejor que ha dado el cortometrajismo patrio de todos los tiempos. Tanto es así que el mismísimo Pedro Almodóvar le financió su ópera prima, Acción mutante, que tenía un inicio magistral, un impagable tiroteo al ritmo de “Aires de fiesta”, de Karina, pero luego aburría a las ovejas.
Por cierto, Álex, que sepas que has hecho otra vez la misma película, cambiando el planeta Asturiax por Zugarrastegui, y que vi tu último trabajo por casualidad con tu antiguo mentor, el manchego universal, que no paraba de levantarse todo el rato, supongo que síntoma de lo inmerso que estaba en la trama. He pensado que quizás Almodóvar estaba inquieto al constatar que De la Iglesia le ha superado en activismo gay, pues su film trata muchísimo sobre la misoginia, apunta que la mayoría de mujeres son brujas, traviste a Santiago Segura y Carlos Areces, y muestra una de las mayores fantasías homosexuales de los últimos tiempos: un beso entre Mario Casas y Hugo Silva.
Me gustaría topar algún día con De la Iglesia, y con su guionista habitual, Jorge Guerricaechegorrenaresteguivarría, para aconsejarles que un día conciban una película a partir de un buen final, y que todo derive hacia allí “in crescendo”, en lugar de insistir en el uso de la táctica contraria, como hacen ahora. Esta misma película, montada acronológicamente con el atraco al final, mejoraría notablemente.
Qué bien empieza las cosas Álex de la Iglesia. Lo mismo le pasó cuando se hizo presidente de la Academia, que con sus gracietas, buen rollo y lo majo que es se ganó inicialmente a todo el mundo. Lástima que al final se le fuera la olla un poco, pero claro, es exactamente lo mismo que le pasa con sus películas.
