Hoy es Blue Monday, ese lunes que no es un lunes cualquiera. Dicen que es el día más triste del año. Lo dicen unos señores muy serios que hicieron una fórmula matemática… Da la casualidad de que hoy es un lunes de mierda, por culpa de la tremenda desgracia de los trenes en Córdoba.
Al parecer este día confluyen todos los males del mundo moderno:
- Se han acabado las Navidades, pero los kilos se han empadronado.
- No hay puente a la vista. El próximo festivo queda tan lejos que ya no es festivo: es leyenda oral.
- El sueldo dura menos que un cameo de Hitchcock: aparece, saluda y muere en plano.
- El gimnasio sigue abierto, lo cual es una amenaza pasivo-agresiva.
- Hace un frío que pela.
- Y esta mañana me he despertado con el móvil al 3% de batería, pese a haberlo dejado cargando toda la noche, porque el cargador también está deprimido y ha decidido no poner de su parte.
Al llegar al trabajo, uno me suelta:
—"Bah, eso del Blue Monday es un invento".
Claro.
Lo dice alguien sin hipoteca.
Sea una trola científica o una profecía autocumplida, el caso es que hoy tenemos una excusa perfecta para apagar el mundo y encender una película. Porque si vamos a estar tristes, que al menos sea con buen cine. La melancolía con palomitas entra mejor.
Eso sí: elige bien, porque hoy el cine puede salvarte… o terminar de rematarte.
Desde luego, ni se te ocurra ponerte Manchester frente al mar. Una historia tan deprimente que hasta el mar parece estar de baja por depresión. Es una película donde nadie supera nada, nadie aprende nada y nadie sonríe, salvo un segundo… para pedir perdón por haber sonreído. Ni tampoco La tumba de las luciérnagas, una película de dibujos animados que solo puedes ver una vez en la vida, la segunda ya no eres persona, sino un alma en pena, un recuerdo triste con DNI.
Para este día gris recomiendo películas que te abracen sin preguntarte nada. Por ejemplo, Atrapado en el tiempo: Bill Murray repitiendo el mismo día hasta aprender a ser mejor persona. Terapia en bucle.
O Pequeña Miss Sunshine, que demuestra que la felicidad no existe, pero el viaje merece la pena… sobre todo si va en furgoneta y con un abuelo que roba heroína.
Para los melancólicos funcionales, Lost in Translation: dos almas cansadas en Tokio, hablando poco y sintiendo mucho. Ideal para mirar al techo después de los créditos.
Y si el bajón es existencial deluxe, Her: enamorarse de una voz es triste… pero muy elegante.
Ahora bien, si lo que necesitas es una inyección directa al corazón, ahí está Intocable: la amistad como milagro cotidiano. Funciona incluso si ya sabes el final.
O Paddington 2 , sí, Paddington 2. No es una broma: es la prueba definitiva de que el bien existe y lleva abrigo azul.
Y para cerrar el lunes como Dios manda: Amélie. Porque el mundo es un sitio raro, la gente está sola, pero siempre hay alguien colocando las cosas un poco mejor.
En resumen:
El Blue Monday no existe…
pero por si acaso, hoy mejor vemos buen cine, no tomamos decisiones importantes, no llamamos a ex parejas y no miramos el extracto bancario.
